Periodismo y servilismo (1): el caso Zuccolillo

En esta imperdible investigación, el escritor Nemesio Barreto expone los vínculos del millonario mercenario de la información, el fallecido Aldo Zuccolillo, con el régimen stronista.


Por Nemesio Barreto

La cómoda postura asumida por la prensa ante la dictadura de Stroessner es hoy una de las historias más complacientemente contada. Y es curioso que así sea, pues la prensa, salvo algunas excepciones, estuvo estrechamente vinculada al sanguinario dictador. La historia documentada y sincera “nos averigua”, que no toda la prensa le era adversa al dictador, y muchos de los que “se pasaron” a las filas de la oposición tardaron una treintena de años en descubrir que Stroessner no era sino un “deslustrado” déspota; otros hicieron una tímida oposición apenas algún tiempo antes del golpe militar de 1989, y una selecta colectividad descubrió la dictadura recién en la espléndida mañana del 3 de febrero de 1989. 

En honor a la verdad hay que decir también que, a lo largo de más de tres décadas, numerosos medios de prensa fueron clausurados por la dictadura, como “El Independiente”, en 1958; “Radiodifusora Mariscal Francisco Solano López”, en 1959; “La mañana”, en 1960; “El País”, en 1963; “Comunidad”, órgano de la iglesia católica, en 1969; “ABC-color”, en 1984.  “Radio Ñandutí”, en 1987, etc. por mencionar algunos de los que sufrieron el hostigamiento de la dictadura. Y otros funcionaron de forma clandestina por ser brutalmente proscriptos, atravesando incluso el apresamiento, secuestro y desaparición de sus integrantes, como es el caso del periódico del Partido Comunista Paraguayo, “Adelante!” con el asesinato y desaparición de su director Miguel Ángel Soler, en 1975.

Una de las explicaciones más creíbles del porqué un ferviente admirador del “Ilustre Jefe” se pasaba a la vereda de enfrente es la que se refiere a una de las pocas distracciones literarias del dictador, que consistía en hacer, con ayuda de la guía telefónica, una actualización o redistribución de privilegios, agregando o restando nombres de su lista de beneficiarios. La pérdida de privilegios, resultado de una reestructuración de los favores gubernamentales, generaba implacables luchas internas entre los allegados al poder. De pronto e inexplicablemente uno era desplazado de la lista de comensales de aquel festín que parecía interminable. Esta expulsión del paraíso dejaba siempre un saldo de humillados y ofendidos, pues del famoso “precio de la paz” ya no verían ni el vuelto. El afectado, obviamente, consideraba injusto que le privaran de sus beneficios a uno que ha dedicado tantos años de su vida a la adulación. Cuando uno caía en desgracia, recurría a los amigos para apelar tan injusta discriminación, pero si el “reacomodamiento” ya no era posible, el excluido empezaba a cuestionar el sistema de reparto del poder discrecional, cuyo efecto más irritante era comprobar que su parte de la rapiña fuera a parar en la cuenta de los nuevos convidados. Entre los afectados por estas exclusiones estaban Humberto Rubín, de “Radio Ñandutí”, y Aldo Zuccolillo, dueño del diario “Abc-Color”, ambos vinculados e identificados fuertemente con la dictadura. Concluida la “Operación Cóndor”, y exterminadas las “Ligas Agrarias Cristianas” en la “Masacre de Caaguazú”, ya en el “Otoño del Patriarca”, empezaba lo que “paraguayamente” hablando se llamó la “dictablanda”. Como muchos otros, Zuccolillo y Rubín descubren que la dictadura ya no era rentable. Empiezan entonces a “reciclarse”, y sin más trámites se convierten en “dueños de la verdad y la democracia”, según la expresión del periodista Víctor Benítez. No obstante, un poco de historia sincera, sin restar merecimientos, es siempre saludable, pues detrás de estos “caballeros del pasado” se ocultan temibles colaboradores del exdictador Stroessner.

Stroessner, su hija adoptiva Chelita, Humberto Domínguez (HDD) y Aldo Zuccolillo, entre otros, en una reunión familiar.

Caso del Capitán Miguel Antonio Valiente

El caso del capitán Valiente guarda cierta similitud con el desaparecido empresario argentino Fernando Branca. Este era marido de Martha Rodríguez Mc Cormack, amante de Emilio Massera. Martha Rodríguez Mc Cormack, fue después amante del polista Huberto Roviralta. Para la dictadura argentina, Fernando Branca se “ausentó para siempre durante un paseo en barco al que fue invitado por el almirante Massera. La noche anterior, Fernando Branca y el ex almirante habían comido en el Hostal del Lago mientras en una mesa vecina los hombres del grupo de tareas encargados de la faena prevista para el día siguiente identificaban a su blanco”. Otro caso similar es el de Thomas Ince (1882-1924), quien murió en extrañas circunstancias en el yate “Oneida”, propiedad del poderoso empresario William Randoph Hearst.

El capitán Miguel Antonio Valiente se casó con Graciela Pappalardo, hermana del recientemente fallecido Teófilo Conrado Pappalardo, eterno jefe de Ceremonial del Estado del dictador Alfredo Stroessner. El matrimonio de Graciela Pappalardo con Miguel Antonio Valiente fue anulado por sentencia Nº 577, dictada por el Juez Ángel Roberto Seifart, el 27 de octubre de 1970. Seifart fue posteriormente vicepresidente de la República (1993-1998). Graciela Pappalardo posteriormente fue esposa del fallecido empresario periodístico Aldo Alberto Zuccolillo Moscarda, director y propietario del diario ABC color. Aldo Zuccolillo Moscarda, nació en Asunción el 3 de julio de 1930 y falleció en la misma ciudad el 14 julio de 2018.

Miguel Antonio Valiente, dueño del desaparecido bar “Felsina”, fue asesinado en Buenos Aires, Argentina, poco después del Golpe Militar en 1976. Según documentos del Archivo del Terror (Microfilm 00028F0474), el presunto asesino habría sido Juan Carlos Cabañas, ex secretario del Dr. Edgar L. Ynsfrán, temible ministro del Interior del dictador Stroessner, en el período 1956-1966. Según algunos familiares, Miguel Antonio Valiente tuvo una hija de nombre María Adelaida, a quien se le habría cambiado el apellido. El crimen de Miguel Antonio Valiente nunca fue aclarado, desapareció en Argentina, sin que su nombre figure entre los miles de desaparecidos en dicho país entre los años 1976-83. Miguel Antonio Valiente nació el 21 de abril de 1927, tenía 40 años cuando fue asesinado en la Argentina, el 14 de diciembre de 1976. Valiente, ex esposo de Graciela Julia Pappalardo (actual viuda de Aldo Zuccolillo), vivía en Capital Federal, en la calle Mendoza 2779, piso 14, junto con otro paraguayo de nombre Demetrio Samudio. Ambos desaparecieron de esa dirección y sus cuerpos fueron hallados el mismo día en el paraje “Lomas de Maschwitz”.

Del Archivo del Terror. Colección NBM.

Balance trágico

El año 1976 concluyó con una veintena de muertos. Las comisarías llenas de presos políticos ya no daban abasto, a tal punto llegaba el hacinamiento que tuvo que habilitarse como campo de concentración el penal de Emboscada. Este era el trágico saldo del año anterior, cuando en agosto de 1977, llegó al Paraguay el señor Terence Todman, entonces Secretario Adjunto para Asuntos Interamericanos del presidente James Carter. El Movimiento Independiente (MI) le hizo llegar al señor Todman, un documento sobre las graves violaciones de los derechos humanos en Paraguay. En él se hacía referencia a la grave situación de los presos políticos en general, a quienes se les torturaba sistemáticamente en el Departamento de Investigaciones. (Véase: Archivo del Terror, CDA, microfilm nº 00017F819).

Otro crimen no aclarado: Jorge Luis Marchi

El primer intento de quemar la ferretería “Nueva Americana” ocurrió en agosto de 1988, murió en aquella oportunidad el sereno Jorge Luis Marchi. Según fuentes de la época, Jorge Luis era hijo de la señora Dora Odriozola viuda de Marchi.

Fue sindicado como autor del homicidio a un joven llamado Pablo Galeano Brítez, viudo de 22 años. El médico forense en aquella época era el doctor José María Llano, mientras que la investigación del caso correspondió al juez Eladio Duarte Carballo.

Luces en la ciudad

El día que se inauguraba la sede actual de la embajada americana y se prendían luces multicolores en forma simultánea en Asunción y Washington, también se prendieron las luces en la concurrida esquina de la calle Mariscal Estigarribia e Independencia Nacional. En efecto, la Ferretería Americana SRL se constituyó por Escritura Pública Nº 10, el 19 de diciembre de 1955, ante el escribano Carlos Solari.

Incendio de la Ferretería Americana. Archivo NBM.

Lo que el incendio se llevó

La Ferretería Americana finalmente se incendió en 1991, cuando “quedó combusto” –como diría Dante-, Aldo Zuccolillo, director de ABC-color, era socio-gerente de la firma. El corto circuito que dio origen al incendio, según bomberos involuntarios, era una deuda tributaria de 500 millones de guaraníes, una suma que hoy equivaldría a 850.000 dólares. No era la primera vez que Zuccolillo evadía impuesto. En este sentido se puede mencionar la Resolución Nº 54, del 6 de marzo de 1972. Después vinieron las Resoluciones 327 y 328, de fecha 26 de julio de 1991, que en conjunto reclamaba una deuda tributaria de 450.856.452 guaraníes. El acta de intervención de los inspectores de Hacienda lleva 1 de julio; el 4 de julio la mencionada firma solicitó el fraccionamiento de la deuda. Lamentablemente, en el mes de su 46 aniversario, un portentoso incendio consumió por completo la Ferretería de Zuccolillo. El incendio tuvo efectos más que llamativos. No había plata para pagar la deuda tributaria, pero inmediatamente después se construyó un “Nueva Americana” 17 veces más costosa que la fraccionada deuda tributaria.

Nueva Americana reconoce haber evadido impuestos.

Ausencia del almirante Massera

ABC-color o “Nido de ratas” (1), –como calificó el dirigente febrerista Humberto Pérez Cáceres al diario de Zuccolillo- cumplía su décimo aniversario pocos días antes de la llegada del señor Terence Todman, enviado del presidente Carter. Más contento que perro con dos colas, Zuccolillo agradeció la grata presencia del dictador con un titular tamaño catástrofe: “El presidente Stroessner estuvo en nuestra casa” (9-VIII-77). Sin embargo, y pese a la cuidadosa agenda preparada por el Ceremonial Conrado Pappalardo, faltaron lamentablemente a la cita “el ilustre visitante”, almirante Emilio Eduardo Massera y su esposa Delia Ester Dieyra, quienes llegaron a Asunción recién el jueves 11 de agosto de 1977.

Nido de ratas” es una película dirigida por Elia Kazán (1909-2003), cuyo título original era “On the waterfront” (1954). Elia Kazan era conocido como delator de “comunistas”.

“El ilustre visitante”, Almirante Emilio Massera (Según ABC-Color).

Zuccolillo recrimina a Jimmy Carter

A Zuccolillo jamás le importó los derechos humanos y no hay ninguna prueba de que alguna vez haya hecho una sola denuncia sobre la violación de los derechos humanos, ni siquiera en la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Al contrario, por entonces Zuccolillo criticaba la política de defensa de los derechos humanos del presidente Carter, diciendo que había que “hacer comprender a Estados Unidos que su actual planteo necesita correcciones, así como también garantía de que no abandonará a las auténticas democracias al comunismo en ningún momento y bajo ningún pretexto. Y hasta hoy no tenemos esta garantía” (ABC-color, 16-VIII-77, página 10).

Donación a Campos Alum, director de “La Técnica”

Está claro que para Zuccolillo el gobierno de Stroessner era entonces una “auténtica democracia”, y en prueba de conformidad con su régimen, diría en otro editorial que “Al señor Todman este diario ya le expuso algunos de sus puntos de vista sobre el asunto-derechos humanos-, pero hay otros que no le expusieron porque entendimos que se está, ante todo, frente a cosas que los propios paraguayos debemos plantear y resolver exclusivamente entre nosotros” (ABC, 18-VIII-77). La fuerte identificación de Zuccolillo con el régimen de Stroessner hacía que sus negocios de contrabando, de cubiertas, varillas de hierro, etc., marcharan viento en popa. En suma, su apoyo a la dictadura era un negocio tan floreciente que incluso sobró plata para donar 8.000 dólares al doctor Antonio Campos Alum, conocido como “el carnicero de la Técnica”.

Los duendes de la rebeldía

Un buen día Zuccolillo descubre que el gobierno de Stroessner era en realidad una perversa dictadura, pero ya era demasiado tarde, pues cuando el “ilustre jefe” clausuró su diario, ya llevaba 30 años en el ejercicio del poder discrecional. Comienza entonces Zuccolillo a remar hacia la otra orilla, convirtiéndose sin más trámites en uno de “Los duendes de la rebeldía”. Viaja a Madrid en 1987 para asistir a las “Jornadas por la democracia en el Paraguay” (4/II/87, CDA, Microfilm 0020F0743). Allí plantea el “estado de cosas” que diez años antes y según el mismo, “los paraguayos debemos plantear y resolver exclusivamente entre nosotros” (ABC-color, 18-VIII-77).

Rentabilidad y patriotismo

Zuccolillo siempre le puso precio a la complacencia y obtuvo, de hecho, razonables beneficios de los gobiernos de turno. Durante el gobierno de Wasmosy, por poner un ejemplo, sólo en septiembre de 1996 recibió avisos oficiales por un monto de 60.266.310 guaraníes. También se recuerda que acusó a Lino Oviedo de ser un militar golpista, pero más tarde (18-IV-97), especulando sobre futuras ventajas, declaró a Radio Uno que Lino Oviedo era el único que podía mantener al partido colorado en el poder y que “era el candidato de su preferencia”. Este contradictorio caballero, siguiendo la tradición familiar, también se incorporó a los padrones del “Partido de la billetera”. Don Antonio Zuccolillo Abbondante, quien había vendido “abbondante” azúcar a los bolivianos durante la Guerra del Chaco, le dio a su hijo lecciones básicas sobre la escasa rentabilidad del patriotismo.

El delirio continúa

La nota aparecida en ABC color, el sábado 16 de octubre de 1999, reunía todos los requisitos literarios para ocupar un espacio privilegiado en una antología del disparate. Bajo el título “Se va cumpliendo el plan de hostigamiento sistemático”, Zuccolillo deja al descubierto el “plan” de sus adversarios: “1. Provocar al diario obligándolo a defender constantemente a Lino Oviedo; 2. Enviar noticias falsas y develar la misma a la opinión pública. 3. Acusar al director de acciones pro-oviedistas y que esas acusaciones sean hechas por personas insolventes. 4. Aprovechar la personalidad de Aldo Zuccolillo para minar su credibilidad, provocarlo y exponerlo permanente para que su “sangre italiana” actúe en su contra; 5. Profundizar su espíritu autocrático para que pierda cohesión en su redacción y poder sobre sus periodistas; (El punto 6 no aparece) 7. Insistir en los ataques a Conrado Pappalardo, dado que su parentesco no lo hará provocar reacciones desmedidas; 8. Apuntar a su altivez y soberbia: no admitirá errores e insistirá en profundizar en pistas falsas”.

Cartografía para extraviados

El Dr. Christian Zimmermann, discípulo aventajado del mago Martínez de Hoz, vino al Paraguay cuando descubrió que para efectos judiciales “Argentina no termina en la General Paz”. Pronto lo contrató Zuccolillo para predicar desde ABC color la ideología del sálvese quien pueda. Estaba a punto de convencernos de que su receta económica podía resolver todos nuestros males, cuando salieron a la luz sus aventuras de BANCOPAR y otras entidades financieras. Claro está, tratándose de este caballero de “fina estampa”, Zuccolillo y su cuñado “Teruco” no podían permitir que un argentino, listo como el hambre, tuviera camarote propio en la cárcel de Tacumbú.

El “Plan Z”

El ideólogo del “Plan Z”, que consistía en sentarlo a Zuccolillo en el sillón ocupado por el dictador Stroessner, fue el controvertido Dr. Fernando Levi Rufinelli. Sin embargo, tal plan falló cuando Ángel Arias, administrador de ABC color, cometió la imprudencia de hacer comentarios a su pariente Alejandro Cáceres Almada. Fue así como Zuccolillo se quedó definitivamente sin su Sillón Presidencial. El “Plan Z” fue un delirio más de Aldo Zuccolillo.

Zuccolillo define la corrupción

El año en que la Ferretería Americana SRL cumplía su 40 aniversario, ABC color, en un editorial del domingo 9 de julio de 1995, nos hacía saber a todos los paraguayos de adentro y de afuera que las “evasiones impositivas…no deben confundirse con la corrupción”. La organización Transparencia Internacional debiera tomar nota de esta notable e inapelable definición. Por lo demás, gracias a la sapiencia de Zuccolillo los evasores de impuestos ya pueden estar tranquilos, pues ya tienen la certeza de que están excluidos del padrón de los corruptos.

Cuentero enredado en su lengua

El lunes 13 de marzo de 1995, ABC-color (P.14) publicó una nota editorial en la que hablaba sobre “El retorno de Stroessner y el juicio a la dictadura”, poco más arriba de la página editorial puede leerse: “clausurado por la dictadura el 22 de marzo de 1984 por defender la libertad”. (La pregunta que se impone es: ¿Cuándo Zuccolillo defendió la libertad?). No hay motivo para cuestionar el presumido aserto del slogan, sobre todo en su primera parte. Tampoco hay motivo para no decir que ABC-color empezó a sentir los rigores de la dictadura 17 años después de su fundación, cuando Stroessner ya estaba en víspera de cumplir su trigésimo aniversario en el poder. Podría decirse también que –sin que sea necesario aplicar la cinta métrica a la obsecuencia-, entre 1967 y 1984, ABC-color prodigó tantos elogios al dictador en sus páginas, que serían más que suficientes como para empapelar con ellas todo el Palacio de López. Por tanto, en el juicio a la dictadura debe incluirse a sus alabarderos, a sus beneficiarios (Zuccolillo entre ellos) y a quienes la legitimaron.

Aldo Alberto Zuccolillo fundó “ABC-color”, el 8 de agosto de 1967, bajo el padrinazgo del general Alfredo Stroessner, quien asistió a la inauguración del “diario joven con fe en la patria”. Desde entonces, y hasta poco antes su clausura en 1984, en incontables editoriales, Zuccolillo defendió con vehemencia la política y la larga era de “paz y de progreso” del gobierno del general Stroessner. Claro está, los negocios de los Zuccolillo prosperaban gracias al “ilustre jefe” y por ello era frecuente encontrar a ambos en numerosas “estampitas” de la época. (Recuérdese que Zuccolillo proveía de automóviles Chevrolette –caperucitas- a la policía de Stroessner, por lo que el cinismo resulta evidente cuando menciona en “Hace 10 años” que “La sola presencia de las caperucitas en los barrios resultaba traumática para cualquier ciudadano” (ABC, 29/VII/97).

Stroessner visita ABC-color en su décimo aniversario, agosto de 1977.


Zuccolillo y sus vínculos con Stroessner

Boda de Olivia “Chelita” Stroessner con Hugo Fernando Zuccolillo.

Fotografías de Zuccolillo con Stroessner debe haber varias… la verdad es que todos queríamos salir con él, yo también ¿por qué no? Es cierto, puede haber 20 años, los primeros de gobierno de Stroessner yo querría que alguien me niegue que fueron muy constructivos, que puede haber defectos de derechos humanos, con mucho gusto acepto. Pero, que fueron constructivos lo fueron y nuestros editoriales descifraban eso, 20 años de construcciones”. (Declaraciones de Aldo Zuccolillo a Radio Ñandutí, el 12 de diciembre de 1996).

Aldo Zuccolillo padecía de una especie de “amnesia selectiva” cada vez que se refería a los “stronistas”, y hasta es comprensible que así sea, esencialmente porque él mismo estuvo fuertemente vinculado al general Stroessner. Este hecho explica su propia exclusión de la lista de “stronistas” elaborada para la desaparecida columna titulada “Hace 10 años”; explica también por qué estuvieron injusta y notoriamente ausentes su hermano Antonio Zuccolillo, consuegro de Stroessner y embajador en Londres (1980-1989); su otro hermano, Julio César Zuccolillo, delator al servicio del Jefe de Investigaciones, Pastor Coronel; y por último su cuñado, Conrado Pappalardo Zaldívar, eterno encargado de los actos ceremoniales del dictador. Si uno se toma el trabajo de buscar en “Hace diez años”, que comprende el período 1979-1989, comprobará que algunos nombres están llamativamente ausentes. Por ejemplo, por qué no aparece el nombre del cuñado Pappalardo en la lista de quienes en junio de 1988 acompañaron a Stroessner al Epcot Center de Orlando, Florida (EE. UU.). ¿Será que Conrado Pappalardo, según el criterio periodístico de Zuccolillo, no reunía suficientes méritos para figurar en la lista de “stronistas” de ABC-color o es que en “Hace diez años” no se admitían parientes?

Con estos antecedentes, y para decirlo con palabras de Zuccolillo: “Es bueno que la memoria colectiva no se deje confundir por la inversión de culpas y responsabilidades que en esta campaña electoral se intenta, quizá porque quienes la inventan y la utilizan confían en que, de tanto falsear el pasado, la memoria de este pueblo flaquee, se desoriente y acabe por absolver a los verdaderos culpables de nuestros males presentes”. A este comentario sólo cabe agregarle otro, que el señor Aldo Zuccolillo, tenía como pasatiempo preferido FALSEAR EL PASADO.

Coqueteando con los verdugos

El joven que muere torturado por no confesar se convierte en un testimonio absoluto de la humanidad y gracias a él se puede seguir viviendo” (Ernesto Sábato).

ABC-color pide colaboración para capturar opositores, 1976. Archivo NBM.

Tras conocerse la visita que realizaría a nuestro país el general Jorge Rafael Videla, tres semanas antes de ser apresados Alejandro José Logoluso y Marta Landi, quienes luego desaparecieron en la Argentina, Aldo Zuccolillo apronta un editorial para coquetear anticipadamente con los verdugos. En un editorial titulado “Es fácil pontificar lejos del problema” (4-III-77), sostiene cuanto sigue: “Hay ciertos países, en efecto, donde no todos los derechos humanos tienen el reconocimiento y el amparo que debieran, pero en los que tal situación no es ni puede ser considerada definitiva, porque en ellos en verdad no se la desea”. Es decir, según Zuccolillo, Videla y su Junta asesinaron, torturaron e hicieron desaparecer a cerca de 30.000 personas sin querer.

La república argentina puede ser considerada como un buen ejemplo del primero. Admite su gobierno y su pueblo mismo que actualmente están restringidas ciertas libertades y conculcados algunos de los derechos humanos, pero la tendencia general de ese país, la aspiración final de los argentinos, incluidos sus gobernantes, mira a superar ese estado de cosas, a restablecer la normalidad absoluta tan pronto como sea posible”. Esta afirmación, además de ser una falsedad perversa, ofende la memoria de miles de víctimas, ya sean desaparecidas o supervivientes, de la gran carnicería humana que entonces funcionaba a todo vapor. Pero en su afán de complacer a los asesinos, Zuccolillo continúa diciendo: “Mientras una nación conserve vivas tales aspiraciones, difícilmente se la podrá catalogar entre las enemigas declaradas de los derechos humanos. En todo caso, a ese juicio no se puede llegar sin realizar primero un sincero esfuerzo por realizar primero un sincero esfuerzo por ubicarse en sus circunstancias y pensar, con justicia y sin pasión, que haría uno mismo en su lugar”. Este ilustrativo editorial nos averigua lo que Aldo Zuccolillo haría, “con justicia y sin pasión”, estando en lugar de Videla. Este es el Zuccolillo real, retratado por el mismo Zuccolillo, “cuentero enredado en su lengua”, tenía vínculos políticos y afectivos con la dictadura, por eso su cuñado, el encargado de los actos ceremoniales del dictador, Conrado Pappalardo, no aparece en su lista de “Hace 10 años”. Y podría indagarse más: ¿Era dictadura cuando el 15 de junio de 1974 se casó Hugo Fernando Zuccolillo (hijo de Tuco y sobrino de acero) con María Olivia Stroessner Mora? ¿O cuando “El presidente Stroessner estuvo en nuestra casa”? (ABC color, 9/VIII/77). Entonces, lo único que falta es saber ¿Cuándo empezó exactamente la dictadura para Aldo Zuccolillo?

La pérdida de privilegios y cuestiones impositivas, sumadas a una que otra nimiedad, hicieron que Aldo Zuccolillo empezara a remar hacia la otra orilla; un día cualquiera, treinta años después de haberse iniciado, Zuccolillo descubre de pronto la dictadura. A partir de entonces su obsesión fue desvincularse de sus padrinos de antaño, quería “quemar las naves”, desandar todo su itinerario de complacencias y adulonería; pero dejó tantas huellas que no había suficiente leña para ejecutar tan ambicioso propósito. Cuentan que asesores y especialistas en “fe de erratas” le explicaron a Zuccolillo que borrar el pasado no era tarea fácil, pero que este “desmemoriado” pueblo podía aceptar que se le cuente el final de la película: así nació la serie titulada “Hace diez años”.

Zuccolillo, itinerario de ida y vuelta

Don Miguel Ignacio Pereira compró en 1966 la Industrial y Comercial Lala Ltda., empresa que Aldo Zuccolillo tenía en San Pablo, Brasil. Con lo recaudado en esta operación comercial, sumado a las aportaciones de otros socios, un año después fue fundado el diario ABC color. El excelentísimo presidente de la República, don Alfredo Stroessner, fue especialmente invitado al acto inaugural del diario que “deseaba evaluar con objetividad” las obras de gobierno del dictador. Como era de esperar, Zuccolillo pronto se alistó en las filas de quienes criticaban a los opositores que no deseaban legitimar con su voto la dictadura del general Alfredo Stroessner, expresando que “La politiquería no sólo se ha entronizado en la vida de las estructuras del gobierno, sino que también tiene su modus operando en la mentalidad de la propia oposición, que de una u otra forma hace bandera de un absurdo abstencionismo cívico, o vive rumoreando sistemáticos y presuntos golpes de estado, o especula sobre inminentes cambios con cálculos de pitonisa” (“Politiquería”, editorial de ABC color, 9 de enero de 1968). Había entonces miles de exiliados de todos los partidos y presos políticos dispersos en casi todas las comisarías del país, 176 presos contando sólo la lista de “la Técnica” de Antonio Campos Alum.

A nadie le importaba demasiado la situación de los presos políticos, que por entonces ya llevaban años en los sucios calabozos, como, por ejemplo, Napoleón Ortigoza, Antonio y Ananías Maidana, Alfredo Alcorta, Julio Rojas, Emilio Barreto, Livio González Santander, etc. Como comerciante, vinculado a los grupos de poder, conocía perfectamente la “escasa rentabilidad del patriotismo”, de modo que lo que Zuccolillo quería era que se votara, pero por intereses bien definidos y que nada tenían que ver con la democracia. Entre las razones cívicas figuraba el Decreto Nº 29.252, de septiembre de 1967, que había creado el Consejo Nacional del Trigo, para la ejecución del Programa Nacional de Cultivo del cereal mencionado. Para el financiamiento del “Plan triguero”, el Banco Nacional de Fomento destinó en 1968 un fondo de 500 millones de guaraníes, una considerable suma de dinero para aquella época; el principal beneficiario de este fondo no sería otro que el eterno Ceremonial del Estado, Don Conrado Pappalardo Zaldívar, convertido tiempo después en el celebérrimo cuñado de Aldo Zuccolillo.

Algunos memoriosos aún conservan la esperanza y el interés en saber si los 42.000.000 de guaraníes (334.000 dólares), monto del préstamo otorgado a Pappalardo, retornó a su lugar de origen o si pasó a engrosar la privilegiada lista de “cuentas del otario” del Banco Nacional de Fomento. Del fondo del “Plan Triguero”, la firma Pappalardo utilizaría nada menos que el 9 % del total, porcentaje suficiente para sentirse honrado con la amistad de Stroessner. A Zuccolillo y a Pappalardo –versión tropical de Charles Maurice Talleyrand- “caballeros de billetera dorada”, jamás les importó la democracia ni los derechos humanos. Al contrario, siempre se acomodaron con los mandones de turno. Eso sí, estos caballeros tienen la rara virtud de saber a quién traicionar y en qué momento preciso hacerlo, “no sea que la victoria sea más costosa que la derrota”.

Zuccolillo y su fama de delator

El fallecido director del diario ABC-color, recorrió un largo trecho como delator, hecho que puede verificarse en publicaciones de su propio diario.

Zuccolillo adquirió su triste fama de delator en aquel trágico año de 1976, cuando publica en primera plana la foto del sacerdote Miguel Sanmartí García, a quien atribuye la jefatura principal de una organización terrorista (ABC color, 8/IV/76). Un mes después, publica, también en primera plana, las fotos de “peligrosos extremistas”, como José Luis Simón y los hermanos Bogado Tabacman, entre otros (ABC color, 8-V-76). La fama de delator de Zuccolillo llegó hasta la península ibérica. En lo que afectaba al sacerdote Sanmarti García, la revista española Cambio 16 se refirió al asunto en los términos que siguen: “Como en un cartel del Far West norteamericano, junto a la foto del requerido por la justicia apareció la noticia en el diario ABC-color de Asunción del Paraguay a comienzos de abril. Poco podía hacer la ciudadanía local para ayudar a capturarlo. En aquel momento el “peligroso criminal” estaba cómodamente instalado en la residencia de su Orden en Barcelona, donde llegara hacía cinco meses”. (Cambio 16, Madrid, 24 de mayo de 1976). Esta feliz coincidencia de Zuccolillo con “los altos objetivos del Superior Gobierno de extirpar el cáncer del comunismo” fue retribuida al año siguiente cuando el 8 de agosto de 1977, el dictador Stroessner asistió al décimo aniversario de ABC color. Pero no iba a contentarse con ser un simple delator, pues su principal competidor en la adulonería, Humberto Rubín, ya había ascendido al rango de animador oficial de los cumpleaños de Stroessner, era claro que Zuccolillo necesitaba reunir más méritos.

Consecuente con este propósito, el 8 de marzo de 1979, es que Aldo Zuccolillo aporta la suma de 8000 dólares para que el temible director de la Técnica, Antonio Campos Alum, pudiera denunciar ante el Congreso Anticomunista Mundial “la maniobra procomunista del presidente Carter”. El “demócrata Zuccolillo” considera ineficiente la maquinaria de la muerte dirigida por Campos Alum realizando entonces sus propias pesquisas en ABC-color, descubriendo en tiempo récord el antídoto contra el comunismo apátrida. Sin embargo, en la “receta de Zuccolillo” puede apreciarse un portentoso elogio de la represión.

Efectivamente, en su editorial titulado “El verdadero enemigo del comunismo está en la democracia” (ABC-color, 24-VI-79, p.8), Zuccolillo, hace estas consideraciones: “Desde luego, esto no quiere decir que entre los métodos de lucha contra el comunismo no ocupe un lugar –y de importancia- el poderío militar o que se deba renunciar a todo aquello que abarca el concepto genérico de represión…”. Está clarísimo, según este desalmado, no hay que “renunciar” a la tortura-picana, pileta y garrote- que están incluidos en el “concepto genérico de la represión”. Siguiendo con su demencial razonamiento, Zuccolillo llega a la novedosa conclusión de que “el comunismo no teme a esta forma excesiva de represión. Por el contrario, son múltiples las indicaciones que revelan que la procura y la fomenta. Busca ser perseguido y quiere que la persecución sea lo más intensa y despiadada posible…”. Para Aldo Zuccolillo, que luego quiso aparecer ante la opinión pública como “defensor de la libertad”, los presos políticos pasaban momentos muy agradables y placenteros en la confortable Técnica o en el Departamento de Investigaciones, de Pastor Coronel, y cuanto más “intensa y despiadada” era la pileteada, el “pileteado” –según Zuccolillo- se sentía como si estuviera en una reparadora sesión de sauna o bañándose en una apacible playa caribeña. Pero hay más, el “demócrata Zuccolillo” en la penúltima parte de su “Elogio de la represión” todavía se anima a afirmar que “la represión excesiva puede surgir a veces de la sinceridad…” Cualquier comentario sobre esta demencia corre por cuenta de quienes sufrieron persecuciones y terribles torturas.

Aldo Zuccolillo, aventajado discípulo del inquisidor Torquemada, no sólo justificó los “veinte años de labor, sino que ocupó su puesto en las trincheras de Campos Alum para oponerse a la defensa de los Derechos Humanos del presidente Carter. A ese mismo Zuccolillo le indignaría que la prensa publique las fotos de los asesinados en el mes de marzo de 1999 mientras seguía defendiendo a quienes prometían ríos de sangre, a los que venían incitando a violar los derechos humanos, hecho sumamente grave y considerado como delito en todos los países signatarios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Reacción de Zuccolillo sobre el caso Pinochet

A pedido del juez español Baltasar Garzón, el 16 de octubre de 1998, fue detenido en Londres el exdictador chileno Augusto Pinochet. En la calle Yegros no cayó bien la pretensión ibérica de juzgar a un dictador sudamericano fuera de su hábitat “natural”. Indignado por tan “arbitraria” pretensión del juez español, Aldo Zuccolillo publica un frondoso editorial en el que se pregunta: “¿Cuál es la diferencia entre el dictador Augusto Pinochet y el tirano Fidel Castro, más allá del hecho de que éste último llevó a su país al atraso, al hambre y la prostitución, mientras el primero modernizó y trajo prosperidad al suyo?”.

Zuccolillo en su editorial asume abiertamente la defensa de Pinochet, y para integrar correctamente su alegato lo hace en los siguientes términos: “El gobierno comunista chino asesinó de una sola vez en la Plaza de Tiananmen a miles de estudiantes que se manifestaban a favor de la democracia, muchos más de los que se denuncian como muertos y desaparecidos durante la cruenta guerra de guerrillas librada en los diecisiete años del régimen dictatorial de Pinochet”. (Ver: “Bochornosa hipocresía internacional”. Editorial de ABC-color, 8 de noviembre de 1998, página 14). En este editorial, que pudo haber escrito el propio general chileno Manuel Contreras, ex jefe de la DINA, Zuccolillo expone sus argumentos como flamante abogado defensor: a Pinochet no se lo debe juzgar porque no se diferencia en nada de Fidel Castro, segundo: Pinochet trajo prosperidad a Chile y Castro trajo al suyo el atraso, el hambre y la prostitución; tercero, no se puede juzgar a Pinochet antes de que los comunistas chinos estén en el banquillo de los acusados; y por último, los “muertos y desaparecidos” en Chile, murieron o desaparecieron “durante la cruenta guerra de guerrillas”, es decir, murieron en combate; luego, de ley pareja nadie se queja. Según Zuccolillo, lo que pasó en Chile, es más o menos como diría Arthur de Gobineau, que “los salvajes también empezaron a comerse a los caníbales”.

Ahora bien, ¿a qué responde esta encendida defensa de Pinochet? ¿Por qué tanta indignación en la calle Yegros? Esta indignación podría no ser tal y por ello hay que ubicarla en el contexto. A fines de octubre de 1997, el abogado Samuel Buffone – representante legal de los familiares de Orlando Letelier y Ronie Moffit en Washington- pidió la reapertura del “Caso Letelier”. Simultáneamente el juez Baltasar Garzón también pedía informes a Washington sobre la participación de Michael Townley en el secuestro y asesinato del diplomático español Carmelo Soria. El lector debe preguntarse ¿qué le importaba a Zuccolillo el pedido de Buffone y el de Garzón? Por de pronto puede afirmarse categóricamente que a Zuccolillo sí le importaba y mucho, y para comprenderlo habrá que volver a relatar lo indispensable de una vieja historia.

Excanciller chileno, Orlando Letelier, muerto en un atentado en Washington.

Conrado Pappalardo, un cuñado en apuros

Cuando Zuccolillo perseguía terroristas imaginarios en 1976, en la primera semana de junio de ese año llegaban a Paraguay dos terroristas en serio: Michael Townley y Armando Fernández Larios. Estos pertenecían a la DINA, temible policía secreta de Chile. En Asunción tomaron contacto con el cuñado de Aldo Zuccolillo -el eterno ceremonial del Estado- Dr. Conrado Pappalardo Zaldívar, quien gestionó pasaporte falso ante la embajada norteamericana en Asunción para Michael Townley y Fernández Larios, con el nombre supuesto de Williams Rose y Alejandro Romeral Jara, respectivamente.

Pappalardo Teruco aplaudiendo a Stroessner. Archivo NBM.

El 21 de septiembre de 1976 se produjo en Washington un atentado en el que perdieron la vida el excanciller Orlando Letelier y su secretaria norteamericana Ronnie Moffit. Tiempo después se supo que la Justicia norteamericana había hallado culpable del atentado a Michael Townley y el capitán Armando Fernández Larios. Nadie sabe con certeza cómo se libró Conrado Pappalardo del “caso Letelier”. Pappalardo falleció a los 85 años, en octubre del 2020, no obstante, ahora que se presiona cada vez más para desclasificar los documentos secretos del caso en poder del Departamento de Estado Norteamericano, tal vez en algún momento por lo menos pueda romperse la impunidad. Consecuentemente, la indignación en la calle Yegros por la detención de Pinochet en Londres se justifica plenamente; en tanto que la “bochornosa hipocresía internacional” de Zuccolillo, ubicada en ese contexto, parece estar inspirada en un sentimiento premonitorio, el que anuncia un juicio y castigo para sus parientes.

Antonio “Tuco” Zuccolillo con su consuegro el dictador Stroessner. Archivo NBM.

Imagen de inicio: Tapa de ABC del 67, pidiendo “larga vida y salud” para el pedófilo tirano, cuando ya habían pasado 13 años de torturas, exilios, saqueo, violaciones a niñas, asesinatos y desapariciones.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: