Por Oscar Herreros Usher
Continuamos con la serie de artículos comentando las resoluciones del X Congreso del partido Comunista Paraguayo. El primer artículo se refirió a Cuba, este lo hace al Estado paraguayo.
La resolución sobre el Estado paraguayo y su alcance dice:
El X Congreso ratifica su plena convicción en la necesidad que tenemos, como clase trabajadora, de construir un nuevo Estado organizado de acuerdo a los intereses que tenemos como mayoría productora de bienes y servicios, capaz de garantizar la igualdad de oportunidades para todas y todos.
La igualdad de oportunidades debe ser el principio organizador de las políticas públicas. Todo habitante del país debe tener alimentación, vivienda, salud, educación, movilidad, vestimenta, que permita el desarrollo pleno de sus talentos.
El Estado oligárquico burgués que opera en el Paraguay no nos sirve, nos despoja de nuestros derechos, promueve la precarización laboral y de nuestras condiciones de vida en general. Este Estado está organizado para la dominación de los capitalistas sobre los trabajadores, a imagen y semejanza de los grandes mafiosos, banqueros, terratenientes y empresarios explotadores y evasores de impuestos. Y el actuar de las direcciones políticas colorada, liberal y de la mayoría con representación parlamentaria, es funcional a esos intereses. Toda la población sabe que pagando más impuestos terminará regalando el fruto de su trabajo a politiqueros y empresarios corruptos.
El Partido Comunista Paraguayo tiene un programa para nuestro país, que propone un Estado sencillo y barato, dirigido por las mayorías trabajadoras, que combata la explotación de seres humanos y de la naturaleza. Es el programa de la revolución socialista.
Convocamos a las mayorías trabajadoras a conocer, debatir, enriquecer y trabajar por un programa que realmente materialice la igualdad de condiciones y el pleno desarrollo de talentos en el marco de la libertad individual y colectiva.
Comienza la resolución afirmando la necesidad de la clase trabajadora paraguaya de construir un nuevo Estado que garantice la igualdad de oportunidades.
Alguno podría preguntarse ¿qué necesidad?, ¿acaso nuestra Constitución Nacional no establece, en sus artículos 46, 47 y 48, la igualdad ante la ley? Si somos legalmente iguales todos tenemos las mismas oportunidades, el resultado depende de nuestro esfuerzo e ingenio para aprovecharlas en nuestro provecho individual.
Esto en realidad se trata de una igualdad formal, que cualquier Estado fundamentado en la ideología liberal como el nuestro, proclama. Igualdad formal, que no efectiva.
Tenemos el caso de un par de niños, o niñas. Uno nacido en una familia de capa media acomodada y el otro en una familia trabajadora pobre residente en el Bañado Sur, por ejemplo.
La infancia del primero habrá sido óptima, bien alimentado y abrigado, con salud protegida ante cualquier virus o bacteria que quisiera infectarlo. El segundo sujeto a insuficiencias alimentarias, carencias nutricionales que entorpecen su desarrollo físico, presa fácil de resfríos, infecciones intestinales, dengues y otras pestes. Al llegar a la edad escolar, el uno con el cerebro en pleno potencial, el otro con neuronas que apenas logran conectarse.
Aparte de malnutrido, a veces sin útiles escolares, maestros de escasa formación en aulas ruinosas o mangoguype y con el programa Hambre Cero que beneficia más a los empresarios concesionarios que a las niñas y niños que se supone alimenta. Por el otro lado, escuela bilingüe, clases de refuerzo y aire acondicionado en el aula.
En el artículo anterior de esta serie comentábamos que en nuestro país el 60% de los adolescentes debe abandonar el sistema educativo para trabajar o, en el caso de las mujeres, dedicarse a labores de hogar y de cuidado. La deserción escolar en Paraguay es un problema estructural crítico, con tasas que aumentan significativamente a partir de los 15 años y en la educación media, afectando a unos 6 de cada 10 jóvenes que no terminan el bachillerato.
La pobreza, la necesidad de trabajar, embarazos adolescentes y la desmotivación son causas clave. Adivina adivinador, ¿Cuál de los dos niños pertenece al grupo de los desertores, a ese 60% de adolescentes que debe abandonar del sistema educativo para trabajar? Un dato más: sólo 4 de cada 100 jóvenes puede seguir estudios universitarios, por razones económicas.
¿A quién responsabilizar de estos resultados tan dispares alcanzados por dos niños nacidos iguales ante la ley? Hay quien culpará a los padres. Los del primero se esforzaron para lograr una situación económica que brinde lo mejor al hijo, los otros no lo hicieron, por perezosos, vagos y viciosos. ¿O el que falla es el Estado que no se ocupa de que la garantía de igualdad sea efectiva?
La respuesta está contenida en el tercer párrafo de la resolución del X Congreso que estamos comentando. La razón profunda deriva del modo de producción capitalista, que es el imperante no sólo en nuestro país sino en la gran mayoría de los países del mundo.
El modo de producción capitalista se sustenta sobre la división de la sociedad en dos clases principales. Una de ellas es propietaria de los medios de producción, esto es, la tierra, las maquinarias, las fábricas, las materias primas, lo que en su conjunto se denomina capital. La otra clase esta compuesta por personas que no poseen nada de lo anterior y cuya única posesión es su fuerza de trabajo. Estas personas, para sobrevivir, se ven obligadas a vender esa su única posesión a los de la otra clase, quienes utilizan esa fuerza de trabajo para hacer funcionar sus fábricas y producir toda clase de mercancías y de servicios que se venden en el mercado, apropiándose de las utilidades resultantes.
La compra venta de fuerza de trabajo se realiza mediante un contrato, el contrato de trabajo. Según las leyes, las partes contratantes concurren libremente al mercado a comprar y vender mercancías en igualdad de condiciones, yo compro lo que quiero y puedo, vos vendes lo que tenés, los precios los fija el mercado.
De nuevo, igualdad puramente formal. El dueño de los medios de producción puede regatear, busca forzar el menor precio posible. En cambio, el dueño de la fuerza de trabajo la vende obligado, pues si no lo hace se muere y no tiene más remedio que aceptar el peor precio para su mercancía. La manera práctica que tiene para lograr mejores condiciones es asociarse a otros de su misma clase para así tener fuerza en la negociación del contrato. Obviamente, los de la clase propietaria harán todo lo posible para evitar esa asociación. Ya está instalada la lucha de clases.
Desatado el conflicto aparece el Estado para evitar que la sangre llegue al río. La teoría liberal dice que el Estado es una institución neutra, un árbitro diferenciado de los individuos contendientes, un mediador que busca congeniar, armonizar los intereses de las diversas partes en base a las leyes vigentes. Pero las leyes no han caído del cielo, alguien las hizo, ¿quién?
Contrariamente a la teoría liberal, la realidad histórica muestra que el Estado que regula una sociedad es el que fue establecido por la clase dominante en esa sociedad. Y ese Estado está configurado de manera tal que siempre sirva a los intereses de esa clase dominante. En una sociedad en la que rige el modo de producción capitalista la clase dominante es la de los propietarios de los medios de producción, la burguesía. Este es el tipo de Estado establecido en el Paraguay.
Esta es la razón por la que la resolución del X Congreso dice que “el estado oligárquico burgués que opera en el Paraguay no nos sirve”. No nos sirve a la clase trabajadora, a los que no pertenecemos a la clase dominante. El Estado paraguayo no está al servicio de los intereses de las y los trabajadores paraguayos. Por eso la necesidad que tenemos, como clase trabajadora, de construir un nuevo Estado diferente.
¿Qué tipo diferente de Estado? Uno que sea dirigido por la clase trabajadora, que combata la explotación de seres humanos y de la naturaleza, que materialice la igualdad de oportunidades para el pleno desarrollo de talentos en el marco de la libertad individual y colectiva. La exposición detallada de las características de ese nuevo tipo de Estado se encuentra en el Programa del Partido Comunista Paraguayo.
Establecido el programa, ¿cómo hacerlo realidad? El camino, como a nivel teórico lo establecieron Marx, Engels, Lenin, y en el terreno práctico lo demostraron, entre otras, las revoluciones rusa y cubana, es la Revolución Socialista.
Esta ha sido la aspiración histórica del PCP desde su fundación en 1928. Por eso fue estigmatizado y proscrito y sus militantes y dirigentes perseguidos, especialmente durante la tiranía militar fascista de Alfredo Stroessner, periodo en el cual centenas de miembros fueron exiliados, encarcelados, torturados, muertos, desaparecidos. Esto está recogido en el lema del X Congreso, un partido que no se rinde y se prepara para la Revolución Socialista.