¿Asfixia o derecho a vivir como nos merecemos?

Editorial del 2 de noviembre del 2020.

Hoy no queremos más impuestos, el objetivo es mejorar el gasto, y para eso ya enviamos al Congreso la ley del servicio civil”, nos dice Óscar LLamosas, el nuevo Ministro de Hacienda de Mario Abdo, en una entrevista a un medio de comunicación, y agrega que, ante la crisis capitalista agudizada por la pandemia, “la alternativa es nuevamente recurrir a la deuda, porque lastimosamente no tenemos superávit fiscal ni ahorros, así como tampoco fondos de emergencia”, colocando limitaciones que tiene el Estado paraguayo. Lo que no dice Llamosas es que dichas limitaciones guardan relación con el carácter absolutamente orgánico de este Estado a las patronales del mundo, a la división internacional del trabajo y a la consecuente voracidad de la oligarquía local sometida a los dictados de sus jefes imperialistas.

Fiel al discurso oficial de los empresarios, que se expresa en los medios masivos de comunicación, el nuevo ministro habla de “estabilidad macroeconómica”, habla del Paraguay como ejemplo en cuanto a baja caída del Producto Interno Bruto, así como de la “correcta orientación” de la política económica del país.

Si tomamos este discurso como válido, debemos asumir que la pobreza de millones de compatriotas es el resultado de la incapacidad individual de cada una, de cada uno, alimentando así la desmoralización y la sensación de inutilidad e impotencia en cada familia que padece sus necesidades básicas insatisfechas.

Sin embargo, esa “estabilidad macroeconómica” referida por este gobierno, es el resultado de una tremenda explotación laboral que agrede y viola todos los derechos de la clase trabajadora, empujando a las mayorías de la ciudad y del campo a que sigan peleando entre sí, en esa cruel idea del “sálvese quien pueda”, además de que seamos las mayorías explotadas, las principales sostenedoras de este perverso Estado al servicio de multimillonarios, cuyas fortunas se solventan en la sistemática violación a las leyes, pisoteando a trabajadores, evadiendo impuestos y divisas, realizando todo tipo de tráficos ilegales, lavando dinero mal habido, usurpando tierras y fortaleciendo este injusto orden productivo que multiplica la desigualdad social y económica trasladando la responsabilidad de la misma con una lógica individualista.

Pero no se trata de pensar en que el nuevo ministro o Benigno López, o Mario Abdo, sean los únicos responsables de esta propuesta excluyente y salvaje de relacionamiento socioeconómico. No. Ellos son ejecutores (y a la vez beneficiarios) de la propuesta del modo de producción capitalista para la humanidad, educados en la lógica supremacista en la que existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda categoría, en donde los primeros son los privilegiados y los segundos, necesariamente postergados, en cuanto a calidad de vida, promoviendo que entre los ciudadanos de segunda exista una competencia violenta que impida la unidad capaz de hacer valer la poderosa fuerza de las trabajadoras y los trabajadores.

El Gobierno del fraude, fiel a su lógica de saqueo, explotación y entrega, defendiendo su línea a punta de fusil y criminalizando la oposición política de quienes defendemos la justicia social, nos propone un 2021 asfixiante, con un Presupuesto General de la Nación que sigue privilegiando a las patronales y ajustando los cinturones de la desnutrida clase trabajadora, buscando barrer con los derechos laborales para precarizar aún más las condiciones de trabajo, promoviendo una política de expulsión sistemática del campesinado pobre para explotar sus tierras, manteniendo un sistema de impuestos absolutamente injusto, promoviendo un endeudamiento que será pagado por el pueblo y priorizando su atención en el cuidado de todo este sistema de robo y corrupción, reprimiendo con brutalidad a quienes le opongamos resistencia.

Frente a la asfixia que nos plantea este gobierno, nosotros proponemos el derecho a vivir como nos merecemos. ¿Cómo podemos lograr esto? Con mucha unidad, coherencia, decisión y lucha, con base en el estudio y la identificación del perjuicio que nos genera el modo de organización basado en la existencia de explotadores y explotados, revisando experiencias de gestiones capitalistas, comparándolas con experiencias de planificación central de la economía realizadas por las revoluciones y sus procesos de transición al socialismo, rescatando las múltiples experiencias de resistencia y organización de la clase trabajadora para dimensionar su potencialidad.

Creemos que nuestro país necesita un sistema tributario que cargue poderosos impuestos sobre los multimillonarios y millonarios, sobre los artículos de lujo, sobre las ganancias de los bancos, sobre los sojeros y ganaderos; una propuesta de reducción salarial que no supere el tope de 15 millones de guaraníes mensuales para altos cargos y eleve los salarios de las mayorías, tanto en el Estado como en el sector privado; un acuerdo real para recuperar bienes y tierras malhabidas de quienes se beneficiaron ilegalmente durante la tiranía stronista; un replanteo de los tratados de Itaipú y Yacyretá; una política de fortalecimiento de empresas públicas con participación protagónica de la clase trabajadora; acento en la inversión para sistemas de salud y educación que sean públicas y de calidad. Estas propuestas forman parte de ese programa mínimo que, para ser conquistado, requiere de movilizaciones masivas y unitarias de trabajadoras y trabajadores de todo el país.

Desde el Partido Comunista Paraguayo, compartimos estas propuestas a modo de ejemplo y para enriquecer el debate estimulando el coraje y la organización de quienes todo producimos, porque nuestro derecho a vivir dignamente, como nos merecemos realmente, debe ser defendido derrocando este continuismo stronista, que es básicamente, la gestión del capitalismo para el Paraguay y que no será superado con cambios en la gestión de este Estado podrido y servil a las patronales, sino siendo transformado al servicio y dirigido por la clase trabajadora.

Ilustración de portada: David Eusebio para Adelante!

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