Análisis | Por Alhelí González Cáceres1
La energía: un eje de disputa geopolítica
El control de recursos estratégicos para el desarrollo —como es el caso de la energía y las materias primas agroalimentarias— ha sido, históricamente, el núcleo de la política exterior de las potencias imperialistas. Si el siglo XX se caracterizó por las disputas por el control de los hidrocarburos, particularmente, el petróleo, el siglo XXI encuentra en los minerales críticos, tierras raras y energía limpia, un nuevo campo de disputa geopolítica global. La transición energética y el avance en el desarrollo de la tecnología aplicada al complejo militar-industrial han reposicionado al sector energético como un factor central de poder. En este escenario, Paraguay aparece en el radar internacional, no por su capacidad industrial o tecnológica, sino por su condición histórica: país abundante en recursos, pero con una economía estructuralmente dependiente.
La narrativa oficial presenta este momento como una oportunidad histórica para que el país suscriba acuerdos de “cooperación” que permitan atraer inversiones con destino a la exploración y explotación de yacimientos minerales y constatar la presencia de minerales críticos y tierras raras en el subsuelo paraguayo. Además de esto, el gobierno no ha escatimado recursos para posicionar al país como abundante en energía limpia, “líder de la transición energética en América Latina”2 y, por tanto, disponible para rematar el potencial energético del país a sectores vinculados a la Inteligencia Artificial, criptominería y Data Centers basado en el mito recurrente de que la inversión extranjera implica por sí misma desarrollo y generación de empleos. Sin embargo, una mirada crítica obliga a formular preguntas incómodas: ¿esta coyuntura fortalece la soberanía energética del país o profundiza su inserción subordinada en la economía mundial? Nuestra hipótesis es que la disputa global por recursos minerales críticos y tierras raras reconfigura el patrón exportador de especialización productiva tradicional con base en materias primas agropecuarias, para transitar hacia la especialización en la exportación de minerales críticos, energéticos y tierras raras. Este nuevo patrón se traduce en la práctica en un país cuya disponibilidad de recursos naturales estratégicos subsidia el aumento de la productividad y competitividad de las grandes empresas extranjeras vinculadas al sector energético, mientras la oligarquía local se enriquece a costa del deterioro —-aún mayor— de la calidad de vida de la clase trabajadora paraguaya.
Un nuevo patrón exportador de especialización productiva
Paraguay, como el resto de América Latina, ocupa un lugar singular en la región. Es uno de los mayores productores de energía hidroeléctrica del mundo con relación a su tamaño, pero carece de un proceso sostenido de modernización e industrialización que aporte productividad y competitividad a su estructura productiva. Esta condición no es accidental o resultado del azar y tampoco resulta estrictamente de decisiones políticas. Responde, fundamentalmente, a una forma histórica de inserción en el mercado mundial en donde, con base en la división internacional del trabajo, Paraguay se integra a la economía mundial como proveedora de materias primas agropecuarias, energía barata y fuerza de trabajo sobrante y de bajo valor. A la vez que importa tecnología y capital, reproduciendo el ciclo de una economía dependiente que ajusta su circuito productivo a las exigencias de las economías desarrolladas del capitalismo central.
Claramente, la abundancia en recursos naturales no garantiza desarrollo. Por el contrario, cuando dicha abundancia se articula y se subordina a las estructuras de poder corporativo transnacionales, puede convertirse —y de hecho lo hace— en un mecanismo de transferencia sistemática de valor hacia los centros del capitalismo global. Paraguay produce energía, soja y carne, pero no controla el uso y distribución estratégica de la tierra y el agua, así como tampoco disputa ni captura la renta extractiva que permita transformar su matriz productiva y garantizar la soberanía alimentaria y energética en beneficio de su población.
La paradoja es evidente: un país rico en recursos naturales estratégicos para cualquier nación, pero con una población pobre cuya calidad de vida está cada vez más deteriorada, presa del hambre de las grandes corporaciones y de la política entreguista de los sucesivos gobiernos colorados.
Acuerdo energético con Estados Unidos: ¿cooperación o subordinación?
En este contexto de crisis energética, climática y económica a nivel planetario, es que se inscriben los recientes acuerdos y acercamientos en materia energética entre Paraguay y Estados Unidos, pero también el acuerdo suscrito entre el Mercosur y la Unión Europea.
Sin embargo, hoy nos enfocaremos en la subordinación del gobierno y la liquidación de nuestra riqueza natural, a los intereses geoestratégicos de Estados Unidos que, presentados bajo un lenguaje de cooperación, inversión y modernización, en realidad pretenden garantizar el acceso a la cadena de suministros estratégicos para el complejo industrial-militar en la carrera por el liderazgo tecnológico en donde China lleva la delantera.
Para Estados Unidos, la energía se ha convertido en un componente central de su política exterior y, de hecho, está explícito en el documento de Seguridad Nacional presentado por la administración Trump el pasado noviembre de 2025. Garantizar fuentes seguras para el acceso a minerales críticos (críticos por encontrarse fuera del control de los Estados Unidos), diversificar proveedores para debilitar la dependencia hacia China, principal proveedor de minerales críticos y tierras raras, y asegurar insumos estratégicos para sectores como la inteligencia artificial, los data centers y las industrias de alta tecnología, son entendidas como aspectos claves para la seguridad económica de los Estados Unidos y en donde Paraguay aparece como territorio funcional a esa agenda.
La relación, sin embargo, es profundamente asimétrica. Mientras Estados Unidos define prioridades globales, Paraguay se integra de manera subordinada como proveedor. Hablamos de una forma contemporánea de subordinación, en donde el control también se ejerce a través de acuerdos comerciales, marcos regulatorios, financiamiento y orientación de políticas públicas. Como es el acuerdo PCI entre Paraguay y el Fondo Monetario Internacional que ha direccionado todo el programa reformas políticas y económicas en beneficio de los capitales locales y extranjeros que ha impulsado el gobierno de Santiago Peña desde su asunción en 2023, pero cuya base ya había sido instalada por el gobierno de Mario Abdo Benítez en el periodo anterior con la firma del acuerdo.
El creciente interés sobre los llamados “minerales críticos” refuerza esta tendencia. Bajo el discurso de la transición energética y la lucha contra el cambio climático, se despliega una nueva carrera global por recursos indispensables para la producción de baterías, semiconductores y tecnologías limpias. Pero esta transición no cuestiona el modelo de acumulación capitalista, ahora legitimado por un lenguaje verde. Paraguay es incorporado a esta dinámica como territorio potencial para la exploración minera, sin garantías claras de control estatal, transferencia tecnológica o industrialización. La historia se repite: nuevas formas, viejas dependencias.
Itaipú: energía sin soberanía
Itaipú sintetiza, como pocas experiencias, las contradicciones del modelo energético paraguayo. Símbolo de enorme potencial que también es expresión de los límites históricos de la soberanía nacional. El reciente acuerdo con Brasil sobre la tarifa y la administración fue presentado como un avance, pero no modifica el núcleo del problema.
Ciertamente, renegociar precios permite mejorar los ingresos, pero no transforma el patrón en el uso energético. Sin un proyecto nacional que articule la energía eléctrica con políticas de desarrollo productivo (industria y tecnología) y social (educación y salud), Itaipú continúa operando como una fuente de renta limitada al servicio de la oligarquía local y no como palanca para la transformación estructural de la economía paraguaya. La soberanía energética no se mide en la cantidad de dólares que el Estado sea capaz de apropiarse, sino en la capacidad de decisión estratégica para transformar la realidad material de la sociedad paraguaya. La visión de la oligarquía paraguaya sobre Itaipú como un botín que sirve para enriquecer a unos pocos obstaculiza el ejercicio soberano sobre nuestra energía y su disposición en función a un proyecto de desarrollo nacional.
A la mirada prebendaria sobre los recursos públicos, se añade hoy como un potencial espacio de enriquecimiento el auge de la criptominería y los data centers. Lo que expresa con claridad meridiana la orientación del modelo actual. La energía puesta a disposición del gran capital en detrimento de la calidad de vida de la población. Este tipo de actividades (criptominería y data centers) consumen grandes volúmenes de agua y electricidad, casi no generan empleo, porque no insumen fuerza de trabajo por el grado de automatización del proceso y, dado el escaso aporte en términos de transferencia tecnológica, tampoco representan una oportunidad para impulsar procesos de diversificación de la estructura productiva y mucho menos apuntan hacia una industrialización, pero sí provocan un gran impacto en el ambiente y en la calidad de vida de las personas que viven en los alrededores de estos grandes complejos.
Los centros de datos (Data Center)3 son instalaciones que albergan sistemas informáticos y componentes asociados, así como almacenamiento y equipos de red que las grandes corporaciones (como Google, Meta, y el sistema financiero) utilizan para procesar datos y que, para hacerlo, consumen cantidades excesivas de agua y electricidad. Si bien los centros de datos no son una novedad, pues surgieron con el desarrollo de Internet, el auge de la inteligencia artificial y de la inteligencia artificial generativa y su incorporación en distintas ramas y sectores de la economía, han impulsado la expansión de estas infraestructuras alrededor del mundo. El despliegue y expansión de la economía digital —aquí incluimos los smartphones, banca digital, servicios financieros online, plataformas de compraventa digitales, la generación de imágenes a través de la Inteligencia Artificial como Chat GPT, entre otras, es decir, la vida digital en general— es la que ha impulsado la expansión de los centros de datos y esto no va a parar en tanto el consumo global de datos siga aumentando4.
El consumo hídrico de los Data Centers es alucinante. Tan solo uno de los centros de datos del gigante del Internet, Google, ubicado en Oregon, consumió 355 millones de galones de agua en 2021. En 2023, todos los centros de datos de META distribuidos alrededor del mundo consumieron cerca de 1.400 millones de galones de agua, de los cuales 672 millones de galones provinieron de fuentes de agua locales. Los Data Centers mantienen un proceso permanente de extracción de agua, agotando millones de galones del suministro local de las comunidades en donde se instalan5.
Pese a los graves impactos socioambientales de la instalación de los Data Centers, el gobierno paraguayo a través del Decreto del Poder Ejecutivo N° 5306 y 5307 de 22 de enero de 2026, ha establecido una tarifa diferencial preferencial para promover la instalación de este tipo de industria extractiva en Paraguay que, sin duda, generará fuertes presiones sobre los recursos hídricos y energéticos del país, en donde claramente los más afectados serán los territorios y su población. La disposición del Ejecutivo establece también la creación de una Comisión Biministerial de Acreditación de Industrias Convergentes y la conformación de un nuevo grupo de energía eléctrica específica para este tipo de actividades electrointensivas, obligando a la ANDE a proveer una tarifa diferenciada con una vigencia de 15 años en abierta violación de la Carta Orgánica de la ANDE, afectando su autonomía y los ingresos que pudieran obtenerse por la renta eléctrica6. Lo que el gobierno vende como promesa de empleo, industria y desarrollo, en realidad compromete los recursos presentes y futuros de varias generaciones de la clase trabajadora (y la continuidad de la vida) sin que generen como contrapartida fuentes de empleo de calidad, diversifiquen la matriz productiva y energética y, por supuesto, contribuyan a un desarrollo social y ambientalmente sostenible.
La instalación de los Data Centers agravará la crisis hídrica por la que atraviesa Paraguay. Recordemos que, entre 2023 y 2025 el país experimentó la peor crisis hídrica en un siglo como consecuencia del agravamiento de la crisis climática provocando la caída en el nivel de los ríos, especialmente del río Paraguay, sequías extremas, particularmente en el Chaco, que impactaron en el abastecimiento de agua potable, la navegación (y por tanto al comercio), la producción agropecuaria y la generación de electricidad. ¿Se imaginan cómo impactará en la disponibilidad del agua y la energía la instalación de estos centros de datos?7 Que, además, se verán beneficiados por tarifas preferenciales de largo plazo mientras agotan nuestra riqueza natural.
En la conferencia del Foro Económico Mundial en Davos, Santiago Peña afirmaba que Paraguay es el país que lidera la transición energética en la región con una producción de energía 100% renovable8. Sin embargo, el presidente ocultó —convenientemente— que más del 80% de la energía producida por las binacionales son cedidas a Argentina o a Brasil por tratado, mientras que el consumo de biomasa sigue siendo una de las principales fuentes de energía que consumen tanto los hogares paraguayos como el escaso tejido industrial, especialmente el sector de las agroindustrias9.
El atractivo paraguayo radica entonces en el remate de la energía y los recursos naturales del país con aval del Estado. De este modo, Paraguay se convierte en una plataforma energética al servicio del capital global, destinando la energía a actividades que no contribuyen al desarrollo nacional, a la vez que fortalecen circuitos de acumulación transnacionales. El riesgo es evidente: la energía del país queda subordinada a las necesidades del capital extractivo e intensivo en consumo eléctrico, aplazando la satisfacción de necesidades sociales y enterrando toda posibilidad de desarrollo económico y social. El debate energético que enfrenta Paraguay no es técnico ni administrativo, es esencialmente político. No se trata de cuánta energía se produce, sino para qué se produce y quién controla el destino de la producción.
En resumen, el imperialismo contemporáneo ha diversificado sus métodos de dominación, operando mediante mecanismos, si se quiere, más sutiles: acuerdos bilaterales, estándares supuestamente técnicos, financiamiento condicionado, discursos de cooperación y promesas vacías de modernización. La dependencia no desaparece; se transforma y se refuerza mediante la articulación de la burguesía en un proceso claro de transnacionalización. Se vuelve más difícil de identificar, pero más profunda en sus efectos. Mientras tanto, la pregunta de fondo sigue abierta: ¿la energía paraguaya será una herramienta de emancipación o un nuevo engranaje que refuerza la dependencia de la estructura productiva nacional a las exigencias del poder corporativo global?
Notas y referencias
- Economista, Universidad de Pinar del Río, Cuba. Doctoranda en el Programa de Doctorado en Economía, Instituto de Industria, Universidad Nacional de General Sarmiento, Buenos Aires, Argentina. Máster en Ciencias Sociales con mención en Desarrollo Social e Investigación, Programa FLACSO Paraguay. Diploma en Análisis de la Economía Mundial, Universidad Complutense de Madrid. Miembro de la Sociedad de Economía Política del Paraguay y de la Sociedad de Economía Política y Pensamiento Crítico en América Latina y el Caribe. Integrante de los GT CLACSO Crisis y Economía Mundial y Lex Mercatoria, Poder Corporativo y Derechos Humanos. Reseacher Associate at the World Association for Political Economy (WAPE) and the Centre for the Study of Social and Global Justice, UK. Miembro de la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe. ↩︎
- https://www.facebook.com/watch/?v=1019820784537319 ↩︎
- El impacto oculto de los centros de datos en el clima y lo que puedes hacer localmente – The Environmental Blog ↩︎
- El coste medioambiental de los centros de datos ↩︎
- Construcción y consecuencias: Los impactos humanos de los centros de datos de inteligencia artificial – Blog del Instituto UAB para los Derechos Humanos ↩︎
- Aprueban tarifa eléctrica especial para industrias de IA, computación y nubes – Última Hora | Noticias de Paraguay y el mundo, las 24 horas. Noticias nacionales e internacionales, deportes, política. Noticias de último momento. ↩︎
- La crisis del agua compromete calidad de vida de paraguayos – Última Hora | Noticias de Paraguay y el mundo, las 24 horas. Noticias nacionales e internacionales, deportes, política. Noticias de último momento. ↩︎
- El presidente de Paraguay destacó a su país como destino estratégico para la inversión internacional en energía renovable ↩︎
- Balance Energético Nacional en términos de Energía Final (2024). Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones. Viceministerio de Minas y Energía. BEN 2024_Paraguay.pdf ↩︎
