Internacionales | Por Dr. José Angel Portal Miranda1 para El Heraldo
Un breve contexto internacionalista
Por Adelante!
Cuba enfrenta a día de hoy una presión criminal, pero desde los inicios de la revolución han sido incontables los planes del imperialismo estadounidense para intentar destruir a la revolución cubana. Aunque, a pesar de ello, desde los primeros años del proceso revolucionario la medicina cubana fue parte fundamental de la solidaridad internacionalista. El primer antecedente directo de una delegación médica cubana data de 1960 (a Chile, para colaborar luego de un terremoto), pero es en mayo de 1963, cuando apenas se consolidaba el nuevo sistema de salud en la isla, que una brigada de médicos viajó a Argelia, por iniciativa de Fidel, inaugurando esa experiencia que con el tiempo, según los reportes oficiales, alcanzaría a más de 160 países y a cientos de miles de profesionales sanitarios desplegados en comunidades empobrecidas, zonas rurales y lugares de desastres. Durante epidemias y crisis humanitarias, estos médicos han sido, muchas veces, los primeros en llegar y los últimos en irse. Desde campañas como la Misión Milagro, que permitió acceder a miles de latinoamericanos a tratamientos y cirugías oftalmológicas; no está de más mencionar que en Paraguay más de 240 mil pacientes lograron acceder a los servicios hasta el cese de sus operaciones en el territorio. También es necesario mencionar a la brigada contingente Henry Reeve, creada en 2005 para intervenir ante grandes epidemias y desastres. Esta brigada ha estado en más de veinte países y ha ayudado a millones de personas.
Todo esto que se menciona no son casos excepcionales sino que son la expresión de un proceso revolucionario que sostuvo ese principio que manifestó Fidel hace tiempo: “Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad. Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo”. A lo largo de más de sesenta años, este principio se ha traducido en millones de consultas, intervenciones quirúrgicas y programas de atención primaria en lugares donde el acceso a la atención sanitaria es limitado o incluso inexistente en algunos casos, sin descuidar el propio sistema de salud.
En medio del criminal bloqueo, el intento de genocidio por parte del Estado imperialista dirigido por Trump, este legado humanitario es algo imposible de omitir y que debemos reconocer cada vez que reflexionemos sobre Cuba. En ese marco, el proceso revolucionario logra sostener su sistema de salud mediante una reorganización estratégica de recursos.
Para entender más sobre esto, reproducimos a continuación la columna del Dr. José Angel Portal Miranda, ministro de salud de la República de Cuba, publicada en El Heraldo el 9 de marzo de 2026.
El imperativo ético de la salud en Cuba frente al cerco energético
En el complejo escenario de la geopolítica contemporánea, las cifras económicas suelen camuflar el impacto humano real que subyace en las decisiones de gobiernos para conseguir oscuros objetivos políticos y económicos de dominación en sus relaciones con otros países, que en muchas ocasiones ponen en riesgo la vida.
Muestra fehaciente de esa realidad son las herramientas que de manera desesperada y cruel utiliza el Gobierno de Estados Unidos contra Cuba, y que cada vez incrementan más los riesgos y las amenazas para la vida de nuestro pueblo.
Lo que históricamente ha sido para mi país un bloqueo económico, comercial y financiero, que perdura por más de seis décadas, ha mutado recientemente hacia una fase cualitativamente distinta y cuantitativamente aún más agresiva e inhumana: la asfixia energética bajo pretextos falsos. Cuba sufre la continuidad de medidas coercitivas unilaterales con enorme impacto extraterritorial en las relaciones con todos los países y se enfrenta a un cerco sistémico diseñado quirúrgicamente para provocar carencias capaces de dañar y revertir el desarrollo social de nuestra nación y la calidad de vida de nuestra población con fines de desestabilización.
La injusta inclusión de Cuba en la lista de Estados supuestamente patrocinadores del terrorismo, sumada a la persecución de contratos comerciales de Cuba con países y empresas para adquirir combustibles; el acoso, la intercepción, y la confiscación de buques que transportan combustibles, así como las amenazas de sanciones y en otros casos su aplicación efectiva contra empresas navieras, han generado una presión aún mayor, que trasciende lo económico para situarse en el terreno de la seguridad humana básica.
En el sector de la Salud, esa realidad se traduce en una tensión objetiva permanente: el Sistema Nacional de Salud depende de un suministro continuo de energía eléctrica y de una logística que hoy se ve severamente obstaculizada.
El impacto de la política de máxima presión estadounidense contra Cuba se revela con crudeza en los indicadores más sensibles.
Detrás de los números hay pacientes que sufren y familias que aguardan por soluciones que en ocasiones se dilatan, o no llegan, debido a factores externos que son el resultado de esa política progresiva de estrangulamiento a la economía cubana por parte del Gobierno de los Estados Unidos.
Actualmente, la lista de espera quirúrgica en el país alcanza la cifra de 96 mil 387 pacientes, de los cuales 11 mil 193 son niños. Con la actual restricción energética, esas cifras se incrementan al obligar al Sistema Nacional de Salud a postergar cirugías no urgentes para priorizar las oncológicas y otras que definen la vida.
La vulnerabilidad se acentúa en programas de alta sensibilidad social, que se ha decidido priorizar, pero aun así no escapan a las limitaciones multiplicadas que trae consigo la actual situación energética del país.
Por ejemplo, en estos momentos el Programa de Atención Materno Infantil enfrenta el desafío de asegurar el seguimiento a 32 mil mujeres embarazadas que requieren ecografías diagnósticas fundamentales. Asimismo, la intermitencia en el transporte refrigerado, por falta de combustible, ha dificultado que más de 30 mil niños reciban sus vacunas de forma oportuna, a pesar de contar con los biológicos en nuestros almacenes.
A ello se suma la atención de 16 mil pacientes en radioterapia y otros 2 mil 888 que dependen de tratamientos de hemodiálisis, servicios que demandan una estabilidad energética que actualmente es muy difícil de garantizar.
No obstante, esas y otras realidades que enfrenta el Sistema Nacional de Salud, su funcionamiento no se encuentra en una fase de colapso. La respuesta no ha sido la parálisis, sino una reorganización estratégica basada en la resiliencia y la optimización de recursos.
Entre otras acciones, se sigue potenciando la resolutividad en la Atención Primaria de Salud, fortaleciendo el Programa del Médico y la Enfermera de la Familia, y utilizando herramientas como la telemedicina para garantizar la vitalidad de los servicios básicos.
Y esa capacidad de respuesta descansa, fundamentalmente, en el altruismo, la ética, el compromiso y la profesionalidad del capital humano cubano, que no vive aislado a la realidad del país. Nuestros trabajadores y estudiantes sufren en sus hogares las mismas carencias y largas horas sin energía eléctrica que el resto del pueblo al que atienden, y aun así convierten los desafíos de cada jornada en nuevas motivaciones para hacer y seguir buscando soluciones alternativas a la carencia de recursos que existe en las instituciones del sector.
Es conmovedor cómo, en provincias donde el 85% de los especialistas en neonatología reside fuera del municipio donde trabaja, se buscan alternativas extraordinarias para asegurar que ningún recién nacido quede desprotegido ante la crisis del transporte.
El prestigio de la medicina cubana se ha forjado con humanismo y sentido del deber, no solo dentro de nuestras fronteras, sino también en las 165 naciones donde los colaboradores cubanos de la Salud, brindan o han brindado servicios por décadas, como es el caso de México. Hoy, ese mismo compromiso es el que sostiene al Sistema Nacional de Salud, aún bajo una presión creciente y un desgaste técnico acelerado de su infraestructura.
Sentimos con orgullo que Cuba no está sola, gracias a la solidaridad que recibimos desde los más diversos confines del mundo. Nuestro agradecimiento eterno a todas las naciones hermanas y, muy especialmente, al pueblo y Gobierno mexicanos, cuya mano extendida ha sido un apoyo especial para nosotros en tan diversos escenarios.
El llamado que hemos hecho a la comunidad internacional, no es de corte ideológico, sino profundamente humanitario. La Salud Pública es un derecho humano fundamental, que no debería estar condicionado por disputas políticas ni por el uso de la energía como instrumento de coacción.
Cuando la energía falta, es extremadamente difícil mantener los servicios esenciales, y cuando eso sucede, son las personas -especialmente las más vulnerables- quienes reciben el impacto negativo y pagan los riesgos de las tensiones que ello implica. Cuba continuará adoptando todas las medidas posibles para proteger a su población que, en estos momentos, como nunca antes, sufre las consecuencias de la cruel política de asfixia estadounidense.
Y ante esa realidad, nuestra solicitud a la comunidad internacional sigue siendo a mostrar su solidaridad para hacer frente a la dimensión real y objetiva de un cerco criminal que atenta contra la vida misma.
Nota
- Ministro de Salud Pública de la República de Cuba. ↩︎