Opinión | Por Oscar Herreros Usher
Creo que todos recordamos la decepción que nos produjo el aumento del Salario Mínimo Legal (SML) decretado por el gobierno (decreto 9584/23) a partir del 1 de julio de este año. El SML anterior era de 2.550.307 guaraníes y el decreto 9584/23 lo estableció en 2.608.373 guaraníes. Una diferencia de 130.066 guaraníes, es decir, un aumento del 5,10 %. A todos quedó claro que no todos los trabajadores asalariados del sector privado irían a recibir un aumento de 130.066 guaraníes de manera automática; sólo los que estuvieran percibiendo salarios inferiores al nuevo valor del SML. El resto debería realizar una “libre” negociación con sus respectivos patrones.
Hubo lamentos y plagueos aislados, pero no manifestaciones organizadas de trabajadoras y trabajadores para expresar su disconformidad por lo que se puede calificar de migaja. Puede que muchos se hayan consolado con la promesa de campaña del recientemente electo presidente: “vamos a estar mejor”.
La noticia que un diario trajo en su edición del 6 de setiembre puede abrirnos los ojos y hacernos dejar de creer en esa engañosa promesa de ilusorios tiempos mejores. El artículo periodístico informa de algunos números que aparecen en el proyecto del Presupuesto General de la Nación (PGN) para el año 2024, específicamente los sueldos de las principales autoridades del poder ejecutivo: presidente, vicepresidente, ministros y viceministros.
Actualmente el Estado le paga al Presidente de la República 33.000.000 guaraníes como sueldo básico más 4.908.800 guaraníes como gastos de representación, lo que da la suma de 37.908.800 guaraníes. Esto equivale a 14,84 SML anteriores (2.550.307 guaraníes) , es decir, en un mes el presidente gana él solito lo que casi 15 trabajadores que ganaban el SML anterior.
Según el proyecto de PGN 2024 el presidente pasará a ganar 40.000.00 guaraníes como sueldo básico manteniéndose igual el gasto de representación, o sea, ganará 44.908.800 en total. Ahora serán necesarios 17,22 trabajadores al SML actual para igualar su sueldo.
Es un aumento de 18,47 % para los ingresos del presidente, más de tres veces y medio lo que recibieron los trabajadores. Para los demás cargos principales del poder ejecutivo los números muestran situaciones parecidas.
Estos pocos números constituyen un claro ejemplo de la dinámica de la lucha de clases en una sociedad constituida sobre el modo de producción capitalista. Los ingresos de la clase dominante (la burguesía, es decir, los poseedores del capital y los medios de producción) y los de quienes representan sus intereses en el Estado (las autoridades del Poder Ejecutivo, del Poder Judicial y una gran mayoría del Poder Legislativo) aumentarán más rápidamente que los de quienes producen los bienes y servicios que existen en la sociedad, la clase trabajadora.
Visto de otra manera, la apropiación por parte de la clase dominante de la riqueza producida en la sociedad es cada vez más rápida. Por su parte, la pobreza de las y los trabajadores va en aumento, a la par que el empeoramiento de las condiciones de trabajo, la precariedad, el desempleo.
Tenía razón el hiper millonario Warren Buffett cuando en el año 2006 dijo “Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando». Por goleada, conviene agregar.
Y volviendo a nuestra realidad local, es necesario que la clase trabajadora vaya desechando la vacía promesa de que “vamos a estar mejor” y comience a organizarse para resistir al saqueo que están perpetrando los que dicen “vamos a estar MUCHO mejor”.
Imagen de inicio: ilustración de Eneko, extraída de Internet.

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