De París a Encarnación: reflexiones sobre nuestras comunas

Un día como hoy 18 de marzo, pero de 1871, se estableció la Comuna de París, el primer intento de levantamiento de la clase obrera. Su ejemplo se expandió en conjunto con el ideario revolucionario y se plasmó en la teorización sobre la toma del poder por parte de la clase obrera. Así es que llegamos a Paraguay, 60 años después, cuando un grupo de revolucionarios logra tomar Encarnación y convertirla en la primera comuna libertaria de América. A propósito de nuestras comunas, compartimos este imperdible rescate histórico-analítico de Federico Ovejero.

Memoria del Futuro | Por Federico Ovejero*

La Commune [1] de París de marzo a mayo de 1871, pese a su efímera existencia resultó un hito en la historia de la humanidad: fue la primera vez que la clase trabajadora, con el apoyo en este caso de sectores republicanos radicalizados y cierta pequeña burguesía parisina, se organizó para la toma del poder, la gestión del gobierno y la transformación de la sociedad desde posiciones hegemónicas.

Sin perjuicio de algunos yerros cometidos, propios en su mayoría de la buena intención de los comuneros en la realización material de los justos anhelos de esa masa obrera que se dispuso para asaltar el cielo –como diría Marx en su tan citada carta a Kugelman-, el fin de este proceso demostró a las claras las falsas promesas históricas de la burguesía, enmascarada de revolucionaria en 1789 y de republicana en 1830, 1848 y 1871: no hay espacio para la consumación del ideal de liberté, egalité, fraternité [2] por fuera del dominio burgués donde sí se asegura explotación, desigualdad y, sobretodo, represión hacia el sujeto social productivo si este pretende organizarse para disputar poder y dominio.

Ni la dura represión al movimiento comunero, con el baño de sangre y prisión de miles de revolucionarios franceses e internacionalistas que se adhirieron al movimiento, ni la ignominia [3] pretendida por el genuflexoThiers y la cueva de bandidos de Versalles, pudieron socavar el ejemplo de la Comuna cuyo paradigma se expandió por el mundo, como reguero de pólvora, siendo aún motivo de reflexión por los revolucionarios.

Máxime cuando nos referimos, en sus reflexiones sobre el Estado como estructura institucional-jurídica del poder proletario dentro de cada revolución, ya que fue la primera experiencia de un gobierno obrero, cuya reminiscencia obligada se vio en cada momento histórico donde se debatía la resolución de crisis del capital en manos de la clase trabajadora. [4]

En ese sentido, el ejemplo de la Comuna de París fue expandido en conjunto con el ideario revolucionario, sea este anarquista, socialista o comunista, y se plasmó en la teorización sobre la eventual toma del poder por parte de la clase obrera.

Allí es que llegamos a Paraguay, 60 años después. Un grupo de revolucionarios, en un plan general abortado, logra tomar la ciudad de Encarnación, capital del departamento de Itapúa, en el sur del Paraguay e instauran la Comuna Revolucionaria de dicha ciudad.

Lo efímero de su existencia y la represión posterior al movimiento obrero y social, no pudieron hacer mermar el ejemplo de su acción [5], siendo aún hoy motivo de debates en el seno de la historiografía crítica y en militancias y organizaciones revolucionarias del Paraguay.

Sin pretensión alguna de pretender forzar ejemplos, la inspiración de la comuna parisina en la toma de Encarnación nos invita a efectuar un desarrollo de los hechos revolucionarios en dicha ciudad sureña de Paraguay, haciendo un análisis de diferencias y parecidos, efectuando conclusiones sobre ello y la situación de los revolucionarios en Paraguay frente al Estado.

Antecedentes: el ideario revolucionario en Paraguay

En Encarnación hicieron ebullición dos elementos fundamentales para las acciones de la toma de la ciudad: la crisis interna en las clases dominantes que gestionaron el Estado paraguayo desde el fin de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) y la introducción del ideario revolucionario en Paraguay.

Sobre el primer punto, corresponde hacer un breve recorrido, ya que si bien fue integrante del plan general revolucionario de 1931, no tuvo un rol importante más que del oportunismo de pretender incorporarse.

Así las cosas, de la oligarquía gobernante surgida de las ruinas del Paraguay independiente, ya en sus primeros momentos resolvieron sus diferencias, muchas de ellas surgidas por intentos de concentración de poder y otras por problemas entre familias pretendidamente patricias, mediante golpes de Estado y magnicidios, siendo asesinados tres presidentes en el período, uno durante su gestión.

Tras el gobierno del general Bernardino Caballero se consolidó la creación de dos grupos oligárquicos en dos partidos, el Partido Liberal y por el otro la Asociación Nacional Republicana – Partido Colorado, cuya diferencia histórica será, si la hubiere, la vinculación con las dos potencias regionales: la Argentina (Liberal), ya para entonces unificada y el Brasil(Colorado), en las postrimerías de su imperio y con la naciente república.

Con el fracaso del golpe de 1891, en 1904 fue el primer cambio de gobierno partidario, mediante acciones militares y movimientos palaciegos, consagrando la vigencia del gobierno liberal, prácticamente continuado hasta 1940, no sin contradicciones en su seno.

De hecho, dichas diferencias en grupos internos liberales llevarán a que haya 21 gobiernos entre 1904 y 1931, dos conatos de guerra civil (1911-1912 y 1922-1923), en donde la sangre de campesinos y obreros fue puesta para luchas intraoligárquicas.

Alguna “esquirla” de la guerra civil del ´22 estará en el aire en dichos movimientos.

Por otro lado, decíamos antes, la introducción del ideario revolucionario en Paraguay, proceso que va acompañado con la conformación de los gremios de trabajadores.Entonces, es la clase obrera que une a paraguayos con inmigrantes de la Europa en ebullición del movimiento revolucionario, la que tendrá esa semilla ideológica que dará sus frutos en las organizaciones obreras y sus partidos, paso previo a los hechos en Itapúa.

Remontándonos a 1885, surge el primer boletín de tendencia anarquista con orientación para los trabajadores: “El Artesano”, de cuya redacción se forma el primer sindicato paraguayo: la Sociedad Tipográfica del Paraguay de 1886.

En 1889 se registra la primera huelga en nuestro país, por parte de obreros ferroviarios, cuya raigambre ideológica permite que en los talleres ferroviarios de Sapucai, se realizara la primera conmemoración del 1° mayo en nuestro país, con arengas tales como “Viva el primero de mayo, muera la burguesía”; esto ya en 1902.

Siguiendo el derrotero evolutivo, en 1892 se registra el primer manifiesto anarquista paraguayo y ya desde 1893, sendos intentos de conformación de una central obrera, en donde abrevarán destacados dirigentes que serán parte de la fundación del Partido Comunista Paraguayo en febrero de 1928.

Sin perjuicio de intentos de cooptación obrera por parte de intelectuales de partidos oligárquicos, se divisa un salto en organización y creación teórica de carácter obrero con las noticias de la revolución bolchevique en la Rusia de 1917

Con el antecedente de la creación del Partido Obrero en 1914, partido de tendencia socialista que después abrevara en el febrerismo, que obtuvo en las elecciones de 1923 un escaño que no pudo ser asumido por voto de censura de los otros parlamentarios; ya desde esos años se divisan antecedentes en la formación de un partido marxista en Paraguay.

En 1924, un grupo de intelectuales, dirigentes obreros y campesinos, crea el primer grupo y periódico con dicha orientación en nuestro país: Bandera Roja, cuyo único ejemplar se editó en enero de 1925. Hubo otros intentos de formación de partidos denominados comunistas entre 1923 y 1925, con intentos de participación electoral vedados por el gobierno liberal y breves contactos con el Secretariado Latinoamericano de la Internacional Comunista (I.C.).

El 19 de febrero de 1928, sectores que formaron Bandera Roja y obreros del Comité Sindical Clasista fundan definitivamente el Partido Comunista Paraguayo, cuyo secretario electo participa en el VI Congreso de la I.C., en julio de ese mismo año, que acepta la incorporación del PCP y en 1929, en el Congreso Antiguerrero promovido por la seccional continental de la IC.

Al mismo tiempo, jóvenes intelectuales paraguayos formaron el grupo “Nuevo Ideario Nacional” (NIN) movimiento de raigambre político intelectual, heterogéneo en composición clasista e ideológica, herederos del proceso de la Reforma Universitaria. Grandes luminarias de este sector se incorporarán al PCP en los años venideros.

Con posterioridad a la publicación de un folleto con un Manifiesto, este grupo es sometido a la represión del Estado, siendo deportados a la Argentina, estado de sitio mediante, donde seguirán en la organización de obreros en la frontera y a su retorno, empezarán la organización de los hechos que aquí referimos.

Tras el retorno del exilio, los militantes del Nuevo Ideario Nacional prosiguen con la difusión de su ideario revolucionario y en la organización de la clase obrera; si bien en dicho proceso organizativo, la dirigencia obrera que cita al NIN proviene de antiguas tendencias internas del Partido Liberal, contrarias al actual presidente Guggiari, ello no modifica en nada el ideario anarco-comunista de los cuadros intervinientes de dicho grupo.

De hecho, el proceso huelguístico de las Sociedades de Resistencias de Albañiles, viejos schaeristas[6] con influencias del NIN, inician con un reclamo más que claro: sistemas de turnos para enfrentar el alto nivel de desempleo en el gremio.

Ante un intento de crear un sindicato afín, en la Sociedad de Socorros Mutuos de Albañiles-la que designa integrantes honorarios de su consejo directivo al presidente de la República, al jefe de policía y al arzobispo de Asunción- los restantes sindicatos, en enero de 1931, conforman la Comisión Mixta de Delegados (CMD), hecho que le dio un nuevo insuflo a la ya prolongada huelga, apoyada por comités barriales y mítines populares; sumándose a un boicot contra las empresas constructoras.

En febrero a dos meses del movimiento huelguístico, la represión estatal se hace cada vez más evidente. Ya el 11 de febrero, la dirección de las Sociedades de Resistencias de Albañiles fue detenida acusada de un homicidio.

Al no verse parada ni la huelga, ni el boicot obrero, el presidente Guggiari el 14 de febrero de 1931 conmina a los trabajadores a cesar la lucha, hecho que mereció una respuesta verbal política de la organización gremial de los trabajadores.

Sobre el punto también es dable señalar que la CMD y la Sociedad de Constructores -cámara empresaria del sector- venían negociando, pero la intransigencia gubernamental de derrotar al movimiento huelguístico imponía presiones sobre acuerdos.

Con la respuesta de los obreros en huelga, el presidente Guggiari ordena dos medidas que abrirán la puerta de la institucionalización autoritaria en Paraguay, antecedentes inmediatos de la Ley de Defensa Social de diciembre de 1931: el decreto N° 39.346 “Por el cual se prohíbe el funcionamiento de varias asociaciones obreras” y la declaración de estado de sitio.

¿Por qué llegamos a tales conclusiones? En primer lugar, porque el decreto N° 39.346 podría ser denominada una de las primeras legislaciones obreras en Paraguay; es decir los trabajadores no tenían legislación tuitiva (como ya la tenían en México o la Argentina) pero sí disponían de normativa represiva. En segundo lugar, dicha declaración de sitio, se mantendrá con sucesivas renovaciones prácticamente vigente hasta 1989.

Esas medidas presidenciales motivaron una orgía represiva desde el 18 de febrero y por los días siguientes, que condicionaron al movimiento encarnaceno.

Encarnación comunera

Previo a seguir, es menester señalar que la noción de comuna en Paraguay resulta una cuestión de marcada identificación histórica nacional puesto que hubieron movimientos con cierto grado de autodeterminación regional, en épocas de la colonia, que sentaron las contradicciones existentes con respecto a otros territorios controlados por el imperio español, antecedentes a considerar en el proceso independentista.

Sin perjuicio de la complejidad de su contenido [7], dicha condición subjetiva se halla en el subconsciente nacional histórico. Así si bien la primera comuna exigía autonomía soberana, prácticamente doscientos años después, su nuevo ideario exigía independencia de clase.

Retornamos a febrero de 1931. Mencionamos con anterioridad que la represión del 18 de febrero de 1931 condicionó en cierta medida el proceso encarnaceno.

Se arriba a dicha conclusión, porque pese a lo que se señala, la toma de la Ciudad de Encarnación, si bien descripta románticamente, fue parte de un proceso organizado, por lo menos en el ejercicio de los primeros movimientos.

El movimiento, planificado con meses de anterioridad, con reuniones tanto en lado paraguayo como argentino [8], debía comprender una insurrección obrera en Asunción, otra en Villarrica, una en Concepción y otra en Encarnación, ya que las mismas eran cabeceras de las líneas ferroviarias existentes al momento.

A ellos se iba a sumar con posterioridad y en sentido federativo, levantamientos campesinos en Arroyos y Esteros, Yhu, Maciel y Sosa.

La dura represión del movimiento social en Asunción prácticamente impidió la insurrección pretendida.

En Villarrica, se trasladaron Carlos Codas y Francisco Sánchez Palacios, ambos integrantes del NIN junto a otras personas, aprovechando un baile de carnaval que se realizaba el 19 de febrero al que asistieron las autoridades y las familias destacadas de dicha región, se dedicaban a tomar puntos estratégicos de la capital guaireña cuando el delegado civil de gobierno, Leonardo Appleyard, avisado sobre los movimientos dispone a las fuerzas represivas obligando a que el grupo se dé a la fuga ante una eventual represión.

En Concepción, por su parte, hubo problemas con la comunicación.

Así llegamos al 20 de febrero de 1931. A las tres de madrugada de esa jornada, un grupo de ochenta hombres, encabezados por Obdulio Barthe actuando en grupos, toman sin disparar un sólo tiro la subprefectura de puertos, la Municipalidad de Encarnación y otros edificios importantes como la aduana, siendo controlada la ciudad en la mañana de dicha jornada.

Acompañan a Barthe, otros destacados integrantes de NIN, dirigentes obreros y estudiantiles como Facundo Duarte y su hijo, Aurelio Alcaraz, Ramón Durán, Tomás Mayol, Ignacio Más, César Pérez, Justo Gaona, los tres hermanos Lezcano, Cantalicio Aracuyú, Paulo Tacla, Luis Dosanto, Marcos Kanner y Humerto Amabile, entre otros.

Habiendo huido el delegado civil de gobierno, Luis Cáceres, con las fuerzas policiales, se había consumado una parte del proceso revolucionario.

Es dable destacar que el hecho de que dicha toma fuera sin haberse realizado un solo disparo resultan indicios de apoyo de dichas fuerzas y el pequeño destacamento policial que no huyó al movimiento revolucionario, siendo para ello importante la arenga de Barthe para ese apoyo o cuanto menos, no resistencia. Algunos hechos posteriores darán cuenta además de ello.

Efectuada la toma se realizaron las designaciones de autoridades, constituyéndose un consejo militar-revolucionario integrado por Obdulio Barthe, a la sazón nuevo delegado civil de la República, Facundo Duarte, Aurelio Alcaraz y Cantalicio Aracuyú, siendo designado presidente de la República, el Dr. Óscar Creydt y como subprefecto de puertos, Marcos Kanner.

Hecho ello, se publicó y leyó el manifiesto del movimiento revolucionario, ante la población y las fuerzas tanto que tomaron la ciudad como los marinos y policías que quedaron, en pasividad complaciente.

Se transcribe, a continuación, el contenido de dicho proceso, para dar cuenta de que, sin perjuicio del apoyo de sectores liberales en Asunción, el ideario de la Comuna Revolucionaria, era más que clara: “Habiéndose por acción popular revolucionaria tomado la plaza de Encarnación, el Consejo Revolucionario declara lo siguiente: 1°) Desconócese toda autoridad al gobierno capitalista actual; 2°) Que la acción revolucionaria se hace al margen y en contra de toda política partidista. Es una acción popular regional; 3°) Proclamar como motivo básico: guerra a los explotadores económicos y políticos del pueblo paraguayo, por la toma de la tierra y de los elementos de producción por los que lo trabajan; 4°) Declárase Encarnación Comuna Revolucionaria. Los habitantes del país reunidos en convención o convenciones, comarcales o regionales, determinarán acerca de sus destinos, debiendo convocar en tiempo perentorio a asambleas constituyentes; 5°) La Comuna de Encarnación tomará posesión de las tierras y demás inmuebles. Ella entregará las riquezas al pueblo, en usufructo, por individuos o familias; 6°) La Comuna se organizará en Consejos Populares de ciudadanos y campesinos, en lo político y en lo económico, a base de sindicatos de oficios, cooperativas y demás medios socialísticos (sic); 7°) Invitase al pueblo a la organización y construcción sobre las bases antedichas; 8°) El Consejo en esta hora envía su saludo revolucionario al proletariado del país y a todos los hermanos explotados de la tierra.”[9].

Consumado lo referido, se procedió a actos de júbilo y festejos, en donde resultó levemente lastimado por un disparo de bala, Cantalicio Aracuyú, el único herido de la jornada.

Con el control de las fuerzas del poder público municipal, Barthe y Facundo Duarte procedieron a la requisa de víveres, mercaderías y dinero entre los negocios locales y la Aduana, procediendo a repartir los bienes obtenidos, lo que contó con el apoyo de muchos obreros locales.

Al respecto Antonio Maidana, posteriormente dirigente sindical docente y secretario general del Partido Comunista Paraguayo, en ese momento un joven de 14 años, testigo de los sucesos refirió: “Fue aquel un movimiento de fondo honradamente revolucionario, pero prematuro y sin posibilidades de éxito. La audacia de aquellos revolucionarios, intérpretes del descontento de las masas, despertó un gran entusiasmo en la población. Muchos obreros se presentaron voluntariamente para ponerse al servicios de las nuevas autoridades de la ciudad.[10]

Pese al apoyo popular logrado por los revolucionarios, hubieron varios factores que impidieron la consolidación del proceso y que sellaron su suerte y duración: 16 horas aproximadamente.

En primer lugar, el fracaso de los levantamientos en Asunción, Villarrica y Concepción, los cuales no habían sido comunicado con antelación (por lo menos ya para el día 18, la mayoría del movimiento huelguístico, estaba encarcelada o deportada) sumieron en la soledad a la lucha encarnacena, haciendo de la eventual resistencia, con las fuerzas represivas del Estado desatadas, una eventual carnicería recordando las fosas de la represión anticomunera parisina, en mayo de 1871.

Por otro lado, la represión al movimiento huelguístico de albañiles también tuvo su escenario, vinculado al asesinato de un rompehuelgas, siendo detenidos e incomunicados varios dirigentes obreros y estudiantiles itapuenses en el día 17.

Por último, en la huida del delegado de gobierno y policías se dejó prácticamente desarmada la ciudad pues en el repliegue se llevaron gran parte del parque de armas con las que disponía Encarnación.

Ante dicha situación, previa destrucción de los registros de deudas en los comercios y bancos locales, los revolucionarios tomaron tres vías: un sector cruzó al lado argentino, otro encabezado por Obdulio Barthe toma dos navíos -el “Bell” y el “Esperanza” de una naviera propiedad de su tío- con dirección a Puerto Franco, remontando el Paraná y el último compuesto por Aracuyú, Durán y Amabile, que efectúan algún conato de resistencia, siendo capturados y remitidos a una prisión/campo de concentración en la Isla Margarita en el Chaco paraguayo.

El grupo de Barthe prosigue efectuando cuatro paradas (Obligado, Paranambú, Edeliray Aguirre) con el objeto de promover levantamientos de mensúes y efectuar nuevas expropiaciones.

Mientras que en el feudo de Vicente Matiauda (tío del futuro tirano Stroessner) son recibidos a tiros por los guardias de dicho latifundista, en Puerto Edelira se quemaron los libros de deudas de los mineros de la yerba, liberándolos de la esclavitud por dichas acreencias notoriamente impagables, como bien los trabajara Rafael Barrett en su obra, y produciéndose un importante éxodo de esos campesinos superexplotados.

Llegados a Foz do Iguaçu se refugian en Brasil como exiliados políticos.

Tras la Toma de Encarnación, exiliados en Brasil en mayo de 1931, donde se vinculan con obreros y estudiantes (de izquierda a derecha): Paulo Tacla, Ignacio Mas, Luis Dosanto, Tte. Cnel. Facundo Duarte, Obdulio Barthe, Marcos Kánner, Cnel. Facundo Duarte (hijo), Tomás Mayol, Aurelio Alcaraz, César Pérez. Fotog. extraída del artículo «La toma de Encarnación relatada por Obdulio Barthe«. Archivo de Adelante!

Una última cuestión sobre la represión. La policía pretendió seguir a los revolucionarios “río arriba” con la represión promovida desde el gobierno con sede en Asunción, pero algunos barcos de la policía no podían seguir a los navíos con los revolucionarios.

Sobre el tema, la hija de Marcos Kanner, en una anécdota contada por su padre, comentó que: “el maquinista de la lancha de la policía paraguaya en un determinado momento sacó una pieza clave del motor, lo que hizo que ésta se quede sin fuerzas hasta detenerse completamente. Los policías preguntaban qué pasó y el maquinista les respondía que no sabía lo que había sucedido con el motor. Mucho tiempo después, éste señor se encontró con mi padre y le contó lo sucedido en esa oportunidad. Mi padre le preguntó porqué había hecho eso a lo que el entonces maquinista contestó: Es que yo, también estaba con ustedes.” [11]

Breve interregno cultural

Con igual criterio estético que político, el poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton, en su breve –aunque- intenso transitar por el mundo, dio vida a majestuosas obras, una de ellas es el poema-collage Un libro rojo para Lenin.

Vale la pena transcribirla para el análisis final de los dos puntos que siguen. [12]

Cuestionario mínimo para que sepas si has tomado o no has tomado el poder:

“… Les rogamos encarecidamente comuniquen con mayor frecuencia y en forma más concreta qué medidas han adoptado para luchar contra los verdugos burgueses…; si han creado soviets obreros y servidores domésticos en los barrios de la ciudad; si han armado a los obreros y desarmado a la burguesía; si han aprovechado los depósitos de ropa y otros productos para prestar una inmediata y amplia ayuda a los obreros, y sobre todo a los jornaleros y a los pequeños campesinos; si han expropiado las fábricas y los bienes de los capitalistas de la ciudad, así como también la propiedad capitalista de la tierra en sus alrededores; si han abolido las hipotecas y las rentas de los pequeños campesinos; si han duplicado o triplicado el salario de los peones y jornaleros; si han confiscado todos los depósitos de papel y todas las imprentas para imprimir hojas volantes y periódicos de masas;… si han concentrado la burguesía en el centro de la ciudad para instalar inmediatamente a los obreros en los barrios ricos; si han tomado en sus manos todos los bancos; si han elegido rehenes entre la burguesía, si han adoptado raciones de abastecimiento más altas para los obreros que para la burguesía; si han movilizado a todos los obreros tanto para la defensa como para la propaganda ideológica en las aldeas vecinas…”.

Lenin, en el “Saludo a la República Soviética de Baviera”, escrito el 27 de abril de 1919.

Puntos de encuentro y diferencias entre nuestras comunas

Sobre los puntos y parecidos, cabe destacar, sin perjuicio de grandes obras sobre el tema, la sorprendente y detallada descripción que, en la pluma de Marx, se erigió en la postura del “Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la guerra civil en Francia de 1871”, del 30 de mayo de 1871.

Aquel magistral texto, colocaba cuestiones tales como soberanía popular, el Estado ante la revolución, la burocracia y la degradación moral del republicanismo burgués naciente, la que culmina con una sentencia para la posteridad, cuya vigencia no hace más que estremecer los sentimientos: “El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera. Y a sus exterminadores la historia los ha clavado ya en una picota eterna, de la que no lograrán redimirlos todas las preces de su clerigalla.” [13]

Dicho ello, considerando el invalorable aporte marxista, no sólo en su devenir teórico, sino como fiel testigo de su tiempo desde una óptica proletaria, habremos de analizar puntos de coincidencia y diferencias entre ambos sucesos históricos.

En primer lugar, es dable destacar el oportunismo y la podredumbre moral de la clase política burguesa. Con lujo de detalles, tanto en su accionar público como personal, Marx detalla tanto el prontuario de delitos como la hipocresía de la defensa soberana de Paris mientras se pactaba la entrega de la Ciudad Luz a las tropas prusianas.

Así, caen bajo la pluma despiadada del alemán, Thiers, Favré, Beslay y tantos otros cómplices de derramamiento de sangre obrera, cuyo somero recuerdo merece el repudio de las y los obreros del mundo como el de tantos enemigos de clase.

En situación similar, se encontraba (y sigue encontrándose lamentablemente) la política oligárquica paraguaya al momento de la Comuna; una oligarquía que no sólo se hallaba en conflictos y movimientos palaciegos, poniendo la sangre de campesinos y proletarios en sus luchas facciosas, a la par que concentraban riquezas de manera parasitaria con los capitales y las patronales de Argentina y Brasil.

También se destaca la reproducción de nombres políticos que perduraron mucho después en nuestro país, ya con otro partido burgués y en dictadura. [14]

Otro elemento político en que hace énfasis Marx es en la soberanía de la república; tema que tiene origen en el levantamiento obrero que propició el fin del segundo imperio francés tras el desastre de la batalla de Sedán en septiembre de 1870.

Al respecto, se señaló: “Pero esta revolución era ahora la forma legal del Estado francés. La República, su obra, fue reconocida por los conquistadores en las cláusulas del pacto de capitulación. Después de la capitulación, fue reconocida también por todas las potencias extranjeras, y la Asamblea Nacional fue convocada en nombre suyo. La Revolución obrera de París del 4 de Septiembre era el único título legal de la Asamblea Nacional congregada en Burdeos y de su Poder Ejecutivo. Sin el 4 de Septiembre, la Asamblea Nacional hubiera tenido que dar un paso al Corps Législatif, elegido en 1869 por sufragio universal bajo el Gobierno de Francia y no de Prusia, y disuelto a la fuerza por la revolución.”[15]

En el caso paraguayo, si bien de inicios del proceso independentista, la forma organizativa del Estado es republicana (en contraposición al sistema monárquico), la soberanía de dicha organización social y de la existencia misma del Paraguay reposa en actos de intervención popular tales como la base social de la mayoría del Congreso de octubre de 1813 que declaró la independencia [16] y en las acciones de lucha total de la población paraguaya ante la invasión de la triple alianza en la guerra de 1865-1870 [17], garantes de la existencia misma de la nación, abandonados a su suerte por el Estado oligárquico surgido después de dicha conflagración.

Consumados los movimientos del 18 de marzo de 1871, el gobierno comunero en acción, en la medida de su resistencia a la canallada versallesca, generó dos actos sustanciales revolucionarios que la describen como el primer Estado obrero de la historia: la transformación del Estado burocrático represivo burgués y redistribución del capital bajo poder comunero.

La erradicación de las guardias armadas permanentes, la eliminación de la burocracia por servidores públicos con mandato revocable y por salarios obreros, configuraron el inicio de la gestión administrativa del nuevo Estado. Sin que sea esto una reivindicación de un ideal utópico, es claro al señalar Marx (y plasmado en las concepciones leninistas sobre el poder soviético y las tesis de abril de 1917) que el Estado tal cual se estructuraba y representaba a la hora de la toma del poder, había nacido para dominar a la clase trabajadora y no podía, ni puede servirle para su emancipación, por lo que una nueva edificación estatal correspondiente a los intereses y objetivos estratégicos de la clase trabajadora es indispensable para arraigar a esa nueva sociedad sin explotadores ni explotados.

Por otro lado, la erradicación de hipotecas, la abolición del trabajo nocturno en panaderías, pensiones para familiares de miembros de la Guardia Nacional muertos en servicio, devolución de herramientas de trabajadores incautadas por los usureros prestamistas, así como el control político de la iglesia católica, entre otras medidas de raigambre redistributivo, fueron hitos importantes del proceso comunero.

Sin perjuicio de la efímera existencia de los hechos en Encarnación, tanto de la forma organizativa de la Comuna como en los breves hechos se configuraron la necesidad de modificar la estructura estatal como redistribuir los frutos del capital, sin perjuicio de otras diferencias que se verán más adelante.

Como corolario de lo anterior, el carácter clasista de ambos procesos queda patente tanto en sus proclamas como en sus hechos.

Marx, al respecto ha señalado: “La variedad de interpretaciones a que ha sido sometida la Comuna y la variedad de intereses que la han interpretado a su favor, demuestran que era una forma política perfectamente flexible, a diferencia de las formas anteriores de gobierno que habían sido todas fundamentalmente represivas. He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo.” [18]

Pese a algunos señalamientos de parte de la historiografía o concepciones de apologistas del Partido Colorado en Encarnación, la presencia de liberales en los hechos anteriores a la efímera Comuna no poseen tal envergadura como para dar cuenta de que la intención de la acción revolucionaria fue la instalación de una Federación de Comunas, ya que sus líderes como todo el proceso estuvo encabezado por miembros del NIN, de tendencia anarco-comunista.

Por último, dos elementos que vinculan a ambos procesos, además del ejemplo de los comuneros parisinos en la concepción de los revolucionarios paraguayos, son en primer término, la falta de expansión de la Comuna (en París se estaba proyectando elecciones y en Encarnación lo efímero del proceso y el fracaso de los otros movimientos impidieron la consolidación nacional de los hechos en Itapua) y el fin de los verdugos de ambos procesos.

Mientras Thiers pasó a la historia como el genuflexo firmante de la derrota francesa contra los prusianos, como asesino de obreros en la Comuna de Paris y ante el fracaso de su concepto de poder sin la capacidad de ser presidente de Francia, anhelo tan ansiado y frustrado en su prontuario; el presidente Guggiari pasó a la historia como asesino de estudiantes en las jornadas del 23 de octubre de 1931 y como el que abrió la caja de pandora de legislación represiva de talante autoritario en el siglo XX en Paraguay, lo que sufrió en carne propia con sendos exilios en Buenos Aires, Argentina, lugar de su muerte.

Habiéndose señalado puntos de coincidencias entre ambos procesos, conviene señalar diferencias entre la Comuna de París y la de Encarnación.

Además de la ostensible diferencia en tiempo (2 meses y 10 días contra 16 horas), el origen de ambos es un elemento distintivo de los diversos hechos históricos.

La Commune nace ante el estrepitoso fracaso de la ofensiva imperial francesa contra lo que será el nuevo imperio alemán tras el fin de dicha guerra. La derrota y captura de Napoleón III en la batalla de Sedán puso en cabeza de los trabajadores la defensa de la capital francesa siendo la autofinanciada Guardia Nacional la garante de la soberanía de dicha ciudad ante el sitio del ejército prusiano.

El nuevo gobierno parlamentario pacta a espaldas de dicha resistencia un armisticio avergonzante para el pueblo francés pero garante del nuevo poder en cabeza de la oligarquía que se situaba en el Parlamento, electo de manera fraudulenta.

El intento de desarme de París, aún en contexto de guerra, fue el desencadenante de los hechos de marzo de 1871; el pueblo parisino no podía confiar en los partidos del orden, nada mejor que autogobernarse y de paso modificar las condiciones de explotación imperantes: la clase obrera en el fragor de la lucha deviene en clase para sí, claro está, con las limitaciones de la novedad del suceso.

La lucha en Encarnación si bien comparte el proceso de concientización de las clases trabajadoras en un contexto de creciente conflictividad social, no tuvo las tensiones y contradicciones de una guerra que, en términos generales aceleran procesos económicos-sociales por las consecuencias catastróficas de un conflicto bélico tanto a nivel estructural como superestructural.

En otro punto, algo abordado en los párrafos anteriores, es el desarrollo de errores sustanciales que impidieron la expansión del movimiento.

Mientras en el París de la bandera roja y el calendario republicano, gran parte de las concepciones estratégicas de guerra no pudieron desarrollarse por debates igualmente válidos pero que no pueden ser exclusivos en tal escenario, como la celebración de elecciones para los comuneros pese a la inminencia de la invasión versallesca, crítica oportunamente formulada por Marx; en Encarnación fueron cuestiones estratégicas las que impidieron la consumación del plan revolucionario como la falta de comunicación o cuestiones azarosas como la caída de la invasión en Villarrica o los arrestos de miembros importantes del movimiento, con días de anterioridad y sin vínculo con el proyecto.

Otra cuestión, es la represión gubernamental. El baño de sangre en represalia contra la París insurrecta [19] y los miles de presos que ocasionó la reacción encabezada por el gobierno con sede en Versalles impidió una reflexión entre los adherentes al proceso tanto sea por sus muertes como por su aislamiento. A ello se sumó, el proceso de división entre bakuninistas y marxistas en el seno de la Asociación Internacional de Trabajadores que generó profundas diferencias en el concepto de vista sobre lo ocurrido en Francia en esos años.

En Paraguay, salvo por los arrestados, enviados a un campo de concentración (sea dicho de paso los mismos sobrevivieron a dicha prisión) y otros al exilio, varios de sus intervinientes siguieron activando en otros movimientos revolucionarios como el de febrero de 1936 o en las brigadas internacionales antifascistas que combatieron en España.

De hecho, el proceso de la toma de Encarnación hace que muchos de sus partícipes se incorporen al Partido Comunista, tanto en Argentina (Kanner) como en Paraguay (Barthe, Alcaraz, Duarte, Mayol, entre otros) aunque otros sigan en el anarquismo (Aracuyú, entre otros).

De hecho Obdulio Barthe, reconoce que este proceso fue fundamental para su incorporación al PCP: “El fracaso del movimiento de Encarnación me estimuló a revisar críticamente las ideas y los métodos que habíamos empleado en la lucha hasta entonces. Por mi parte, me convencí de que la etapa de los sueños utópicos y de aventuras de tipo anarquista tenía que ser superada. Que a la clase obrera le correspondía ponerse al frente de las luchas del pueblo para poder transformar la sociedad (…) Comprendí cuán justa era la actitud de aquellos bravos compañeros que un 19 de febrero de 1928 fundan, en medio de grandes dificultades, el Partido Comunista Paraguayo. Comprendí que ese era el camino justo y me enrolé en sus heroicas filas. [20]

Conclusiones entre asaltos al cielo y el carácter del Estado

La Comuna de Encarnación, pese a su breve existencia ha sido indudablemente un hito de las luchas populares en Paraguay. Sin escindirse de su tiempo, ni de la brevedad de su duración, la posibilidad de que los trabajadores urbanos y rurales se organicen para la gestión de los asuntos públicos, además de la producción económica y la distribución de sus frutos, se expresa como una referencia necesaria a la hora de combinar audacia y planificación, responsabilidad y coraje, sentido de oportunidad y estrategia revolucionaria.

En tal sentido, su análisis a la par de las enseñanzas extraídas de la Comuna de Paris, nos invita a efectuar profundas reflexiones sobre la construcción de una sociedad alternativa al capitalismo y el rol del Estado; cuestión aún en debate no sólo en Paraguay, sino en el continente americano en disputa.

Las experiencias pretendidamente superadoras del neoliberalismo (y solo de esta morfología de la producción capitalista mas no así del régimen capitalista de producción y propiedad) promovida por organizaciones de izquierda y progresistas desde comienzos del siglo han promovido transformaciones de las herramientas del Estado, con relativo éxito en cada caso.

En la experiencia paraguaya de 2008-2012, salvo por la gestión de los recursos del gobierno, sin manejar resortes fundamentales del Estado (donde se gestó el huevo de la serpiente que eclosionó en junio de 2012), no hubo una transformación profunda.

De hecho el Estado oligárquico se mantiene en vigencia desde 1870 sin solución de continuidad, metamorfoseado en cada momento histórico y con algunos claros en la oscuridad en casi 150 años de historia paraguaya.

Nunca más que vigentes (he ahí el porqué del poema de Roque Dalton), las pautas sobre la cuestión del Estado pregonadas por Marx: “¿Qué es la Comuna, esa esfinge que tanto atormenta los espíritus burgueses? «Los proletarios de París — decía el Comité Central en su manifiesto del 18 de marzo –, en medio de los fracasos y las traiciones de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha llegado la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos…” Han comprendido que es su deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el Poder. Pero la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal como está, y a servirse de ella para sus propios fines. [21]

El contenido de ese Estado, el que se encuentra someramente disputado en las confrontaciones electorales, pero no siendo suficiente para su modificación estructural, es en definitiva donde deben recalar los objetivos de la lucha política que se aproxima a ella en esa toma del poder planificada.

La metodología de ella la dará el análisis concreto de la situación concreta en cada país dado el desarrollo de las fuerzas productivas y la conciencia de la masa trabajadora, cuestión que se debe analizar, sin atajos históricos, ni con falsedades autocomplacientes.

La relación dialéctica entre fuerza y consenso en el marco de la luchade clases y tendencias, ubica a la estrategia y a la lucha revolucionaria como necesarias, ajustando sus formas y técnicas al siglo XXI con un agudo análisis de las relaciones de fuerza y de poder en clave subversiva, comprendiendo el grado de prefiguración de ese nuevo poder y esa nueva sociedad como para derrocar al poder actual, demoler su Estado y edificar esa nueva síntesis de poder obrero, campesino y popular.

Esperamos que el análisis de las comunas de París y Encarnación, a la luz de las actuales necesidades del proletariado urbano y rural del Paraguay, sean un puntapié más que necesario para arribar a saldar esos anhelos vigentes.

*Federico Ovejero. Abogado, investigador marxista, militante del Partido Comunista Paraguayo, miembro de su Comisión de Relaciones Internacionales.

**Imagen de inicio: 1871, Comuna de París. Extraída de internet.

Bibliografía

Alvez, Sergio. La Toma de Encarnación, en Canal Abierto; extraído de https://canalabierto.com.ar/2018/02/20/la-toma-de-encarnacion/

Barthe, Obdulio. Memorias inéditas, Talleres El Álamo, Capiatá, 2009.

Bonzi, Antonio. Proceso histórico del Partido Comunista Paraguayo, 2° edición, del autor, Asunción, 2009.

Dalton, Roque. Un libro rojo para Lenin, poema-collage, La llamarada, Buenos Aires, 2011.

Lenin, V. I. El Estado y la revolución, Cienflores, Ituzaingó, 2017.

Maidana, Antonio. Forjando el ideal comunista, Arandurä, Asunción, 2009.

Martínez Chas, María Lida. Liderazgo Social y Militancia Comunista en Misiones: Una aproximación a la vida política e intelectual de Marcos Kanner, tesis de maestría, Maestría en Partidos Políticos, Universidad Nacional de Córdoba, 2009; extraído de http://historiapolitica.com/datos/biblioteca/martinezt.pdf

Marx, K., Engels, F. y Lenin, V.. La Comuna de París, Anteo, Buenos Aires, 1973

Ovejero, A. Antifascismo e internacionalismo: brigadistas comunistas paraguayos combatiendo en Europa (1936-1945); extraído de https://adelantenoticias.com/2020/05/09/antifascismo-e-internacionalismo-brigadistas-comunistas-paraguayos-combatiendo-en-europa-1936-1945/

Rivarola, Milda. Obreros, utopías & revoluciones. La formación de las clases trabajadoras en el Paraguay liberal 1870-1931, Centro de Documentación y Estudios, Asunción, 1993

Verón, Luis. Encarnación, capital de la República, en ABC Revista, extraído de https://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/abc-revista/encarnacion-capital-de-la-republica-886367.html


[1]     Comuna en francés.

[2]     Libertad, igualdad y fraternidad, en francés, eslogan de los revolucionarios de 1789 que fuera plasmado como lema oficial en los períodos republicanos franceses, aún en la Tercera República (1870-1940), donde se cometieron las masacres en contra de la Comuna y la Primera Guerra Mundial, sin perjuicio del régimen colonial criminal; la Cuarta República con sus crímenes de guerra imperiales en Indochina y Argelia y la Quinta, consagrando el sojuzgamiento de los distintos países europeos por parte de la Troika, en la intervención de los bombardeos contra la Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista y en la profundización de la explotación contra la clase obrera y la represión a sus resistencias (chalecos amarillos, huelgas contra la reforma jubilatoria y los despidos por la pandemia COVID-19).

[3]     Al día de hoy se hace mayor énfasis en la destrucción patrimonial y documental en París, sin considerar los contextos de tales hechos (la destrucción simbólica del antiguo régimen y el imperio y/o escenarios de batallas entre la Guardia Nacional y el ejército francés, el que cabe decir no combatió con tal ferocidad contra el enemigo prusiano, como sí lo hiciera la resistencia parisina).

[4]     Véase por ejemplo, el vigente análisis de Lenin en El Estado y la Revolución en los prolegómenos de la Revolución de Octubre de 1917.

[5]     La Guerra contra Bolivia por el Chaco Boreal (1932-1935) sólo suspendió el movimiento revolucionario dentro de la clase obrera, la que participó con rol destacado en la Revolución de febrero de 1936.

[6]     Tendencia interna del Partido Liberal, liderada por el ex presidente Eduardo Schaerer (1912-1916), que fue una de las partes de la guerra civil de 1922-1923.

[7]     En términos generales, eran dominados por encomenderos -titulares de un enseñoramiento personal sobre una tribu o un grupo de nativos americanos para someterlos a trabajos forzosos- que solicitaban un auxilio político de la metrópoli en la competencia económica que poseían con los territorios autónomos controlados por la Compañía de Jesús y que ante el rechazo de su solicitud propiciaban un gobierno autónomo.

[8]     Un testigo de los preparativos daba cuenta del contexto de dichas reuniones: “en Posadas, nos reunimos escondidos en el subsuelo de una tienda situada en la calle Santa Fe, y cuyo dueño se adhería a la toma…lo hacíamos a la noche para que nadie desconfíe y para que algunos trabajadores pudieran asistir…también a veces nos reuníamos de madrugada… antes de las reuniones con los paraguayos nos instalábamos a comer en una fonda cerca del puerto y que nos salía el plato 0.20 centavos…allí, los esperábamos a ellos que crucen en canoas para este lado y nos dirigíamos después al subsuelo que le conté para iniciar las reuniones”. Vease en Martínez Chas, María Lida. Liderazgo Social y Militancia Comunista en Misiones: Una aproximación a la vida política e intelectual de Marcos Kanner, pág. 63

[9]     Bonzi, A. Proceso histórico del Partido Comunista Paraguayo, pp. 53-54

[10]   Maidana, Antonio. Forjando el ideal comunista, pág. 27

[11]   En Martinez Chaz, op. cit.

[12]   Dalton, Roque. Un libro rojo para Lenin, poema-collage, pág. 154

[13]   Marx, K. Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la guerra civil en Francia de 1871, pág. 71.

[14]   De los mencionados se destacan Matiauda, familia del tirano Stroessner (1954-1989) y Appleyard.

[15]   Marx, K., op. cit., pág. 23.

[16]   La elección de los mil congresistas, estuvo garantizado por distribución territorial y cantidad de hombres mayores de 23 años sin distinción de propiedad.

[17]   La Guerra de la Triple Alianza sigue siendo aún un condicionante del ser paraguayo pues su consecuencias demográficas, ideológicas y económicas están vigentes.

[18]   Marx, K., op. cit., pág. 41.

[19]   Síntoma de ello es que el símbolo físico de los comuneros en París sea el Muro de los Federados, en el Cementerio del PèreLachaise.

[20]   Barthe, Obdulio. Memorias inéditas, pág. 69

[21]   Marx, K., op. cit., pág. 32.

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