Brasil, Perú y la democracia a secas 

Por Najeeb Amado

No entraré a detallar las situaciones que se vienen desarrollando en ambos países, más allá de recordarnos que la solidaridad nos reclama mayor acción, sobre todo frente al terrorismo desplegado por el gobierno de facto en el Perú, donde los heridos son centenares y la cifra de personas fallecidas ronda las 50. 

Sí me quiero referir a los desafíos de las izquierdas en este momento de crisis estructural del modo de producción capitalista, a escala mundial, con múltiples expresiones de violencia y de quiebres institucionales, con patronales que ensayan diversas formas de violar los marcos legales de los Estados en donde se expresan dichas violencias y quiebres. 

Con la toma de los tres poderes del Estado por parte de bolsonaristas en el Brasil, gobiernos, organizaciones políticas y sociales coincidieron en salir a defender la institucionalidad y la democracia. Ese discurso retumbó en todo el mundo y fue colocado casi de igual manera para la mayor parte de las derechas y de las izquierdas. 

¿Quién podría estar en contra de defender la democracia y sus instituciones? Cualquier posición contraria sería, cuando menos, políticamente incorrecta. Sin embargo, tengo la plena –y tal vez políticamente incorrecta—convicción de que debemos interpelarnos sobre esta especie de hábito adquirido en torno a la utilización de la democracia, así, a secas. 

Digo esto porque, en el marco de esta crisis, de un tiempo a esta parte ha venido creciendo, tanto en Europa como en nuestra América, una derecha considerada como extrema, que conquista a multitudes trabajadoras, incluyendo a la juventud, con un discurso que interpreta el hartazgo y el descrédito de las mayorías hacia las instituciones, hacia la justicia y hacia la honestidad y transparencia en el quehacer político. Así fueron surgiendo los Bolsonaro, Milei y otros. Esta fracción de la derecha logró ganar la calle y colocarse como la síntesis antisistémica. 

Desde el Partido Comunista Paraguayo realizamos el esfuerzo para recuperar la rebeldía y el hábito revolucionario, propios de las izquierdas. Creemos que, mientras vivamos organizados por el sistema de producción capitalista, las democracias llamadas así, a secas, sin “apellido”, seguirán aportando a la confusión de las mayorías trabajadoras y permitiendo que una creciente parte de la misma apoye proyectos organizados y financiados por las patronales, pero que se presentan como la expresión de rebeldía propia de ese hartazgo y ese descrédito que ya he mencionado. 

Por ejemplo, la institucionalidad brasileña, como cualquier otra, obviamente con diferencia de matices, funciona al servicio de los dueños de grandes empresas, tierras, y bancos. Las mayorías saben que la justicia y las leyes, junto a las instituciones, funcionan al mejor postor, de acuerdo a quien más concentración de poder económico tiene. En las instituciones que funcionan en nuestros países, son los millonarios, corruptos y mafiosos quienes tienen mejores atenciones y consiguen lo que necesitan. Por eso es tan importante colocar “el apellido” a la democracia. Las democracias en el capitalismo, son democracias burguesas, o sea, son plutocracias (gobierna el poder del dinero), algunas más decadentes y terroristas que otras. 

Las democracias en el capitalismo, son democracias burguesas, o sea, son plutocracias (gobierna el poder del dinero), algunas más decadentes y terroristas que otras. 

Entonces, defender al gobierno de Lula, en este caso, no debería llevar a las izquierdas a la defensa de las instituciones y de la democracia burguesa que tanto descrédito ha venido acumulando en estos años. Defender al gobierno de Lula de ataques como el que realizaron los bolsonaristas, implica prepararse, organizarse y recuperar las calles para defender la profundización de cambios y la lucha por una democracia obrera, que es la verdadera democracia, si la entendemos en esa definición (mucha más ideal que real) de gobierno de las mayorías, porque está muy claro que, en nuestro país, en Brasil y en todo el mundo, la enorme mayoría de los seres humanos somos trabajadores. 

Defender esta democracia burguesa con sus instituciones igualmente burguesas, en el marco de una crisis estructural del capitalismo, que nos empuja a niveles de violencia, angustia e incertidumbre, no favorece a la intención de hacer síntesis política del clima y humor social actual, como ya lo repetí, de hartazgo y descrédito hacia la política. Me decía un amigo que, si seguimos así, podemos terminar defendiendo al menos fascista entre dos fascistas. Y eso es muy peligroso, como peligroso y criminal está siendo la represión en el Perú, o las bravuconadas de la derecha boliviana, o la guerra impuesta por EEUU/OTAN en Ucrania, así como el bolsonarismo en Brasil o el cartismo narcomafioso en Paraguay. 

El capitalismo y su institucionalidad democrático-burguesa está en banca rota, y para radicalizar la barbarie, las expresiones más extremas de la derecha se erigen en fuerzas contestatarias a su propia institucionalidad, con toda una batería ideológico-cultural que opera en la construcción de un sentido común que incorpore, naturalice, acepte acciones ilegales y corruptas como el robo al Estado, el narcotráfico, el contrabando a gran escala y un largo etcétera, resignando toda posibilidad de superación de esta barbaridad que nos enfrenta a todas y todos, buscando disociarnos y evitar que pensemos, nos organicemos y luchemos colectivamente por salidas colectivas, como cualquier vida en sociedad demanda. Todo vale para tener dinero es el mensaje del capitalismo de hoy. 

Por todo esto es tan importante sacudirnos de esa especie de conservadurismo institucionalista que se ha metido en las direcciones de varias organizaciones políticas que se reclaman progresistas y de izquierda. En este sentido, sumo mi voz a la convocatoria para que las mayorías trabajadoras y las izquierdas, recuperemos atributos revolucionarios en defensa de la democracia obrera, asumiendo que los límites de la democracia burguesa seguirán materializando y proyectando escenarios de terror y mezquindad salvaje.

*Najeeb Amado es Secretario General del PCP y Miembro de la Sociedad de Economía Política del Paraguay (SEPPY) y de la Sociedad de Economía Política de Latinoamérica (SEPLA). Actualmente Candidato a Senador por la lista 40 del Frente Guasu Ñemongeta, opción 15.


 Imagen de inicio de Magoz, extraída de Pinterest.

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