Villanos y criminales de lesa humanidad

CON-TEXTO / Por Miguel H. López

La memoria es una construcción social intersubjetiva y siempre es en presente sobre hechos del pasado. Como tal, las disputas por los sentidos que esta tiene o debe tener representan necesariamente una posición ideológica y una alta carga política. Es por eso que los debates que se dan en estos días sobre el dictador Alfredo Stroessner (1954-1989), no son casuales ni inocentes.

El pasado 28 de julio en un programa del Canal 4, Telefuturo [1], de propiedad del empresario Antonio J. Vierci, dueño de una enorme fortuna económica cuya base principal fue amasada justamente bajo aquellos años de plomo, animadores de programas de farándula trivializaron los largos años de opresión, persecución y muerte que padeció Paraguay. Desde el set premiaron al tirano, fallecido en el exilio en Brasilia el 16 de agosto de 2006, con el beneficio de la duda de si era ¿héroe o villano? Este hecho, que generó una avalancha de reacciones en contra –y algunas a favor- no ocurrió como un acontecimiento aislado.

Siete días antes, el presidente Mario Abdo Benítez, hijo homónimo del exsecretario del dictador, reivindicaba la figura de Stroessner. En un acto de inauguración de obras en el interior, en la localidad llamada 3 de Noviembre, acuñó la expresión “ipuporã ajépa la 3 de Noviembre o nahániri” (¿suena bien, verdad, (el nombre) 3 de Noviembre o no?). Esta frase contiene una fuerte carga apologética del dictador, su dictadura y de una fecha que constituyó la institucionalización en el imaginario social y en el poder político de la salamería y la obsecuencia por los gestos de sus acólitos, y de la mitificación de la figura del tirano a partir de su día de cumpleaños conocida en todo el país bajo el fuerte eufemismo de Fecha feliz, en donde cabía todo tipo de ensalzamiento y muestra de sometimiento a la mano dura. El presidente Abdo Benítez lo hacía además en un momento en que rechazaba explícitamente responder a las críticas hacia su gobierno en el manejo de la pandemia del nuevo coronavirus, una gestión cargada de desaciertos, mentiras y corrupción [2].

Aquella no fue la primera vez que el mandatario asumió una confrontación pública sobre el pasado reciente y puso en tensión todas las fibras de los recuerdos nefastos dejados por los casi 35 años de dictadura que tuvo en las FFAA y en el Partido Colorado sus principales bases de acción, grupo partidario al que pertenece Mario Abdo [3]. Ya durante su campaña electoral (enero de 2018) para las presidenciales, reivindicó a Stroessner. En su ungimiento como candidato se había presentado ante los miembros de la Asociación Nacional Republicana, Partido Colorado, alabando al dictador y su obra [4].

El 2 y 3 de febrero de 2019 no hubo actos oficiales para conmemorar el golpe de Estado que derrocó al dictador en 1989 e instauró el inicio del proceso de transición democrática. Cinco días antes la prensa había consultado al presidente qué significaba para él esas fechas, a lo que respondió “el aniversario de Ciudad del Este”, denominación actual de la antes Ciudad Presidente Stroessner; y anunció que estaría por allí en esos días.

Este año, el gobierno de Benítez obvió nuevamente el aniversario del golpe como si no tuviera ninguna significación histórica en el devenir de la República. Sin embargo el 13 de febrero reposicionó al dictador como benefactor del país. En medio de la pandemia y la cuarentena de emergencia declaradas, y cuando todavía no arreciaban las críticas por inoperancia y corrupción, expresaba: “sin ánimo de hacer comparaciones que puedan generar críticas, pero después del Gobierno del Gral. Stroessner nuestro gobierno va a ser el que más va a invertir, y le vamos a superar al Gobierno del Gral. Stroessner en las inversiones” [5]. En todos los casos hubo y hay contestaciones desde la sociedad, así como apoyos.

Con estos precedentes y contextos, la banalización hecha en Canal 4 no se despega de una disputa por vaciar de sentidos lo que fue el dictador y su régimen de terror; e instala en el debate público una controversia que pretende desacreditar los hechos que la misma historia registra y el propio Estado asume como ocurridos a través del informe de la Comisión de Verdad y Justicia [6] basado en 9.923 testimonios de víctimas directas, evidencias monumentales y documentales. Si bien el canal elaboró al día siguiente un informe sobre las atrocidades de la dictadura, no fue emitido en el mismo espacio en el que fue relativizado el horror y el padecimiento de las víctimas; y no hubo pedido de disculpas o mensajes de aclaración del órgano periodístico. Por el contrario, el tuit que anunciaba la pregunta de si Stroessner había sido héroe o villano fue sencillamente borrado, como si así se enmendara la atrocidad histórica o se anulara el despropósito[7].

Bien sabemos que la dictadura de Stroessner duró casi 3 décadas y media, un período largo en el que necesariamente necesitó de una sólida base social legitimadora sin la cual no hubiera podido sostenerse ni reproducirse. Resabios de esas mismas bases y de esa siembra funesta son los que perviven hasta nuestros días. El hecho de que el mismo actual presidente de la República sea un nieto mimado de aquel régimen, proveniente del mismo partido que apuntaló al dictador, describe líneas claras sobre la cultura autoritaria y retardataria que aún pervive, en parte agazapada y de vez en vez descaradamente explícita, en el cotidiano devenir del país.

Stroessner persiguió, asesinó, exilió, destruyó y aniquiló cientos de miles de vidas de paraguayos y paraguayas. Instauró la delación como sistema, organizó con las dictaduras de la región la internacional de la muerte conocida como Operativo Cóndor, que persiguió y desapareció dirigentes opositores dentro y fuera del país; organizó la corrupción como mecanismo de mantenimiento y la prebenda como aparato de cooptación. Cercenó todas las libertades de expresión y pensamiento y reprimió el ejercicio de la personalidad, la organización autónoma y la independencia de ideas. Criminalizó las ideologías contrarias y puso cadena sobre las expresiones artísticas críticas o experimentales; y gobernó con el terror como dispositivo de dominio.

Un total de 423 desaparecidos/as, 18.772 torturados/as, 20.090 víctimas directas, 19.872 detenidos/as ilegales, 3.470 exiliados/as, 59 ejecutados/as, 7.851.295 hectáreas de tierras malhabidas… Estos números impresos por el Estado no son invenciones. Son vidas humanas que padecieron bajo el stronismo. Cifras que deberían servir para no olvidar y para disputar –en donde sea y cuando sea- un sentido justo de nuestras memorias del pasado de terror, que en definitiva son resultado de nuestras luchas como pueblo por la libertad contra todo tipo de opresión, que el Gobierno insiste en hacernos olvidar…


[1] https://www.hoy.com.py/farandula/telefuturo-y-teleshow-banalizan-dictadura-sugieren-heroismo-de-stroessner-y-desatan-indignacion

[2] http://ea.com.py/mario-abdo-dice-que-no-hara-autocritica-y-reivindica-al-dictador-stroessner/

[3] https://www.youtube.com/watch?v=2ETtnhjrraU

[4] https://www.ultimahora.com/discurso-marito-genero-criticas-alabanza-obras-stroessner-n1130455.html

[5] https://www.ultimahora.com/marito-se-jacta-aliviar-la-salud-y-reivindica-al-dictador-stroessner-n2869851.html

[6]http://www.derechoshumanos.net/lesahumanidad/informes/paraguay/Informe_Comision_Verdad_y_Justicia_Paraguay_Conclusiones_y_Recomendaciones.pdf

[7] https://twitter.com/Telefuturo/status/1287925841847033856

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