Editorial del 20 de setiembre de 2023

Esta semana se celebra el día de la juventud, a poco más de un mes de la asunción de Peña como Presidente de la República, cuyo primer discurso realizado este martes en la Asamblea de las Naciones Unidas, expresó un grado de delirio vergonzoso que nos presenta ante el mundo como un país con un gobernante falsificador de realidades, que a la vez desnuda la real buena salud que tiene la impunidad en el Paraguay.

La juventud trabajadora, según datos oficiales, recibe mayoritariamente salarios por debajo del mínimo, más de un 70% de quienes trabajan lo hacen en condiciones de precariedad. Más de un 80% no cuenta con seguro médico y la mitad de los jóvenes está sin asistir a instituciones educativas. Todo esto se desarrolla con una dramática envoltura de decadencia cultural en donde las drogas, el consumismo superficial y el individualismo que solo transita el presente sin conocer sus raíces, los motivos de esta forma de vivir, ni tampoco pensar y proyectar su futuro, son los principales componentes de la vida y la cotidianeidad de las y los jóvenes.

El futuro de la juventud en nuestro país es salvaje. El sálvese quien pueda predomina y entonces una desgarradora y brutal competencia aplasta a la cultura colectiva y solidaria que reivindica nuestra capacidad de complementar saberes y talentos. Por otro lado, la resignación domina mentes y corazones empujando a la búsqueda del placer instantáneo y de brevísima duración, para amortiguar tanta depresión e incertidumbre.

El Paraguay real ofrece más deuda y profundiza el tránsito hacia una incapacidad de pagar lo que debe, porque no se plantea formas de recaudación que permitan políticas públicas necesarias y urgentes para ampliar los derechos y garantías en favor de quienes habitamos el país. Para pagar intereses de la deuda, sigue recurriendo a más deudas, en un marco de sostenida corrupción, tráfico de influencias y diversas formas ilegales de acumulación de riquezas, operadas por empresarios y politiqueros.

La manera en que vienen saqueando los aportes de la clase trabajadora en el IPS, es alarmante. Así lo hacen desde el empresariado y sus politiqueros, sobre todo colorados pero también liberales y patriaqueridistas, de Hagamos y otras agrupaciones políticas que, en realidad, funcionan como agencias de intermediarios para el tráfico de influencias y los negocios ilícitos. Desde el Estado se controla el funcionamiento del IPS para la corrupción y el saqueo. Sin embargo, el Estado paraguayo debe millones y millones de dólares al IPS. Asimismo, el Estado como empleador, no ha realizado aportes para las cajas de jubilaciones del funcionariado público, además de favorecer la precarización del trabajo y la prohibición, en la práctica de la libertad de los trabajadores para sindicalizarse, poniendo al Ministerio del Trabajo como una especie de servicio de “denuncia” para alertar a las patronales y evitar, así, la formación de sindicatos en empresas.

El Paraguay es un país con una realidad dolorosa para la mayoría de sus habitantes. Realidad que se maquilla con discursos falsos de bienestar y crecimiento, como lo hizo el mentiroso Peña en Naciones Unidas, hablando de un crecimiento económico con desarrollo sostenible en armonía con la naturaleza, cuando en nuestro país impera la mafia que atropella y usa todo lo que quiere sin que los controles y la justicia funcionen. El Paraguay real es falseado en los discursos del gobierno, cuando lo cierto es que la institucionalidad no funciona y la ley es del más fuerte, donde los multimillonarios mafiosos hacen valer su poder bajo la dirección y tutela de los capitales trasnacionales, principalmente norteamericanos.

Como muestras de esta total subordinación a la política internacional de los EEUU, el títere narcomafioso Santiago Peña propuso la inclusión de Taiwán como miembro pleno de la ONU, y acordó con el genocida Benjamín Netanyahu la instalación de la embajada paraguaya ante Israel en la ciudad de Jerusalén. Ambas iniciativas no solo violan numerosas resoluciones de la Asamblea General de la ONU y el derecho internacional, sino ademas colocan a nuestro país en una absurda posición de títere norteamericano en medio de una volátil situación internacional con imprevisibles consecuencias comerciales y políticas.

La juventud trabajadora se enfrenta a una ejemplar educación para la mezquindad, la corrupción, el saqueo. Eso es lo que enseñan empresarios y politiqueros a través del Estado diseñado a imagen y semejanza de los multimillonarios. Como ya le mencionamos en otro Editorial, al decir del uruguayo Eduardo Galeano “…Y cuando el delincuente es el Estado, que viola, roba, tortura y mata sin rendir cuentas a nadie, se emite desde el Poder una luz verde que autoriza a la sociedad entera a violar, robar, torturar y matar. Y la democracia paga, a la corta o a la larga, las consecuencias”.

Enfrentar esta crisis general, donde también se ubica la crisis de valores éticos, requiere de conductas ejemplares que sean intolerantes con la injusticia promovida desde las patronales. Cada vez se hace más fuerte la consigna: Solo luchando contra el proyecto de explotación y saqueo, vamos a estar mejor.

Ilustración de portada: David Eusebio.