Luis María Martínez, obrero de la palabra libre

Yo el eterno rebelde,
el inconforme, el preso,
el perenne insurrecto,
el hombre que en la llama reposa y no se cansa

Ya no demora el fuego (1986), Luis María Martínez

Hoy 12 de enero, falleció el prolífico escritor comunista Luis María Martínez. Sus ideas, rebeldes y agudas, sustentadas en su propia historia se proyectan, a la vez y para siempre, como sustrato de sociedades libres, de mundos sin opresores ni oprimidas.

Luis María Martínez, nació el 21 de junio de 1933 en Asunción, Paraguay. Poeta del pueblo y la revolución, ensayista, cuentista y periodista. Director de los periódicos comunistas Patria Nueva y Adelante. Presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) de 1990 a 1991 y director de la Revista «Estudios» entre 1986 y 1990. De extensa trayectoria intelectual, varias veces galardonado con premios literarios, ha publicado más de una treintena de libros, de los que se destacan, por ejemplo, los poemarios Armadura fluvial (1961), Ráfagas de la tierra (1962), Desde abajo es el viento (1970), Clarea el firmamento (1975), Perpetuamente alondra (1982), Ya no demora el fuego (1986) y una muy valiosa recopilación antológica, en dos tomos, de la poesía social paraguaya: El trino soterrado, volúmenes I (1985) y II (1986).

Entre sus acciones revolucionarias como militante del Partido Comunista Paraguayo, se destaca la dirección de los periódicos Patria Nueva y Adelante, en épocas de lucha clandestina durante las dictaduras fascistas de Paraguay. Al respecto, rescata el poeta Ricardo de la Vega en el 2012:

«…La cárcel y el silencio serán duros enemigos de Santiago Dimas Aranda, sin embargo él encuentra en la paz de su íntegro carácter la manera de enfrentar los tiempos de ignominia. Hombre de trato afable y persuasivo, pretende encontrar en el Paraguay su rumbo. Pero sabe que el destino de un poeta de ideas liberadoras es siempre el riesgo. Y lo enfrenta con una mezcla de hierro y luz. Poeta premiado en numerosos concursos literarios, recibe el saludo de sus pares y el silencio de la burguesía que controla los hilos del poder cultural. Poeta torturado bárbaramente por los esbirros de la dictadura que hasta hoy se pasean impunemente por la Asunción mediterránea, supo decir Su Palabra. Poeta marginado pero nunca olvidado, las generaciones de escritores jóvenes le rindieron homenaje publicando Fragancia de raíces en los años ochenta.

El caso de don Luis María Martínez es algo similar. Pero en él se da algo que hasta hoy es un milagro: desde su más tierna juventud, desde la clandestinidad colaboró en «Adelante», periódico de su partido -que se encontraba fuera del orden establecido-; con el paso del tiempo y la muerte, encarcelamiento o el exilio de los sucesivos directores de ese órgano de resistencia, le toca ejercer la dirección del mismo. Qué de proezas vivió al frente de ese condenado periódico, porque «Adelante» nunca dejó de publicarse. Escondido en pensiones, en el fondo de casas de familias, en las oficinas de sindicatos amigos, el mimeógrafo en el que se imprimía nunca fue detectado por la policía de Stroessner. Y el que ponía el pecho en la dirección era don Luis María Martínez. Y, paralelamente a esa lucha por sus ideales, ¡nunca dejó de escribir ni un solo día! El compromiso con su tiempo era la guía que lo empujaba al compromiso con la Literatura, y la prueba de ello es, entre muchísimos libros publicados, un estupendo Cuaderno de Notas que nos relata con detalles cotidianos, la vida cultural y política de aquellos años.

Dos hombres magníficos como para creer en la especie humana…«

Luis María Martínez, obrero de la palabra libre. Acorde a sus propias palabras, dedicó su vida y su obra a explorar y comprender hasta los rincones humanos más profundos, el dolor y la esperanza de los pueblos, y a accionar coherente con sus ideas, como militante de la belleza y la libertad.

“Mi literatura, fue y es, de contenido social, al ser fiel a lo vivido y al tratar de comprender lo que la gente vive, padece y sueña. Al considerarme, por lo demás, un hijo del pueblo, no podría poner mi pluma sino a su servicio.”

La obra de Luis María Martínez, del hombre que en la llama reposa y no se calma, es impulso inextinguible de vida.


Imagen de inicio del Archivo de Nemesio Barreto.

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