Sin vacunas ni Gobierno capaz

CON-TEXTO | Por Miguel H. López

Paraguay llega a casi 3 mil muertos por causa del nuevo coronavirus y el Gobierno aún no sabe cuándo exactamente llegarán las vacunas preventivas ni el inicio de la inmunización de la población. A esto se suma que este año solo será alcanzado el 30% (2.400.000) de la población, lo que en términos de realidad deja a un 70%, unos 5.500.000 paraguayos y paraguayas, expuestos a la libre disponibilidad de la Covid-19 ya sea para primer contagio o eventual re-contagio.

Más allá de las discusiones en torno a las vacunas, la indolencia gubernamental sigue quedando en evidencia. Si la pandemia vino a exponer y a agravar todas las crisis y problemas ya existentes en los diversos niveles del déficit del Gobierno, en función de Estado, este capítulo de los inoculantes, que puedan dar alguna posibilidad de inmunidad biológica o por lo menos evitar que la enfermedad sea grave y ayude a disminuir los índices de mortalidad, descarna la total incapacidad de los agentes del Ejecutivo para atender las necesidades de protección de la población.

Sabemos que desde el Ministerio de Salud Pública, al mando del venido a menos capitán de un barco calafateado, aparte de los discursos y las recomendaciones, no hubo realmente acciones efectivas ni eficientes para hacer frente a la pandemia. El dinero prestado para poner en condiciones el sistema sanitario público a fin de resistir la crisis casi termina en bolsa de delincuentes de guantes blancos –con evidente complicidad oficial- de no haber sido por la denuncia de un puñado de diputados y ciertos medios de comunicación. Después siguió el mismo raquítico rendimiento en la gestión y hoy es cuando ni los hospitales están preparados ni tenemos los suficientes recursos humanos y tecnológicos para permitir que la población reciba asistencia eficaz y se impida que siga muriendo bajo el ataque del nuevo coronavirus.

En lo que va de la emergencia sanitaria, instalada en el país el 11 de marzo de 2020, ya cerca de 145 mil personas fueron infectadas por Covid-19. De este total unas 119 mil aproximadamente se recuperaron. En ninguno de los casos medidos estadísticamente por el Ministerio de Salud se incluye el subregistro que podría triplicar o cuadruplicar las cifras. A esto es necesario sumar el deficiente seguimiento que realiza el sistema a quienes dieron positivo. Muchos de los que se quedaron en las casas, con condiciones leves a levemente graves, no recibieron la verificación ni sus casos fueron monitoreados por Salud para determinar sus cuadros. Esta circunstancia, que empeora en el postcontagio por las secuelas que necesariamente deja el virus, abulta el volumen de la población que está recuperada-convaleciente y que retorna a su vida rutinaria sin el seguimiento sanitario requerido. En los próximos meses y años buena parte de esta población evidenciará patologías agudas o crónicas –que emergieron o empeoraron con el coronavirus- que podían haberse atenuado, prevenido o evitado si su detección hubiera sido prematuro.

No existe interés hacia la vida de la población; está demostrado en los actos y hechos. Al Gobierno –no es ya novedad a estas alturas- no le preocupa si la gente vive o muere.

Con las vacunas la situación no está bien. Paraguay todavía no inmuniza a su población –ni la más vulnerable- a unos 2 meses de iniciadas las dosificaciones en numerosos países del planeta, incluyendo los países limítrofes (Bolivia, Argentina, Brasil). Cuando todos los Estados estaban negociando con los laboratorios, el Gobierno paraguayo anunciaba que las farmacéuticas privadas iban a traer –comercialmente- las vacunas. Luego de protestas y denuncias vergonzantes, empezó a tientas a explicar y a contactar –tardíamente- a los proveedores. Ahora el anuncio es que llegarán como primera partida unas 300 mil dosis de la AstraZeneca/Oxford fabricada en el Reino Unido, a través del mecanismo Covax, aunque podrían ser surtidas con otras variantes de otros laboratorios. Este volumen (de dos aplicaciones por persona) alcanzará a 150 mil. ¿Cuándo? La respuesta genérica es que en la segunda quincena de febrero, aunque no hay certeza de nada. Ni a los parlamentarios supo precisarles el ministro Julio Mazzoleni.

En esa misma lógica de incertidumbre y tanteos, el Gobierno anunció que cerró trato con el Fondo Ruso de Inversión para la provisión de las vacunas Sputnik. No existe aún fecha posible (ni siquiera estimaciones). No hay certezas sobre la llegada de las vacunas anti Covid-19; y menos cuándo comenzará su aplicación.

La negligencia criminal es, al parecer, el sello de marca del Gobierno de Mario Abdo Benítez, lo que no significa que gobiernos anteriores hayan descollado en eficiencia. En este caso el abandono y el desinterés hacia la población es, hasta si se quiere, deliberado. Asuntos elementales como la salud pública son desatendidos hasta niveles críticos y el Presidente se ríe con descaro de la desesperación de los pacientes y hace bromas sobre sus necesidades.

La hijaputez de este Gobierno debe mover a rebeldía y condena. El principio físico de a toda acción corresponde una reacción es la fórmula que la población debe adoptar –y a veces hasta anticiparse a eventuales actos- como antídoto a un Ejecutivo incapaz y criminal.

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