“El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre”, decía Engels ante la tumba de Marx en aquel fatídico marzo de 1883. Y tres meses más tarde, en el prólogo a la edición alemana del Manifiesto del Partido Comunista, El General (apodo colocado por Eleanor Marx, hija menor del Moro, a Engels) iniciaría su escrito con bello tono elegíaco mencionando que “Desgraciadamente, al pie de este prólogo a la nueva edición del Manifiesto ya solo aparecerá mi firma.  Marx, ese hombre a quien la clase obrera toda de Europa y América debe más que a hombre alguno, descansa en el cementerio de Highgate, y sobre su tumba crece ya la primera hierba”, generando como hermosa y a la vez tan dramática cuan esperanzadora síntesis dialéctica, aquella imagen de vida natural que se yergue en el pequeño brote nacido sobre el cuerpo del insigne revolucionario cuya obra y transitar siguen palpitando en todos los rincones del mundo.

De aquel lejano 1883 han pasado 143 años, casi un siglo y medio de marchas y contramarchas que hemos tenido como humanidad, en nuestra búsqueda mucho más inconsciente que consciente, de los motivos integrales que hacen a nuestra existencia.

Entiendo al marxismo, a su filosofía de la praxis como una esencial herramienta para transformar las relaciones sociales en las que producimos bienes y servicios, además de disfrutar de la vida y reproducirnos como especie en búsqueda de formas de organización que favorezcan el pleno desarrollo de todos nuestros sentidos, de nuestros talentos, en total organicidad con el amor y nuestra condición de seres sociales, que son dos esenciales elementos que nos constituyen como humanos.

Y coloco la pelea contra la necedad porque la lógica y la irracional racionalidad del capital, como sistema híbrido que asimiló al esclavismo, al feudalismo y a otras formaciones socioeconómicas y culturales, se ha sustentado y sigue cabalgando sobre miserias humanas como la competencia, el egoísmo, la mezquindad, para organizar un sistema de creencias que esencialmente es absurdo y no solo absurdo: es compleja y delirantemente absurdo, al punto de llegar a este momento de hegemonía financiera en donde el dinero, sin ningún proceso productivo, genera más dinero y las relaciones sociales de producción están parasitadas por la especulación y la timba propia de estos tiempos de capitalismo.

Las diversas praxis que se reclaman marxistas enfrentan tiempos de infodemia, posverdad, fake news[1] y un grado de degradación cultural que son propios de la fugacidad y el carácter parasitario de la hegemonía financiera en la realización del capital.

Por lo tanto, es de vital importancia debatir sobre esta pelea contra la necedad asumida por las clases subalternas para superar una forma de ver y de vivir en el mundo que ha producido un nivel de bajeza y alienación al punto de volvernos esclavos del dinero y la mercancía que nosotros mismos creamos.

Hoy asumo la tarea de compartir unas pocas expresiones de la continuidad que tuvo la filosofía de la praxis, el marxismo, luego del fallecimiento del fundador de la Asociación Internacional de Trabajadores.

Tan solo unas pocas expresiones por diversos motivos que guardan relación con mi ignorancia respecto a las múltiples producciones en todo el mundo, de diversas vertientes de lo que debemos denominarlo de manera plural como marxismos. A mi incapacidad de conocer y estudiar la vastísima producción de militantes revolucionarios en clave de continuación de la obra de Marx, debo sumar las dificultades que me generan el tiempo, la disciplina y la concentración en otras tareas que van desde las obligaciones y el disfrute familiar, hasta la militancia y la subsistencia material que condiciona mi atención y dedicación.

Dicho esto, he resuelto concentrar en algunas producciones militantes dentro del siglo y cuarto, o sea, dentro del siglo 20 y este cuarto del siglo 21, aunque al recordar que Eleonor le puso el mote de “El General” a Engels por sus conocimientos militares y su capacidad de análisis estratégico, iniciaré este breve recorrido con Engels, para luego recordar el aporte de Tussy (así llamaban a Eleonor), sobre todo luego del fallecimiento de su padre, 17 años antes del comienzo del turbulento siglo 20.

Economía, guerra y emancipación de la mujer

Aquella ruptura de la modernidad lograda por Marx hacia finales de los años 50 y comienzo de los 60 del siglo XIX, no tendría en Engels la profundidad estratégica que sí tuvo en su compañero. Marx asumió la importancia de la lucha contra el colonialismo en la medida en que entendió que aquella idea de progreso capitalista no era necesariamente generadora de las condiciones de liberación de los pueblos, y que las diversas expresiones no ubicadas en el camino de instalación del modo de producción capitalistas no debían ser identificadas necesariamente como precapitalistas, y que existían gérmenes a-capitalistas[2] que podrían desarrollarse sin necesidad de transitar por la subordinación del trabajo al capital invariablemente.

Engels se mantuvo en la lógica moderna y eurocéntrica, y desde ese lugar siguió entendiendo las relaciones sociales de producción y reproducción de vida, entendiendo al desarrollo desde una mirada occidental.

Sin embargo, ese mismo Engels tuvo aportes extraordinarios al pensamiento y la acción de los pueblos oprimidos, por ejemplo, en sus estudios sobre cuestiones militares, estudios relacionados con su misma práctica como combatiente, sin ninguna intención más que la de acumular experiencia y comprensión para el ejercicio de la violencia revolucionaria capaz de derrocar al modo de producción capitalista y construir el Estado proletario camino a su extinción, que daría lugar al comunismo, a la libre asociación de seres humanos para producir y reproducir sus vidas.

El valor humano de Engels en la total solidaridad para con Marx y su familia, además de su total entrega al proletariado, da muestra de una extraordinaria estatura moral profundamente humanista, sumando a esto el arduo trabajo para ordenar los manuscritos de Marx que dieron vida a los otros tomos de El Capital.

Su análisis sobre la formación urbana en torno a la industrialización, así como el desarrollo y el padecimiento de la clase obrera, quedaron sólidamente expresados en su imprescindible trabajo “La situación de la clase obrera en Inglaterra”, publicado en 1845, que junto a su anterior (1843) “Apuntes para una crítica de la economía política”, serían esenciales para la incursión de Marx en el estudio de la economía clásica y la formación del capital.

Otro de los temas de total vigencia en el que Engels tuvo un aporte de gran importancia es en la cuestión de la mujer, la explotación integral con fuerte acento en la división sexual del trabajo concentrando a la mujer en la producción de valores de uso y tareas de cuidado, entendiendo a  la formación familiar propia del capitalismo como elemento esencial para la reproducción de la lógica de explotación de la fuerza de trabajo y acumulación de ganancias para la minoría explotadora, en su célebre “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, publicado justo un año después del fallecimiento de Karl Marx.

La doctora en Filosofía Alejandra Ciriza, al respecto comenta que “… Engels tenía en ese sentido una percepción muy clara de la importancia de combatir uno de los mitos burgueses más importantes, que es el mito del hogar dulce hogar, el mito del individualismo afectivo, el mito de que la burguesía vino a fundar una nueva forma de familia. Lo que Engels muestra con muchísima claridad es: esta forma de familia es funcional al capitalismo, el capitalismo necesita esta forma de organización familiar. Y a mí me parece que seguro debe haber sido bastante escandaloso, porque lo que hace es mostrar que la familia tiene una historia.”

En otro apartado, Ciriza continúa diciendo “… Engels estaba muy interesado en la organización de la socialdemocracia[3], en la incorporación de las mujeres a la socialdemocracia. Fue uno de los que más estimuló a Eleanor Marx en su interés por la organización de las mujeres de la clase obrera.

… Por eso a mí me parece que Engels es una inspiración, como Marx es una inspiración, como Eleanor Marx es una inspiración, como Rosa es una inspiración. Yo creo que esos constructores, esos críticos del capitalismo, esos críticos y críticas del patriarcado nos han proporcionado herramientas que no son solamente para que leamos un texto bien escrito, sino también para que podamos iluminar lo que nos está pasando hoy”.

Entonces, tanto  en la relación capital-trabajo, y advirtiendo tempranamente el papel de la mujer también en la producción industrial, ya que su trabajo sobre la situación de la clase obrera fue realizado en torno a la industria textil con importante participación de mujeres obreras, como en cuestiones militares esenciales para derrocar el orden de explotación y opresión capitalista, así como la doble explotación de las mujeres y el papel de la división sexual del trabajo que empujaba a la mayoría de las mujeres a producir bienes de uso y ser explotadas en la casa, incluyendo la explotación sexual privada, bajo el contrato del matrimonio, o pública, dan cuenta del enorme y vanguardista aporte que realizó para la emancipación de la humanidad.

Y ahí nomás, conectando al General con quien le había colocado dicho apodo, y acercándonos al siglo y cuarto del que nos ocuparemos, recuperamos el aporte de Tussy a la filosofía de la praxis, como precursora en la lucha por la emancipación y protagonismo integral de la mujer trabajadora.

Eleanor Marx colaboró en estudio y debate con Engels, para el libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Dos años después, en 1886, junto a su compañero Edward Aveling, publicó un texto denominado La cuestión de la mujer, en el que además de relacionar la emancipación integral de la misma con la necesaria revolución social que libere a las mujeres de la doble explotación a la que estaban sometidas, dejó vislumbrar los contornos de la nueva sociedad abogando por la plena libertad de las mujeres respecto a cuestiones amatorias, a su sexualidad y a desarrollo en ciencias, artes y cultura.

Entonces, antes de que culmine el siglo XIX, Tussy Marx sacudía, como continuadora de la francoperuana Flora Tristan[4], los cimientos del capitalismo patriarcal que sigue dominando hoy, en pleno siglo 21 y no sin rasgos de neo-oscurantismo, las relaciones sociales cuyo reverso emergente y potencialmente vigoroso es el movimiento feminista, sobre todo el revolucionario y partidario del socialismo-comunismo, así como la alianza social obrera, campesina y popular, todavía de carácter embrionario, minoritario en términos cuantitativos pero con profunda sensibilidad humanista y claridad estratégica.

Lenin o el ardor de la verdad revolucionaria en movimiento

Vladimir Ilich Ulianov, conocido como Lenin, es el continuador más genial de toda la obra de Marx desde el siglo 20 y hasta nuestros días. La combinación de teoría y práctica en él fue y sigue siendo deslumbrante, como fiel exponente de la filosofía de la praxis, estudiando, luchando, siendo derrotado, volviendo a estudiar teoría y a teorizar sobre el andar nacional e internacional del modo de producción capitalista y su clase dominante, así como de la conducta de los explotados y excluidos, incluyendo todas las expresiones organizadas de los explotadores y explotados, tanto en el terreno estrictamente institucional como en las relaciones sociales y políticas informales, ilegales, clandestinas, teniendo una cabal comprensión del Poder como relación social en movimiento.

La capacidad que tuvo de revisar, luego de la derrota del movimiento revolucionario en su país, durante la primera década del siglo 20, toda la construcción teórico-práctica es aleccionadora para quienes soñamos y proyectamos luchas por transformaciones y construcción de nuevas sociedades.

Con el estudio profundo y sistemático de Ciencia de la Lógica de Hegel, empezó a comprender de manera aguda los complejos movimientos y transiciones que se expresan dialécticamente en la sociedad dividida en clases sociales. Esta comprensión del método dialéctico fue central, esencial, en la elaboración de dos de sus poderosos misiles intelectuales, con los cuales pudo definir la estrategia revolucionaria y liderar aquel asalto al Palacio de Invierno en el mes de octubre del Calendario Juliano, e inaugurar en 1917 la primera experiencia a escala nacional de un Estado obrero que emergió de los escombros del incipiente Estado burgués ruso.

El imperialismo, fase superior del capitalismo y Las tesis de abril fueron los pilares de la síntesis superadora de Lenin, la decodificación del fracaso en experiencia, evaluación, teorización y práctica revolucionaria se combinaron para abrirle paso al futuro con pretensiones de superar la sociedad injustamente dividida entre explotadores y explotados.

Además, Lenin fue un genial organizador y propulsor del partido revolucionario de nuevo tipo, concebido como un destacamento avanzado del proletariado, inserto y aislado al mismo tiempo, del movimiento de masas. Inserto para disputar la organización y el desarrollo de consciencia. Aislado para poder analizar y evaluar permanentemente, con cierta distancia, los sucesos de la lucha de clases. El análisis concreto de la situación concreta en clave dialéctica, entendiendo la relación, unidad y lucha de contrarios con sus intermediaciones, mediaciones y movimientos, solo podría tener el ritmo, la intensidad y la precisión bajo la forma de partido revolucionario de nuevo tipo.

“Si no se produce un cambio en las opiniones de la mayoría de la clase obrera, la revolución es imposible”, colocó Lenin en El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, insistiendo en la disputa por la subjetividad y la formación de la consciencia para sí como elemento esencial de la política de masas para lograr la síntesis política capaz de disputar y construir poder.

El militante y filósofo Néstor Kohan, al respecto de Lenin recuerda que “… el dirigente bolchevique descubre que la lucha de clases nunca se produce entre nucleamientos históricos homogéneos y compactos, ladrillos sociales macizos sin fisuras ni pliegues, sino a través de la mediación de fuerzas sociales, de alianzas de fracciones de clases en cuya unión desempeña un papel central la ideología (y los “especialistas” encargados de otorgarle sistematicidad a partir del sentido común, los intelectuales). Solo una clase puede tornarse hegemónica sobre sus aliados –dirigirlos cultural y políticamente– si logra superar el estrecho interés economicista corporativo y se plantea tareas para el conjunto, elevándose de lo particular a lo universal.”

Al incorporar el concepto de “fuerza social” y darle una mirada transversal a la lucha de clases, Lenin desarrolla la concepción de hegemonía y la complejiza con la relación dialéctica entre tradición y vanguardia, entendiendo que la síntesis dialéctica revolucionaria podrá ejercer una fuerza considerable para disputar el poder en la medida en que el genuino destacamento avanzado tenga arraigo y se muestre con el rostro identitario del pueblo que lucha, recuperando la rica historia del territorio y soñando esa nueva sociedad con los cimientos proporcionados por esa fusión de tradiciones, legados, identidad y vanguardia.

El liderazgo del proletariado y su capacidad para sumar capas y sectores sociales diversos, incluyendo individualidades provenientes de la burguesía que, conjuntamente asuman el proyecto revolucionario fue una comprensión esencial que tuvo Lenin para modificar la correlación de fuerzas en calidad y cantidad.

Pero además, la construcción de identidad corporativa en el partido de nuevo tipo, y en la alianza social requerida para enfrentar a la clase dominante, estaba asentada en las diferencias, en la diversidad, en la existencia de minorías con sus particularidades socioculturales. En ese sentido y entendiendo cabalmente la autodeterminación de los pueblos y el derecho a desarrollar su cultura y su forma de relacionamiento, Lenin aportó al movimiento revolucionario poderosos argumentos contra el colonialismo. Al respecto, el líder vietnamita Ho Chi Minh dijo: “… hasta la revolución de octubre, el socialismo era considerado en los países coloniales como una doctrina reservada para los bancos, un nuevo medio de engaño y explotación. Debía tocar a Lenin inaugurar una nueva era verdaderamente revolucionaria para los pueblos coloniales. Fue el primero que condenó los prejuicios hacia los pueblos coloniales aferrados en numerosos obreros de Europa y América. Sus tesis acerca de la cuestión nacional, aprobadas por la Internacional Comunista, provocaron una gran revolución en los países oprimidos del mundo”.

Cómo lograr la síntesis orgánica revolucionaria realizando el ejercicio dialéctico en la forma de ver y de vivir el mundo de las mayorías trabajadoras, participando activamente, tomando la iniciativa en propuestas de debate, reflexión y acción colectiva, ese fue la mayor preocupación de Lenin. Y al respecto, Antonio Gramsci dijo “…el principio teórico-práctico de la hegemonía tiene también un alcance gnoseológico y por lo tanto en este campo debe buscarse la aportación teórica máxima de Ilich (Lenin) a la filosofía de la praxis”.

 Una Rosa roja que hizo temblar a la virilidad

Sin ambages, profunda y radical, militante de calle e intelectual, poseedora de una praxis inquebrantablemente independiente y revolucionaria. Así la podemos divisar a Rosa Luxemburg.

La militante y dirigente de la Liga Espartaco y posterior fundadora del Partido Comunista Alemán, tuvo un enorme protagonismo en el pensamiento y la acción revolucionaria de las primeras dos décadas del siglo XX.

Se suele comentar que Lenin y Rosa polemizaron. Y eso es cierto. Podemos encontrar posiciones críticas de Rosa al proceso liderado por Lenin en Problemas organizativos de la socialdemocracia o en Crítica de la revolución rusa. Sin embargo, tanto la inclinación de Rosa hacia una organización flexible del proletariado, como la idea de un partido centralizado y restringido que en algún momento sostuvo Lenin, fueron cambiando de acuerdo a las circunstancias de la lucha de clases. Rosa terminó formando un partido revolucionario y Lenin terminó proponiendo una mayor y amplia participación del proletariado en el Partido.

Sus aportes en economía, en torno a la cuestión del imperialismo, en torno a la huelga de masas y la lucha callejera revolucionaria, en la planificación y organización revolucionaria bajo la forma Partido político, en la reivindicación de la democracia socialista o cuando al relacionar el socialismo con la religión dijo que los primeros cristianos eran comunistas fervientes, muestran rasgos esenciales y vigentes para pensar en estos tiempos.

Así también, la radicalidad de Rosa expresada en una elaboración como Reforma o revolución, o la comprensión de que la necesidad del derrocamiento del modo de producción capitalista era una cuestión fundamental para superar el envilecimiento propio de su lógica, le hicieron plantear como consigna “socialismo o barbarie”.

El machismo dentro de la izquierda pretendió que Rosa se ocupe de las cuestiones referentes a la mujer en la organización política. Pero ella no se dejó engañar y disputó la dirección de la fuerza revolucionaria, convirtiéndose en una de las principales líderes del movimiento revolucionario de todo el mundo.

Fuerza y consenso juegan a las escondidas con Nino

… pero él siempre las encuentra. Nino Gramsci, militante comunista italiano, continuador ingenioso y agudo de la praxis intelectual-militante de Marx, de Engels, de Rosa, de Lenin, fue también conocido como “el teórico de las derrotas”, por su concentración en la minuciosa evaluación de los errores cometidos, sobre todo en el levantamiento ocurrido en Turín, entre 1919 y 1920, conocido como el “Bienio Rojo”, en el que la clase obrera confronto radicalmente con las patronales, desarrollando un poder obrero que sacudió los cimientos de la estructura de dominación burguesa.

Lamentablemente, como resultado de las desavenencias en la orientación decidida de la organización obrera, entre ellas la debilidad en cuanto a una política de alianza social a escala nacional e integradora del campesinado y otras capas perjudicadas por el orden dominante, la represión estatal logró imponerse y con la emergencia del nuevo liderazgo de la burguesía, Benito Mussolini, las patronales pudieron disolver los Consejos Obreros y frenar la iniciativa de masas y su tendencia revolucionaria.

Gramsci tuvo una militancia descollante, como buen marxista, a escala integral, en la calle, al interior de la organización política, como parlamentario, en la cárcel donde produjo la mayor parte de su obra escrita.

Entendiendo al poder como una relación social histórica en la que la clase dominante desarrolla una cosmovisión y ordena la realidad en función a su posición en dicha relación, desarrollando entonces instituciones que construyen sentidos para consolidar y masificar su hegemonía, Antonio Gramsci comprendió que la batalla era total y que el partido de nuevo tipo (PNT) pensado por Lenin debía incidir en todos los pliegues de la sociedad, disputando miradas y sentidos, construyendo aquello que el italiano denominó “buen sentido”, para superar el sentido común producto de las relaciones de fuerza y poder favorables al sistema capitalista, defendido y desarrollado por las patronales desde la familia, la escuela, el colegio, la universidad, las iglesia, los medios de comunicación y la estructura estatal.

La propuesta de PNT realizada por Lenin concebía una organización de organizaciones con revolucionarios profesionales[5] capaces de desplegar la lucha por la construcción y disputa de poder a escala nacional e internacional, partiendo de una estrategia revolucionaria general, nacional por su forma e internacional por su contenido, atendiendo al capitalismo como modo de producción mundial, cuya dirección venía desarrollando articulaciones internacionales para expandir sus negocios y defender sus intereses, considerando las especificidades de cada territorio, cada pueblo, cada nación organizada bajo dicha relación socio-productiva.

Esta comprensión fue ingeniosamente asimilada y enriquecida por Gramsci, dándole continuidad al alcance gnoseológico del principio teórico-práctico de hegemonía trabajado por Lenin e identificado por el revolucionario sardo[6].

“No utilizo `concepción´ por gusto. Más que de un concepto, creo que debe hablarse de la concepción gramsciana sobre la hegemonía. Al pensar sobre los complejos procesos de estructuración y reproducción del poder por una clase social, Gramsci desarrolló todo un conjunto de categorías que no pueden entenderse adecuadamente separadas unas de otras, en forma independiente, por cuanto constituyen un sistema teórico. Están interrelacionadas entre sí de forma orgánica, y es imposible explicar el contenido de una de ellas sin recurrir en la explicación a todas las demás. Conceptos tales como sociedad civil, poder y dominación, sentido común y buen sentido, guerra de posiciones, bloque histórico, revolución pasiva, y otros más, se imbrican y presuponen, y es esta vinculación esencial entre ellos lo que con razón puede denominarse concepción o teoría gramsciana sobre la hegemonía”, nos dice el filósofo cubano Jorge Luis Acanda González sobre el edificio teórico-práctico del Nino, lúcido continuador de Marx y Lenin en general, y sobre todo en la comprensión del método dialéctico.

Así, al igual que Lenin en la identificación de fuerza social, e incorporando la figura y reflexión de los dos pilares sobre los cuales se erige una fuerza política, el pilar moral (honestidad, respeto a los

acuerdos, defensa incondicional de los intereses de clase) y el intelectual (cabal comprensión de por qué estamos como estamos, qué debemos hacer para superar esta situación y cuál es nuestro proyecto de nueva sociedad), Antonio asimiló el movimiento dialéctico con sus transiciones, mediaciones e intermediaciones, identificando que en las combinaciones de fuerza y consenso para la dominación y el ejercicio de hegemonía, cuando hablamos de fuerza también debemos advertir que existen en su interior componentes del consenso, y cuando entendemos que hay consenso, o que se construyó consenso, es esencial ubicar los componentes de fuerza que están insertos al interior del consenso.

Por estos y otros elementos que le ubican como gran buscador, coloqué como título ese juego a las escondidas en el que el Nino Gramsci finalmente termina encontrando las diversas expresiones de fuerza y consenso por dentro y fuera de sus respectivas constituciones.

Su aguda comprensión del marxismo y del peso fundamental de la ideología en clave de batalla de ideas, haciendo suya aquella frase de Lenin que dice “sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria”, en una carta titulada “¿Qué hacer”, enviada en 1923 al periódico Voce della Gioventú de Milán, analiza la derrota y propone iniciar con una profunda evaluación de cómo luchó la clase obrera organizada, pero además habla del “inicio del inicio”, colocando que para iniciar por la evaluación y autocrítica sobre nuestro actuar, debemos dar otro paso inicial consistente en ponernos de acuerdo en los criterios que utilizaremos para realizar dicha tarea, entendiendo que ese movimiento inicial para luego iniciar el trabajo pasa por disponer los materiales de la teoría marxista y estudiarlos, asimilarlos, debatirlos y entonces, sobre esa base común, analizar nuestros movimientos y los del enemigo para luego planificar nuestras acciones enmarcadas en una estrategia.

Además de estos y otros sustanciales aportes de Gramsci para una mejor y más eficaz construcción y disputa de poder, con poderosa capacidad de síntesis, Gramsci generó frases célebres y sumamente útiles para la militancia revolucionaria, algunas de enorme vigencia como aquella que dice que las crisis se expresan con fuerza cuando lo viejo está muriendo, pero no termina de morir y lo nuevo está naciendo pero no terminar de nacer, advirtiendo en ese claroscuro la presencia de monstruosidades. O la que asume la tremenda dimensión de nuestros objetivos frente a la poderosa fuerza del enemigo y entonces nos llama a instruirnos porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia, a conmovernos porque necesitaremos de todo nuestro entusiasmo, a organizarnos porque precisaremos de toda nuestra fuerza, insistiendo al mismo tiempo en el optimismo de la voluntad como poderosa y objetiva fuerza subjetiva, y en el pesimismo de la razón que no deja de entender que las relaciones de fuerza y de poder son adversas.

Un sujeto revolucionario para nuestra América

En este siglo y cuarto de disputa por las mentes y corazones de las mayorías trabajadoras, a lo largo y ancho de América Latina los pueblos demostraron creatividad, capacidad de elaboración científica y gran disposición combativa. Múltiples debilidades ideológicas, estratégicas, relacionadas al eurocentrismo y al machismo dominante, así como a una comprensión lineal y dogmática de la teoría marxista y del tránsito hacia el socialismo-comunismo, minaron el campo de lucha y permitieron que la fuerza de los dominadores se siga imponiendo.

Augusto Sandino, Farabundo Martí, Fidel Castro, Haydée Santamaría, Soledad Barrett, Chaffic Handal, Schafic Hándal, Fanny Edelman, Carmen Soler, José Asunción Flores, Luis Carlos Prestes, Rodney Arismendi, Raú Sendic, Antonio Maidana y miles más, dejaron una enorme huella en su andar por la liberación de nuestros pueblos.

En el caso de Castro, su genialidad táctico-estratégica a partir del profundo conocimiento del territorio cubano y de la idiosincrasia y estado de ánimo de su pueblo, generó nuevos aprendizajes para la filosofía de la praxis, incluyendo su formidable y célebre alegato en el que destroza la doble moral y la recurrente anomia presente en el capitalismo y sus diversas expresiones políticas, demostrando que el asalto al Moncada era la necesaria expresión de la lucha por aquella democracia alojada solo en los discursos de la clase dominante. “La historia me absolverá” fue y seguirá siendo una referencia ineludible para el enriquecimiento del proyecto de nueva sociedad, corroborado por la llegada del Granma en 1956, por la Revolución cubana en 1959 y por el sostenimiento del proceso durante las décadas que le siguieron.

En el Perú descolló José Carlos Mariátegui, militante revolucionario y fundador del Partido Comunista Peruano. Su libertad intelectual estribada en el marxismo le permitió eludir el dogmatismo y el eurocentrismo propios de los tiempos en que tuvo que luchar.

Ferviente defensor del frente único, pero con estrategia revolucionaria socialista, así como del carácter ineludiblemente simultáneo de la lucha antiimperialista y socialista-comunista, dedicó sus mejores capacidades para desarrollar la alianza obrera, campesina y popular, con los pueblos indígenas como parte de la clase y las capas perjudicadas por el capitalismo, pero también como expresión a-capitalista desde donde la nueva sociedad podría y debería nutrirse.

El nombre de la revista que fundó y dirigió entre 1926 y 1930, expresaba claramente su comprensión de la situación concreta e histórica impuesta por la lucha de clases en su país. El Amauta era el sabio que se dedicaba a enseñar a la niñez del pueblo Inca. Al colocarle dicho nombre a la revista, implícitamente Mariátegui daba cuentas de un Amauta colectivo capaz de aprovechar la sabiduría popular, particular y universal en función de la liberación de las mayorías trabajadoras.

En sus Siete ensayos interpretativos sobre la realidad peruana (1928) realiza un esclarecedor y original análisis marxista sobre la formación socioeconómica del Perú, incluyendo la evolución histórica y el papel de los pueblos indígenas en dicho contexto.

Mariátegui, como Marx, Engels, Lenin, Eleanor, Luxemburg o Gramsci, le da un papel central a la cultura, a la disputa por la subjetividad, por la formación de la consciencia para sí en clave revolucionaria. Una célebre frase suya sigue golpeando nuestras consciencias e incentivando nuestra creatividad en la búsqueda de la nueva sociedad sin explotadores ni explotados: “La revolución latinoamericana será nada más y nada menos que una fase de la revolución mundial (. . .)  No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica.”

“Marx se preocupaba tanto de los factores económicos como de su repercusión en el espíritu. Llamaba a esto `hecho de consciencia´. Si el comunismo se desinteresa de los hechos de consciencia, podrá ser un método de distribución, pero no será jamás una moral revolucionaria”, nos decía el ciudadano del mundo, el que nos insistió que debíamos ser lo suficientemente humanos como para sentir indignación ante una injusticia en algún rincón remoto de la Tierra, y ponernos felices cuando en algún lugar se levanta una bandera de libertad. Ernesto Guevara vivió, luchó y murió encarnando aquella definición de José Martí acerca de que “patria es humanidad”.

Su dedicación para acercar lo más posible pensamiento, palabra y acción se expresó en sus diversas incursiones sociales y políticas.

Poco se conoce acerca de su concentración en el estudio y la elaboración teórica. Para bien y para mal, se conoce sobre todo su intrepidez y total entrega para las luchas sociales, políticas, armadas, por más dificultad que se le presente, lo cual es en sí una cualidad extraordinaria.

Pero reivindicar al Che solo por su combatividad y coraje es injusto, dada su importante producción intelectual ubicada, de vuelta, en el leniniano análisis concreto de la situación concreta, ejerciendo para ello el método dialéctico.

El gran debate sobre la economía en Cuba, que se desató entre 1963 y 1964 da cuentas de la total claridad de Guevara en las transiciones, mediaciones, intermediaciones, combinaciones y síntesis de los diversos elementos contenidos en la relación sociedad/Estado, Estado/sociedad.

Por ejemplo, en un pasaje del debate, entendiendo a la ley como la cristalización de un momento determinado de las relaciones de fuerza y de poder, y considerando la dialéctica síntesis respecto a la consciencia como producto social, el Che nos dice que “naturalmente, en todos estos procesos, que son históricos, que no son físico-químicos, realizándose en milésimas de segundos, sino que se producen en el largo decurso de la humanidad, hay toda una serie de aspectos de las relaciones jurídicas que no corresponden a las relaciones de producción que en ese momento caracterizan al país; lo que no quiere decir si no que serán destruidas con el tiempo, cuando las nuevas relaciones se impongan sobre las viejas, pero no al revés, que sea posible cambiar la superestructura sin cambiar previamente las relaciones de producción”.

En dicho debate, Guevara opuso el Sistema Presupuestario de Financiamiento que él había concebido, al Cálculo Económico soviético, defendiendo la planificación central de la economía en frontal oposición al mercado, entendiendo a la teoría del valor como transicional y necesariamente combatible, visualizando la imposibilidad de superar al capitalismo si la convivencia entre socialismo y mercado persistían.

De hecho, su concepción del “hombre nuevo” trasciende a la simple socialización de los medios de producción en manos de los trabajadores. Su mirada de justicia enmarcada en una cosmovisión comunista le hizo insistir en una persistente y práctica formación extendida, sí, a la población cubana, pero con sostenida concepción internacionalista proletaria y revolucionaria, pensando en llegar a todos los pueblos oprimidos por la dictadura del capital.

Humano, profundamente humano y entonces contradictorio como cualquier persona, Guevara fue de lo más íntegro que existió en la militancia y dirigencia revolucionaria latinoamericana. Sus cuadernos de lectura en Bolivia, secuestrados por las Fuerzas Armadas de ese país y rescatados varios años después, fueron estudiados con bastante detalle y rigor por Néstor Kohan. Son tres cuadernos de diferentes colores: verde, rojo y rosado. En él se cruzan estudios, plan de estudio, transcripciones sobre la filosofía de la praxis que incluyen variados autores de diversas disciplinas, incluyendo poesía, por supuesto.

Y digo por supuesto porque la ruptura con la modernidad por parte de Karl Marx se realizó desde el arte, desde su raíz romántica que es esencial en la concepción del socialismo-comunismo científico con sólido arraigo en la belleza, el amor, la solidaridad y la libertad que garantizará el pleno desarrollo de talentos en igualdad de oportunidades para cada ser humano.

Siglo y cuarto y más

Entonces, como lo había planteado al iniciar, durante este siglo y cuarto realicé un breve recorrido por algunas militancias que pusieron mente y cuerpo para combatir a lo que consideraban es la prehistoria de la humanidad, entendiendo que no podemos hablar de historia en términos de civilidad mientras exista explotación de la mayoría de los seres humanos por parte de una minoría que se queda con porciones del producto del trabajo social realizado.

Hablo de una pelea contra la necedad entendiendo a esta última como expresión de ignorancia, de falta de razón. Y considero que uno de los rasgos esenciales que sostienen el modo de producción capitalista es el desconocimiento de la filosofía de la praxis y la alienación generada por las relaciones de producción capitalistas.

En 1844, al analizar dichas relaciones y plasmar sus razonamientos en los Manuscritos Económicos y Filosóficos, Marx  dijo que el sentido del tener termina limitando los demás sentidos, reduciendo nuestra humanidad a una bajeza de consciencia (que también y en este sentido, podríamos llamarla espiritual) que hace borroso el escenario y el panorama, generándonos mucha dificultad para entender que tanto el capitalismo como el individualismo, egoísmo, consumismo no son naturales ni eternos, sino expresiones de un momento de la historia, y que nuestra capacidad de asimilar, aprehender y educarnos en términos praxiológicos sí es una condición inherente a la humanidad, por lo que tenemos condiciones de quebrar esta tendencia distópica que hoy domina la proyección de futuro e inclusive amenaza a nuestra especie.


Referencias

[1] Infodemia se denomina al flujo excesivo de información, cuyo resultado general es la desinformación al no poder asimilar la avalancha de noticias que se genera segundo a segundo en las redes sociales. Posverdad es la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Fake news significa noticias falsas, y en estos tiempos de redes sociales y teléfonos celulares inteligentes, se reproducen en gran proporción y velocidad.

[2] Ticio Escobar, en su libro El mito del arte y el mito del pueblo, al analizar el proceso de desarrollo y creatividad de los pueblos indígenas, para ubicar el concepto “a-capitalista”, cita un pasaje del libro de Bartolomé y Robinson “Indigenismo, dialéctica y conciencia étnica”, en donde los autores dicen que “las sociedades indígenas menos afectadas por el colonialismo son a-capitalistas y no pre-capitalistas. Por lo tanto, estas constituyen un modelo per se de una alternativa societal y política distinta a la que maneja la historia económica y cultural de nuestra sociedad”, refiriéndose a la sociedad occidental capitalista.

[3] En este caso y en aquel tiempo, al hablar de “socialdemocracia” se refería a las organizaciones políticas revolucionarias de izquierda del proletariado, no a lo que actualmente conocemos como socialdemocracia y que alude al progresismo de centro o centro izquierda.

[4] Tristan fue filósofa y escritora. Transitó la primera mitad del siglo XIX, naciendo en 183 y falleciendo en 1844. Fue precursora del feminismo con énfasis en las mujeres trabajadoras

[5] La categoría “revolucionarios profesionales” expresa la cobertura que el proyecto debe garantizar a hombres y mujeres destacados en la lucha de masas, en fábricas, empresas, comercios, comunidades campesinas y chacras, barrios, instituciones educativas, organizaciones culturales, artísticas, científicas, cuya consciencia de clase,  ubicación ideológica, liderazgo y capacidad organizativa merecen una completa dedicación a la organización política revolucionaria, lo cual requiere de condiciones materiales para que el partido resuelva la vida de cada cuadro militante y le permita dedicación a la lucha política a escala nacional e internacional, a tiempo completo.

[6] Sardo es el gentilicio recibido por los oriundos de Cerdeña, Italia. Gramsci fue uno de ellos.

Bibliografía