Expulsados una vez más: la migración paraguaya en tiempos de Covid-19

Más de un millón y medio de paraguayas y paraguayos viven en el extranjero; principalmente en Argentina, España y Brasil. Desde el cierre de fronteras, más de 3000 se vieron obligados a volver ante el despido masivo y el cierre de empresas e industrias. El sistema los expulsa una vez más.

Con el cierre de las fronteras paraguayas como medida preventiva para evitar la propagación de Covid-19, solo en un mes y medio ingresaron al país más de 3000 paraguayas y paraguayos desde el exterior. Cerca del 90% de las personas, ingresaron desde el Puente de la Amistad, frontera con Foz de Iguazú.

Al lugar, llegaron por día hasta 200 personas, principalmente desde Sao Paulo, uno de los principales destinos del mundo para los trabajadores migrantes. “No tenemos lugar. Los albergues ya están todos ocupados”, fue la respuesta del gobierno ante esta situación, expresado por el ministro asesor de Asuntos Internacionales, Federico González.

Sin albergues transitorios disponibles, los retornados tuvieron que esperar varios días en el Puente de la Amistad, en condiciones precarias de vulnerabilidad total y hacinamiento, demostrando la falta de respuesta del país para atender a las mismas personas que ya había expulsado, además de exponerlos al contagio de Covid-19.

“Poco a poco nos quedábamos sin alimentación, entonces vendí todas mis cosas y decidí volver”, expresó un joven paraguayo que vivía en Brasil, que después de esperar más de cuatro días en el paso fronterizo que une Ciudad del Este y Foz de Iguazú, pudo entrar e ingresar a un albergue. La pandemia le quitó lo que Paraguay ya le había quitado: el trabajo. Como la gran mayoría de las y los que migran a Sao Paulo, expulsado del campo por el agronegocio, se vio obligado a ir al vecino país para ser explotado en fábricas textiles.

Según la Encuesta Permanente de Hogares, aproximadamente el 85% de los paraguayos y las paraguayas que se fueron del país, lo hicieron por razones económicas.

El retorno de las y los migrantes paraguayos, además de demostrar la gran cantidad de compatriotas expulsados por falta de empleo, desnuda las precarias y preocupantes condiciones en las que se encontraban trabajando en otros países, entre ellas niñas, niños y adolescentes, incluso, en situación de explotación sexual.

Explotación y precariedad: situación de las paraguayas y los paraguayos en el exterior

El actual proceso de decadencia del capitalismo, exige formas más salvajes e inhumanas de abuso a la clase obrera para mantenerse a flote. La fuerza de trabajo migrante constituye uno de los eslabones más frágiles en la ya precarizada situación mundial. Muchas y muchos son sometidos a condiciones de explotación que en algunos casos llega a situaciones de esclavitud real.

Gran parte de las y los trabajadores que vienen del Brasil, era explotada por la industria textil, en la confección de indumentaria y calzado, sectores que comprenden la mayor franja de empleos informales. Sin embargo, a pesar de trabajar en la informalidad y no contar –por ende- con seguro social o posibilidad de denunciar maltratos laborales, para la mayoría es la única opción de subsistencia y la única posibilidad de enviar dinero a sus familiares.

Rocío, una joven paraguaya que regresó de Brasil, actualmente en un albergue de mujeres, contó que la gran mayoría de las personas que se encuentran en el lugar, vienen de trabajar más de 12 horas en maquilas de Sao Paulo, en condiciones insalubres. Además, muchas de ellas se encontraban sin trabajo hace ya dos meses y pudieron mantenerse gracias a la solidaridad de amigos y vecinos.

Actualmente, cerca de 500 compatriotas en Argentina solicitaron a las autoridades nacionales volver, alegando las críticas condiciones en las que se encuentran viviendo.

En el vecino país, la población paraguaya compone la mayor población migrante, siendo más del 30% del total de personas no nacidas en Argentina. Según un estudio realizado en 2014 por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), el principal motivo que llevó hacia la Argentina a los migrantes regionales, fue la búsqueda de trabajo y el mejoramiento de las condiciones de vida. Al igual que la situación brasileña, las y los compatriotas se encuentran trabajando en sectores informales de la economía, como el servicio doméstico y la construcción.

Colectivos organizados de paraguayas y paraguayos en el exterior, han señalado en reiteradas ocasiones el decisivo aporte que realizan para el funcionamiento de las economías de los vecinos países, además de exigir condiciones dignas de trabajo. En el caso de Argentina, la población migrante aporta más del 4% del PIB.

Para las y los migrantes paraguayos, lo peor no fue la pandemia, sino el sistema que una vez más los expulsa. Desplazados una vez más, volver a Paraguay y estar cerca de la familia se convirtieron en las únicas opciones para enfrentar la crisis.

Los jóvenes llegamos lejos, pero de nuestras familias

Cada año, el desempleo y la falta de empleo digno, expulsa del campo y del país a miles de jóvenes. Según datos oficiales, el principal grupo que emigra a otros países es el compuesto por jóvenes de entre 19 y 24 años.

“Mis amigos y yo vivíamos en alquiler. Y ya no teníamos para pagar. Dos de ellos tienen 16 años y otro 19”, dijo un paraguayo que migró a Sao Paulo, a sus jóvenes 21 años.

Ante el cierre de empresas, decidieron regresar a Paraguay. Con la incertidumbre en la valija, y luego de una larga y tortuosa espera en el Puente, ingresaron a un albergue. En el lugar, decenas de personas tuvieron que esperar más de una semana para que les realicen el test de Covid-19. Otras, aguardan hace días los resultados de las muestras realizadas.

Los días pasan y la espera se hace larga. La mayoría de los albergues no cuenta con la infraestructura para mantener el distanciamiento social exigido en el protocolo de salud, haciendo que sea aún más grave la demora en la realización de los tests. Hay denuncias de tratos humillantes y comida de mala calidad. “Todos quieren regresar a sus casas, esta situación de reclusión, no es fácil de sobrellevar”, expresó Jorge, un joven universitario paraguayo que migró a Brasil para estudiar.

Mientras tanto, afuera de los albergues, las familias también siguen esperando, como hace muchos años, poder abrazar a sus hijos, hijas, nietas y nietos, que migraron buscando trabajo y una vida digna. Antes que la pandemia, este modelo de país y mundo los expulsó, al igual que a otras millones de personas, separándoles de sus hogares, de su tierra. Y ese prolongado y doloroso techagau no se va apagar mientras continúe este sistema explotador que protege a unos pocos privilegiados y que a tantos miles y miles de trabajadores les separa del abrazo familiar.

*Por Claudia Colmán y Víctor Jara, militantes de la Juventud Comunista Paraguaya, para Adelante!

**Ilustración de Javier Laterra.

Bibliografía

Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (2014). Mapa Nacional de la Discriminación. Buenos Aires, Argentina: INADI.

Organización Internacional de Migraciones (2012) Perfil Migratorio en Argentina. Buenos Aires, Argentina: OIM.

OCDE/OIT. (2016). La migración laboral en América Latina y el Caribe. Perú: Oficina Regional para América Latina y el Caribe. Recuperado de: https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—rolima/documents/publication/wcms_502766.pdf

Conacyt (2014). El retorno de los migrantes paraguayos: una oportunidad para el desarrollo local y nacional. Asunción, Paraguay. Recuperado de: https://www.conacyt.gov.py/sites/default/files/upload_editores/u294/retorno_migrantes_paraguayos2.pdf

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