Las personas que se suicidan no quieren morir, quieren dejar de sufrir

Por Mirtha Maldonado*

 “No te lo guardes. Habla de tus problemas…”, es un fragmento de una de las leyendas a la entrada del bosque Aokigahara o también conocido como el bosque de los suicidios, ubicado en las laderas del monte Fuji en Japón, por ser el lugar elegido por cientos de nipones que cada año se adentran en las espesuras de sus árboles para poner fin a sus vidas. Al igual que el Puente Golden Gate en California o el Puente Nakin en China, dos lugares donde un mayor número de personas ha escogido para poner fin al dolor emocional.

Varias de las personas sobrevivientes de las conductas suicidas, reconocen un arrepentimiento inmediato al momento de ejecutar la acción. Otros prefieren no hablar del hecho, debido a toda la estigmatización que se construye alrededor del suicidio. Si entendemos que la subjetividad de las personas se define por esa producción simbólica-emocional de una experiencia vivida en un momento determinado, el sufrimiento psíquico aparece por la incapacidad del sujeto de encontrar nuevos sentidos a esa subjetividad que quedó atrapada en aquellas vivencias que quedaron selladas como dolorosas. La tarea comprende en producir nuevos sentidos en la subjetividad de las personas afectadas.

El 10 de septiembre,  fecha que se  conmemora  el “Día mundial para la Prevención del Suicidio” establecido por la Organización Mundial de la Salud- OMS- conjuntamente con la Asociación Internación para la Prevención del Suicidio –  en el año 2003. Este año el lema propuesto por la OMS es “Crear esperanza a través de la acción”, poniendo el énfasis en la necesidad que los Estados generen acciones que contribuyan efectivamente  a la prevención del suicidio con la creación de políticas públicas en torno a una problemática tan compleja para la salud pública como son las conductas de autoeliminación. El acceso a los servicios públicos de salud mental y a profesionales capacitados a nivel nacional es lo básico que se requiere.

Las cifras de suicidio  a nivel mundial, atendiendo a los consabidos subregistros, rondan los 800.000 casos de forma anual. Por cada suicido se registra aproximadamente 20 intentos de suicidio. Las cifras dan cuenta que los suicidios afectan más a los varones que a las mujeres, mientras que los intentos de suicidio son las mujeres las más afectadas.

En Paraguay la tasa de suicidio es de 6 por cada 100.000 personas, cuyas edades oscilan en la mayoría de los casos entre los 14 y 29 años de edad. Si bien existe la Ley  N° 6.169 de prevención y atención de personas en riesgo de suicidio, aprobada en el año 2018, aún no se encuentra reglamentada, siendo letra muerta.

Sin pretender simplificar un fenómeno tan complejo como es el suicidio, está comprobada la relación del mismo con trastornos mentales y éstos a su vez con una fuerte desacreditación sociocultural que actúa como obstáculos a la hora de buscar ayuda profesional, según fuentes de la OPS en Paraguay existen más de 300 mil personas que sufren de depresión. 

Paraguay es uno de los países de la región que menos invierte en la salud pública, esto quedó terriblemente evidenciado con el colapso del sistema sanitario ante la pandemia del covid 19. Las imágenes dolorosas de los familiares que rogaban por conseguir una cama en las terapias de los hospitales públicos, las actividades en los barrios para colaborar con la compra de medicamentos, la constatación del personal de salud insuficiente y agotado fueron las constantes en este tiempo de pandemia.

La política pública de salud mental está dirigida por la Dirección de Salud Mental dependiente del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social;  la población no cuenta con una ley de salud mental que proteja a las personas que padecen sufrimiento psíquico. Al tiempo que, la asignación destinada para la salud mental es apenas de  1,84 % del presupuesto total de salud (OPS-Paraguay 2019) y de este ínfimo porcentaje el 80% es destinado a los hospitales psiquiátricos, demás está señalar que el modelo de salud mental paraguayo está sustentado en el asilar- manicomial.

El aumento de las consultas psicológicas en los servicios de psicología y psiquiatría cuyo detonante principal fue el enfrentamiento a la pandemia materializado por el encierro, las clases virtuales, el exceso de tareas escolares, la falta de internet, los despidos laborales, los abusos de las patronales, la violencia intrafamiliar, la falta de alimentos y  medicamentos  puso de manifiesto un insostenible sistema económico-político que solo beneficia a unas pocas familias y deteriora la calidad de vida de la mayoría. La esfera sanitaria no es la excepción, por eso la política de salud pública está lejos de integrar a la salud mental como parte fundante de la salud.

* Psicóloga, docente y militante comunista, miembro del Comité Central y Secretaria Gral. Adjunta del PCP.

**Imagen de inicio extraída de Internet.

Referencias

https://www.mspbs.gov.py/index.php

https://datos.bancomundial.org/indicator/SH.STA.SUIC.P5

https://es.theglobaleconomy.com/Paraguay/Health_spending_as_percent_of_GDP/

https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/suicide

https://www.med.una.py/index.php/hospital-hc/noticias-del-hospital/654-profesional-de-medicina-una-presenta-el-libro-%E2%80%9Csuicidio-y-tentativa-de-suicidio-en-paraguay%E2%80%9D

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