57 años del asesinato de Wilfrido Álvarez

Hoy se cumplen 57 años del asesinato de Wilfrido Álvarez Jara, Secretario General del Partido Comunista Paraguayo y responsable de la estructuración del FULNA. Su nombre figura en la lista oficial de personas detenidas-desaparecidas por el terrorismo de Estado comandado por Stroessner, registrada en la Dirección de Memoria Histórica y Reparación del Ministerio de Justicia. Relatos de sus camaradas afirman que su cuerpo fue entregado a su familia luego de ser asesinado en torturas.

Wilfrido fue jugador de fútbol de un equipo de primera y militante comunista. Ejercía el cargo de Secretario General del Partido Comunista Paraguayo y la Dirección del Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA), cuando fue asesinado y desaparecido por agentes stronistas, el 8 de junio de 1963.  Su refugio fue allanado por un escuadrón de la muerte comandado por el sanguinario comisario Mustafá Abdala, que fue ajusticiado de un balazo por Wilfrido, cuando se defendía a tiros permitiendo a la vez, la escapada de otros militantes comunistas que estaban con él reunidos.

Según testimonios de sus camaradas, moribundo, Álvarez fue ultimado en torturas y su cuerpo fue entregado a su familia, pero esto no se ha podido corroborar hasta la fecha.

“Varón entero, tenía / polvo de pueblo en la cara. / Se alzó por los que yacían / vistió el sol cada mañana / noche a noche alumbró el día / día a día tocó el alba / sufrió prisión por ser libre / llevó luz de casa en casa,/ pidió por los que no piden / por otros hirió su entraña”, es como lo describe su camarada Elvio Romero en el poema “Con ese mismo corazón que cantaba”.

“Vuelve así esta tarde, vuelve con la sonrisa de inocente camino con que incendiaba el día, / con esa fortaleza de bosque de sus sueños / con esos camaradas que son sal de la tierra / y vuelven, con él vuelven a la región y al tiempo / de redimir la sangre del crimen y el ultraje (…) / Vuelve con ese mismo corazón que cantaba”.

Compartimos el rescate que hace otro gran referente de la lucha revolucionaria, Luis Casabianca, en sus Crónicas del pueblo insurrecto.

CASAL

En la tarea por estructurar el comando central del FULNA estábamos dirigidos por el  camarada Wilfrido Álvarez Jara, cuyo seudónimo era “Casal”, Secretario General de nuestro Partido. Integrábamos el núcleo los camaradas Álex Rafael Barrett, el Teniente de Navío Federico Tatter, el estudiante de Medicina Joel Filártiga, Carmen Soler y yo.

Recuerdo que nos reuníamos en casa de una religiosa, llena de santos y cuadros. Carmen la había ganado para esa obra de solidaridad riesgosa. Entrábamos antes del amanecer  y nos retirábamos al oscurecer.

El camarada Wilfrido Álvarez era muy popular. Fue jugador de fútbol de un club de primera.

Años después que dirigiera personalmente en 1959 y 1960 nuestro trabajo clandestino de preparación y dirección de la lucha armada, en un momento infortunado de 1963, cuando continuaba sin pausa y sin descanso en ese menester, fue allanado su refugio por un escuadrón de la muerte comandado por el comisario Mustafá Abdala, el que fue ajusticiado de un certero balazo por el camarada Wilfrido, quien se defendió a tiros y permitió así la escapada de varios camaradas que estaban con él reunidos. Después, el camarada Álvarez, moribundo, fue ultimado en torturas. 

En la clandestinidad, la puntualidad era vida y libertad, pues no nos podíamos encimar en las entradas y salidas. En las citas o encuentros en las calles, las plazas o las iglesias, la hora exacta evitaba las esperas que podían despertar sospechas a “los ojos y oídos” del  tirano.

Nuestra caída (Carmen y yo) en las garras policiales, en 1960, se debió a que al mudarnos a los apurones de un refugio a otro, no rompimos y no quemamos bien todos los papeles que revelaban nuestra militancia comunista. Los sabuesos encontraron restos de “Adelante!”, el periódico vocero de nuestro Partido, lo que les sirvió de inicio de la pesquisa, el seguimiento y la captura de los dos.

La máquina de escribir era otra herramienta cuyo uso debíamos administrar con cuidado, pues en el menor descuido nos ponía en evidencia. No podíamos usarla en el silencio de la noche o de la madrugada.

Radio Habana y Radio Moscú debíamos escuchar en sordina.

Los que éramos conocidos no podíamos trasladarnos en colectivos o tranvías. A pie tenía que ser nuestro desplazamiento, en la oscuridad de la noche o en la madrugada.

*Luis Casabianca. Clandestino y bajo agua. Crónicas del pueblo insurrecto (2012). Pág. 42

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: