Editorial del 7 de julio de 2025

¿Cómo creer a Peña si es el títere de un corrupto y narcomafioso? ¿Qué podemos esperar, más que mentiras, engaños y robos, de un gobierno descarado y criminal? Para identificar al enemigo y juntar fuerzas para derrotarlo, revisemos el informe que presentó a senadores y diputados. La gran tarea es mirar la realidad y compararla con su discurso al momento de presentar su segundo informe presidencial el pasado 1 de julio de 2025. 

Corrupción y maquillaje de datos: Las mentiras detrás del saqueo a la clase trabajadora paraguaya

Algunas cosas quedaron claras. Vayamos a ejemplos:  maquilla datos como los de la pobreza y la inflación —cuando hay datos reales de que la pobreza no disminuyó y que la inflación es la tercera más importante en la región— lleva a Guairá instrumentos para inaugurar una sala de terapia intensiva para bebés y luego la sala no tiene los instrumentos; habla de un Paraguay soberano y gigante mientras entrega los recursos a capitales internacionales y subordina su política exterior a EE. UU., “Israel” y Taiwán.

Y sigue mintiendo Peña: habla de transparencia y honestidad, mientras los “nepobabies” y planilleros siguen gozando de privilegios; plantea avances en la seguridad, mientras el índice de delincuencia crece; habla de seguridad social con reformas para resguardar la jubilación y ofrecer empleo digno, mientras utiliza fondos de los jubilados y concentra el dinero en el banco del grupo de poder al que pertenece y en donde tiene intereses propios. Además, precariza el trabajo con leyes como la de mipymes y servicio civil. Habla de instituciones robustas y transparentes cuando los trámites siguen funcionando para quienes tienen contactos y dinero.

Continúa alimentando su caradurez:  reivindica una justicia independiente, mientras la justicia que existe está manejada por su patrón e instrumentalizada para perseguir a quienes se oponen a su política. Dice que aman la democracia, la libertad y la república, mientras hacen que el Estado y el gobierno funcionen como una empresa privada con una dirección capaz de humillar y amenazar a quienes piensen diferente, construyendo ―a través de sus operadores en sus medios de comunicación y en las redes sociales― campañas de mentiras y de desinformación, con el objetivo de criminalizar a quienes nos oponemos a su autoritarismo saqueador. Y por si esto fuera poco: ¡No dijo una sola palabra sobre la situación de los pueblos indígenas!

Todo ese delirio  ofende a la inteligencia del pueblo trabajador y se burla de la realidad en la que vivimos las mayorías y, para desviar la atención, sataniza a la izquierda y abre el paraguas ante reclamos de justicia social condenando al “populismo”.

El proyecto oculto de Santiago Peña detrás de su informe presidencial

Como es un gobierno de secuaces, organizan las licitaciones para sus amigotes corruptos, haciendo dinero con la especulación y el tráfico de influencias, entregándose entre ellos los negocios en torno al Estado y con nuestro dinero, como bien podemos observar en los beneficiarios para realizar coberturas de seguridad, así como de limpieza o en obras de infraestructura. Así podemos ver cómo el programa Hambre Cero centralizó la contratación de trabajadores a través de las seccionales coloradas, con la total intención de comprar y sobornar a gente de cara a las próximas elecciones municipales.

Un canto a la hipocresía fue ese discurso. Para entender el informe de Peña la tarea es invertir todo lo que dice. Llegamos a la verdad dando vuelta su discurso, porque todo es exactamente lo contrario, exactamente al revés de lo que mencionó en su informe.

De hecho, en reunión con empresarios, tuvo un discurso en la misma línea del “usen y abusen del Paraguay”, que su patrón instaló durante su primer gobierno. Aseguró que es impensado que existan sindicatos en el sector privado, claro, sin decir que eso es así por el terrorismo patronal protegido desde el Estado, con un Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social controlado por los dueños de las grandes empresas. 

Dijo que los paraguayos no esperan nada del Estado y que quieren salir adelante por cuenta propia, lo cual en parte es cierto, porque de este Estado de los millonarios, al servicio de ellos, claro que no podemos esperar más que bandidaje, injusticia y represión a quienes luchen por sus derechos. Y en cuanto a salir adelante por cuenta propia, es parte de una realidad que se expresa ante la total ausencia de una política pública que iguale las oportunidades de vivienda, alimentación, seguridad, transporte, educación y salud. Al no existir un Estado al servicio de las mayorías, buena parte de la población trabajadora asume que está en una especie de selva, en la lucha por la supervivencia, en el todos contra todos.

Necesitamos identificar y desenmascarar el proyecto de despojo por detrás de las máscaras de institucionalidad, modernidad y transparencia. Y sobre la identificación y el desenmascaramiento, la gran tarea es construir una gran unidad de trabajadoras y trabajadores de la ciudad y el campo, que incluya al campesinado, a los pueblos indígenas, así como a intelectuales, científicos y artistas. Necesitamos cambiar esta realidad, y para eso requerimos de una gran fuerza social que defienda sus derechos y proyecte un país en donde verdaderamente exista un Estado generador de igualdad de oportunidades, con una dirección de trabajadoras y trabajadores honestos, con un sistema que elimine la explotación de los seres humanos y devuelva a cada productor, a cada productora, la propiedad sobre los medios de producción y sobre los bienes y servicios producidos. Este es el gran proyecto, el gran desafío.

Y para eso, entender que la modernización es en realidad una cantidad de cambios para mejorar el robo de estas minorías y continuar despojándonos de derechos, es central.

En el próximo editorial, describiremos el nuevo Estado “moderno” que están construyendo los saqueadores, para seguir debatiendo, organizando y planificando nuestras luchas.

Correrles el maquillaje y mostrar que son una minoría a la que debemos derrotar es el objetivo. Recuperar confianza en nuestra clase y defender la independencia y la dignidad de manera colectiva masiva es ineludible.