El impacto de la pandemia en las principales monedas latinoamericanas

Por Jhon Caicedo [1] y Alhelí Cáceres [2]

Desde 1945 hasta el presente, el dólar estadounidense se ha mantenido como la principal moneda de reserva de valor en muchos países del mundo y, a su vez, es la moneda con la que se lleva a cabo casi el 80% del comercio internacional. De hecho, la mayoría de los Bancos Centrales del mundo acumulan sus reservas internacionales, sobre todo, en dólares. Si Japón desea comprarle petróleo a Emiratos Árabes Unidos, lo paga en dólares y si luego Emiratos Árabes Unidos desea comprar vehículos de EE.UU., lo paga en dólares; por ello, en muchos países del mundo, el dólar funge como reserva de valor y medio de pago por excelencia.

América Latina no escapa de esa realidad mundial, es decir, la principal moneda de referencia de los Bancos Centrales y de las empresas es el dólar. Inclusive, algunos gobiernos de la región han decidido adoptar al dólar como su moneda de curso legal en sustitución de sus propias monedas locales (que es el caso de Panamá, Ecuador y El Salvador). Sin embargo, aun cuando la mayoría de los países latinoamericanos posean sus propias monedas nacionales, existe una fuerte dependencia del dólar como moneda de respaldo y de anclaje nominal de los precios locales y para la realización del comercio intra y extra-regional. Por tanto, las variaciones en la cotización diaria del dólar, por lo general, impactan de forma directa (o indirectamente) en el poder de compra de los ciudadanos de la región. Si el dólar se deprecia con respecto a las monedas latinoamericanas, el poder de compra de los ciudadanos tenderá a aumentar, y viceversa, si el dólar se aprecia, el poder de compra de los ciudadanos tenderá a disminuir (claro, esta dinámica no siempre sucede así, pero es la tendencia). Y esto último es lo que ha ocurrido desde que la pandemia por COVID-19 se ha expandido por toda la región.

Como se muestra en los gráficos 1 y 2, la cotización diaria de algunas de las principales monedas latinoamericanas se ha volatilizado bruscamente, desde que se anunció oficialmente la pandemia por COVID-19, el 12 de marzo de 2020, por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según los datos de https://es.investing.com el bolívar venezolano (VES), el peso mexicano (MXN) y el real brasileño (BRL) son las monedas latinoamericanas que han sufrido la mayor volatilidad frente al dólar, durante los últimos tres meses y siete días (desde el 12/03/2020 al 19/06/2020). Todas las monedas latinoamericanas seleccionadas para el análisis, han sufrido variaciones de precio con respecto al dólar, pese a los enormes programas de estímulos fiscales y monetarios anunciados en EEUU para enfrentar la pandemia y la recesión (y que auguraban una depreciación del dólar, pero ocurrió todo lo contrario), el COVID-19 terminó disparando el precio del dólar frente a la mayoría de las monedas latinoamericanas y del mundo. Evidentemente, esto no es algo nuevo, es simplemente una tendencia que empezó desde hace años, específicamente, con la ruptura unilateral, por parte de los EEUU, de los acuerdos de Bretton Woods en 1971.

Gráfico 1. Comportamiento del dólar en los países latinoamericanos con mayores niveles contagios por COVID-19

Como se puede observar en el gráfico precedente, en medio de la pandemia y la crisis capitalista mundial, el peso mexicano fue una de las primeras monedas en volatilizarse frente al dólar en un rango diario (de depreciación o apreciación) que no supera el 5%, pero sí sufrió una caída del 13,3% y 13,9%, cuando se compara los valores de cierre del 24/03 y 24/04 con respecto al valor de cierre del 12/03/2020. Pero, aun así, entre todas las monedas seleccionadas, el bolívar venezolano es la moneda que llegó a registrar la mayor volatilidad y depreciación diaria frente al dólar, especialmente, durante los días del 22 y 23/04, en un 12,2% y 18,3% respectivamente (ver gráfico 2) y un 139,6%, 168,8% y 175,3% según los valores de cierre del 29/04, 29/05 y 18/06 con respecto al 12/03/2020. Además, el peso colombiano (COP), también sufrió una fuerte volatilidad en relación al dólar, pero solo durante el mes de marzo. El peso chileno (CLP) no se ha quedado atrás y también ha mantenido cierto grado de volatilidad diaria, como consecuencia de la pandemia y su repercusión en la caída de la demanda global de minerales.

Por su parte, el real brasileño, al igual que el peso mexicano, se ha mantenido muy volátil durante estos meses de pandemia y crisis, a pesar de que la volatilidad diaria de la moneda en relación al dólar no supera el 4%, pero cuando se comparan los valores de cierre de los días 31/03 (8,6%), 27/04 (18%), 13/05 (22,8%) y 01/06 (11,9%) con respecto al valor de cierre del 12/03/2020 el impacto es mayor. Por otro lado, Perú, que es el segundo país latinoamericano con más contagios por COVID-19 detrás de Brasil, ha logrado mantener estable el valor del sol peruano (PEN) con respecto al dólar en la mayor parte de estos últimos tres meses de pandemia y crisis sanitaria, además de la paralización parcial de su economía. Igualmente, pasa con Bolivia (ver gráfico 2). En Bolivia, a pesar del golpe de Estado contra Evo Morales, más la crisis político-social derivada del mismo y la llegada de la pandemia y su impacto en la economía, el peso boliviano (BOB), sigue manteniendo estable su paridad de cambio en relación al dólar, su variación ha sido solo en centavos de bolivianos.

Gráfico 2. Comportamiento del dólar en los países latinoamericanos con menores niveles de contagios por COVID-19 en comparación gráfico 1.

En el grafico 2, se puede detallar que, el guaraní (PYG), al igual que el peso boliviano (BOB), tampoco se ha desplomado en relación al dólar, eso, por dos cuestiones esenciales. En primer lugar, desde hace varios años, el Banco Central del Paraguay, viene sosteniendo el tipo de cambio inyectando dólares al mercado cambiario. En segundo lugar, porque si bien las exportaciones cayeron en el 2019 en comparación al 2018, el sector agroexportador y el de maquilas, han registrado saldos positivos tendencia que se ha mantenido hasta mayo del presente año, salvo el sector maquilador, cuyas exportaciones han caído un 74% en abril del presente año, según el informe del Consejo Nacional de Industrias Maquiladoras de Exportación. Además, es preciso recordar que el régimen de inversión en Paraguay permite al capital extranjero fugar capitales y repatriar utilidades a la casa matriz, obligando al gobierno nacional a tener que recurrir a más endeudamiento externo para cubrir el déficit fiscal y sostener la reproducción del resto de los capitales no exportadores. De hecho, actualmente la deuda externa supera las reservas internacionales del país.

Por otra parte, también resulta curioso observar, tal cual como se muestra en el gráfico 2, cómo el peso argentino (ARS) no se ha desplomado en relación al dólar como ha ocurrido con la moneda de otros países, eso, a pesar de que Argentina heredó, de la gestión de Mauricio Macri, un verdadero desastre económico, incluyendo más deuda externa (y el pago de intereses de deuda obtenida en otros gobiernos), inflación, aumento del desempleo, corrida cambiaria, fuga de capitales y una fuerte depreciación de la moneda. Tal vez, una explicación de ello pudiera ser el aumento de la demanda global de productos agrícolas (cuyo eje es China), que salvo la breve pausa del primer trimestre en China, donde apareció la COVID-19 y cerró su economía en ese período, la demanda global se recuperó rápidamente, encabezada por el sector cárnico, lo que benefició las exportaciones de proteínas animales tanto de la Argentina, que mostraron una notable recuperación en los últimos meses, con un alza de más de 30% en las ventas hacia China. Similar situación ocurrió con el sector cárnico de Paraguay, que durante el primer cuatrimestre del 2020 registró un aumento de sus exportaciones equivalente a un 1,5% más que los valores registrados en el año 2019.

Como se podrá notar, todos los países latinoamericanos cuyas monedas fueron seleccionadas para el análisis, tienen algo en común, es decir, la renta de la tierra. La renta de la tierra es el eje fundamental de la acumulación de capital en los países latinoamericanos y se constituye en un plus pagado por el capital para la adquisición de materias primas. Mientras que las mercancías de origen industrial son portadoras de una tasa de ganancia normal, las mercancías portadoras de renta de la tierra poseen en su precio contenido la ganancia extraordinaria. De esta forma, quienes compren las mercancías portadoras de renta de la tierra estarán pagando por encima de lo que recibirán al comerciar sus propias mercancías de origen industrial. Se trata de plusvalía realizada y originada fuera del ámbito latinoamericano que ingresa a la región sin contrapartida en valor que sea producto del trabajo local de los obreros latinoamericanos, entonces la misma no tiene por objeto reproducir ni al capital ni a la fuerza de trabajo, y puede ser disputada por otros sujetos sociales para su reproducción y para su fuga hacia fuera de la región, de ahí se explica el porqué de los conflictos sociales y la inestabilidad política y económica en la región. 


[1] Licenciado en Economía egresado de la Universidad “Marta Abreu” de las Villas, Cuba. Diplomado en Planificación y Finanzas Públicas por la Escuela Venezolana de Planificación (FEVP), Caracas, Venezuela. Candidato a Especialista en Finanzas por Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), Caracas, Venezuela. Investigador independiente.

[2] Licenciada en Economía egresada de la Universidad “Hermanos Saíz Montes de Oca”, Cuba. Candidata a Magíster en Ciencias Sociales por FLACSO – Paraguay. Presidenta de la Sociedad de Economía Política del Paraguay (SEPPY). Miembro del Consejo Directivo de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico (SEPLA). Integrante del GT “Estudios Críticos del Desarrollo Rural” de CLACSO. Investigadora del Centro de Estudios Rurales Interdisciplinarios (CERI).

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