De rojo a morado

El sábado 4 de abril la cifra oficial en Paraguay llegó a 104 positivos al coronavirus. Según la proyección aceptada desde Salud Pública, en el subregistro (multiplicado por 10) serían 1.040 personas enfermas por Covid-19, un aproximado de 90% de ellas contagiadas en el exterior o por contacto con viajantes. Este aumento exponencial es solo reflejo de la fórmula básica: A más pruebas más confirmaciones, lo que evidencia que hay más de lo que el sistema logra detectar. Mientras, los hospitales siguen sin estar preparados ni equipados.

La reacción del Gobierno continúa siendo: el discurso mediático, medidas de circulación y pocas acciones concretas. Si no lo hace deliberadamente, parece no entender que este no es momento para manejar políticamente la situación. Es una emergencia sanitaria a la que se va sumando, progresivamente, por la misma incompetencia gubernamental, una creciente emergencia social como efecto de la larga cuarentena y la casi nula ayuda del Estado a más del 70% de la población económicamente activa que pertenece al sub empleo y al cuentapropismo. A la fecha ya hay poblaciones en capital e interior del país comiendo de ollas populares organizadas a base de solidaridad ante la ausente ayuda del Estado, que desde el Gobierno endeudó al país por USD 1.600 millones para esta emergencia y cuyos resultados no se ven ni en lo sanitario ni en lo socioeconómico.

En el horizonte inmediato hay poca claridad. Tal la situación, que la expansión del Covid-19 hacia el interior empezó en caravana, a plena luz del día y bajo la mirada indolente de las autoridades. En paralelo, los trabajadores pierden el empleo, pierden salario y arriesgan perder la vida. Los patrones así lo dictan porque anteponen lo económico a lo humano, mientras sus familias gozan de la cuarentena, en sus casas de vacaciones o de campo, bien surtidos y nutridos; como si el virus no fuera a alcanzarlos más temprano que tarde.

El cambio de discurso del ministro Mazzoleni (de Salud) –ya no el cuiden de no contagiarse, sino cuiden de no contagiar a otros– no es casual y refleja que la coordinación dentro del Gobierno está en controversia, unos quieren manejar la emergencia como de salud y otros pensando en las próximas elecciones, en cómo aceitar la clientela electoral. Por eso, al ministro Euclides (del Interior) le prohibieron hablar de la emergencia y de la ayuda social. Le dijeron que ese es un asunto de Partido. Esa es la lógica oficial.

Que hayan comprado mil bolsas funerarias, más 2 mil que encargaron; así como la puesta a disposición del horno pirolítico de la Senad para cremar cadáveres, como medidas más urgentes antes que equipar los hospitales donde sigue habiendo carencias peligrosas para la bioseguridad y falta temeraria de respiradores, dan una señal poco halagüeña.

Después de Semana Santa las novedades irán confirmando cuánto tiempo perdió el Presidente, mientras la población le daba una mano poniendo de sí, en buena medida, con sus recursos y a costa de su comodidad para quedarse en casa desde el 11 de marzo pasado cuando se decretó la cuarentena. Las autoridades decidieron distraerse en debates político-económicos -en una poca oportuna discusión de reforma del Estado- no por interés sino para desviar la atención del foco principal, la pandemia planetaria. Con la complicidad de los medios comerciales, regaron los titulares de tapa declarando y amenazando con minucias varias como recortes salariales en el Estado, para no hablar de impuestos serios a la soja, al tabaco y al extractivista agronegocio en general, sectores que ganan millones de dólares –a costa incluso del medioambiente y comunidades nativas- y aportan 2 al erario.

Estamos en terreno movedizo. Hay que extremar cuidados y mantener la alerta como sociedad, comunidad, grupos humanos. Como aduce un viejo dicho, solo el pueblo salva al pueblo; y si está organizado, mil veces mejor. En esa línea hay que seguir exigiendo respuestas concretas a las autoridades, inversión real de los préstamos millonarios contraídos para la emergencia; y asistencia general, no sectorizada ni sectarizada a la población. Cada minuto cuenta.

*Por Miguel H. López

**Foto de inicio: Terminal de ómnibus de Asunción.

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