Por Oscar Herreros Usher

Desde hace cincuenta días, con asombro y emoción, venimos observando la valiente y sabia resistencia del pueblo iraní contra la agresión armada del imperio estadounidense y su cómplice sionista israelí.

Emociona ver a las multitudes congregadas en calles y plazas todas las noches, a pesar de la lluvia de bombas. Indigna el ataque a hospitales y a centros educativos, como el de aquella escuela primaria que fue el primero de una cotidiana secuencia de crímenes. Pero esto ya no causa sorpresa: lo han hecho y lo siguen haciendo en Gaza y también en Beirut.

La astuta conducción de la guerra asimétrica con drones y misiles, sumada a la hábil negociación diplomática, está llevando a los iraníes a propinar una derrota estratégica al imperialismo yanqui; una que no será la primera que sufra.

Entonces, ¿cuándo fue la primera vez que el imperialismo fue derrotado militarmente? Ocurrió hace 65 años en una pequeña playa del Caribe, a manos de una triunfante revolución que apenas tres días antes se había declarado socialista: la Revolución Cubana.

Para aquellos que —obnubilados por los medios de desinformación hegemónicos, sobre todo los jóvenes— no se habían enterado, conviene rememorar los acontecimientos más resaltantes.

A fin de derrocar (o producir un «cambio de régimen», como lo llaman ahora) al gobierno que los barbudos de la Sierra Maestra dirigían en Cuba a partir del 1 de enero de 1959, el presidente Eisenhower aprobó en marzo de 1960 la «Operación Pluto». Esta consistía en reclutar, equipar y entrenar un ejército de exiliados, organizar un frente político interno —el Frente Revolucionario Democrático— y establecer grupos armados contrarrevolucionarios en diversas regiones del país. Todo ello estuvo acompañado de una guerra psicológica a cargo de varias radios instaladas tanto en territorio estadounidense como centroamericano, subversión interna y el abastecimiento de armas y explosivos para sabotajes.

Mientras los mercenarios recibían entrenamiento militar en Guatemala, a inicios de 1961 comenzaron las acciones preparatorias: volantes de propaganda lanzados desde aviones sobre La Habana y otras ciudades principales, estallidos de bombas que afectaron a trabajadores, asesinatos de milicianos a manos de bandas contrarrevolucionarias, quema de cañaverales y atentados contra grandes comercios, como la tienda «El Encanto».

El 15 de abril de 1961, aviones de guerra estadounidenses provenientes de Nicaragua y disfrazados con las insignias de la Fuerza Aérea cubana atacaron varias bases aéreas y aeropuertos. El objetivo era destruir la pequeña y obsoleta aviación cubana, además de provocar confusión y miedo entre la población. Uno de los aviones voló directamente a Miami para difundir la noticia falsa de una supuesta deserción de los pilotos cubanos.

El 16 de abril, al despedir a las víctimas del bombardeo, el Comandante Fidel Castro Ruz proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana. Entendiendo que los acontecimientos eran el preludio de una invasión, se declaró el estado de alerta general.

En la madrugada del 17 de abril, un miliciano informó desde Playa Larga que se observaban luces y movimientos en el mar. Se envió un batallón de milicianos y se produjo el primer enfrentamiento con los mercenarios que acababan de desembarcar. Otro grupo lo hizo en Playa Girón. Ambas playas están ubicadas en la Bahía de Cochinos, provincia de Matanzas; un lugar bien elegido, pues estaba separado de tierra firme por una franja pantanosa de diez kilómetros de largo, la Ciénaga de Zapata, lo que dificultaría el ingreso de los contingentes defensores.

La fuerza invasora estaba compuesta por unos 1.500 hombres bien entrenados, fuertemente armados y con apoyo de artillería naval. La integraban personas que pretendían reinstalar a la oligarquía: ex oficiales militares y policías del tirano Fulgencio Batista, latifundistas, grandes comerciantes, industriales, individuos de posición acomodada y elementos del lumpen. Partieron de Puerto Cabezas, Nicaragua, a bordo de cinco buques acompañados de naves de guerra de Estados Unidos.

El plan general era establecer una cabeza de playa, mientras la oposición interna constituiría un gobierno provisional que solicitaría, y obtendría, la intervención de Estados Unidos al cabo de 72 horas de iniciada la invasión. Fidel se puso al frente de las fuerzas revolucionarias y dirigió personalmente las acciones bélicas en el campo de batalla. Al final del día, el empuje de los invasores ya había sido contenido.

El 18 de abril, los cubanos iniciaron la contraofensiva y desalojaron de Playa Larga a los invasores, quienes fueron obligados a unirse a los que se encontraban en Playa Girón. Al atardecer del día siguiente, 19 de abril, los mercenarios se rindieron en Playa Girón. Apenas se habían completado 66 horas de iniciada la invasión.

Las bajas cubanas fueron 157 muertos y cientos de heridos. Los invasores sufrieron 89 muertos, 250 heridos y se tomaron 1.197 prisioneros. Cinco días después, el presidente Kennedy admitió la responsabilidad de Estados Unidos.

En marzo y abril de 1962, los prisioneros fueron juzgados por el delito de traición. Se les privó de la ciudadanía cubana y fueron condenados a penas de cárcel y al pago de indemnizaciones que totalizaron 62 millones 300 mil dólares. El gobierno cubano expresó su disposición de devolver a todos los prisioneros a Estados Unidos, lo cual se concretó en diciembre de 1962, después de la Crisis de Octubre. El gobierno yanqui se comprometió a pagar en seis meses la indemnización en medicinas y alimentos para niños, pero fiel a su tramposa naturaleza, se las ingenió para dejar de pagar 2 millones de dólares. Fidel señaló al respecto: «Tuvieron que aceptar el pago de la indemnización y por primera vez […] en su historia el imperialismo pagó una indemnización de guerra».

Hay que destacar que el imperialismo yanqui fue derrotado por una Revolución Socialista. Es el socialismo —las y los trabajadores organizados— la única fuerza que puede destruir y superar el modo de producción capitalista, depredador de la humanidad y la naturaleza, hoy en su fase imperialista y encarnado en el gobierno estadounidense.

La Revolución Cubana socialista logró en brevísimo tiempo erradicar el analfabetismo, construyó un sistema educativo en todos los niveles, así como un sistema de salud pública gratuita que, entre otros logros, mantiene el índice de mortalidad infantil entre los más bajos del mundo, inferior incluso al de Estados Unidos, centro global del capitalismo.

Pero el imperio no se ha rendido. Desde los primeros años ha impuesto a Cuba un ilegal y criminal bloqueo que los sucesivos presidentes estadounidenses han ido agravando. Se le ha impedido a la isla utilizar el dólar para sus transacciones comerciales, se le prohibió importar alimentos, medicamentos y equipos médicos de EE. UU., y se le cerraron las puertas de organismos internacionales de crédito como el Banco Mundial o el BID. Con el tiempo, el bloqueo tomó carácter extraterritorial, sancionando a individuos, empresas o países que comerciaran con Cuba. El actual presidente estadounidense, Donald Trump, ha llevado la situación al extremo impidiendo la llegada de petróleo, provocando gravísimos daños a la economía y a los servicios públicos.

La respuesta de Cuba ha sido el internacionalismo solidario. Se cuentan por miles los médicos cubanos que han prestado servicios profesionales en una gran cantidad de países, ya sea durante periodos prolongados o ante catástrofes naturales. Las universidades cubanas reciben cada año a cientos de estudiantes extranjeros, incluso estadounidenses. Sus fuerzas armadas colaboraron en procesos de independencia en África y fueron determinantes para erradicar el régimen del apartheid en Sudáfrica.

Nuestro país no ha sido la excepción. Durante varios años, oculistas cubanos devolvieron la vista a personas, especialmente campesinos, que habrían quedado ciegas de no ser por el internacionalismo socialista. Cientos de jóvenes paraguayos estudiaron medicina y otras disciplinas en universidades cubanas.

El 19 de abril de 1964, al conmemorar el tercer aniversario de la victoria de Playa Girón, el Comandante Fidel dijo: «Playa Girón significó la primera derrota del imperialismo yanqui en la América Latina, y como dijo recientemente el compañero Guevara, la primera, mas no la última. Nuevas derrotas recibirán los imperialistas; las recibirán en nuestra tierra si nos agreden, y las recibirán en otras tierras, en manos de otros pueblos a los cuales esclavizan».

Las y los paraguayos constituimos uno de esos pueblos esclavizados por el imperialismo. En estos momentos en que la agresión contra Cuba ha alcanzado niveles impensables, debemos redoblar nuestros esfuerzos solidarios para aliviar los efectos del bloqueo. Es necesario organizar campañas para recolectar alimentos, medicamentos, productos de higiene o dinero en efectivo para enviar a la isla.

La ayuda material no es suficiente. Debemos presionar a nuestro gobierno para que revierta el voto del año pasado en Naciones Unidas en contra del levantamiento del bloqueo. Esa fue una postura gubernamental que nos llenó de vergüenza y humillación a todas y todos los paraguayos. El vasallaje y la sumisión a los dictados imperialistas es una afrenta que no puede ignorarse.

¡Abajo el criminal bloqueo contra Cuba! ¡Viva la Revolución Cubana!