Análisis | Por Alan Fretez Bobadilla1


El pasado 1 de julio, el presidente de la República, Santiago Peña, presentó en el Congreso Nacional su tercer informe de gestión. Como en años anteriores, esta ocasión también dejó titulares importantes: “¡Paraguay vive el mejor momento económico de su historia!”; “El mayor crecimiento de la región”; “Mínimos históricos de pobreza”; “Inflación controlada”; “Reducción de déficit fiscal”; “Fin del corredor de cocaína”; “Mayor gasto en salud de la historia”, entre otros.

Cuando analizamos los datos que sustentan esas narrativas nos encontramos con que en algunos casos son verdades, en otras verdades a medias o historias mal contadas y, en otras, aparecen muchas dudas. Es cierto que se ha registrado un nivel de crecimiento económico destacable, el mayor de la región. Es verdad que se han destinado más recursos (de deuda pública y fondos de Itaipú) a salud para la construcción de hospitales regionales y a seguridad para la compra de los aviones Super Tucano. 

En otros aspectos existen muchas más dudas, como en el control de precios, cada vez menos personas creen en la medición del Banco Central sobre la inflación, así como en la reducción del déficit fiscal. Pero a pesar de las verdades y narrativas, los progresos y retrocesos, ¿por qué este crecimiento y estos avances no se reflejan en una mejora sustancial de nuestra calidad de vida?

Creemos que se puede avanzar hacia una respuesta reflexionando en torno a 3 ideas: 

  1. El crecimiento de la economía paraguaya sirve poco al trabajador. 
  2. El Estado paraguayo está diseñado para garantizar ganancias y no derechos. 
  3. La continuidad de los enclaves del poder. 

Estas no pretenden ser respuestas totalizantes de nuestra realidad, pues existen muchos elementos importantes que no se incorporan al análisis. Sin embargo, pensamos que las mismas aportan elementos importantes para seguir reflexionando sobre por qué estamos como estamos. 

En esta entrega de Adelante! discutiremos brevemente las características del principal sector de la economía paraguaya y cómo las necesidades que este tiene, genera consecuencias en el resto de la economía y la sociedad, constituyéndose en un modelo que excluye a la clase trabajadora. 

Los demás temas serán desarrollados en las próximas entregas. 

  1. El crecimiento de la economía paraguaya sirve poco al trabajador 

El principal problema que tenemos es que la economía no está organizada en función de las necesidades de nuestro pueblo, sino que más bien en relación a las necesidades de otros países. Gran parte de su estructura productiva, sea primaria, industrial o de servicios, se encuentra orientada a satisfacer el consumo en otros países. 

Esto no se da solamente porque al empresariado en Paraguay y a los sucesivos gobiernos les importa poco cómo vive su pueblo, sino porque este modelo orientado a la exportación genera, para ellos, más ganancias. Responde a la propia esencia del modo de producción capitalista, cuyo objetivo final no es resolver necesidades, sino generar ganancias. 

Esto es importante de entender porque solo así se explican tantas casas abandonadas en Asunción y tanta gente sin casa, teniendo que viajar dos horas y media todos los días para ir de su casa al trabajo y del trabajo a la casa. Solo así se puede asimilar cómo en un país que puede alimentar a 60 millones de personas exista la necesidad de las ollas populares o programas como Hambre Cero. Es que el capital sólo resuelve necesidades de aquellos que puedan pagar, si no tenés dinero, perdés cinco horas de vida al día en el tránsito y vas a la escuela a comer o te aguantas el hambre. 

La forma específica en que una economía se reproduce en un tiempo histórico determinado, es lo que la Teoría Marxista de la Dependencia (TMD) llamó patrón de acumulación. El actual patrón de reproducción de especialización productiva vigente en la región y en Paraguay, se caracteriza por la orientación predominante de toda la producción hacia la exportación de unos pocos productos, sin importarle las necesidades de la población local. 

El sector primario exportador, el agronegocio, es el principal sector productivo de la economía paraguaya, siendo la producción de materias primas para la exportación, sobre todo soja y carne, las predominantes. Es lo que la TMD define como eje de acumulación, el motor principal de la dinámica capitalista del Paraguay en este tiempo histórico y el que obliga al resto de los sectores económicos, a la sociedad y al Estado paraguayo, a someterse a sus intereses.

Cuando se observa la composición del Producto Interno Bruto (PIB) sectorial, el sector primario representa en promedio el 14%, el sector industrial el 34% y el de servicios el 52%, ¿Por qué decimos que el sector primario es el principal si es el menor de todos? Aseguramos esto, porque cuando se analizan las dinámicas de crecimiento de los demás sectores, se observan que estas se dan en función o como consecuencia del desarrollo del sector primario. 

Por ejemplo, el aumento de la participación de la industria en el PIB en los últimos años, que responde sobre todo al sector maquilador, al ser esencialmente también exportador (de autopartes, confecciones y plástico), no anula, sino que refuerza, las necesidades del eje de acumulación -bajos impuestos, libre importación de insumos, energía barata ya sea eléctrica o diésel, facilidades para la exportación y bajos salarios- y la consolidación del patrón de acumulación de especialización productiva. 

Por su parte, la predominancia en el PIB del sector servicios, responde sobre todo a que la expansión de la agricultura industrial, genera un éxodo campo-ciudad de tal magnitud, que, ante una industria incapaz de absorber ese contingente de población rural ahora forzosamente urbanizada, encuentra en el sector servicios el único espacio donde poder emplearse. Por tanto, su crecimiento no se da por transformaciones o desarrollo propio del sector servicios, sino por las características que tiene el agronegocio en nuestro país y sus consecuencias para la clase trabajadora. 

El agronegocio en Paraguay tiene tres características muy marcadas, las que exigen necesidades específicas para desarrollarse, y en este desarrollo, como todo eje de acumulación, imprime consecuencias particulares a toda la economía y la sociedad. 

La primera característica es la alta mecanización de la producción, el uso intensivo de tractores, cosechadoras, drones de fumigación, agrotóxicos etc., necesarios para alcanzar niveles cada vez más altos de productividad, impactan negativamente en la creación de empleos en el sector.

El principal sector de la economía paraguaya genera poco empleo directo, solo el 20% del total de la población empleada del país es absorbida por el sector primario (unas 600.000 personas), con tendencia a la baja por lo menos desde el año 2021. 

Otra característica del agronegocio es la necesidad la alta concentración de tierras para poder expandir los monocultivos mecanizados. Paraguay es un espacio propicio para este modelo productivo ya que es uno de los países con la distribución de tierra más desigual del mundo, donde el 85% de la tierra se encuentra en manos del 2,5% de la población. Resultado de la ausencia de una reforma agraria, la usurpación de tierras destinadas a la misma durante la dictadura (unas 8 millones de hectáreas según la Comisión Verdad y Justicia CVJ) y la falta de políticas públicas reales de apoyo a la producción campesina. 

La alta concentración de la propiedad fue la condición necesaria para la expansión del agronegocio en el país, sobre todo la soja, pero esta tendencia continúa acentuándose. Ejemplo de ello, la acelerada reducción de la población rural en los últimos 45 años, pasando del 64,43% en 1960 al 35,51% para el 2024, casi del 1% a cada dos años. 

El agronegocio, al no volverse una fuente de empleo estable para la mayoría de la población rural y la falta de políticas públicas eficaces de apoyo a la agricultura campesina, presiona a la migración campo-ciudad y al alquiler o venta de estas tierras. Este flujo migratorio, instalado en la periferia de las ciudades, encuentra en el sector servicios (compra y venta, jardinería, empleada doméstica, venta de comidas rápidas etc.,) el espacio para trabajar. 

Expresión de ello es que entre el 63% y el 65% de los trabajadores y trabajadoras del país están empleados bajo condiciones de informalidad, que no aportan a un sistema de jubilación ni pensión, que no cuentan con un seguro médico y que no se rigen bajo los derechos de vacaciones, permiso por maternidad etc.

La tercera característica de este sector es la alta extranjerización, grandes empresas de capital internacional dominando sobre todo los sectores proveedores de insumos para la producción (créditos, semillas, maquinarias y agroquímicos etc.,) y el sector de acopio (silos). Estas empresas no pagan impuestos por la exportación, tienen todas las exenciones posibles para la importación de insumos, subsidios, préstamos y asistencia técnica que necesiten, además de cobrar pocos impuestos a la ganancia. Esto hace que gran parte de las ganancias de la exportación de soja que ingresan a Paraguay vuelvan a salir en forma de ganancia, quedando una parte minoritaria en el país. 

De esta manera, el principal sector económico del país, genera pocos empleos, concentra la propiedad de la tierra y expulsa campesinos hacia las ciudades, destinándolos a la informalidad y la precariedad. A su vez, el agronegocio remite gran parte del excedente de la exportación para fuera de la economía nacional, sea bajo la forma de ganancia, patentes por insumos, pago por maquinaria o interés de préstamos. 

De esto hablamos cuando decimos que el eje de acumulación somete a los demás sectores, el Estado y la sociedad, en función de garantizar sus ganancias. Este sector, es el principal responsable del mejor momento económico de la historia del Paraguay, pero como vemos, por sus características, es incapaz de mejorar las condiciones de vida de su población. 

En las próximas entregas de este análisis, nos adentraremos en cómo el Estado paraguayo, para garantizar las ganancias de los grupos económicos y políticos vinculados al eje de acumulación y otros sectores, se hace incapaz de cumplir su mandato constitucional de asegurar derechos básicos como salud, educación y transporte. 

¡Hasta la próxima y Adelante!


Nota

  1. Economista por la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana (UNILA), Brasil. Maestría en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), actualmente es presidente de la Sociedad de Economía Política del Paraguay (SEPPY). ↩︎