¿La más gloriosa de todas? Justicia y coloradismo en la Facultad de Derecho

Por Jean Mersault y Gloria León*

¡Sé bienvenido, novicio de la juventud!

¡Sé bienvenido con dolor!

Los años de aprendizaje, de Wilhelm Meister, Goethe. Libro octavo, capítulo VIII.

Para nuestra joven generación, las nociones primarias y populares sobre la abogacía (y el derecho) fueron mayormente representaciones de ficción: Lionel Hutz, para algunas generaciones, para otras Atticus Finch, dos personajes que contrastan enormemente, pero entre ellos hay una realidad de por medio. El mismo Couture, —quien es citado por la mayoría de profesores en las primeras clases— escribió sobre la línea moral ideal planteada en ciertos mandamientos del derecho y la realidad: “El abogado está visto, aquí, un poco como lo muestra la vida y otro poco como lo representa la ilusión…” (1949).

Si bien es cierto que la realidad en este texto viene a ser un punto de vista arbitrario, no se puede ignorar que por fuera de la facultad, la visión predominante tiende a ser coherente con las generaciones de egresados que han destacado por su corrupción, asimismo, condicionando la apreciación general hacia la carrera, y por ende la profesión, tan degradada como funesta en términos éticos, por no hablar de la moral. De este modo, la configuración jurídica que se da en el contexto del capitalismo como sistema está reducida a la mera distribución. Decía Marx al respecto en su Crítica al Programa de Gotha, en su capítulo segundo, que “la justicia en lo criminal es gratuita en todas partes; la justicia civil gira casi exclusivamente en torno a los pleitos sobre la propiedad y afecta, por tanto, casi únicamente a las clases poseedoras.”

Sin embargo, y pensando también en Marx, esta motivación de la construcción del movimiento real que supere y anule el estado de cosas actual, que es como define al comunismo, no nace, pues, solamente de la injusticia generada por las insuperables contradicciones del sistema capitalista sino también del wissenschaftliche Einsicht, el “conocimiento científico de la causa”.

Es válido entonces preguntarse si existe una aspiración real de justicia, dado que se trata de una noción extraña, tan esquiva en nuestros tiempos que hasta parece una simple abstracción teórica, y el pueblo, el común denominador —incluido nosotros, los estudiantes de esta Facultad—, está más cerca de los juzgados, de las sedes fiscales, de las mismas facultades…, pero cada vez más lejos de conocer la justicia.

Reza el lema de la UNA: Vitamimpendere vero (Consagrar la vida a la búsqueda de la verdad). La verdad es el fin, la verdad es lo que da sentido a la formación, al plan institucional, tomando como mandato esta frase escrita en un conveniente latín, con estatus de lengua muerta así como la verdad, al parecer.

La justicia actualmente es únicamente obediente a las relaciones de poder, dicho de otra manera, el aparato judicial responde mayormente a quienes tienen más influencia, a quienes poseen medios de producción, medios de información, poder. La ficción que impone el sistema hegemónico perdió mucha de la credibilidad que sustentaba su jurisdicción. Existe, muy a pesar de la hegemonía, un impulso moral que lleva a cuestionar decisiones, a evaluar leyes, y de tal manera, desafiar lo que se considera injusto, luchar por lo justo. Ese pensamiento crítico tan necesario que debería surgir precisamente de esta facultad, se levanta primero más bien en las calles. De tal manera, la brecha entre la sociedad civil y los estudiantes de derecho sigue extendiéndose cada vez más. Ahora mismo la facultad no persigue la justicia ni la verdad, es funcional a la élite que monopoliza la línea cultural, el conocimiento, la expresión —desde las clases hasta la clara tendencia del estudio legislativo—, es una fábrica de “intelectuales orgánicos” que terminan al servicio de los partidos tradicionales.

Pasar de Serafina Dávalos a Óscar González Daher es simplemente la materialización histórica de la hegemonía colorada en la facultad. En palabras de un profesor de la propia facultad: “Pueden decirme fascista, lo que quieran, (sic) pero esta facultad es el último bastión de los valores primarios y del nacionalismo en toda la UNA…” Se refiere, como cualquier reaccionario, a mantener los valores que se consideran absolutos, porque son herramientas para sostener este orden de cosas, para generar una identidad cuyo modelo sean las referencias del poder dominante, y por consiguiente, para lograr la identificación con dichas referencias. Como diría Gramsci, el sentido común juega un papel fundamental en la defensa del statu quo del derecho jurídico dentro del marco capitalista. No es de extrañar esta mención a los “valores primarios” teniendo en cuenta eso. En la noción general de Estado entran elementos que deben reconducirse a la noción de sociedad civil. En este sentido, podría decirse que Estado = sociedad política + sociedad civil, o sea hegemonía acorazada de coerción (Gramsci, 1981).

Si bien conocemos la tradición colorada que existe dentro de Derecho UNA, ¿por qué sigue reproduciéndose dentro del estudiantado joven? Y es que, dentro de la facultad de derecho, la tradición colorada es intrínseca a la de la facultad, casi que es la misma. Es hasta terrorífico cómo saturan cada segmento, sea estudiantil o dirigencial, aún más terrorífico es saber que de allí van a salir legisladores que van a marcar el devenir de posibles reformas que sabemos por experiencia histórica, son inútiles y solo benefician a las oligarquías. Además no es solo una cuestión de un poder del Estado, sino de la manera en que opera la construcción y el ejercicio hegemónico, sea con espacio en prensa, acumulación de votos u otras múltiples prácticas relacionadas que evidencian la conexión sinérgica entre el poseedor del poder y la facultad.

Cuando la clase está direccionada, el planteo y el pensamiento crítico desaparecen. El profesor es Dios y su relato es una verdad irrefutable, eso lo puede confirmar cualquier estudiante: “Nada de bardos, tenés que callarte y preocuparte por pasar nomás”.

El debate, la dialéctica, la discusión se ve reducida a simples confirmaciones y afiliaciones sin sentido.

Esa es la facultad de Derecho que debemos cambiar.


*Estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción y del marxismo.

**Imagen de inicio: extraída de Internet.

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