Opinión | Por Francisco Ramírez Sánchez y Félix Agüero
El pasado lunes, el presidente de la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (ANEAES) José Duarte Penayo reivindicó sin vacilación alguna al régimen del tirano, fascista y pederasta Alfredo Stroessner en un programa de televisión.
El mismo se refirió a Stroessner como “un presidente que ha modernizado al Paraguay”, ensalzando el código laboral patronista del 61 y a las dos represas hidroeléctricas “sin las cuales, hoy no nos imaginaríamos el país…”, como si se pudieran hacer pasar como grandes hitos que justifican el Terrorismo de Estado, el asesinato, el secuestro y la desaparición, el abuso de niñas y toda violación a los derechos humanos cometida por la tiranía civico-militar-empresarial.
Además del precio en sangre, este supuesto progreso se hizo posible gracias a la corrupción en la ejecución de las obras de infraestructura, previo endeudamiento externo, a la asignación de licitaciones para unas pocas familias cercanas al régimen, al despojo violento de miles de hectáreas de tierra, así como por medio de negocios ilícitos, dando lugar a un proceso de acumulación de riquezas que originó a una nueva burguesía empresarial y latifundista que a día de hoy se posiciona como clase dominante de los destinos de la gran mayoría trabajadora.
No es de extrañar que alguien cuya familia goza de los beneficios de este modelo de Estado, que se consolidó mediante el saqueo que tuvo lugar durante una de las épocas más oscuras de la historia paraguaya, se pronuncie en favor de sus intereses, ya que su progenitor, además de haber sido ministro de educación y presidente de la República, ocupa el cargo de director de Yacyretá desde 2018. Se puede decir que sin Yacyretá hoy no nos imaginaríamos a Nicanor.
Duarte Penayo también expresó que las violaciones a los DD.HH. fueron situaciones “que en nuestro contexto no son admisibles” y que “No es una referencia para el futuro, pero forma parte de la historia grande del Paraguay”.
Y justamente, porque forma parte de nuestra historia, no se debe echar tierra sobre el asunto y pretender que estos crímenes fueron simples excesos en pos de un supuesto progreso de nuestro país, que en tiempo pasado habría sido una nación grande bajo la dirección de Tembelo y figuras similares, como insinúa. O peor aún, que el terror desatado por el régimen haya sido justificado como parte de una cruzada para defender la democracia frente al comunismo internacional, como dirían otros negacionistas y apologistas.
Asimismo, afirmó enfáticamente que el tirano “…mató menos que los gobiernos liberales, que fue la mayor sangría del Paraguay. Frente a este período oscuro (liberal), la dictadura de Stroessner fue benigna en materia de muerte” sentenciando finalmente que para él “fue un presidente constitucional” insultando de esta manera la memoria de las miles de familias víctimas del operativo sistémico entre las dictaduras militares del continente, coordinado y tutelado desde Washington.
Si nos regimos por los parámetros de la institucionalidad convencional, burguesa, poco tuvo de democrático y constitucional el régimen de 35 años instalado por medio de un golpe de Estado, que desde sus inicios reprimió, cooptó, ilegalizó, apresó, torturó y eliminó a toda oposición y disidencia, tanto dentro de la ANR y las FFAA, como por fuera, para consolidar su poder, y que emprendió una campaña de exterminio hacia nuestra organización, al igual que hacia otros compañeros y compañeras de lucha, obreros, campesinos, estudiantes, periodistas, artistas, intelectuales, revolucionarios y demócratas.
Un régimen que institucionalizó la delación y la volvió casi una tradición para sostenerse, como si la fuerza bruta no fuese suficiente. Un régimen que mediante el clientelismo y los comicios fraudulentos mantuvo su legitimidad y que por medio de una constituyente amañada, habilitó la reelección indefinida y el estado de sitio permanente.
Tal despotismo absoluto no debe ser admisible en “nuestro contexto” ni en ningún otro.
Este parásito oportunista, aprendiz de la corrupción y experto en la verborragia apologista del partido del orden, funcional a la narcomafia, en un patético análisis que no sorprende demasiado, debido a su herencia paternal, se refiere orgulloso a una figura nefasta y minimiza convenientemente las consecuencias que representaron y representan en la sociedad paraguaya y latinoamericana la sangrienta injerencia imperialista de los Estados Unidos durante el Plan Cóndor.
#SoyViral STROESSNER NO FUE UN DICTADOR, FUE PRESIDENTE CONSTITUCIONAL. El pensar del titular de @ANEAES_Paraguay, José Duarte Penayo. ¿Y vos, coincidís?
— Cuarto Poder Py (@CuartoPoder_Py) January 20, 2026
Vía @gusrecaldepy pic.twitter.com/UzdtHQVh1O
Duarte Penayo cuenta con una incipiente trayectoria en la gestión de la educación superior, situándose desde finales de 2024 al frente de la institución que determina, en pocas palabras, si una carrera universitaria vale la pena o no, la ANEAES (acrónimo desagradable, si los hay). En términos más detallados, esta agencia se encarga de hacer el relevamiento de las condiciones de tal o cual institución educativa al CONES, que dictamina el cierre o la habilitación de las mismas.
Ese cierre y habilitación queda a merced de las necesidades del modelo productivo del Estado paraguayo burgués, que da prioridad a las denominadas “carreras productivas” en detrimento de las carreras de humanidades, ciencias sociales, artes y similares. Resulta irónico y hasta trágico que quien supervise este proceso sea un profesional de las desestimadas ciencias blandas. “Muchas veces las universidades no están formando a los profesionales que el país realmente necesita”, declaró el mismo Duarte Penayo.
Además, la ANEAES forma parte de la red de instituciones que está llevando a cabo la reforma silenciosa de la educación superior, en detrimento de las y los estudiantes, imponiendo mayores trabas y exigencias institucionales y académicas para responder a estas necesidades “que el país realmente necesita”.
Por otro lado, el aparente recorrido ideológico de este energúmeno resulta bastante peculiar: siendo director de un medio digital de poca monta, fue catalogado de abdista en 2021 por la facción de Honor Colorado, dentro de la ANR, dada la coyuntura de ese entonces; hoy en día, forma parte activa de ese sector. Paradójicamente, siendo colaborador de otro medio digital, fue coautor de un artículo a cuatro manos caracterizando al anticomunismo en nuestro país desde sus orígenes hasta el presente.
Aun así, además de comulgar con los lineamientos del cartismo, en los últimos años se ha posicionado como acérrimo defensor de la era stronista, describiendo al Partido Colorado como una organización popular de tercera posición (cual fascismo clásico de Mussolini), tomando inspiración directa del intelectual negacionista Leandro Prieto Yegros. Se reivindica como “colorado de sangre” y se vanagloria de haber sido apadrinado por Kalé Galaverna, criminal que confesó fraude, entre otras cosas. En síntesis, podemos afirmar que es un gran oportunista y un mercenario servil a los intereses de la narcomafia cartista.
El próximo 3 de febrero, quieran o no sus herederos, se cumplen 37 años de la caída de la tiranía más larga de América del Sur.
Aun así, bajo el actual régimen democrático burgués, continuista del stronismo a través del Partido Colorado, se ha dado vía libre a la difusión de ideas nefastas que incentivan a reivindicar a figuras y periodos que deberían ser condenados hasta el final y no ser olvidados por sus atroces hechos. En ese sentido, esta semana sigue otro histórico juicio a tres torturadores del stronismo: Eusebio Torres Romero, Manuel Crescencio Alcaraz y Fortunato Lorenzo Laspina. Recordemos que las condenas por crímenes de lesa humanidad del proceso stronista no superan la decena.
La clase trabajadora y los sectores populares, en conjunto, tenemos que seguir organizándonos en búsqueda de la extinción definitiva del stronismo y de la propuesta de país de sus continuistas, por lo que debemos abocarnos a construir memoria, recuperar todo lo robado por los criminales, exigir el juicio y castigo de todos los culpables, así como el resarcimiento para todas las víctimas del régimen.
En una sociedad verdaderamente justa debería ser inaceptable que el responsable de supervisar la calidad en la Educación Superior se pronuncie de esta forma cuando la sociedad paraguaya sigue sufriendo lo acontecido en aquella época. Por eso mismo exigimos la renuncia o destitución del cargo de forma inmediata de José Duarte Penayo. Es lo mínimo que puede enfrentar tras su vil apología al stronismo.

