Crisis sistémica del capital. La decadencia de la civilización burguesa (Parte 1)

Por Alhelí Cáceres [1]

En el artículo titulado “Para entender la crisis del petróleo hay que volver a Marx”, habíamos colocado algunos elementos que hacen a la teoría marxista de la crisis, con el propósito de analizar lo sucedido el 20 de abril en el mercado petrolero, en donde por primera vez en décadas, el precio futuro del crudo WTI había cotizado a precios negativos, desplomándose a 37 dólares el barril. A raíz del artículo han surgido diversos comentarios y a modo de incentivar el debate, hoy continuaremos colocando otros elementos que nos permitan comprender no sólo el evento que tuvo lugar en el mercado petrolero, sino comprender la dinámica del capital como fuerza social mundial y su decadencia; en este sentido, la primera reflexión debe ir dirigida a diferenciar una crisis cíclica de una sistémica o civilizatoria, una crisis de la civilización burguesa.

De acuerdo con esto, para analizar a profundidad la racionalidad del sistema burgués y parafraseando a Marx, es necesario descubrir y exponer las formas concretas que brotan del proceso de movimiento real del capital considerado como un todo. (Marx, Tomo III, El Capital, 1894; Pp. 49)

Esto no es otra cosa que comprender la dinámica de los mercados como partes que integran un sistema global y que, si bien, en ciertos contextos estas partes cuentan con un determinado grado de autonomía, su comportamiento no puede comprenderse ni mucho menos explicarse como hechos aislados unos de otros, puesto que se encuentran sobredeterminados por el sistema en su conjunto, dicho de otro modo, el capital como sistema económico y social no es sólo la suma de las partes que lo integran, sino que es, a su vez, algo más que esa suma, y en donde estas sumas, como partes de una totalidad en continuo movimiento, son a la vez, superiores a la totalidad.

Es por ello que, lo que sucede en cada una de las partes que integran el sistema no sólo como resultado de las sobredeterminaciones que las envuelven y de los grados de autonomía que estas  puedan presentar,  sino como parte del funcionamiento orgánico del capital,  tienen a su vez un efecto sobre el conjunto del sistema, tal como quedó evidenciado recientemente en el mercado petrolero.

De ahí la necesidad, tal como dijera Marx, de observar el proceso del movimiento del capital considerado como un todo ya que, en su movimiento real, los capitales se enfrentan bajo formas concretas, en las que tanto el perfil del capital en el proceso directo de producción como su perfil en el proceso de circulación no son más que momentos específicos y determinados. (Marx, Tomo III, El Capital, 1894; Pp. 49)

Habiendo colocado elementos respecto al funcionamiento del capitalismo como sistema y a la necesidad de estudiarlo y comprenderlo como un todo, vayamos a la primera reflexión respecto a las crisis del sistema.

¿Crisis cíclica o crisis sistémica?

“Son los atolladeros que se presentan en la modernización de la economía, los efectos contraproducentes del progreso cuantitativo y cualitativo, lo mismo en la producción que en la distribución y el consumo de bienes, los que con mayor frecuencia y mayor violencia hacen del hombre un ser puramente destructivo: destructivo de lo otro, cuando ello no cabe dentro de la naturaleza, y destructivo de sí mismo, cuando él mismo es “natural”, y no cabe dentro de lo que se ha humanizado a través del trabajo técnico productivo” (Bolívar Echeverría, 1991)

El primer elemento que debemos tener presente al momento de analizar las dinámicas que tienen lugar en la sociedad actual, es el carácter sistémico del capitalismo. Desde el surgimiento del capitalismo, este se perfiló como sistema, un sistema en el que las variables que lo conforman interactúan entre sí, aunque esto no significa que las partes que lo integran no puedan contar con determinado grado de autonomía en su funcionamiento. Del mismo modo en el que el capitalismo se perfila como una totalidad desde su nacimiento, la crisis lo hace como elemento inherente al desarrollo del capital y en donde el carácter y el contenido de las crisis van transformándose conforme el capitalismo va desarrollándose, y es en este punto en donde nos centraremos en este primer apartado.

Esta comprensión del capitalismo como sistema, y si se lo ubica como parte de un proceso histórico, se puede observar que a lo largo de la historia del desarrollo del capitalismo han existido crisis y crisis del sistema, la primera acepción da cuenta de procesos que, dado el escaso grado de madurez de las relaciones, estas pueden ser resueltas en los marcos del sistema y empujar al sistema hacia su desarrollo, hacia su madurez, es decir, hablamos de crisis que pueden ser reversibles dentro del sistema, esto era posible en los inicios del capitalismo industrial, allá por el siglo XIX en donde una sucesión de crisis tuvieron lugar y estuvieron relacionadas con la expansión de las relaciones capitalistas, sin embargo, en el siglo XXI nos encontramos ante una crisis de la civilización burguesa que se presenta bajo la apariencia de la conjunción de numerosas “crisis”, como la energética, ambiental, económica, alimentaria y más recientemente, con la pandemia del COVID-9, una crisis sanitaria.

Ya no nos encontramos ante la presencia de las clásicas crisis de superproducción, de carácter cíclico, que han formado parte del proceso más general de desarrollo del capitalismo y que han sido, de forma sucesiva, digeridas por el desarrollo del sistema, pero sí es preciso considerarlas como catalizadoras de la crisis sistémica del orden burgués. Y tal como lo señala Beinstein (2005) “La sucesión de crisis de sobreproducción durante los siglos XIX y XX debe ser vista como síntoma, no único, de la mortalidad del capitalismo, que cuando ingresó a su etapa senil en la década de 1970, empezó a sentir los efectos negativos de los rendimientos productivos decrecientes de la innovación tecnológica al servicio, cada vez mayor, de los procesos parasitarios de destrucción de fuerzas productivas y de su entorno ambiental”

Por otra parte, los ciclos económicos de Kondratieff dan cuenta de un análisis similar, estos ciclos tienen una duración de entre 46 y 60 años y se encuentran relacionados con el desarrollo de un modelo productivo centenario, cuyo desarrollo tiene lugar primeramente en los países hegemónicos para luego extenderse a escala mundial, para ser posteriormente reemplazados o superados por otra forma de producción.

Los ciclos Kondratieff se conforman principalmente de dos ondas largas; la primera relacionada con una fase ascendente, de expansión económica, y la segunda, de declinación económica o también conocida como fase de estancamiento económico. En los ciclos Kondratieff se identifican seis momentos principales; el primero relacionado con la expansión o revolución tecnológica y el origen de un nuevo modelo productivo; el segundo relacionado con el desarrollo de la expansión de estas fuerzas productivas; el tercero, de madurez y cresta de la expansión, siendo el final de la primera etapa; un cuarto momento de declinación y racionalización del modelo productivo, expansión del sector financiero; un quinto momento de máxima intensidad de la declinación o de fuerte depresión y, finalmente, las consecuencias de la recesión – depresión. (Sandoval, 2004)

En este sentido, el sistema capitalista habría alcanzado su fase de máxima expansión hacia finales de la década del 1970 para dar inicio a una etapa de turbulencias cada vez mayores, de profundización de las contradicciones del sistema y de mayor dificulad para superar las sucesivas crisis que han tenido lugar a lo largo del siglo XX; pues el capital no sale ileso de ellas, sino que estas van golpeando cada vez con mayor fuerza al sistema, y que le son, a su vez, más difíciles de superar, acortando los espacios entre el estallido de nuevas crisis y postergando a su vez, los períodos de recuperación, como parte de la propia racionalidad capitalista en la búsqueda de la riqueza y la acumulación.

Gráfico 1 Crecimiento de la economía mundial

Fuente: Banco Mundial

En la imagen podemos ver que las fluctuaciones económicas son cada vez más profundas, mientras que los períodos de recuperación son más cortos, para posteriormente dar lugar a un estancamiento de la actividad económica a nivel global.

Y esto es incluso reconocido por los propios organismos del establishment, como lo vimos en el último informe de Perspectivas de la economía mundial elaborado por el Fondo Monetario Internacional para el año 2019 y cuya preocupación por el devenir de la economía mundial se encuentra incluso ya en el título del documento que reza “El crecimiento mundial se estanca a medida que los riesgos económicos se materializan” (FMI, 2018)

En el mismo informe, el FMI sostiene que las proyecciones no son alentadoras, pues, en vez de aumentar, el crecimiento de la economía mundial se ha estancado,  resaltando además que este crecimiento (de apenas 3,7%) es cada vez menos “equilibrado” de lo que se esperaba, mientras que las probabilidades de nuevos shocks negativos en las principales economías del mundo han aumentado, y las políticas económicas que posibilitan este crecimiento son cada vez más insostenibles en el largo plazo.[2] Datos que refuerzan la lectura de que los efectos de la crisis sistémica sólo se han visto potenciados con la aparición de la pandemia del Covid-19, y que no son, por tanto,  resultado de esta, sino más bien, la crisis sanitaria, así como la crisis en el mercado petrolero, forman parte de esa totalidad de la que hemos hablado en el primer apartado de este texto.

En ese sentido, la clase trabajadora no se enfrenta hoy a una crisis cualquiera y cuya solución se encuentra a la vuelta de la esquina, o al superar la pandemia del coronavirus, sino que nos enfrentamos a una crisis sistémica como parte de la propia dinámica del desarrollo del modo de producción capitalista, entendido como sistema, como totalidad y sobre todo, teniendo en cuenta el carácter histórico y por tanto, transitorio de la civilización burguesa, tal como lo fueron los regímenes esclavistas y feudalistas que lo precedieron, sin que esto signifique la muerte “natural” del sistema,  sino la posibilidad de que la clase trabajadora organizada, ponga fin a las bases que sustentan el orden social y económico burgués.

¿Pero cuáles son las causales de una crisis sistémica? ¿Qué variables, dentro del sistema, dan cuenta de esta crisis? ¿Qué relación guardan con la caída tendencial de la tasa de ganancia a nivel mundial? ¿Cómo se explica que una mercancía alcance un precio negativo? ¿Qué relación existe entre la crisis del mercado petrolero, la crisis sistémica y la caída en la tasa de ganancia a nivel mundial? ¿Por qué Estados Unidos se perfila como el epicentro de la decadencia del orden social burgués? Sobre estas interrogantes (y otras que surjan en el camino)  pretendemos reflexionar en las posteriores entregas.

*Ilustración de inicio: Fernando Vicente, extraído de “Diez días que estremecieron el mundo”.


[1] Alhelí Cáceres es candidata a Magíster en Ciencias Sociales por FLACSO. Licenciada en Economía por la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca, Cuba. Actual Presidenta de la Sociedad de Economía Política del Paraguay – SEPPY, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y pensamiento crítico – SEPLA, investigadora asociada al Centro de Estudios Rurales Interdisciplinarios – CERI, miembro del GT de CLACSO “Estudios Críticos del Desarrollo Rural”, militante del Partido Comunista Paraguayo – PCP, miembro de la Secretaría Nacional de Formación y de la Secretaría de Relaciones Internacionales del PCP.

[2] Puede revisarse el informe completo en el siguiente enlace: https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=10119 Acceso: 16-05-2020

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