¿Qué pasa en Brasil?

Coronavirus, esa es la palabra que actualmente está en la boca de la población mundial y que nos asusta al ver la cantidad de personas que están siendo infectadas y perdiendo sus vidas alrededor del planeta. Con el COVID-19, vemos el creciente drama de la clase obrera que hace años viene sufriendo dentro del sistema capitalista global. Los sistemas de salud están colapsando y las crisis sociales están impactando hasta a los países centrales del mundo capitalista.

La pandemia no representa el inicio de una crisis humanitaria, pero demuestra las limitaciones de un sistema capitalista que en lo estructural está en decadencia hace años y que ahora está ante una crisis sanitaria que expone al mundo de forma mucho más clara la situación de vulnerabilidad de las clases obreras del mundo.

El hambre, la falta de acceso a salud y educación, las precarias condiciones de trabajo bien como el desempleo y el crecimiento de trabajos informales, son problemas sociales que se vienen agravando en los últimos años en América Latina. Los jóvenes aparentemente son los más afectados, según datos publicados en la Organización Internacional del Trabajo de la ONU, 1 de cada 5 personas entre menores de edad hasta 24 años en 2019 no consiguen encontrar trabajo en América Latina, lo que representa una tasa de casi un 20% de jóvenes. Probablemente, ante la actual crisis global de la salud, las estadísticas van a empeorar.

A parte de las problemáticas sociales ya presentadas, vemos también miles y miles de personas que intentan escapar de conflictos y terminan muertas probando escapar de las guerras, muchas de las que no mueren, enfrentan condiciones subhumanas en campos de refugiados, queriendo ingresar sobretodo en Europa para comenzar una nueva vida. Aquellas y aquellos que logran pasar por todo eso, muchas veces tienen que enfrentar la xenofobia y discursos de odio de grupos ultranacionalistas. A partir de eso, es posible ver que la actual pandemia del COVID-19 es una crisis más que agrava la ruptura del sistema capitalista global y las otras crisis humanitarias ya existentes.

Sobre la coyuntura brasileña

Brasil es un país que además de todo lo que ya fue mencionado en ámbito global, vive una grave crisis institucional. A partir de las grandes manifestaciones a nivel nacional que ocurrieron en el año 2013, grupos ultranacionalistas de la ultraderecha empezaron a crecer y ganar fuerza, culminando en una división dentro de la población brasileña. De un lado estaban las personas que empezaron a adherirse a esos movimientos de la ultraderecha y del otro lado estaban grupos de izquierda y parte del llamado grupo del centro. La división quedó clara cuando Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores (PT) ganó a las elecciones de la segunda vuelta del año 2014 con solo un 51,64%. La permanencia del PT en el poder podría representar la continuidad de un proyecto progresista iniciado en Brasil por Luis Inácio Lula da Silva en el año 2003 y que tenía como semejantes en América Latina los gobiernos de los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Fernando Lugo en Paraguay, entre otros.

Sin embargo, en el mismo año de 2014 inició en el país la Operación Lava-Jato. Comandada por la Policía Federal, la operación descubrió los mayores sistemas de corrupción y desvío de dinero público de la historia brasileña. En los esquemas de corrupción estaban relacionadas grandes empresas privadas contratistas de construcción (Empreiteiras), bien como empresas estatales (Petrobrás) y varios grandes Partidos políticos. En meses, grandes empresarios de las clases más altas, políticos, entre otros, fueron condenados a cárcel siendo que tendrían derecho a reducción de condena caso ayudasen en la investigación dando informaciones de cómo era realizado el desvío de dinero en contratos sobrefacturados del Estado con empresas privadas en obras públicas.

Las noticias de corrupción en el seno de las instituciones brasileñas empezaron a crecer diariamente. La desconfianza hacia los políticos solo aumentaban y con eso grupos de la ultraderecha que decían ser los portadores de la nueva y limpia política. Cuando eso, el actual presidente brasileño era diputado federal. En el Congreso Nacional, Bolsonaro empezó a ganar fuerzas y visibilidad por sus discursos de oposición al gobierno del PT y por defender abiertamente a la dictadura militar (1964 – 1985). Incluso, uno de sus momentos de mayor fama como diputado fue en el día en que defendió su voto a favor del “juicio político” en la cámara de diputados. En esta ocasión homenajeó a uno de los torturadores de la dictadura, que era el Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra y felicitó al entonces jefe de la cámara de diputados, el exdiputado federal Eduardo Cunha (condenado a la cárcel meses después por corrupción en la Operación Lava-Jato).

En poco tiempo Bolsonaro conquistó los grupos de la ultraderecha que empezaron a llamarle de “mito”, un héroe que estaba luchando contra la izquierda, contra la corrupción y a favor de la familia tradicional brasileña. La presidenta Dilma Rousseff terminó siendo condenada por el Congreso Nacional y siendo derrumbada de la presidencia en 2016. Varios de los parlamentarios eran de partidos de espectro político de centro y apoyaron a la derecha.

Con la caída de Dilma, asumió su vicepresidente Michel Temer que buscó no solamente frenar el ya decadente progresismo brasileño, como también avanzar con los proyectos neoliberales para estabilizar y acelerar la economía brasileña. La “Proposta de Emenda Constitucional (PEC 241)” es un símbolo de la “nueva política” que empezó a gobernar el país. La PEC congeló los gastos públicos de sectores como salud y educación por hasta 20 años. Significa que el gobierno en ese tiempo puede gastar solamente lo que gastó en el año anterior sumado al valor de corrección de la inflación.

Durante el gobierno de Temer, los grupos de ultraderecha crecieron considerablemente y en las elecciones presidenciales de 2018 la población brasileña estaba nuevamente dividida, de un lado estaba Bolsonaro y sus seguidores apoyando la dictadura militar, condenando la izquierda. Del otro lado se encontraban aquellas y aquellos que repudiaban los discursos de odio y momentos como la dictadura. Muchas personas frustradas por la crisis económica y por los escándalos de corrupción votaron en Bolsonaro con la esperanza de que él realmente sería la nueva política limpia.

A partir de ese momento, Brasil pasó a ver nuevos escándalos y escenas lamentables como el uso masivo de las Fake News para bajar la popularidad de candidatos y partidos políticos rivales; la destrucción de una placa pública en homenaje a Marielle Franco, mujer negra, concejal del partido PSOL (Partido Socialismo y Libertad) y militante de los Derechos Humanos en Río de Janeiro) que fue asesinada y la investigación de su muerte todavía no llegó a ninguna conclusión; un discurso constante de odio hacia los opositores de Bolsonaro, sobre todo hacia grupos de izquierda. Si alguien dice alguna cosa contraria a lo que dice el presidente, significa que esa persona es “esquerdopata” o un comunista.

Las universidades fueron uno de los primeros espacios atacados. El ministro de la educación, Abraham Weintraub, en una entrevista llegó a declarar que sería enviado menos dinero a las universidades por el hecho de que se presentaban “balbúrdias” (desorden/fiestas) en los espacios académicos, luego el Ministerio de Educación y Cultura retrocedió con su decisión.

Las escuelas y universidades pasaron a ser vigiladas y perseguidas, pues supuestamente los profesores no estaban enseñando lo que se debería enseñar, al contrario, estarían doctrinando los jóvenes con discursos y materiales marxistas o referentes a ideología de género.

Marxismo cultural pasó a ser uno de los términos más utilizados para perseguir a docentes y a instituciones educativas. Mientras tanto, un secretario de cultura del gobierno fue exonerado por presentar un discurso casi idéntico al de Goebbels (ministro de la propaganda nazista).

En el ámbito diplomático, Brasil tuvo serios problemas con la República Popular de China, debido a comentarios hechos por uno de los hijos del presidente brasileño que da a entender que China había creado el nuevo coronavirus de forma intencional en un laboratorio. Algunos días después, el ministro de la educación de Brasil ironizó el acento chino y nuevamente dio a entender que la enfermedad es una conspiración de China para dominar el mundo.

La ciencia aparentemente perdió su valor y lo que dice el presidente de la República, bien como sus seguidores, es la verdad absoluta para el grupo de la ultraderecha actual de Brasil. En los últimos días, en el medio de la pandemia de COVID- 19, Bolsonaro y su hasta entonces ministro de la salud Dr. Luiz Henrique Mandetta empezaron a tener discusiones acerca del aislamiento social. El ministro de la salud no estaba de acuerdo con el presidente que en pronunciamiento oficial declaró que el coronavirus no pasa de una gripe o “resfriadinho”. El resultado fue la dimisión del ministro en medio de uno de los momentos más críticos de la salud en el país y en el mundo.

Varias manifestaciones con gran número de aglomeraciones están siendo realizadas en Brasil por manifestantes favorables a Bolsonaro, en un momento en que el mundo vive y defiende el aislamiento para frenar el contagio de coronavirus y evitar el colapso generalizado del sistema de salud, bien como un colapso social más amplio.

A parte del riesgo de contaminación por la enfermedad, Brasil corre otro riesgo con los mensajes que los manifestantes están llevando a las calles en los últimos días. Ahora no solamente defienden la dictadura militar, sino también están pidiendo de forma más incisiva una intervención militar con el cierre del Congreso Nacional, Bolsonaro en el poder y la restauración del Acto Institucional nº 5, también llamado de AI-5, que se trata de un decreto utilizado en la dictadura militar que aumentaba considerablemente los poderes del Presidente de la República y fue el aparato que inició un periodo de censuras y torturas en el pasado. Aparentemente, el actual objetivo de restaurar ese decreto es limpiar cualquier tipo de oposición al presidente sea mediante el miedo o la violencia.

Hay muchos trabajadores que sí están siendo afectados por el aislamiento social, principalmente los autónomos e informales que si no trabajan, no tienen ninguna forma de ingreso, ni siquiera para comprar comida a su familia. Pero la salida no es volver a la normalidad con aparatos de protección como dice el mandatario brasileño y la clase empresarial que le apoya. La mejor forma de proteger a la población es mantener el aislamiento y aplicar políticas de ayuda financiera, como viene siendo aplicado el llamado “Auxílio Emergencial” pues eso va a atrasar o evitar un colapso sanitario para así salvar vidas. Brasil ya vive una gran crisis institucional, política y si sigue caminando en la dirección que está yendo, infelizmente vamos a ver un colapso total de la salud y a un gran número de vidas perdidas y que podrían ser salvadas.

*Por el historiador Andrew Goes para Adelante!

**Imagen de inicio: ilustración extraída del portal del Partido Comunista Brasilero https://pcb.org.br/

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