El Estado y la Dictadura del Proletariado

A 103 años de la Revolución Bolchevique.

Por Najeeb Amado*

Reivindicar la Dictadura del Proletariado en pleno año 2020, probablemente genere cierto descrédito o sensación de total anacronismo, dogmatismo o sacralización de la teoría marxista-leninista para quienes se acerquen a este breve texto.

Sin embargo, realizar el intento de demostrar su vigencia en pleno siglo XXI, persigue una intención totalmente contraria, cuyo objetivo es seguir aprendiendo a crear, realizando el esfuerzo de abordar la historia desde el materialismo y con el método dialéctico, buscando sacar lecciones de uno de los procesos más importantes de la humanidad, como lo fue la Revolución Bolchevique y aportando al sano debate tan necesario para ajustar nuestras organizaciones a la medida de las actuales exigencias.

La llamada nueva izquierda y varios progresismos, cabalgaron sobre los errores del denominado “socialismo real”, cuando no en la maraña de medias verdades y falacias que los “tanques del pensamiento” hegemónico se encargaron de diseminar por todo el mundo, a través de sus múltiples aparatos ideológicos, aturdiendo a las mayorías trabajadoras para maniatarlas y lograr que concentren su repulsión en las deficiencias de las primeras experiencias de Poder Obrero, con mayor fuerza que en las miserias propias del metabolismo social del capital y la mezquina conducción de las patronales.

Se cuenta que un periodista que andaba por Rusia en los albores de la revolución, al ser consultado sobre los bolcheviques, dijo que eran un grupo de científicos, conspiradores, agitadores y organizadores de masas.

Fueron eso y algunas cosas más. Los bolcheviques supieron fusionar la tradición revolucionaria-obrera de Marx con el conspirativismo radical de los “naródniki” (los populistas revolucionarios rusos del siglo XIX), para enfrentar al zarismo y burlar a la Ojrana rusa (policía secreta del zarismo).

Lenin, como militante revolucionario y líder de la Revolución de Octubre, logró comprender el proceso de paso al capitalismo de los monopolios, o sea, al imperialismo, y la necesidad de diseñar una estrategia revolucionaria de carácter socialista, atendiendo el progresivo proceso de subordinación de los capitales locales a los monopolios de los países del centro capitalista.

En conversaciones acerca del Partido de Nuevo Tipo, con el Profesor Jorge Beinstein, llegamos a identificar algunas cuestiones que quiero compartir, respecto a la compleja organización de organizaciones que lograron desarrollar los bolcheviques para organizar la revolución.

Tener profundas raíces rusas era uno de los elementos, sobre todo el conspirativismo narodnik, además, claro está, del alcance universal del proyecto emancipador. La organización celular compartimentada resultó altamente eficaz a la hora de enfrentar a la Ojrana. Se trató, entre otras cosas, de:

1º: Una organización clandestina completamente autónoma respecto de los márgenes legales o institucionales, que a veces aprovechó, pero a los que nunca se “adaptó”.

2º: Una organización cuyo objetivo era el derrocamiento revolucionario del régimen, es decir la destrucción del Estado imperante y no su copamiento o penetración, ni su reforma.

3º: Una organización que veía a la sociedad rusa como si fuera un campo de batalla, tratando de desestabilizar, aislar y finalmente quebrar al enemigo desatando una ofensiva insurreccional de las masas populares con eje en la clase obrera industrial, sobre todo -pero no solo- de Petrogrado.

4º: Una organización que buscaba la insurrección de las masas tal como eran y como eventualmente podían evolucionar en el proceso de lucha. No pensaban en “masas” idealizadas de manual ni subestimadas como suelen hacer los politiqueros pseudo-realistas.

La esencia de la revolución bolchevique es la estrategia revolucionaria acorde al tiempo y a la organización general del enemigo, dándole énfasis a la capacidad represiva, de anticipación y destructiva del mismo, atendiendo a la necesidad de disputar poder en clave de derrocamiento de la clase hegemónica que dicta sus normas organizativas desde las posiciones de dominación.

Dicha estrategia revolucionaria parte de la correcta caracterización del modo de producción y de su proyección. En este caso, como ya mencioné, guarda relación con las motivaciones de la Primera Guerra Mundial, relacionada a la inevitable expansión del capitalismo y su paso a la fase monopolista, imperialista.

Entonces, la necesidad de una alianza social obrera-campesina estaba íntimamente ligada con el desarrollo del capitalismo en general y de la Rusia zarista en particular.

Existen documentos de la Ojrana que dan cuenta de informes policiales refiriendo que, a meses de la revolución, en 1917, la policía secreta identificaba a los bolcheviques como un grupo minoritario pero con una organización y disposición de combate fuertemente templada en el desarrollo del factor subjetivo revolucionario.

Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria“. Póster soviético.

Sin embargo, con claridad estratégica más otros atributos, en el año 1917, los bolcheviques lideraron la revolución que dio inicio a la primera experiencia de Estado obrero que, sin referencia anterior, sin tener espejos en donde mirarse, se lanzó genuinamente a construir la dictadura del proletariado proyectando progresivas revoluciones a escala mundial para sepultar a las dictaduras de las patronales y construir lo que el Comandante Fidel Castro llamaba la verdadera historia de la civilización humana, superando la prehistoria signada por la explotación de los seres humanos.

Y en buena parte de la experiencia de construcción de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el socialismo con la planificación central de la economía, demostró su superioridad frente al modo de producción capitalista. De hecho, en la gran crisis capitalista de 1929, la URSS continuaba creciendo y superando las limitaciones injustas impuestas por la ley del valor del capitalismo, emancipando a mujeres y generando condiciones para que hijas e hijos de la clase obrera puedan desarrollar sus talentos en el terreno que mejor se asimilen. Así la URSS tuvo grandes científicos, artistas, deportistas, diversidad de oficios calificados y garantías de desarrollo para el conjunto de la población en cuanto a vivienda, trabajo, educación, salud, transporte, alimentación, vestimenta y ocio.

Claro que tuvo problemas, desde las limitaciones propias de la falta de experiencia que marca el ritmo del desarrollo teórico del socialismo-comunismo, atendiendo la preeminencia de la experimentación al no existir referencia anterior, hasta las debilidades propias de la condición humana envuelta en la hegemonía cultural capitalista, o la permanente provocación y ataques directos, guerras civiles (que generaron importantes bajas cuantitativas y cualitativas de cuadros revolucionarios), así como el hecho de ser uno de los escenarios de la Segunda Guerra Mundial con millones de soldados (y de vuelta, entre ellos grandes cuadros políticos) muertos, a lo que podemos sumar la temprana muerte del camarada Lenin, en 1924.

En ese marco, la reforma constitucional de 1936, si bien necesaria para reorganizar el proceso productivo –con su consecuente expresión política- atendiendo la emergencia del nazi-fascismo y la inminente confrontación bélica, terminó instalando un ordenamiento que fue restando fuerza al Poder Obrero de los Soviets. O la decisión de terminar con la III Internacional en 1943 sin realizar un proceso de crítica y autocrítica que permita la superación de limitaciones y errores que se venían reproduciendo en su interior, restando fuerza al esencial y estratégico contenido internacionalista de la revolución socialista ante el avance del imperialismo y de la cosmovisión burguesa en el mundo capitalista. También podemos ubicar las limitaciones que impidieron una revisión y reforzamiento del sistema de planificación central de la economía, e inyectaron lógicas productivas que incluían, de vuelta, la ley del valor en los procesos productivos.

Claro que, a la luz del tiempo y la revisión de los procesos históricos, podemos establecer críticas al desarrollo del socialismo en la URSS, sin dejar de tener en cuenta su carácter inédito y todas las condiciones que se suscitaron en su devenir.

Hoy, a 103 años de aquella gesta revolucionaria, construir la organización de organizaciones como Partido de Nuevo Tipo, con los atributos revolucionarios apropiados a la capacidad del enemigo de clase se constituye en un insoslayable menester de quienes luchamos por la liberación plena de las capacidades de todas las personas.

 Y en ese marco, la necesidad de construir un Estado a imagen y semejanza de la alianza social obrera, campesina y popular, con una propuesta contemporánea de planificación central de la economía capaz de dar cuentas del gran potencial de auto-organización que tienen los pueblos, asumiendo con altura y orgullo la instalación de la dictadura revolucionaria del proletariado, para llevar adelante la transición del socialismo al comunismo, nos interpela en cuanto a debate y praxis transformadora que reivindique al marxismo-leninismo y la necesidad-posibilidad de construir el socialismo-comunismo.

En este esfuerzo cuya síntesis es la práctica revolucionaria, la paciente y firme explicación de la dictadura del proletariado como expresión del dominio de la clase trabajadora sobre las minorías explotadoras, reviste mucha importancia en la formación del factor subjetivo para el combate transformador. Por ejemplo, el capitalismo se sustenta en la dictadura de las patronales. Esta dictadura puede tener una organización política de carácter democrático-burgués, o bajo la forma de régimen autoritario, fascista, dictatorial. Asimismo, la dictadura del proletariado, por ser la expresión del dominio de las mayorías trabajadoras de la ciudad y del campo, será esencialmente democrática.

La destrucción del Estado burgués en este siglo XXI y la instalación de la dictadura revolucionaria del proletariado, asumiendo las lecciones de la historia y ajustadas a estos tiempos, siguen teniendo la imponente vigencia que el desarrollo del capitalismo y su posibilidad efectiva de superación humanista nos exigen, así como la estrategia revolucionaria capaz de superar al capitalismo deberá combinar los aspectos comunes que la lucha a escala mundial nos exige, con la creación heroica cuyas particularidades brotarán del ingenio al ritmo de los pueblos y sus condiciones históricas. Y me refiero a cada pueblo concreto, no a los pueblos de los “manuales”.

*Secretario General del Comité Central del Partido Comunista Paraguayo, miembro de la Sociedad de Economía Política del Paraguay (SEPPY) y de la Sociedad de Economía Política Latinoamericana (SEPLA).

Imagen de inicio: “En el mundo, Paz“. Póster soviético.

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