El cartero fantasma

Compartimos este rescate de la memoria poética de Asunción que involucra a dos referentes de la lucha antidictatorial, la poeta Carmen Soler y el médico Agustín Goiburu, al cumplirse 45 años de haber sido desaparecido por la tiranía stronista. Escrito por Najeeb Amado, el trabajo forma parte del proyecto La Asunción clandestina de Carmen Soler, nutrido archivo público que contiene manuscritos y mecanografiados de la poeta comunista, además del análisis de su vida y obra.

Memoria poética de Asunción: Policlínico Policial Rigoberto Caballero

Fundado en 1940, el policlínico policial funcionó en una casa particular cerca de la Catedral Metropolitana, hasta que el entonces ministro del Interior, Rigoberto Caballero, donó el predio donde el 11 de enero de 1952 comenzó a construirse el local que hoy conocemos y se encuentra en la esquina de las avenidas Mcal. López y Kubitschek, de Asunción.

En el libro Don Rigoberto Caballero Villalba, de Darío Caballero Bracho, se comenta que las precarias condiciones de atención médica al personal policial, molestaban de sobremanera a Rigoberto Caballero, tanto que resolvió donar el terreno y el dinero para la construcción del hospital durante el gobierno de Federico Chaves, para ser inaugurado el 11 de noviembre de 1954, ya siendo presidente Alfredo Stroessner.

Hijo de Bernardino Caballero –quien fuera combatiente de la Guerra de la Triple Alianza, presidente de la República y fundador de la Asociación Nacional Republicana (ANR)-, Rigoberto fue un empresario y político que dedicó permanentes esfuerzos a la construcción del Partido Colorado, con gran participación en diversos momentos fundamentales para su fortalecimiento. A sus 25 años, en 1917, lideró la convocatoria a la primera asamblea para formar la directiva de la Juventud Colorada, llegando a ser presidente del partido, periodo en el cual se aprobaron los planos y se inició la construcción de su actual local central, siendo el propio Caballero un financista de gran parte de dicha edificación.

Fue ministro de Obras Públicas y Comunicaciones en los breves gobiernos colorados de Raimundo Rolón (30 de enero al 26 de febrero de 1949) y Felipe Molas López (26 de febrero al 11 de setiembre de 1949). Y ejerció como ministro del Interior durante la presidencia de Chaves. Apenas un mes después de haber asumido dicho cargo –en un gobierno considerado como democrático-, el joven dirigente comunista Mariano Roque Alonso fue muerto en torturas en el Departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital.

Luego del golpe del 4 de mayo de 1954, Rigoberto Caballero fue llamado de urgencia para reorganizar la acefalía en el poder y bregar porque Tomás Romero Pereira interine la presidencia hasta el llamado a elecciones para que, de manera institucional, Alfredo Stroessner se convierta en presidente del Paraguay. Años antes, Caballero ya había tenido una relación directa con Stroessner, cuando luego del intento de golpe contra Natalicio González, organizó la fuga del futuro tirano escondiéndolo en la valijera de un taxi para posibilitar su ida a Brasil.

Busto de Rigoberto Caballero

Fotog. extraida de La Asunción clandestina de Carmen Soler.

La vida política de Caballero se puede colocar en las antípodas de las vidas del médico Agustín Goiburu y la poeta Carmen Soler. Mientras Rigoberto fue ministro de tres presidentes colorados que se sucedieron en el cargo coincidiendo en ser depuestos por golpes de Estado, para luego ser uno de los grandes artífices de la unificación de la ANR en 1955, asumiendo el cargo de ministro sin cartera y diversas tareas como la de alojar a Juan Domingo Perón durante unas semanas en su casa de Villarrica; el médico y la poeta definían su camino oponiéndose con firmeza a la infamia.

Tras su muerte, el 1 de julio de 1962, Rigoberto Caballero era honrado por la tiranía stronista con tres días de duelo oficial. Entonces, Goiburu y Soler formaban parte de la lucha clandestina contra el régimen, el primero como dirigente de la disidencia colorada, y la segunda, dentro de las filas del Partido Comunista Paraguayo.

Agustín Goiburu era entonces un joven médico recién recibido que abrazó la doctrina social del Partido Colorado. En la segunda mitad de la década del ’50 inició el ejercicio de su profesión en el Hospital Central de Policía Rigoberto Caballero.

Y es en este sitio donde se iniciaría, hacia el año 58, su mítico enfrentamiento contra Stroessner, cuando a ese policlínico empezaron a llegar personas con rasgos de tortura, incluso causantes de muerte, y el cuerpo médico -por orden superior- debía realizar diagnósticos falsos para esconder los crímenes del gobierno contra sus opositores. Fue así que ante la insistencia de Adán Godoy Giménez, entonces director del Rigoberto Caballero y posterior ministro de salud durante 20 años, el doctor Goiburu cuestionó aquel repugnante pisoteo del juramento hipocrático, generándose una dura discusión entre ellos. Según refiere su hijo Rogelio Goiburu, existen versiones de que dicho altercado culminó cuando, al momento en que Godoy voceaba insultos al joven plantel médico que se negaba a ser cómplice, Agustín le propinó una furibunda trompada tirando al sátrapa por las escaleras y huyendo raudamente. Según cuenta, su padre no solo se había negado a seguir las órdenes de falsificar certificados médicos, además había denunciado públicamente aquellos crímenes y había propiciado la huida de campesinos y estudiantes heridos que habían sido presos tras una huelga, sacándolos uno a uno del predio hospitalario.

Al pasar a la clandestinidad, Agustín Goiburu sería uno de los fundadores del Movimiento Popular Colorado, conocido como MOPOCO, con el fin de reorganizar a la disidencia que se empezaba a sacudir del alineamiento dictado por Stroessner y su camarilla de delincuentes. En la primera mitad de los 70, conformaría la dirección del Ejército Popular Revolucionario, movimiento insurgente que pronto sería desbaratado. Y en ese tren recorrió ciudades y países protagonizando intrépidos planes sin que la persecución logre amedrentarlo.

Uno de ellos fue registrado el 3 de diciembre de 1970, cuando tras un año de prisión, Goiburu escapa de la Comisaría Séptima de Asunción, huyendo a través de un túnel subterráneo que había construido con otros presos. Escondido dentro del país, hace correr la voz de que había ido hacia la Argentina para desorientar al aparato represivo. Y aprovechando esta situación gestiona su asilo político en Chile, donde se desarrollaba el gobierno socialista de Salvador Allende. Así, en 1971 Agustín llega al aeropuerto de Santiago donde lo esperan los esposos comunistas Luis Casabianca y Carmen Soler, que desde el exilio también conspiraban el derrocamiento del régimen stronista y en ese afán unían sus esfuerzos y sus sueños de libertad.

A la derecha, Agustín Goiburu con su esposa Elva y sus hijos Rogelio y Rolando. Archivo familiar.

Goiburu estuvo poco tiempo en Chile. Apenas pudo, volvió a la Argentina y se fue instalando hacia la zona de frontera con Paraguay para proseguir con su objetivo de eliminar al tirano. Así fue que entró y salió del país en reiteradas ocasiones, organizando células compartimentadas en el MOPOCO, intercambiando ideas y proyectando la propuesta de liberación nacional que, en su momento, creyó poder desarrollarla dentro del Partido Colorado.

Viviendo en la localidad argentina del Paraná, provincia de Entre Ríos, fue capturado en el marco del Operativo Cóndor, cuando agentes argentinos y paraguayos se combinaron para secuestrarlo el 9 de febrero de 1977 y traerlo de vuelta -esta vez como prisionero- al sitio donde había iniciado su tenaz lucha, al Policlínico Rigoberto Caballero, en donde lo ubican relatos de personas que lo vieron en los momentos previos a su final desaparición.

Testimonios como los de Carlos Arestivo, Jorge Lara Castro o Saturnina Almada, referentes que también sufrieron en carne propia la bestialidad del stronismo, dan cuenta de que otro director del hospital policial, el doctor Oscar Gómez, era parte de los equipos de tortura, sobre todo cuando las sesiones debían evitar la muerte del torturado agudizando el dolor para lograr delaciones. También se menciona que el hospital tenía calabozos para ubicar ahí a los presos políticos.

La propia Carmen Soler estuvo internada allí en 1968, tras cortarse las venas del brazo para frenar las torturas durante su tercer y más brutal encarcelamiento. Logrando así, al ser internada que se conozca y se denuncie su situación. En una carta escrita poco después de aquel episodio, mientras cumplía prisión domiciliaria en casa de su hermana Yolanda, la poeta dice: “Puede que consiga mi libertad y puede que me dejen morir. El riesgo tengo que correrlo, como ya lo hice. Lo volveré a hacer con la misma firmeza. Mi moral está alta y me siento fuerte y segura. Si muero, mi muerte será útil. Cuando estaba en el calabozo, ya muy debilitada físicamente, esa idea me sostenía. Sabía que mi decisión era justa, porque cuando a una persona se le coloca en la disyuntiva de tener que elegir entre la indignidad y la muerte, debe elegir la muerte y debe saber morir”.

En la planificación por derrocar al gobierno fascista liderado por Stroessner, en la lucha clandestina esquivando redadas y burlando controles disfrazados, escapando al exilio, desafiando la prisión, ya sea fugándose a través de túneles secretos o escribiendo poesía prohibida desde el calabozo; las historias de Agustín Goiburu y de Carmen Soler se conectan configurando un legado de coraje arropado en un indomable optimismo potenciado por la audacia. Tal como la poeta supo recrear en los versos de “El cartero fantasma”, poema que dedicó al médico Agustín Goiburu:

(…)
se mueve en el peligro
como en su propia casa.
Los guardias lo presienten,
lo buscan, lo persiguen
pero siempre se escapa.
Sólo es luz que se filtra
igual que la esperanza.
Es un rayo de luna.
Es el viento que pasa.

Identificar este policlínico como un sitio de memoria poética se ubica en el justo homenaje a todas aquellas personas que desde sus diversos oficios y desafiando órdenes, lucharon por la dignidad y la belleza, y en esa hazaña fueron sus más fervientes forjadores.

Mecanografiado de Carmen Soler. Poema escrito en 1969 y dedicado a Agustín Goiburu. Fue publicado por primera vez en 1986, de forma póstuma, como parte de una selección hecha por la autora para su segundo poemario En la Tempestad.

Imagen de inicio: Ficha policial de Agustín Goiburu. Archivo del Terror.

Para visitar La Asunción Clandestina de Carmen Soler ingresa a https://carmensolerpy.com

*Carmen Soler fue una poeta y revolucionaria comunista, madre, maestra bilingüe, periodista, editora, artista plástica, enfermera voluntaria e integrante del movimiento de resistencia armada FULNA. Nació en Asunción, en 1924. Luchó toda su vida, primero en las filas del Partido Febrerista, y desde el 54 en adelante en el Partido Comunista Paraguayo, por una sociedad libre de explotación y opresión. Por ello fue perseguida, encarcelada, torturada y desterrada. Jamás renunció a sus convicciones. Falleció en Buenos Aires en 1985, en el exilio.

**Agustín Goiburú fue un médico traumatólogo, político y referente de la lucha antistronista. Nació el 28 de agosto de 1930 en Carmen del Paraná, Itapúa. Conformó el Movimiento Popular Colorado (MOPOCO) y fue dirigente del Ejército Popular Revolucionario (EPR). Conocido por su lucha tenaz para derrocar a Stroessner, por su audacia y solidaridad. Tanto en su país como en el exilio prestó preferencial y gratuita atención médica a familias humildes y perseguidas. Fue apresado en el 69 y logró escapar mediante la construcción de un túnel subterráneo. El 9 de febrero de 1977, mientras se encontraba con su familia en el exilio en Argentina, fue detenido en la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos, en el marco del Operativo Cóndor. Desde ahí lo trajeron al Depto. de Investigaciones, donde fue bestialmente torturado, luego trasladado al Estado Mayor del Ejército, en donde lo asesinaron y desaparecieron.

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