La necesidad de construir una fase revolucionaria

Editorial del 6 de julio de 2020

Nos quedaremos más tiempo en la fase tres, anunció el Gobierno, amagando la intención de cuidar a toda la población con medidas “inteligentes”. Pero la inteligencia de esta cuarentena está mucho más concentrada en profundizar los tráficos de influencia, la politiquería hipócrita y corrupta, las sobrefacturaciones, el resguardo de las transacciones narcomafiosas y la acumulación del capital transnacional imperialista, cuidando los intereses de las patronales, sobre todo de las que más acumulación económica tienen.

En el cuidado a la población, teniendo en cuenta el déficit infraestructural producto de lo mencionado en el párrafo anterior, la cuarentena se parece más a un intento de hacer más lento nuestro tránsito hacia la tragedia. Porque esta realidad, lamentablemente puede ser más trágica aún.

Así, la atención del Estado oligárquico-mafioso que opera en Paraguay, por su origen mismo, tiene un orden de prioridades: 1° cuidar al capital transnacional imperialista; 2° Favorecer los negocios de los patrones locales que están aliados a esos monopolios imperialistas; 3° Atender un poquito a las Mipymes, sobre todo para que la reproducción de la fuerza de trabajo sostenga un volumen mínimo capaz de alimentar a los grandes emprendimientos que requieren de la fuerza trabajadora; y 4° Amagar algún cuidado para que las mayorías trabajadoras no desaparezcan físicamente y logren acostumbrarse a una calidad de vida más deteriorada, en la que deban negociar sus capacidades a un menor precio.

El gobierno encabezado por Mario Abdo, sigue las orientaciones de las patronales imperialistas lideradas por los EEUU, donde los mayores esfuerzos se concentran en generar una mayor infraestructura en nuestro país para el aprovechamiento y el saqueo de los importantes recursos naturales que existen en nuestro suelo, nuestro subsuelo, nuestras aguas y nuestro aire. Y con esa misión, continúa ofreciendo “la mano de obra joven y barata” que hay en Paraguay.

En este marco, las mayorías trabajadoras de la ciudad y el campo, se debaten entre el hambre y el miedo a la muerte, envueltas en la incertidumbre de un futuro cuyo peso se manifiesta como una inexorable condena a la continuidad de esta vida, en la que ser explotado para sobrevivir es una condición ineludible y eterna. Y esta última sensación que mencionamos, también se extiende por responsabilidad de las direcciones sociales y políticas que nos ubicamos en el campo popular, en el progresismo, en la izquierda que se reclama revolucionaria, porque nuestra conducta diaria no se expande con la claridad, la fuerza, la profundidad y la amplitud que este momento de la historia nos demanda.

En el Partido Comunista Paraguayo realizamos un esfuerzo para estudiar y materializar nuestros planes, enmarcados en el diseño de una estrategia revolucionaria. Nos da la impresión que una mayoría de fuerzas sociales y políticas que dicen querer transformar esta realidad, están desprovistas de una estrategia, y si la tienen, la misma no está cuidada y diseñada desde la praxis revolucionaria.

Por eso es que entienden que esta es una crisis de un modelo del sistema capitalista y no del sistema mismo. Y que a lo que debemos apuntar es a superar el modelo neoliberal, con un plan de acciones cuya síntesis sea lo institucional, o sea, lo electoral, como parte de ese proceso casi exclusivamente gradual que, en algunos casos, está cubierto con un discurso que menciona  la lucha revolucionaria, la revolución, pero descuida, en nuestra opinión, de manera irresponsable, la formación del factor subjetivo para disponer a las organizaciones de mujeres y hombres, a emprender luchas con una estrategia revolucionaria.

La mayor parte de las trabajadoras y los trabajadores, siguen organizando sus vidas orientadas por el proyecto capitalista de las patronales. Y romper con esa dominación exige un trabajo minucioso capaz de lograr una vinculación sólida que dé nacimiento a una poderosa confianza en el carácter mayoritario y la potencial fuerza arrolladora de la clase trabajadora y el campesinado empobrecido. Pero ese trabajo, desprovisto de una estrategia revolucionaria y de la intervención en el pulso, en el estado de ánimo de esa mayoría explotada y excluida, tiene muchísimos más riesgos de no lograr su objetivo final, que es la superación de la explotación y el establecimiento de un Estado obrero, campesino y popular, que es la actual necesidad para superar la dictadura de los empresarios, terratenientes y banqueros, con el dominio avasallante y brutal de la mafia y el narcotráfico.

Más de tres millones de mujeres y hombres forman parte de la población económicamente activa. Ahí debemos buscar una unidad amplia y profunda de esa mayoría que todo produce, tomando como tarea de primer orden la formación del factor subjetivo revolucionario, enmarcado en una estrategia que tenga el justo diagnóstico de la situación y los lineamientos de las grandes tareas a llevar a cabo, apuntando a las transformaciones necesarias que permitan el mejoramiento de la calidad de vida y la garantía para el desarrollo del talento y las capacidades de toda la población.

Por eso entendemos que esto exige entrar en una fase revolucionaria. Porque para superar la pandemia y avanzar en una vida digna, con salud, pan y trabajo, necesitamos derrocar al sistema capitalista y no solo eliminar el neoliberalismo, lo cual es una tarea muy difícil cuan riesgosa, pero necesaria y posible en la medida en que concentremos nuestros esfuerzos en esa masa de millones que tiene mucho más sabiduría potencial en sus experiencias, así como una disposición a luchar de la manera más aguerrida, siempre y cuando la claridad en torno a los problemas y a las maneras de superarlos, se manifiesten en la conducta práctica de las direcciones políticas, asumiendo la necesidad de tomar el control del país.

*Imagen de inicio: Ilustración de Fernando Vicente, para el libro Reforma y Revolución, Rosa Luxemburgo.

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