Paraguay | Por Jean Mersault
Hemos modificado las palabras
el contenido exacto del ayer permanece
engarzado en su propio estigma
Esteban Cabañas, Foso de palabras [XXIII].
La presentación de la estrategia de seguridad yanqui
Hace unas semanas el estado yanqui presentó su Estrategia Nacional de Seguridad (ENS), un folleto de 33 páginas en el que exponen que su principal objetivo a corto plazo es el de “fortalecer el poder y la preeminencia de Estados Unidos y hacer que nuestro país sea más grande que nunca” (p. 7), por si no estaba claro entre tanta fraseología grandilocuente y parafernalia seudopacifista (siguiendo con la infructuosa campaña para el Nobel de la Paz).
En su ENS, el estado yanqui puntualiza algunos ejes relevantes para este período, entre los que se destacan el de “restaurar la predominancia energética mundial” (p. 14) y el de “preservar y hacer crecer” la dominación del capital financiero estadounidense a escala mundial (pp. 14-15). El documento señala, además, la preponderancia de recuperar la doctrina Monroe con su “corolario Trump”. Recordemos que la doctrina Monroe se origina en particular del séptimo discurso anual del entonces presidente yanqui (1817-1825), James Monroe, ante el congreso. Allí articuló argumentos contra el colonialismo europeo en la región. Este “corolario Trump” incorpora las ideas que Thomas Jefferson comentó en su carta a Monroe en 1823, como la de “hacer de nuestro hemisferio el hogar de la libertad”, y coloca la necesidad de anexiones territoriales regionales, además de retomar una posición discursiva mucho más directa.
La presentación de la ESN coincidió con una escalada de acciones militares del gobierno de Trump con relación a Venezuela (es recomendable leer el último pronunciamiento del PCV sobre esto), incluso en una conferencia de prensa improvisada denunció que en Venezuela “nos quitaron nuestra tierra y nuestro petróleo”.
Asimismo, hemos visto reiteradamente en este tiempo la ineficacia de las normas burguesas del llamado Derecho Internacional y de su pariente para las guerras (Derecho Internacional Humanitario) en Palestina y Sudán. El imperialismo estadounidense sabe muy bien que no existe ningún freno para sus acciones, por lo que matar de forma arbitraria en aguas internacionales, bajo la excusa de la lucha contra el “narcoterrorismo”, no implica absolutamente ninguna consecuencia. Todo esto es un preludio de lo que anuncian en sus objetivos.
La región americana —incluyendo, por supuesto, a Paraguay— es un eje central para la planificación del imperialismo estadounidense, que enfrenta graves crisis en diversos sectores de su economía, de su capacidad productiva y energética.
Desde los apuntes de la excomandante del Comando Sur, Laura Richardson (administración Biden), sobre la importancia del triángulo de litio, de las tierras raras y el agua, hasta las recientes amenazas (administración Trump) de guerra con Venezuela, no hay ninguna distancia ideológica. Estos personajes no son más que encarnaciones de las necesidades del capital, ayer su estado imperialista requirió avanzar sobre las políticas públicas de los países levantando narrativas discursivas “democráticas”, por lo que se fortaleció USAID. Hoy, en cambio, la crisis capitalista necesita de la violencia y la guerra, al decir de Lenin, como continuadora de la política por otros medios.
El caso paraguayo: la vigencia del Cóndor y el nuevo SOFA
En el marco de lo antes mencionado, en estos días se anunció un Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (Status of Forces Agreement, SOFA, por sus siglas en inglés) que, según el comunicado publicado por los yanquis, tiene el objetivo de “establecer un marco que rija la presencia y las actividades del personal militar y civil del Departamento de Guerra de Estados Unidos en Paraguay, así como facilitar la capacitación bilateral y multinacional, la asistencia humanitaria, la respuesta a desastres y otra cooperación relacionada con la seguridad”, además de la preparación del campo, la facilidad y la inmunidad del personal militar y civil para futuras misiones de las fuerzas estadounidenses en el territorio paraguayo. El ministro de relaciones exteriores del cartismo, Rubén Ramírez Lezcano, presentó este acuerdo como un éxito de la gestión (quizá casi tan valioso como el retiro de sanciones al narcomafioso de su jefe) en materia de política exterior. Este documento será discutido (por decirlo de alguna manera) próximamente en el congreso.
Este acuerdo que resalta por su opacidad y que rememora a los mejores tiempos del Plan Cóndor, a pesar de estar revestido de la elegancia superficial que aporta denominarlo un “acuerdo diplomático”, como si esta no fuera una extensión de la política general que propone el capitalismo en Paraguay: la brutal represión de la clase trabajadora y el negociado de los recursos territoriales. Sobre esto mismo escribió Lenin en su folleto “Sobre la caricatura del marxismo y el economismo imperialista” (publicado en 1924, p. 44), al referir críticamente que “la idea de separar la política exterior de la política en general o, con mayor motivo, de oponer la política exterior a la interior es profundamente equivocada, no marxista, no científica”.
No está de más mencionar también que Paraguay obtuvo otro grado de inversión, esta vez en el índice de S&P, sí, aquella agencia que fue una de las responsables de la crisis general del 2008, por lo que hasta hoy día gran parte de la clase trabajadora estadounidense no puede acceder a la vivienda. Un logro más, pero para el capital financiero.
Por lo tanto, es lógico que el estado paraguayo, capitaneado por el cartismo, se acomode a los intereses del imperialismo yanqui, aún cuando eso implica renunciar a la poca soberanía que le quedaba en los papeles. Esto es simplemente un síntoma de la forma de organización social en Paraguay y otro apunte de la imperiosa necesidad de la organización trabajadora independiente, con su programa revolucionario.
