La solidaridad, ese elemento superador

En la mañana del 7 de abril, Asentamientos de la organización Patria Nueva, apoyados por la Plataforma de DDHH, presentaron una acción de amparo colectivo exigiendo al Estado el derecho a estar protegidos y protegidas contra el hambre y por el derecho al acceso a la justicia.

La organización política de la mafia, de los saqueadores de la patria, de los fascistas, de las patronales explotadoras, y de otros grupos aglutinados en la denominada “Asociación Nacional Republicana” (ANR), ha llevado al país a la carencia y al empobrecimiento de las instituciones del Estado que podrían servir para dar respuestas satisfactorias a las necesidades más acuciantes de la gente.

En manos de estas organizaciones criminales, el Estado paraguayo se ha convertido en una herramienta que perpetúa la desigualdad social, destrozando así el fin que muchos quisieran tenga un Estado: salvaguardar la libertad y los derechos de los ciudadanos.

Estas prácticas prolongadas en el tiempo deben servir al pueblo paraguayo para sacar las doradas túnicas teóricas que cubren la fascitis necrosante de este Estado para poder verle tal cual es: una estructura creada por una clase social (dominante y explotadora) que somete a otra clase social (dominada y explotada).

Esto se ve evidenciado de manera más clara durante esta pandemia y la consecuente cuarentena sanitaria, al agudizar más las privaciones de derechos básicos de la población mayoritaria que en este momento se encuentra en la crítica situación de no tener qué comer, sin posibilidad de dar de comer a sus hijos.

En estas pocas semanas de haberse iniciado el periodo de la cuarentena sanitaria por corovirus, casi 2 millones de paraguayos y paraguayas, dos millones de seres humanos que -además de estar privados del derecho a la salud, al trabajo, a la educación, a la recreación, entre otros derechos, desde la cuna hasta la tumba- se encuentran privados del elemental e innegociable derecho a la alimentación sin que el Estado se muestre interesado en ellos.

La ineficiencia o desinterés de este Estado manejado por la mafia se está contrarrestando con el ejercicio de la solidaridad de clase a través de las organizaciones de “ollas populares” en las comunidades y barrios de la Capital y del Interior, aunque las mismas sean limitadas y se vean sobrepasadas por la superioridad cuantitativa de la necesidad de la población. Empero, gracias a las mismas, muchas personas pueden tener acceso (momentáneamente) a la comida, dialogar sobre sus problemas comunes y seguir organizándose para dar soluciones a otros problemas sociales. Sin embargo, este Estado secuestrado por la mafia –pese a su desinterés en la gente e impunidad en que sobrevive- no puede seguir eludiendo su obligación y responsabilidad de atender el derecho básico de la población que se encuentra sin nada más que comer.

Por razones humanitarias, incluso en las guerras, los prisioneros no son privados del derecho a la alimentación. Y en Paraguay, la crisis alimentaria se agudiza en las comunidades y en los hogares.

Patria Nueva y Plataforma de DDHH presentan amparo colectivo al Estado

En la mañana del 7 de abril, la Plataforma Social de Derechos Humanos, Memoria y Democracia (colectivo de personas de diversos sectores sociales y del movimiento popular organizado) ha apoyado a los pobladores y pobladoras de varios asentamientos periurbanos del Departamento Central, en la presentación de una acción de amparo colectivo para que se garantice el derecho fundamental a estar protegidos y protegidas contra el hambre y el derecho humano al acceso a la justicia.

El gobierno ha realizado un préstamo de 1.600 millones de dólares en nombre del pueblo para poder lidiar con la crisis sanitaria; no obstante, los mencionados pobladores no han recibido ninguna ayuda humanitaria violando de esa manera el derecho fundamental de las personas en situación de vulnerabilidad por la histórica y estructural postergación en la protección de sus derechos.

Con esta acción se ha exigido la urgente distribución equitativa de los alimentos en relación a las necesidades de todos y todas que hoy están en abandono.

Aunque existan privaciones de todo tipo, durante esta crisis –que no es solo sanitaria- la clase trabajadora ha demostrado que entre la clase desposeída nadie suelta la mano de nadie, menos en los momentos más difíciles. La solidaridad es el elemento superador frente a la propuesta del capitalismo que pregona sin éxito el individualismo, el egoísmo y la competencia.

*Por Alvino Villalba

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