El embustero informe presidencial

Por Miguel H. López

Revelador resultó el discurso a modo de informe que presentó este miércoles el presidente Mario Abdo Benítez ante el Congreso de la Nación, al concluir su segundo año de mandato e iniciar el tercero. Si bien la peculiaridad en este caso fue la “rendición” mediada por la virtualidad, a raíz del estado de pandemia por el nuevo coronavirus, esa misma situación puso en escena -sin mayores distractores- la falta de escrúpulos y la sobrecarga de mentiras del mandatario. No es que sea nuevo, sino que fue con mayor desparpajo [1].

Si hay algo que podemos afirmar es que el estado de cuarentena hizo que los tiempos se concentraran y por tanto los hechos y actos ilegales e irregulares de las autoridades siguieran más presentes y fueran más cuestionadas por la población. Esta circunstancia hizo que el discurso-balance de Abdo Benítez cosechara un extendido repudio en los espacios mediáticos y redes sociales.

El presidente pintó un país fuera del que cada uno de nosotros conocemos cotidianamente. Más extraño aún que el que vivimos en este contexto de angustiante crisis global empeorada por la emergencia sanitaria.

A juzgar por lo dicho como un monotema por el “conductor” del principal poder del Estado, estamos próximos a un país casi casi fabuloso. Donde, lo que hunde al mundo en este momento, en una monstruosa retracción económica, no pasará ni cerca de nosotros. Que casi por obra providencial debemos agradecer que estemos muy bien, con proyección de crecer y desarrollarnos como si nada hubiera pasado en la tierra, como si no fuéramos parte de este planeta. El impacto económico con cerca de 100 mil pérdidas de empleo formal, cientos de pequeñas y medianas empresas quebradas, con un elevado endeudamiento externo embargando el futuro de por lo menos 5 generaciones, ni siquiera nos despeina…

Su de vez en vez afectada voz, en un falso tono de emoción, trataba de dibujar un Paraguay próspero y feliz (como lo hacía la dictadura stronista del que es admirador y apologista). Y que la pandemia de Covid-19 solo hizo emerger sus decisiones salvadoras y sus esfuerzos de superhéroe, al que debemos agradecer y rendir pleitesía.

La rendición de cuentas de gestión de Abdo Benítez fue una burla hacia todos.

Habló de que los USD 1.600 millones del endeudamiento asumido para hacer frente a la emergencia sanitaria fue invertido en un 100% en los fines para los que fue contraído. Que su transparencia de aplicación está avalada por un organismo de fiscalización creado para el efecto. Sin embargo, dejó de mencionar una serie de detalles, que por el peso de la realidad se filtraron a través de los mismos datos que iba citando y que el maquillaje discursivo –mal urdido- no logró encubrir totalmente. Solo USD 94 millones fueron destinados a salud, de los cuales apenas fueron ejecutados USD 4 millones. Los gastos principales se hacen de fondos propios. En materia de protección social, fueron destinados USD 300 millones (para el deficiente programa Pytyvö), de los cuales solo ejecutaron USD 220 millones y sin cubrir importantes sectores que siguen acogotados por la carencia de recursos y la escasez de alimentos [2]. El resto del dinero fue usado en el pago de intereses de la deuda externa, salarios y mantenimiento del aparato estatal [3]. En ese contexto, el famélico sistema sanitario no está preparado, ni equipado para absorber cualquier disparo de contagio del nuevo coronavirus. La máxima reflexión de Mario Abdo, que no llega a rayar alguna autocrítica posible, apenas apunta a expresar su desacuerdo con la baja ejecución para los insumos y que tratará de que sea revertida.

El presidente se olvidó de la escandalosa corrupción [4] que se precipitó dentro del marco de la emergencia en la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (DINAC), en Salud Pública, en Petróleos Paraguayos (Petropar), etc. De la firma secreta del acta de Itaipú que entregaba la energía paraguaya a familiares del presidente brasileño Jair Bolsonaro, que salpicó íntegramente al Poder Ejecutivo; del déficit económico, de la mala calificación dada por el BCP a su gestión, del aumento del desempleo en más del 3%, de la destrucción criminal de miles de hectáreas de bosques, y de un largo etc., que tiene a la población padeciendo el lastre de su mala gestión en todos los ámbitos.

El informe fue más bien un discurso político, despojado de explicación, de definición de resultados, de proyección y de realidad. Ante una población hastiada de las mentiras de las autoridades, con una altísima desconfianza que pone en duda todos los índices de aceptación del presidente, solo representó un despliegue de medias verdades, de afirmaciones falaces e intentos de más engaño. Abdo Benítez no goza actualmente del aprecio de la gente. Su capital alcanzado con las primeras medidas acertadas para frenar el contagio del nuevo coronavirus, que hasta llegó a debilitar la frase #DesastreKoMarito, es historia. Todo quedó derrumbado con su inacción en contra del ejército de corruptos –de dentro y fuera del Estado- que intentó tragarse el dinero de la emergencia o que directamente se aprovechó de la situación para obtener beneficios no solo económicos.

La presentación del balance del segundo año de gestión cierra, de una u otra manera, una tarea mediocre y de resultados más negativos que positivos. E inaugura un nuevo ciclo de 365 días que se proyecta a empeorar el panorama socioeconómico en el país, agudizándose la crisis por la emergencia en ciernes, pese a que se haya producido el retorno de casi la totalidad de las actividades económicas formales e informales en el país.

Si sacáramos de escena la pandemia, que es un recurso justificador que usa el gobierno para encubrir sus incumplimientos e ineptitudes, el análisis de su segundo año nos deja que efectivamente se venía un período económicamente deficitario, reflejando el fracaso de un Ejecutivo incompetente e incapaz de atender las necesidades de las mayorías empobrecidas. Asimismo, que diagramaba leyes y mecanismos (ya sean impositivas o de otra índole) para empeorar la situación de los trabajadores y campesinos en general, de los jubilados en particular, y beneficiar a los sectores especuladores de la banca, el comercio y el agronegoció extrativista.

Con o sin pandemia, el balance del segundo año de gestión del autonombrado “Marito de la gente”, solo deja déficit, pobreza e incertidumbre; con sus lacerantes y letales consecuencias en una sociedad golpeada y sometida a políticas de discriminación y de exclusión de las grandes decisiones e inversiones de las riquezas que genera el país.

La comparecencia virtual del presidente ante el Parlamento, para dar cumplimiento a una formalidad constitucional, solo sirvió para aumentar la indignación hacia un mandatario inútil, al frente de un equipo lleno de malandrines y aprendices de embusteros, que no tienen el más mínimo escrúpulo y llegan al extremo de aprovecharse de la desgracia del país en emergencia sanitaria. Un equipo que debe ser forzado por la población afectada y organizada a cumplir sus obligaciones o desalojar el poder. 


[1] https://www.ultimahora.com/informe-mario-abdo-destaca-plan-anticiclico-y-uso-recursos-covid-n2892907.html

[2] https://www.ultimahora.com/linea-credito-fue-ahora-utilizada-principalmente-salarios-y-deudas-n2892434.html

[3] https://www.ultimahora.com/usd-1205-millones-la-linea-credito-emergencia-sanitaria-ya-estan-comprometidos-n2890510.html

[4] http://www.5dias.com.py/2020/07/informe-de-abdo-omite-los-escandalos-de-corrupcion/

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