Memorias de la calle Urquiza

Memoria del Futuro | Por Alberto Federico Ovejero

Existen espacios geográficos que poseen suma importancia simbólica para determinadas personas, naciones, para pueblos enteros o incluso para la humanidad en su conjunto. Sobradas muestras hay al respecto, tales como los centros históricos y sus recorridos para turistas, escolares y transeúntes; o los emplazamientos arqueológicos. Ahora bien, además de los espacios oficialmente reconocidos como sitios de relevancia, existen otros que pasan desapercibidos en nuestro tránsito cotidiano, a pesar de que también guardan en su memoria el paso de hechos y personas que han marcado la historia de mucha gente, de continentes enteros.

En víspera del día mundial de los Derechos Humanos, es este último sendero el que hemos de abordar: el de una calle que concentra en un radio menor de 10 cuadras, tres momentos vinculados a tres personas paraguayas que hicieron historia, sobretodo desde una arista popular. Este particular camino de memoria atraviesa las fronteras nacionales para llevarnos casi 1000 kilómetros, hasta la capital del hermano pueblo argentino, Buenos Aires. Se trata de la calle Urquiza y de tres luchadores paraguayos vinculados no solo por su exilio y la historia; sino también por haber sellado instantes de eternidad en esta misma calle.

Federico Tatter, Obdulio Barthe y Esther Ballestrino; comunistas los primeros dos, febrerista la tercera, reposaron en esas pocas manzanas, un destello de sus vidas y de sus luchas, retratando como parte de ambas y de forma imborrable, la historia macabra de la coordinación represiva ilegal paraguayo-argentina, y también su reverso dialéctico, la historia de coraje y dignidad que unió desde siempre a nuestros pueblos.

Ya en la cercanía del día internacional por los derechos humanos, aprovechamos la oportunidad para invitarles con este ejercicio de memoria a homenajear a quienes amaron y defendieron luchando a nuestro pueblo en tiempos de terrorismo de Estado y Plan Cóndor, en tiempos del mayor genocidio continental de nuestra historia reciente.

Un poco sobre la calle…

Urquiza, dentro del ejido urbano porteño, es una calle con tránsito medio, que nace en el barrio popularmente conocido como Once, lugar comercial por excelencia y confluencia de clases populares con migraciones varias -entre ellas las de nuestro país-; como continuación de la calle Jean Jaures y cerquita de la estación de tren que da nombre a dichas manzanas.

Con destino al sur de la ciudad, desembocando en el Parque de los Patricios -otro barrio popular porteño-, dicha calle atraviesa instituciones como el Hospital Ramos Mejía o el colegio Mariano Acosta o la Plaza Martín Fierro, además de fábricas y otros lugares de afluencia social; siendo recorrido por algunas líneas de colectivos. Es decir, es una calle con cierta importancia sobre todo para el tránsito hacia el sur y siendo paralela a avenidas de tránsito más pesado.

El homenajeado, el general Justo José de Urquiza, presidente de la Confederación Argentina durante 1854 y 1860, cuyo nombre también corona una línea de ferrocarriles y un barrio en Buenos Aires, posee también vínculos con el Paraguay de la época de la Guerra de la Triple Alianza. Siendo el presidente argentino que reconoció la independencia paraguaya y conciliador en un conflicto entre Estados Unidos y nuestro país, también reconoció las gestiones del Mariscal López en los enfrentamientos internos de la hermana nación y cuya obediencia a Mitre en la Guerra contra el Paraguay, fue uno de los motivos de su asesinato, prácticamente un mes después de finalizada la misma.

Urquiza 133: Federico Tatter

Empezamos con el primer sitio de este sendero de memoria que nos lleva a transitar por la «ciudad de la furia». A cuadra y media del inicio de la calle, nos detenemos en el solar de la calle Urquiza 133, hoy un edificio en obras abandonado a su suerte hace muchos años, como se podrá apreciar en la foto.
En este lugar hace un poco más de 45 años y un mes, un grupo de tareas de la última dictadura militar genocida argentina, secuestró en su hogar a Federico Jorge Tatter Morínigo, militante del Partido Comunista Paraguayo (PCP), exiliado en Argentina.

El 15 de octubre de 1976, en horas de la tarde, entre seis y siete hombres, algunos uniformados, con beneplácito de las autoridades militares de la zona, llegaron en dos vehículos y entraron al domicilio de la familia Tatter, en busca tanto de Federico como de su hijo de igual nombre.

Allí, según pudo declarar con posterioridad Idalina Radice, su esposa, fue interrogado de forma violenta por sus actividades políticas en el exilio y supuestos hechos y vínculos en territorio paraguayo; mientras esperaban, además, a su hijo por su militancia en la Argentina.

Federico Tatter hijo, testigo casual de los hechos, pudo ser advertido por su madre, simulando ser un cliente más del local de electricidad, ante lo cual pudo sobrevivir, ya que todo ese día, así como jornadas posteriores, la Sra. Radice fue amedrentada por personal de los grupos de tareas; siendo interceptada incluso en sus reclamos ante la embajada de Alemania Occidental, por personal de inteligencia infiltrada en dicho lugar.

El secuestro y posterior desaparición de Tatter padre, se vio enmarcado en una jornada represiva ilegal tanto de la dictadura argentina como de la coordinación entre esta y las restantes tiranías militares fascistas de la región, apadrinadas por los Estados Unidos, operativo mejormente conocido como Plan Cóndor.

En ese mismo día, en el barrio de Liniers de Buenos Aires, también fue secuestrado y desaparecido, Ricardo Barreto Dávalos, hermano de Emilio e hijo de Gerónimo, todos militantes del PCP y víctimas de la represión de aquellos años. Gerónimo fue desaparecido cuando partía desde la capital bonaerense hasta Asunción, a donde nunca llegó.

Federico Tatter, Ricardo y Gerónimo Barreto.

Oriundo de Colonia Nueva Germania del Depto. de San Pedro, Jorge Federico Tatter nació el 8 de diciembre de 1922. Conocido por sus seres queridos como Chopeli. La memoria sobre su vida está atravesada por su condición de militante popular antidictatorial y su visión por una necesaria revolución en nuestro país.Fue militar hasta los 20 años, luego estudió Derecho e Ingeniería. Durante la Revolución del 47 fue Tte. de fragata en la flotilla de guerra revolucionaria y actuó como segundo Comandante de la cañonera Humaitá. Siendo dado de baja por su adhesión a dicha causa democrática se exilia en Argentina donde se afilia al PCP. Poco tiempo después, en 1951 fue deportado por el gobierno argentino a Uruguay con fundamento en la llamada “Ley de Seguridad del Estado” y mediante Brasil, en 1954 regresa a Paraguay, de donde se exilia nuevamente en 1963 a la ciudad de Resistencia, Provincia de Chaco, Argentina.

Documento de Federico Tatter, del «Archivo del Terror» (izq). Federico y su esposa Idalina Radice (der).

En el vecino país, fue arrestado preventivamente en dos oportunidades, tanto en la provincia chaqueña en 1967 como en Buenos Aires en 1972, donde se mudó con posterioridad, ante visitas de Stroessner a la Argentina y la acción de los pyrague.

Encargado, entre otras cosas, de las afiliaciones al PCP, su militancia y visión de cambio de mundo, fue el motivo por el que siguió la lucha, aún pese a la descarnada represión de la tiranía, ejemplo que siguió su familia, aún con posterioridad a su desaparición.

«Chopeli se destacó por su carácter alegre, su risa franca y contagiosa. Muy sensible al sufrimiento de sus semejantes, puso siempre de manifiesto una inmensa solidaridad con todos los perseguidos y humillados, especialmente los campesinos y los trabajadores”, tal como lo recuerda su esposa Idalina Radice, quien nunca dejó de buscarlo.

Urquiza 556: Obdulio Barthe

Siguiendo un par de cuadras más, cruzando la avenida Belgrano y frente al Hospital público Ramos Mejía, de gestión pública porteña, se encuentra la Comisaría Vecinal 3° “A” de la Policía de la Ciudad; en cuyo lugar, años antes se encontraba la Comisaría 8 de la Policía Federal Argentina.

A poco de revisar el edificio, el lector podrá ver que la puerta de ingreso a la comisaría está sobre el solar del número 550 de la calle y que en el número 556 hay una puerta de color gris cerrada. En dicho lugar, hasta mediados de la década de 1950 funcionó la Sección Especial de Represión al Comunismo, institución de la Policía Federal Argentina con vinculación directa con altos funcionarios del gobierno, creado para represión al movimiento político y social calificable de comunista y tristemente célebre por instituir mecanismos represivos que se perfeccionarán años siguientes en Argentina, como la picana eléctrica o el secuestro y entrega a otro gobierno en coordinación represiva ilegal .

Aquí, en 1950, fue víctima de secuestro, torturas y entrega ilegal al gobierno paraguayo, Obdulio Barthe, en uno de los antecedentes más evidentes del Plan Cóndor (por el que secuestraron entre otros, Federico Tatter, también víctima del gobierno de la época siendo expulsado del país en 1951, un año después, en condiciones “legalizadas”).

Si bien, en este periódico hemos publicado un estudio sobre el caso, al que nos remitimos en honor a la brevedad, se destaca someramente que el 22 de julio de 1950, Obdulio Barthe es secuestrado por la policía argentina en el barrio porteño de Chacarita, en ocasión de su militancia por la paz y contra la Guerra de Corea, siendo llevado a la Sección Especial donde fue torturado y con posterioridad a una breve prisión en la cárcel, siendo entregado dos semanas después a las autoridades paraguayas, quienes simularon un arresto en Paraguay, pese a todo lo señalado, que duró hasta 1954.

Oriundo de Encarnación, Obdulio Barthe, fue en pocas palabras, la personificación de las luchas de nuestro pueblo. Nació el 5 de setiembre de 1903. Desde 1920 militó en la Federación de Estudiantes del Paraguay (FEP), participando en la creación de la Universidad Popular de extensión obrero-estudiantil propuesta por la Reforma Universitaria de Córdoba. Fue redactor del “Nuevo Ideario Nacional». En 1928, fue uno de los organizadores de la histórica huelga de Molinos Harineros San Antonio en Villarrica donde fue preso. En 1933 es arrestado nuevamente con otros dirigentes comunistas, deportado a la Argentina. En el Congreso de Lobos de 1934, ingresa al Comité Central del Partido Comunista Paraguayo. En 1936, es uno de los fundadores de la Confederación Nacional de Trabajadores. Tiempo después fue nuevamente deportado junto con otros camaradas, durante el mandato del Coronel Franco. En el 40 es nuevamente preso y pronto liberado gracias a la presión de reconocidos referentes políticos. Barthe peleó en la revolución del 47 como Tte. 1°, en el escuadrón de Caballería comandado por Parra Insfrán. Con posterioridad a los hechos señalados se exilia entre Guatemala, la Unión Soviética y Argentina entre otros lugares, siendo partícipe activo de los debates políticos-ideológicos de la década del 60´ y 70´. Entre otras responsabilidades militantes, fue uno de los comandantes políticos y militares del Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA) que combatió contra la tiranía fascista encabezada por Stroessner. En el 65, Barthe encabezó el comité de reorganización partidaria, junto con Miguel Ángel Soler. En junio de 1978, el pleno del P.C.P. lo nombró Secretario General, cargo que ejerció hasta su fallecimiento en diciembre de 1981, en el exilio en Buenos Aires.

Fotografía: Tras la Toma de Encarnación, exiliados en Brasil en mayo de 1931, donde se vinculan con obreros y estudiantes (de izquierda a derecha): Paulo Tacla, Ignacio Mas, Luis Dosanto, Tte. Cnel. Facundo Duarte, Obdulio Barthe, Marcos Kánner, Cnel. Facundo Duarte (hijo), Tomás Mayol, Aurelio Alcaraz, César Pérez. Archivo de Adelante!

Por los reprimidos y vejados; por la memoria contra el anticomunismo, ideología de la represión al pueblo, hacemos una parada, cuanto menos en la memoria, rescatando los hechos ocurridos en este lugar y al camarada Obdulio.

Urquiza 925: Esther Ballestrino

El tercer lugar. En la intersección con la calle Estados Unidos, se alza la Iglesia Santa Cruz, que en conjunto con la casa pastoral y el instituto, es toda una manzana, cargada no sólo de la mística, huelga decir, propia de los templos religiosos para sus feligreses.

En este lugar, se estableció durante la última dictadura militar genocida argentina, un espacio de resistencia y de derechos humanos, que al día de hoy aglomera a las distintas expresiones que en el hermano país suman a la causa por la memoria y por las luchas de las clases populares.

En la puerta de la iglesia, a la salida de una misa, el jueves 8 de diciembre de 1977, tras la señal del deleznable y cobarde oficial de la armada argentina, Alfredo Astiz, valiente para la infiltración pero pusilánime en combate; se secuestró a Esther, junto a un grupo de doce personas vinculadas a la organización Madres de Plaza de Mayo; organismo de derechos humanos creado en abril de 1977, que operó en un comienzo entre la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.

Ballestrino fue una de las madres fundadoras de dicha institución tras el secuestro de sus dos yernos y su hija Ana María Careaga, quien liberada en octubre de 1977 se fue al exilio. «Yo voy a seguir hasta que aparezcan todos«, fue la respuesta de Esther tras rehusarse a ir exiliada para seguir la lucha de sus compañeras, madres y familiares de víctimas de la represión fascista.

En ese contexto, pese a la resistencia pacífica que efectuaban, las Madres de Plaza de Mayo se convierten en una piedra en el zapato para la dictadura genocida, que procede al secuestro y desaparición de más de una decena de integrantes de dicho movimiento entre el 8 y 10 de diciembre de 1977. Se presume según las investigaciones que entre el día 17 y 18 de diciembre del 77, Esther y el resto del grupo fueron llevadas al aeropuerto militar que se encuentra en Buenos Aires, subidas a un avión de la Marina y arrojadas vivas al mar frente a la costa de Santa Teresita, muriendo al chocar contra el agua. Tras 28 años de haber sido desaparecida, en julio del 2005 sus restos fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense, y hoy descansan en el cementerio en el jardín de la Iglesia de Santa Cruz, en Buenos Aires, junto a María Ponce de Bianco, una de las tres madres secuestradas con ella.

Solar de la Memoria de la Iglesia de Santa Cruz, donde se encuentran los restos de Esther Ballestrino.

Esther Ballestrino nació en Uruguay el 20 de enero de 1918 y desde muy pequeña vivió en nuestro país, en Encarnación. Además de ejercer la docencia y recibirse de doctora en bioquímica y farmacia, también en nuestro país desarrolló una militancia política y social que sostuvo hasta el final de sus días. Adherente al febrerismo, de ideas y lecturas de teóricos socialistas y marxistas, Esther tendrá un rol relevante durante la década del 40, siendo además de una militante antidictatorial, la secretaria de la Unión Democrática de Mujeres, movimiento pluripartidario que bregaba por los derechos de las mujeres en un contexto signado por la tiranía de Higinio Morínigo.

Cómo paradoja del destino, en esa misma organización tuvo militancia con Dora Freis, esposa de Obdulio Barthe. Con el fin de la guerra de 1947, como miles de compatriotas, Ballestrino se tuvo que exiliar en Argentina, donde además de casarse con el también febrerista Raimundo Careaga, ejerció su profesión de bioquímica, llegando a trabajar con el que más de medio siglo después será el Papa Francisco, quien destacaría los ideales y militancia de Esther.

Si bien no abandonó la lucha antidictatorial desde el exilio, siendo ejemplo de ello el homenaje a José Asunción Flores en su muerte en 1972, su mayor mérito fue el compromiso asumido en medio del terror y la solidaridad incondicional con sus pares. Su nombre es hoy bandera y motivo de vida para quienes bregan, a pesar de las adversidades, por lo derechos más básicos de la humanidad.

En ese sentido, recordamos su figura y su lucha como militante paraguayo-argentina. A la memoria de Esther y los 30.000 detenidos desaparecidos de la dictadura del vecino país, y los más de 20.000 paraguayos víctimas directas de la represión stronista.

Reflexiones finales

Ya se habrán percatado, lectores, que las ocho cuadras de recorrido propuestas, están muy plagadas de la historia paraguaya en Buenos Aires.

La guerra civil de 1947, el exilio, la resistencia contra las tiranías, el pyragueato, la coordinación represiva internacional, así como el no renunciar ni en el exilio desde Argentina a la lucha por un Paraguay mejor; son puntos en común que relacionan a Federico, Obdulio y Esther.

Este sendero es uno de los tantos que dan cuenta de la lucha de nuestro pueblo que no se detiene, ni aún cuando se nos somete a la persecución o al exilio forzoso; y de la vigencia de reclamos históricos de las y los trabajadores del campo y la ciudad.

Con la intención de que las nuevas generaciones de paraguayos y paraguayas o de sus hijos en Buenos Aires, lo rescaten para, por qué no, resignificarlo en los 2 y 3 de febrero de cada año, a la par de los reclamos que se siguen sosteniendo frente a las legaciones diplomáticas en Argentina.

*Alberto Federico Ovejero. Abogado, investigador, militante del Partido Comunista Paraguayo, miembro de su Secretaría de Relaciones Internacionales, para Adelante!

**Edición e ilustración por Noelia Cuenca.


Links recomendados:
Denuncia del Ministerio Público Fiscal de Argentina en la causa “Plan Cóndor” – https://www.mpf.gob.ar/plan-condor/victimas/federico-jorge-tatter-morinigo/#_ftnref1

Entrevista a Federico Tatter Radice – https://www.nuestrasvoces.com.ar/especial-plancondor/federico-tatter-en-nombre-del-hijo/

El caso Obdulio Barthe, antecedente del Plan Cóndor – https://adelantenoticias.com/2020/07/22/el-caso-obdulio-barthe-antecedente-del-plan-condor/

Documental sobre la vida de Esther Ballestrino de Careaga – https://www.youtube.com/watch?v=g64L4SPjsvw

Encuentro entre Francisco y las hijas de Esther – https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-276907-2015-07-12.html

Testimonio de Ana María Careaga – https://www.bn.gov.ar/micrositios/multimedia/ddhh/testimonio-de-ana-maria-careaga

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