Por Alhelí González Cáceres1
Introducción
“Dicen que me arrastrarán por sobre rocas cuando la Revolución se venga abajo, que machacarán mis manos y mi boca, que me arrancarán los ojos y el badajo. Será que la necedad parió conmigo, la necedad de lo que hoy resulta necio, la necedad de asumir al enemigo. La necedad de vivir sin tener precio…”
Silvio Rodríguez
Si colocamos la palabra “Cuba” en Google, lo primero que nos lanza el buscador es una catarata de notas y artículos periodísticos que refieren al fracaso y al eventual colapso de la Revolución cubana y, por tanto, de la utopía de la construcción del socialismo en una pequeña isla a poco más de 140 kilómetros del imperio norteamericano. A la isla rebelde no se le perdona haber decidido dejar de ser el prostíbulo y el casino de las grandes mafias estadounidenses.
El genio del cine, Francis F. Coppola, retrata en un episodio de El Padrino II una pequeña muestra que permite dimensionar la resistencia de gran parte del pueblo cubano en la defensa de la Revolución. En esta escena, el empresario cubanoamericano Hyman Roth se encuentra celebrando su cumpleaños en La Habana, con la presencia de los referentes de la mafia y el empresariado cubanoamericano. En su discurso, Roth habla de las “cosas maravillosas logradas en La Habana” y de la ausencia de límites para el empresariado con un gobierno (dictadura de Batista) que “sabe cómo ayudar y alentar al empresario”. Mientras Roth cedía “sus intereses” al control de Michael Corleone (las grandes cadenas hoteleras y casinos en Cuba), este dijo a los ahí presentes: “Hoy logré ver algo muy interesante. Un rebelde fue arrestado por la policía militar y, para no ser arrestado con vida, hizo estallar una granada que tenía en su chaqueta.
Se suicidó, liquidando también al capitán del comando, ¿verdad, Johnny? Esos rebeldes son unos lunáticos —replicó Johnny. Es posible, respondió Michael. Pero se me ocurrió que si al soldado se le paga por pelear, a los rebeldes, no. —¿Y eso qué te indica? —dijo Roth. Que pueden ganar —replicó Corleone. Este país ha tenido rebeldes desde hace más de 50 años; está en su sangre, créeme, lo sé. Vengo aquí desde los ‘20s”. La escena continúa con Roth reclamando a Corleone haber retenido los dos millones de dólares que debía enviar a La Habana por sus dudas sobre los rebeldes.
Esa madrugada triunfó la Revolución en Cuba; los mafiosos salieron huyendo aterrados de los rebeldes, dejando atrás sus casinos, hoteles y negocios ilícitos en la isla. La parte de la huida de los empresarios mafiosos ítalo estadounidenses y cubanoamericanos —como ratas en un barco que se hunde— fue real, así como el hecho de que nosotros, los rebeldes, los revolucionarios, peleamos por convicciones, no nos moviliza el dinero sino la posibilidad —y la necesidad— de construir una realidad distinta, mejor, más humana. Y es esto lo que la burguesía internacional no olvida ni perdona.
La utopía bajo asedio
Cuando triunfa la Revolución en enero de 1959, durante el gobierno de Dwing Eisenhower en los Estados Unidos, su administración creyó que los líderes revolucionarios se alinearían rápidamente a los intereses de Washington. Esto no sucedió. Y con ello, inició la política internacional más criminal que la humanidad haya visto jamás: un asedio económico, político y militar sin precedentes.
En los archivos desclasificados de la CIA (Agencia Central de Inteligencia, por sus siglas en inglés) correspondientes a los continuos informes sobre las relaciones Cuba – Estados Unidos entre los años 1958-1961 elaborados por los espías estadounidenses en la isla, caracterizaba la situación en Cuba de la siguiente manera:
“Consideraciones relevantes respecto a la vida del actual Gobierno de Cuba son:
- La mayoría de los cubanos apoyan a Castro (la estimación más baja que he visto es del 50 por ciento)
- No existe oposición efectiva.
- Fidel Castro y otros miembros del gobierno cubano apoyan o toleran la influencia comunista.
- La influencia comunista está impregnando el gobierno y el cuerpo político a un ritmo sorprendentemente rápido.
- Una oposición militante a Castro desde fuera de Cuba solo serviría a su causa y a la comunista.
- El único medio previsible para perder el apoyo interno es el desencanto y descontento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas.
Si se acepta lo anterior o no se puede contrarrestar con éxito, se deduce que deben emplearse con prontitud todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba. Si se adopta dicha política, debería ser el resultado de una decisión positiva que exija una línea de acción que, aunque sea lo más hábil y discreta posible, logre los mayores avances en la negación de dinero y suministros a Cuba, la reducción de los salarios monetarios y reales, y la provocación del hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno.” (499. Memorándum del Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos (Mallory) al Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos (Rubotton), Washington, 6 de abril de 1960).2
La orden de Eisenhower fue causar al pueblo cubano el mayor daño posible para que, “muertos de hambre”, se levantaran contra su Gobierno y la Revolución. Y ese efecto es el que se pretende causar con el recrudecimiento del bloqueo económico, financiero y comercial que pesa de manera ilegal e ilegítima sobre el pueblo cubano y su Revolución.
El bloqueo no es en absoluto una cuestión bilateral, como en innumerables ocasiones lo ha señalado el gobierno estadounidense. El bloqueo constituye un entramado jurídico compuesto por dos leyes que sustentan su carácter extraterritorial: la Ley Torricelli y la Ley Helms – Burton. Ambas sancionadas por el Congreso de los Estados Unidos en 1992 y 1996 con diferentes enmiendas a lo largo de su implementación. Ambas leyes representan la mayor política extorsiva y de naturaleza genocida que se haya visto jamás.
La Ley Torricelli pasó a institucionalizar las políticas impulsadas por Eisenhower desde 1960 con el objetivo de aislar a Cuba del entorno económico internacional para provocar el colapso de su economía. En la esfera comercial, esta ley establece dos sanciones fundamentales:
- Prohibir el comercio de las subsidiarias de compañías de Estados Unidos establecidas en terceros países;
- Prohibir a los barcos que entren a puertos cubanos, con propósitos comerciales, tocar puertos de Estados Unidos o en sus posesiones durante los 180 días siguientes a la fecha de haber abandonado el puerto cubano.
En la larga historia de injerencia política de los Estados Unidos en Cuba, el Congreso sancionó la Ley de la democracia cubana en 1992, mediante la cual se promueve el apoyo a actividades de personas y organizaciones disidentes. Asimismo, la Ley de Ajuste Cubano otorgaba privilegios a los disidentes cubanos que, habiéndose declarado como tales, llegaban a los Estados Unidos, en donde se encontraban con una oferta de trabajo, documentos de residencia y la ciudadanía. Beneficios que ninguna otra población migrante ha tenido jamás. Dando lugar a una política migratoria que propiciaba —y favorecía— la emigración ilegal.
En lo que respecta a la Ley Helms-Burton de 1996, esta establece limitaciones al comercio con Cuba, prohíbe al Estado cubano realizar transacciones en dólares, prohíbe los viajes hacia y desde Cuba, establece restricciones a la compraventa de propiedades en las que nacionales cubanos tengan interés, entre otras. Esta ley otorga además al presidente de los Estados Unidos la capacidad de intervenir en el ámbito político cubano y en las relaciones internacionales respecto a la isla, como, por ejemplo, el gobierno en Cuba solo será reconocido como democrático si cuenta con la certificación como tal por parte del presidente de los Estados Unidos.
El espacio de esta nota no es suficiente para listar las innumerables prácticas terroristas de las que Cuba fue objeto desde 1960 por parte de las sucesivas administraciones de los Estados Unidos. Desde atentados terroristas como los bombardeos, sabotajes a las centrales azucareras y a instalaciones como estaciones de tren, hoteles, quema de cañaverales, asesinato de los brigadistas cubanos por la alfabetización, guerra química, explosión del avión de Cubana de Aviación (atentado de Barbados) en el que murieron 72 jóvenes deportistas cubanos que regresaban a Cuba luego de haber ganado la medalla de oro en la competencia de esgrima, todos jóvenes de entre 16 y 20 años. También Estados Unidos fue responsable de la introducción del dengue hemorrágico en la isla, invasión de Playa Girón, Operación Mangosta, Operación Peter Pan (por la que el gobierno de los Estados Unidos secuestró a cientos de niños cubanos), entre tantas otras.

El bloqueo impuesto por los Estados Unidos a la isla en términos concretos significa la asfixia económica y el deterioro en la calidad de vida de los cubanos. Esta política genocida impide a Cuba acceder a inversiones, insumos, suministros, alimentos, medicamentos, tecnología. A Cuba se le obliga a pagar las importaciones al contado y en efectivo porque tiene prohibida cualquier actividad en el sistema financiero internacional, así como el uso del dólar, principal moneda que rige el comercio mundial.
Durante el primer gobierno de Trump, en plena pandemia, esta política se recrudeció con más de 240 nuevas medidas que fueron incluidas afectando severamente el envío de remesas a Cuba, el acceso a insumos y suministros biomédicos y biotecnológicos, acceso a patentes para el sector farmacéutico, entre otras. En términos monetarios, tan solo entre marzo de 2024 a febrero de 2025, el bloqueó infringió a Cuba un daño material estimado en 7 mil 556,1 millones de dólares. En su totalidad, los más de sesenta años de bloqueo significan un perjuicio que supera los 2 billones 103 mil 897 millones de dólares. Una cifra que queda por fuera incluso de nuestra capacidad de imaginación.3

Las prohibiciones que pesan sobre la isla impiden mejorar, por ejemplo, el sector energético que atraviesa por una profunda crisis debido al corte en la provisión del suministro por parte de los Estados Unidos. Lo que pone en riesgo el desarrollo normal de la vida en Cuba, afectando no solo el transporte y el suministro de energía a los hogares cubanos, sino también a sectores clave de la sociedad como el sistema sanitario, dejando sin energía a hospitales, hogares de ancianos, centros educativos, círculos infantiles y, por supuesto, agudizando la crisis en el sector productivo, particularmente el productor de insumos y alimentos necesarios para la población.
El gobierno criminal de Donald Trump, con el aval de la mafia cubanoamericana residente en Miami, niega a la isla la posibilidad de adquirir tecnología, insumos, repuestos y suministros necesarios para mejorar y levantar los sectores estratégicos para cualquier país: agroalimentario, energético y transporte. A Cuba se le niega de manera deliberada y grosera el derecho a la autodeterminación, a una vida con pan y paz. Son más de sesenta años de asedio, un asedio que ningún otro país, incluido el nuestro, podría soportar en las condiciones en las que el pueblo cubano lo hace y cuya resistencia solo podría explicarse por esa necedad de vivir sin tener precio, esa necedad de seguir imaginando una utopía que es posible, pero no en solitario.
La implosión del campo socialista hacia finales de la década de los ’80 dejó a la isla en una posición sumamente complicada. El recrudecimiento de la ofensiva imperialista contra Cuba en 1960 con la implementación del Programa de Acción Encubierta contra el régimen de Castro, impulsada por la administración de Eisenhower, llevó al gobierno revolucionario a acercarse al campo socialista para salvaguardar el proceso que, en un primer momento fue planteado como un proceso de liberación nacional, síntesis de las décadas de luchas independentistas de Cuba y solo quien conoce la historia de la isla puede comprender cómo y por qué entendemos a la Revolución cubana como la síntesis de la lucha de los mambises.
El campo socialista concentró cerca del 95 % del comercio internacional de Cuba; la desaparición del bloque soviético representó el aislamiento total de la isla en un contexto geopolítico regional hostil que no mantenía relaciones diplomáticas con Cuba, con la excepción de México. En ese escenario, la isla tuvo que abrirse al comercio internacional y aprender a jugar con las reglas impuestas por los Estados Unidos, entre ellas, el bloqueo.
Sin embargo, a pesar del bloqueo, la Revolución cubana marcó grandes hitos para imaginar esa sociedad superadora del egoísmo y la mercantilización propias del capitalismo. La Revolución apostó al desarrollo de la cultura, las artes, las ciencias, los deportes. No olvidemos que, en la pandemia, en condiciones tan adversas, el potente sector biotecnológico cubano fue capaz de generar cinco candidatos vacunales contra la Covid-19 que concluyeron exitosamente con dos vacunas propias, siendo el único país de América Latina en lograrlo y con los mismos niveles de efectividad que los logrados por los laboratorios de las grandes farmacéuticas con miles de millones de recursos con los que Cuba no cuenta.
La Revolución cubana logró desarrollar vacunas contra el cáncer de pulmón, logró erradicar la transmisión del VIH entre madre e hijo, erradicó el analfabetismo, cuenta con la tasa de mortalidad materna infantil más baja en toda la región, incluidos Estados Unidos y Canadá, es el único país en donde las personas que padecen diabetes cuentan con un tratamiento integral que permite evitar la amputación de los miembros. Podemos seguir listando los cientos de logros de la Revolución cubana en materia de salud, educación, ciencia e innovación y cultura. ¿Cuánto y qué no sería capaz de lograr la revolución sin el bloqueo y con la posibilidad de comerciar libremente con el resto del mundo?
Tampoco olvidemos la naturaleza profundamente humana e internacionalista del pueblo cubano y su Revolución. Las brigadas médicas en cientos de países, con un despliegue de médicos, enfermeras, insumos y medicamentos, llegando a lugares a los que ni siquiera los propios médicos de esos países quieren llegar, ahí están los héroes de blanco formados en Cuba. Numerosos países africanos y de América Latina, ¡hasta Europa! se han beneficiado de las brigadas médicas cubanas. Desplegadas hasta en los momentos más hostiles del bloqueo y que igualmente permanecen en los lugares en donde el pueblo más necesita, como es el caso de Haití.
No podemos olvidar a la heróica brigada Henry Reeves. La Operación Milagro, de la que se beneficiaron cientos de miles latinoamericanos, entre ellos, más de 800 paraguayos, con operaciones gratuitas realizadas por profesionales cubanos de alto nivel, para que personas de escasos recursos pudieran operarse de las cataratas y recuperar la visión. Las miles de becas de estudios superiores que ofreció durante décadas de manera solidaria y a través de las cuales se formaron cientos de miles de profesionales de manera gratuita. Las brigadas internacionalistas y la ayuda que ha brindado de forma solidaria la Revolución cubana en sus sesenta años de existencia bajo asedio, son evidencia de la superioridad humana y moral de la clase trabajadora, aquella que llega ahí en donde los gobiernos capitalistas niegan a su propia población salud y educación.
Últimamente hemos visto las redes sociales como TikTok e Instagram repletas de videos malintencionados haciendo pasar como verdad mentiras a medias. Una de ellas, la supuesta “tarjeta de racionalización de alimentos”. Cuando en realidad de lo que se trata es de un instrumento mediante el cual el Estado garantiza el acceso a cierta cantidad de alimentos a precios subsidiados. No constituye un límite en la cantidad de alimentos que una familia cubana puede consumir, sino un apoyo económico a las familias, en especial, a aquellas con menores recursos a través de una distribución equitativa de los productos alimenticios de los que se disponen en la isla.
Las últimas reformas económicas que buscaron superar la dualidad monetaria, estrategia asumida en los noventa para captar divisas en el mercado doméstico, ciertamente propiciaron un incremento en los precios, generando una crisis inflacionaria sin precedentes. Sin embargo, esa crisis no puede comprenderse sin los impactos que tiene el bloqueo sobre la estructura productiva cubana, sumamente deteriorada tanto en términos de productividad como de competitividad. Amén de los desafíos que implica la planificación centralizada de la economía en un contexto de guerra económica y, por supuesto, de errores humanos propios de cualquier proceso de transición que no cuenta hoy con otra referencia más que la soviética.
Nótese que hablamos de un proceso de transición y quiero resaltarlo. La Revolución cubana lidera un proceso de transición hacia el socialismo, no sin equivocaciones y, más aún, en un contexto de asedio permanente. La construcción de una nueva sociedad es un ejercicio de prueba y error porque, a diferencia del capitalismo, el socialismo se construye de manera consciente y organizada. Y esto último es cada vez más difícil cuando las condiciones materiales de vida se ven sistemáticamente deterioradas y degradadas, al igual que la conciencia.
El espacio limitado de esta nota no permite abordar ni profundizar en la diferencia entre los procesos de transición y aquellos ya consolidados de construcción del socialismo. Sin embargo, sí queremos señalar —y resaltar— que la única manera efectiva de solidaridad con Cuba es la universalización de la Revolución y del Socialismo. La historia ha demostrado de forma fehaciente que la construcción de una sociedad socialista sólo puede ser posible si el proyecto político y económico de la clase obrera logra universalizarse, tal como lo hizo el capitalismo. En tanto las relaciones sociales capitalistas no sean destruidas y superadas históricamente, las experiencias de construcción del socialismo seguirán estando bajo asedio, porque si hay algo que la burguesía internacional, que la clase capitalista internacional, no se puede permitir es dejar ver todo el potencial que es capaz de alcanzar la clase obrera cuando es artífice de su destino, como lo ha dejado patente también la Revolución bolchevique de 1917.
Entonces, ¿fracasó el socialismo? ¿Colapsará el socialismo cubano? La respuesta es no a ambas preguntas. El socialismo en Cuba no ha fracasado, primeramente, porque no se ha consolidado; estamos en presencia de un Estado que concentra los medios fundamentales de producción, pero que, sin embargo, no ha logrado socializarlos. No puede colapsar lo que no existe aún más que potencialmente. Ahora, si hablamos del fracaso de la Revolución, la respuesta es la misma: no. Hemos visto cómo pese a las políticas de asfixia económica y al terrorismo ejercido sobre la isla, la Revolución ha logrado alcanzar grandes logros que, aún en contextos adversos como el actual, siguen intentando mantenerse en pie.
Lo que Cuba nos muestra —al igual que lo hiciera hace un siglo la Revolución bolchevique— es la posibilidad y la potencialidad de los procesos de emancipación de la clase obrera organizada y en donde la mayor muestra de solidaridad no puede ser otra más que organizar la revolución mundial del proletariado. Hoy, más que nunca, la revolución socialista no solo es necesaria, sino insoslayable si queremos sobrevivir como especie a la hecatombe social y ambiental que provoca el capitalismo como forma de organizar nuestra vida material y nuestras conciencias, como ya lo anticipaba Fidel.
Referencias
- Economista, Universidad de Pinar del Río, Cuba. Máster en Ciencias Sociales con mención en Desarrollo Social e Investigación, Programa FLACSO Paraguay. Doctoranda en el Programa de Doctorado en Economía, Instituto de Industria, Universidad Nacional de General Sarmiento, Buenos Aires, Argentina. Diploma en Análisis de la Economía Mundial, Universidad Complutense de Madrid. Miembro de la Sociedad de Economía Política del Paraguay y de la Sociedad de Economía Política y Pensamiento Crítico en América Latina y el Caribe. Integrante de los GT CLACSO Crisis y Economía Mundial y Lex Mercatoria, Poder Corporativo y Derechos Humanos. Researcher Associate at the World Association for Political Economy (WAPE) and the Centre for the Study of Social and Global Justice, UK. Miembro de la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe. Correo: caceresalheli06@gmail.com
↩︎ - https://nsarchive.gwu.edu/document/27400-document-1-state-department-memorandum-decline-and-fall-castro-secret-april-6-1960 ↩︎
- https://misiones.cubaminrex.cu/es/articulo/el-bloqueo-estadounidense-contra-cuba-en-cifras ↩︎




