Entre pandemias y vacunas: el necesario retorno a la racionalidad científica

Por Alhelí González-Cáceres

La manera como se presentan las cosas no es la manera como son, y si las cosas fueran como se presentan, la ciencia entera sobraría” Karl Marx

Una necesaria introducción

Con este breve artículo, muy alejado de los temas que generalmente he tratado en este medio – o quizás no tanto – lo que pretendo es contribuir con el necesario debate público respecto a la pandemia, las vacunas y la crisis mundial. La necesidad estriba en el aumento de teorías conspiranoicas que, alejadas del método y del saber científico, basadas en especulaciones sin fundamento y en mentiras peligrosas que apelan al miedo como mecanismo de dominación y ponen en riesgo a la ya golpeada salud pública, imponen una “verdad” que se constituye en la antítesis de la evolución del ser humano, representando el retorno a ideas propias de la edad media, ampliamente refutadas por el método científico en la ilustración.

Que la ciencia no es neutral y se encuentra en función de la racionalidad y las necesidades de acumulación capitalista no es ajeno a nadie que milite en las filas de la denominada “izquierda” – aunque ciertamente cada vez más, esta categoría empieza a ser insuficiente para dar cuenta de la complejidad de los movimientos sociales-, lo que sí ha sido ajeno al desarrollo del movimiento de las fuerzas progresistas y de izquierda, han sido las teorías conspiranoicas y las expresiones retrógradas que hoy hacen eco incluso en filas de la “izquierda”. 

El movimiento comunista internacional se ha caracterizado históricamente por apostar al saber científico, desde Marx y Engels, quienes contribuyeron a desarrollar los fundamentos del socialismo científico y a la crítica despiadada del socialismo utópico y la ignorancia, hasta las experiencias de construcción socialista en Europa del Este y Cuba, han apostado al desarrollo de la ciencia. De ahí que, resulte cuando menos “asombroso” que en filas de la “izquierda” se habiliten espacios para discursos que, en otro momento de la historia, avergonzarían incluso a sus mismos impulsores.

En el caso paraguayo es aún más peligroso en tanto estos discursos faltos de rigor y evidencia científica, calan profundamente en una sociedad atravesada por la desidia pública en materia de ciencia e investigación, que ha apostado poco a construir una sociedad culta, expresión de ello es el bajo nivel de lectura en general y de lectura científica en particular, la baja calidad del sistema educativo y el analfabetismo funcional reinante. Es lógico que una sociedad empujada desde décadas al pozo más profundo del desprecio a la ciencia y al método científico se constituya en terreno fértil para todo tipo de discursos reaccionarios, retrógradas, propios del medioevo, alejados de la racionalidad propia de la ilustración.

Dicho esto, procederé a exponer de la manera más sencilla posible, los avances realizados por el conjunto de la humanidad en torno a la ciencia y su papel en la mejora de las condiciones de vida de la población, y en las que la medicina y las vacunas han tenido un papel relevante en la extensión de la esperanza de vida de la población mundial. Así como también ubicaré en este contexto, el aporte de los Estados socialistas en el desarrollo de la industria biofarmacéutica y su posición frente a las epidemias y las vacunas.

Las vacunas: un hito en el desarrollo de las fuerzas productivas sociales

A lo largo de la historia de la humanidad, las enfermedades, plagas, epidemias y pandemias, así como el bajo desarrollo de la ciencia, la medicina, en suma, de las fuerzas productivas sociales, han significado una baja esperanza de vida de la población mundial. A medida que la racionalidad científica fue abriéndose camino en medio del oscurantismo medieval, el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad fue ampliando los horizontes de la humanidad, en cuanto a satisfacción de necesidades elementales, básicas para la reproducción misma de la fuerza de trabajo. En este escenario, el desarrollo de la medicina ha jugado un papel central en la disminución de la mortalidad y el aumento de la esperanza de vida de la población. 

Los principales factores que han contribuido a la disminución de la mortalidad y el aumento de la esperanza de vida han sido, el desarrollo de la industria y la expansión económica; la ampliación de los sistemas educativos y la instalación de los sistemas de salud. Diversos estudios han señalado una correlación estadística positiva entre expansión del PIB, Educación, Salud y aumento de la esperanza de vida de la población mundial. De hecho, si observamos los registros mundiales que datan desde 1820, la esperanza de vida mundial ha aumentado exponencialmente, mientras que la mortalidad ha disminuido. Da cuenta de ello el hecho de que, en Europa occidental en la década de 1830, la esperanza de vida era apenas de 33 años, aumentando a 40 años en la década de 1880, duplicándose en el siguiente período. Los avances más significativos ocurrieron en la primera mitad del siglo XX, mientras que el resto del mundo experimentó una mejora sustancial en los niveles de esperanza de vida posterior a la segunda postguerra. (OECD, 2014)

A este respecto, Carlos Agudelo Restrepo, médico infectólogo y docente investigador de la Pontificia Universidad Bolivariana, en su artículo “El anfitrión. Las epidemias en la historia de la humanidad” (2014), sostiene que las epidemias han estado presentes en la historia de la humanidad desde los inicios de la agricultura hace al menos unos 10.000 años, cuando los seres humanos empezaron a vivir en comunidades. Así, la primera epidemia de la que se tiene registro fue la descrita por Tucídides en “La guerra del Peloponeso”, en el año 430 A.C. 

La viruela se había convertido en una epidemia en el contexto de una ciudad abarrotada de refugiados, producto de la guerra entre Atenas y Esparta. Asimismo, el Imperio Romano fue golpeado por pandemias, entre ellas, destaca la plaga o, más conocida como “la peste”, descrita por Galeno en el año 166 D.C. Otro episodio fue el de la peste bubónica, producida por una bacteria que afecta principalmente a roedores y transmitida a seres humanos a través de las moscas, alcanzando el estatus de pandemia en el año 541 D.C. (Agudelo Restrepo, 2014)

Entre los eventos pandémicos más grandes en la historia de la humanidad se encuentran: La peste de Justiano, la llamada “peste negra”, la viruela, la gripe española, la gripe asiática, la gripe de Hong Kong y el VIH, todas, y cada una de ellas han representado una amenaza para la población. No obstante, con el descubrimiento de la vacuna contra la viruela en el siglo XVIII es que se logra poner fin a una enfermedad que, siglos atrás, cobraba la vida de miles de personas alrededor del mundo. (Jiménez Cisneros & García Escamilla, 2021)

La sola mención de la viruela o la poliomielitis en el siglo XX constituían factores que infundían terror en las familias, por los elevados grados de mortalidad y, en el caso de la poliomielitis, las limitaciones físicas que de por vida ocasionaba a los enfermos, resultado de la parálisis. Acertadamente, Villanueva (2016) ubica el desarrollo de la vacuna contra la polio como uno de los hitos más relevantes de la medicina, tras varios intentos fallidos realizados entre los años 1930 y 1940, finalmente, en 1948 los investigadores Enders, Weller y Robbins lograron cultivar de manera artificial el virus de la polio en tejido humano, lo que significó el avance más importante para el desarrollo posterior de la vacuna que empezó a comercializarse desde 1995, reduciendo significativamente los casos de poliomielitis. 

En la actualidad, el Programa Ampliado de Inmunizaciones de Paraguay incluye 13 vacunas entre las cuales se encuentra la desarrollada contra la poliomielitis, asimismo, incluye la inmunización contra la Hepatitis B, la BCG, el Rotavirus, la Pentavalente, que previene contra la Difteria, el Neumococo, el Tétanos, la tos convulsa, la neumonía, meningitis y otras enfermedades. 

Como hemos visto, las pandemias, las enfermedades que resultan de virus y bacterias han estado presentes a lo largo del desarrollo de la humanidad y, precisamente, en este largo camino recorrido, el desarrollo científico y tecnológico ha posibilitado al ser humano desarrollar vacunas que permitan prevenir enfermedades graves que, de no ser por las vacunas, culminarían en la muerte o en afectaciones y limitaciones de por vida. El programa de inmunización contra la viruela en donde la Unión Soviética tuvo un papel protagónico, y, posteriormente contra la polio, pueden considerarse – antes de la inmunización contra la covid-19- las experiencias más grandes en cuanto a vacunación de la población a gran escala, posibilitando erradicar estas enfermedades, mejorando las condiciones de vida de la población.

Volviendo al problema sanitario a escala global que experimenta la humanidad desde hace dos años debido a la irrupción de la pandemia por covid-19; podemos decir que esta ha evidenciado no sólo el potencial científico y tecnológico para elaborar una vacuna contra la enfermedad en tiempo récord – dadas las investigaciones previas que existen en torno a los coronavirus con los que la humanidad convive hace décadas-, sino además, ha puesto en la palestra el peligro que representa para la salud pública no sólo a nivel local, sino global, el discurso antivacunas que, basado en ideas absurdas que, si no fueran por su impacto en la sociedad, causarían risa, arriesgan la vida de las personas en general, pero los niños y personas inmunodeprimidas en particular.

En el abordaje de la pandemia, resalta la labor realizada por los científicos cubanos que, asimismo, en tiempo récord han logrado, gracias a los convenios con laboratorios como el ruso Gamaleya – desarrolladora de la vacuna Sputnik V- desarrollar su propia vacuna contra la covid-19. A este respecto, el Dr. Luis Velázquez Pérez, presidente de la Academia de Ciencias de Cuba, en el artículo que lleva por título “La ciencia cubana en el enfrentamiento  a la Covid-19” (2021), sostiene que la pandemia por el nuevo coronavirus es considerada como la crisis sanitaria más compleja que haya enfrentado la humanidad en el último siglo.

En el éxito en el control de la pandemia en la sociedad cubana, además de un sistema de salud puesto al servicio de la población y no de los intereses egoístas del mercado, jugaron un papel central, la atención rápida, las medidas de aislamiento y la posterior vacunación masiva de la población. Pues el único método eficiente para la erradicación de las enfermedades que ha conocido la humanidad, es precisamente la vacunación, la inmunización. Lo que, por supuesto no implica que no se contraiga la enfermedad, sino que, al contraerla, los cuadros que se desarrollen sean leves y no apeligren la vida de personas con un sistema inmune debilitado.

Entre las principales acciones que, desde el saber científico se han llevado adelante desde Cuba en la lucha contra la covid-19 se sitúan, precisamente, las investigaciones biológicas, el desarrollo de medicamentos inmunomodulares, antivirales y candidatos vacunales, que son posibles de realizar gracias al gran acervo que ha acumulado la ciencia cubana – y del mundo- en el estudio de patógenos con los que la humanidad ha convivido durante siglos. (Velázquez Pérez, 2021)

Al gran desarrollo de la industria biofarmacéutica se añade un componente fundamental en la lucha contra cualquier enfermedad y que, en Cuba, la población bien lo sabe, y es la concienciación y la participación de la ciudadanía en función de una meta común que no es otra que la erradicación del virus y la superación de la crisis sanitaria que afecta al mundo entero.

Un dato no menor es que, en la disminución de los casos severos de coronavirus, la administración de biofármacos fue central. Así, la aplicación de Nasalferon, Biomodulina T y Hebertrans, además del Heberferon y el Heberon que fueron administrados como tratamientos antivirales, lograron reducir los casos de pacientes críticos y graves en menos del 7% de todos los casos registrados, arrojando una mortalidad de apenas 0,8 por cada 100.000, siendo la tasa de mortalidad más baja a nivel mundial que, para ser lograda, tuvo amplia participación de los candidatos vacunales que posibilitan la inducción de inmunidad específica. (Martínez Díaz, Pérez Rodríguez, Herrera Martínez, Lage Dávila, & Castellanos Serra, 2020)

En la actualidad, Cuba ostenta el porcentaje más alto de personas inmunizadas a nivel mundial, con el 92,7% de su población con al menos una dosis, aproximadamente, unas 10.504.040 millones de personas, mientras que el 86% presenta el esquema completo, unas 9.745.230 millones de personas, en tanto que, el 28% de la población recibió una tercera dosis de refuerzo. Lo que implica la aplicación de unas 32 millones de dosis aproximadamente. Así, Cuba se ubica por encima de Estados Unidos y los países más avanzados a nivel global, en la lucha contra el coronavirus, la cual no puede ser otra, que la lucha por inmunizar a la mayor cantidad de personas posibles.

Gráfico 1. Inmunizaciones contra la covid-19 en Cuba a enero de 2022

Our World in Data, 2021

La pandemia por covid-19 representa un enorme desafío para el conjunto de la población, no sólo en términos de lograr inmunizar a la mayor parte de la población mundial, sino en contrarrestar las noticias falsas en torno a las vacunas y a la propia enfermedad que ya se ha llevado la vida de 5,5 millones de personas, en particular en nuestro continente, lo que no representa un detalle menor teniendo en cuenta el negacionismo de gobiernos filofascistas como los de Bolsonaro y de Trump, conduciendo a que precisamente Estados Unidos y Brasil se constituyeran en epicentros de la pandemia a nivel global en el año 2020. Lo anterior no es un simple dato en tanto observamos las cifras desagregadas por continentes y vemos que, en Asia, en donde se había originado el primer brote, la cifra de muertos alcanza cerca de 1 millón de personas, mientras que América y Europa encabezan las regiones con más fallecidos, como podemos ver en los siguientes gráficos.

Gráfico 2. Cifras de muertos por coronavirus por región a enero de 2022

Gráfico 3. Cantidad de fallecidos por coronavirus por país a enero de 2022

Aportamos estas gráficas con la intención de dimensionar la crisis sanitaria y, sobre todo, para evidenciar que, en aquellos países con elevadas tasas de mortalidad por el virus, el discurso negacionista basado en un fundamentalismo liberal sin precedentes ha sido predominante y, como vemos, a problemas colectivos, públicos, las soluciones no pueden ser de ninguna manera, individuales, sino colectivas. De ahí la necesidad de asumir la inmunización como lo que es, una salida colectiva a una crisis que ya nos ha arrebatado a cientos de personas. Y que no conforme con esto, el discurso negacionista de la pandemia y las noticias falsas sobre las vacunas, ponen en riesgo miles de vidas que pueden ser salvadas gracias a décadas de avance científico no sólo en el conocimiento de los patógenos con los que la humanidad debe aprender a convivir, sino, además, en términos de erradicación de enfermedades a través de la vacunación masiva de la población. En la lucha contra la pandemia, la ciencia tiene un papel central, conjuntamente con el diseño de estrategias y acciones que vayan dirigidas a controlar la pandemia y evitar más muertes. 

En conclusión, que el capitalismo haya puesto a la ciencia, así como ha puesto al ser humano, a merced de los intereses de los grandes capitales, y a entender a la salud no como derecho sino como mercancía, como no podía ser de otra manera, dado que bajo el capitalismo los derechos siempre se encontrarán en disputa con la racionalidad mercantil, no significa que la “izquierda” se constituya en negadora del avance científico, en negadora del desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, sino, más bien, debería redoblar la lucha por dotar a la ciencia de una vocación humanista y no mercantil, lo que solamente será posible superando el orden social sustentado en la propiedad privada sobre los medios de producción. 

Referencias

Agudelo Restrepo, C. A. (2014). Las epidemias en la historia de la humanidad. El anfitrión. Revista Universitas Científica, 81-88.

Jiménez Cisneros, J., & García Escamilla, N. I. (2021). Pandemias y vacunas-Hitos de la historia de la humanidad y el desarrollo de la ciencia. Academia UDLAP, 1-3.

Martínez Díaz, E., Pérez Rodríguez, R., Herrera Martínez, L., Lage Dávila, A., & Castellanos Serra, L. (2020). La industria biofarmacéutica cubana en el combate contra la pandemia de Covid-19. Revista Anales de la Academia de Ciencias de Cuba.

OECD. (2014). How Was Life? Global Well-being since 1820. (J. L. van Zanden, J. Baten, M. M. d’Ercole, A. Rijpma, & M. P. Timmer, Edits.) OECD Dev. Development Centre.

Velázquez Pérez, L. (2021). La ciencia cubana en el enfretamiento de la Covid-19. Anales de la Academia de Ciencias de Cuba, Vol. 11, Núm. 1.

FOTO DE PORTADA: Daniel Ñamandú

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