Lila Báez, cuando la patria es humanidad

En el año 2003, la Argentina comenzaba a sacudirse de una de las peores crisis sociales de su historia reciente. El capitalismo había presionado tanto, que la olla explotó. En Paraguay la cosa no era muy distinta, los colorados se pasaban de mano en mano el bastón de mando y entonces le tocaba el turno a Nicanor Duarte Frutos, “el Mariscal de la derrota”, que tiempo después fungió de embajador paraguayo en la Argentina.

En ese entonces, la joven Lila Báez tenía 19 años y tras la muerte de su hermano se unió a la masa de mujeres paraguayas exiliadas económicas en el vecino país. Tres años antes se había ido su madre, Luisa Villalba. “Decidí venirme, para cambiar un poco de aire, para acompañar a mi mamá, yo necesitaba estar, yo quería estar en ese momento con mi mamá”, recuerda.

Criada y crecida en distintos barrios de la populosa San Lorenzo, Lila lleva casi la misma cantidad de años en Argentina de los que vivió en Paraguay, por lo que la condición de migrante es parte de su ser, con la patria en parte añorada por las distancias y la tierra roja, pero siempre ensanchada, extendida, como la que soñaba Martí. Desde su llegada a Buenos Aires, Lila vivió en distintos barrios de la Ciudad Autónoma y trabajó en diversos oficios y lugares, desde casas particulares, hoteles y bares como mucama, camarera, niñera y recepcionista, hasta hoy, que lleva adelante “Gira la Jirafa”, una juguetería muy especial, abocada a entrelazar puentes entre niños y adultos a partir del arte y el juego, promoviendo creaciones de artesanos y jugueteras independientes de todo el país. 

En el 2011 se produjo un hecho que cambiaría su vida para siempre, el nacimiento de su hijo Damián, y un año y medio después, el hecho que la empujará a una decidida actividad social y política en el seno de la migración, la masacre de Curuguaty y el golpe de Estado parlamentario. Hoy es responsable de Comunicación y Territorio de la Secretaría de Trabajdorxs Migrantxs y Refugiadxs de La Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), uno de los tantos espacios de lucha de los colectivos migrantes en la Argentina.

Pandemia y crisis jo’a

Los datos extraoficiales nunca se ponen de acuerdo, pero en la Argentina viven entre un millón y medio y dos millones de paraguayos, constituyéndose en la colectividad migrante más grande, cuyas remesas a nuestro país representan el 2% del PIB, según datos del Banco Central del Paraguay. La Pandemia de la COVID-19 irrumpió de manera violenta en la realidad de miles de migrantes paraguayos del sector de la economía popular que no gozan del amparo de las leyes laborales, por la naturaleza de su actividad. Es con ellos que Lila trabaja a diario en las ollas populares, en la provisión de alimentos y medicinas, acompañamiento a sus expedientes de radicación y otras realidades.

La  cuarentena me agarró en plena mudanza de capital a provincia de Buenos Aires, esto hizo que mi niño se quedara en capital con su padre, en parte, por tener la casa sumamente desordenada y porque fue una decisión de ambos, ya que él está trabajando desde su casa y yo sigo en las calles, militando en la organización. Pero la cuarentena cambió radicalmente mi situación, porque lo veo muchísimo menos a Dami, me cambió radicalmente el tiempo con mi niño”, nos cuenta Lila en medio del ajetreo de las recorridas por barrios del conurbano bonaerense.

La Secretaría de Trabajadorxs Migrantxs y Refugiadxs asiste de manera diaria a unas mil quinientas familias afectadas por la crisis, sobre todo en La Matanza, González Catán, Merlo, Laferrere, todos distritos de la Provincia de Buenos Aires. “Los tipos de familias con quienes trabajamos en esta crisis pandémica y capitalista son migrantes que están en barrios populares de distintos puntos del país y también en capital, sobre todo los migrantes que están en hoteles, personas no organizadas, mucha población venezolana, senegalesa, ucraniana y rusa, pero francamente todas las organizaciones políticas, sociales y movimientos populares estamos sobrepasadas en la cantidad de personas que asistimos tanto en los comedores comunitarios como fuera de ellos, por eso apelamos a la solidaridad de las personas que nos apoyan con alimentos incluso con transferencias bancarias como para poder sostener la tarea”.

La imagen puede contener: una o varias personas, personas de pie y exterior
La UTEP lleva adelante más de 3 mil ollas populares en todo el territorio argentino

Las fronteras están cerradas de uno y otro lado. Desde el gobierno argentino especulan que tal vez en marzo del próximo año se reabran totalmente, desde el gobierno paraguayo no hay mucha claridad al respecto y existe un gran temor sobre todo debido a la alta propagación del virus en Brasil. “Esto significa no poder ir a visitar a la familia y que la familia no pueda venir, lo que suma mucha ansiedad y angustia a muchas personas, pero además, tenés la situación de varios paraguayos que vinieron en busca de atención médica en hospitales de Argentina, por falta de un sistema de salud pública gratuita y de calidad en Paraguay, y quedaron varados en condición de migrantes de paso, en una terrible situación de vulnerabilidad”, señala Lila.

Indiferencia sin fronteras

De un lado, migrantes paraguayos que fueron en busca de atención médica o quedaron sin fuentes de ingreso, quedan varados sin apoyo de autoridades paraguayas o argentinas, en un limbo. Del otro lado, paraguayos repatriados de diversos países son depositados en “albergues”, expuestos a contagios, constituyéndose éstos en centros de contagios, de hecho, ya son la mayor fuente de casos positivos diarios en las últimas semanas. Pero la cosa puede empeorar. 

Desde Paraguay, las autoridades informan que los albergues organizados para recibir a compatriotas repatriados están a tope y sobre la marcha, comienzan a buscar opciones. En Argentina, las autoridades consulares piden a lo connacionales “quedarse donde están”.  “No hay una política para estas personas que están pidiendo volver, porque no hay un presupuesto destinado al efecto. ‘No hay albergues’ dice acá la consulesa, habiendo tantas seccionales coloradas que podrían ser expropiadas y recuperadas para uso del pueblo. Ni el consulado paraguayo, ni la embajada paraguaya están dando ningún tipo de aporte o respuesta a las personas que están en una situación de extrema vulnerabilidad, ni siquiera informan sobre cómo hacer la documentación de repatriación, dónde se pueden retirar alimentos, nada. El nivel de desidia y desinterés político es enorme, pero no es novedad, ya lo veníamos viendo desde antes de la pandemia pero con esto se visibiliza muchísimo”, sentencia Lila. 

A fines de marzo el gobierno argentino resolvió un subsidio denominado IFE  (Ingreso Familiar de Emergencia), destinado a trabajadores del sector informal, independientes y monotributistas que no facturan más de 220 mil pesos anuales. Este subsidio incluye a trabajadores migrantes con radicación permanente, y excluye a todos aquellos quienes tengan una residencia menor a tres años o cuenten con la llamada residencia precaria.

“Muchos migrantes tienen problemas de documentación, imaginate que el gobierno de Mauricio Macri dejó más de 70 mil expedientes de solicitud de residencia sin resolver en la Dirección Nacional de Migraciones y en este momento esto es un obstáculo para el acceso al subsidio, es una situación excluyente, sobre todo para una gran parte de la población migrante, qué es la extra mercosur, como la comunidad senegalesa cuya actividad laboral es la venta ambulante y por lo tanto están cesantes en sus ingresos”, señala Lila.  

Antes de la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada, el proceso de obtención de la radicación y el Documento Nacional de Identidad podía tomar tres a seis meses, máximo. Desde la promulgación del DNU 70/17, conocido como el “Decreto Antimigrante”, el trámite puede tener una demora de hasta de dos años. “Esto obviamente pone a los migrantes en un lugar de informalidad absoluta y de no poder acceder a derechos laborales y derechos de salud y todo lo que significa tener el documento que te avale”, afirma Lila.

“A raíz de esto muchos migrantes paraguayos no están accediendo al subsidio pero están cesantes en sus actividades laborales, esto es un gran problema y se evidencia en la gran necesidad que están atravesando muchos migrantes que a diario nos escriben contando que van a ser desalojados por no pagar alquileres porque ni siquiera les alcanza para alimentarse. Nos encontramos ante una emergencia alimentaria que claramente ni el gobierno nacional, ni los gobiernos provinciales y municipales están pudiendo administrar, en este sentido hay como siempre una participación importante de los movimientos sociales que somos parte de la solución al hambre del pueblo”. 

Desde la Secretaría de Trabajadorxs Migrantxs y Refugiados de la UTEP, que lleva adelante más de 3 mil ollas populares en todo el territorio argentino, exigen la ampliación del Ingreso Familiar de Emergencia para incluir a miles de trabajadores migrantes y refugiados que por diversas razones, no cuentan con radicación permanente o se encuentran tramitándola. En el mismo sentido, interpelan a las autoridades de nuestro país respecto a la falta de atención a la situación de las y los migrantes.

“Hemos enviado una carta abierta dirigida al presidente de la República del Paraguay, también tratamos de visibilizar estos problemas a través de nuestra página y también con los distintos espacios de la UTEP para ver si esto se puede solucionar en el corto tiempo y que pueda haber políticas integrales para todas las personas que necesitan volver a sus casas a cuidarse integralmente en salud y en toda la cuestión alimentaria”, señala Lila.

Así, aguda, firme e indignada, pero también con ternura y la esperanza que se muestra en ese día a día de compartir tareas de tanta magnitud solidaria, Lila se despide de nosotros, dándonos ganas de querernos y de luchar por lo que nos corresponde, que es ese otro mundo tan necesario como posible.

Por Casimiro Franco y Fabricio Arnella.

Las fotografías son gentileza de la Secretaría de Trabajdorxs Migrantxs y Refugiadxs de La Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y de Lila Báez.

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