La explotación es el virus

Toda crisis es una oportunidad, e irremediablemente nos conduce a una situación nueva. La pandemia del COVID-19 es un nuevo capítulo de la crisis general del modo de producción, del modo de vivir dentro del capitalismo, y en consecuencia, un capítulo más de la lucha de clases. Dependerá de nosotras y nosotros, que esta crisis haga síntesis en una situación más o menos favorable para los intereses de quienes la padecemos con más fuerza, los explotados y excluidos.

La llegada del nuevo coronavirus ha puesto en evidencia con mayor fuerza la violenta e inhumana explotación de las trabajadoras y trabajadores en nuestro país. Así como la hipocresía de las patronales que todo el tiempo defienden a gritos el libre mercado, la no intervención del Estado, pero con lágrimas de cocodrilo acuden llorosos ante él, pidiendo auxilio, apenas ven amenazadas sus ganancias. Cuando las cosas van bien, ellos son los héroes de la sociedad, los que “asumen el riesgo” de “invertir”, de “dar trabajo”, se jactan de ser los que mueven la economía, “las fuerzas vivas” de la sociedad. Pero cuando las cosas van mal, el guion cambia rápidamente, piden a gritos salvatajes del Estado, desesperados claman por menos impuestos, por créditos blandos, por “medidas excepcionales para sostener los puestos de trabajo”, que no son otra cosa que más flexibilización de las ya flexibilizadas leyes laborales, para suspender contratos, para evitar pagar aportes previsionales, para despedir injustificadamente trabajadores sin costo alguno, bajo la hipócrita consigna de “cuidar el trabajo”.

¿Cómo es la cosa, no era que asumían el riesgo? En la normalidad, privatizan las ganancias, en crisis, socializan las pérdidas.

Desde la llegada del COVID-19 a nuestro país y la consiguiente medida de aislamiento social, se han hecho públicas numerosas y gravísimas denuncias de trabajadoras y trabajadores sobre las formas más inhumanas y crueles de explotación a la que se ven sometidos por las patronales. No es el virus el que ha traído esto, pero ha permitido develar, ha hecho más visible la crueldad del capital, que no sólo no está dispuesto a ceder un guaraní de sus ganancias, sino además se aprovecha de la emergencia para sacar todavía más réditos.

Paradójicamente, el virus ha traído algo más de luz sobre la existencia de otro virus mucho más naturalizado, mortal, endémico, y de añeja circulación comunitaria: el virus de la explotación.

Trabajadoras y trabajadores de Yazaki y Sumidenso, industrias maquiladoras de autopartes, denunciaron que eran obligados a trabajar en plena cuarentena, hacinados, en medio de personas con síntomas gripales en turnos normales que exceden las ocho horas legales, sin horas extra y sin las más básicas medidas sanitarias, exponiendo incluso a mujeres embarazadas al contagio. Cabe destacar las que las maquiladoras asentadas en nuestro país, exportaron por un valor superior a los UDS 722 millones durante el 2019, tributando apenas por un 10% de sus ganancias.

Maquiladora paraguaya.

De la misma manera, trabajadores de los call centers GK BUSINESS S.A (terciarizada por Claro), TELECEL S.A.E. (Tigo), Nuance Comunications, y Voicenter, denunciaron que las firmas siguen operando, pese a que el decreto de suspensión de actividades obligaba al cierre de las ramas que nada tienen que ver con la provisión de servicios básicos, alimentos o medicinas. Operadores de calls centers trabajan con contratos sin fecha de inicio ni finalización de la relación laboral, sin seguro social, compartiendo micrófonos, computadoras y reducidos espacios de trabajo y almuerzo para garantizar la venta de seguros, cobro de matrículas de Universidades que se encuentran cerradas y venta de planes de telefónicas de otros países. Uno de estos centros de llamadas, llegó al medieval extremo de esconder a sus trabajadores en una habitación cuanto fueron objeto de fiscalización, luego de las insistentes denuncias. Los maltratos y las amenazas de despido son la constante en el rubro.

Choferes del transporte público de pasajeros y guardias de seguridad privada, expuestos al contacto diario con miles de personas sin las más básicas medidas sanitarias, trabajando 12 o más horas diarias sin pagos adicionales. En el caso de la empresa de transporte Caacupeña, choferes con 7 años de antigüedad fueron despedidos bajo el argumento de la reducción de ganancias.

En el rubro de la gastronomía, uno de los habilitados para seguir operando durante la cuarentena, se han denunciado tratos humillantes y amenazas de despido, cuando trabajadores del sector reclamaban pago de horas adicionales, o medidas sanitarias acordes a la situación. Los locales denunciados son BACON BURGER, el Restaurante TAJ Asunción, Sammy Express – Pizzería, El Estadero, la Confitería Margarita y Trigo, Benditas Empanadas Gourmet, Quiero Fruta, entre otras. El no registro de trabajadores en IPS, el no pago de indemnizaciones por despidos injustificados, el no pago de salarios durante el periodo de prueba y el despido bimensual de trabajadores son impunes medidas que asumen los empresarios del sector gastronómico, quienes además amenazan a los trabajadores que protestan con no ser contratados por ninguna empresa del sector, evidenciando un cierre corporativo en torno a la superexplotación.

Mención especial merece la conocida cadena BIGGIE, que ha mantenido su actividad durante las 24hs pese a todas las medidas restrictivas. Trabajadores de distintos locales de la cadena denunciaron abusivos descuentos por llegada tardía, situación inevitable ante la escasez de colectivos luego de las medidas dispuestas por el gobierno. Precarias medidas sanitarias, despidos injustificados sin indemnización acorde a las leyes, descuentos compulsivos, mujeres embarazadas trabajando por temor a despidos y amenazas, son la constante en una de las cadenas más poderosas del país.

La lista sigue, y es interminable, porque las patronales han visto en esta crisis una oportunidad para acentuar la explotación, y de esta manera, mantener o inclusive aumentar sus ganancias, gracias a la impunidad cómplice del gobierno, que se llena la boca con consignas de protección a los más afectados por la crisis. Así tenemos casos de trabajadores de empresas de limpieza, hoteles y moteles, cooperativas, importadoras conocidas como AM. Reguera, que no pagan salarios hace meses, y otras que se escudan en la resolución del Ministerio de Trabajo que habilita a conceder vacaciones obligatorias, para de esta manera cargar nuevamente sobre la espalda de los trabajadores la crisis, robándoles el derecho al goce de vacaciones reales.

La situación de trabajadoras y trabajadores del sector informal merece un capítulo aparte, por la doble vulnerabilidad a la están expuestos, siendo el sector ampliamente mayoritario de la masa trabajadora de nuestro país.

Mercado 4 de Asunción.

Todo esto ocurre, ante la mirada pasiva o cómplice de la mayoría de las Centrales Sindicales, que no accionan ante la situación actual, ni ante la amenaza de cancelación de conquistas laborales tanto en el sector público, como en el privado. A diferencia de otras como Acción Sindical Clasista, que hace eco y lleva adelante decenas de denuncias de varios gremios trabajadores, devolviendo a la organización sindical su sentido y razón de ser.

Desde el Partido Comunista y su juventud, ponemos acento en esta grave situación, confiamos -y trabajamos diariamente por ello-, en que esta crisis nos ayuda a reconocer con mayor claridad quiénes son los verdaderos privilegiados en nuestro país. Y a la vez nos permite dar cuenta del poder que tenemos las y los trabajadores cuando nos juntamos con nuestros iguales, de a dos de a 10, de a mil, para revertir esta dura situación. Muestra de ello son las miles de acciones solidarias que se vienen desarrollando, desde las ollas populares, pasando por los médicos cubanos en Italia y España, hasta el encuentro de trabajadoras y trabajadores que se animan a romper el silencio.

Estamos forjando los anticuerpos colectivos que se necesitan para enfrentar y derrotar a este poderoso y añejo virus, el virus de la explotación capitalista.

*Por Fabricio Arnella. Trabajador de prensa y militante del PCP.

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