Editorial | 21 de agosto de 2023
Asumió oficialmente Santiago Peña como presidente del Paraguay. Es el presidente del país, en representación de los multimillonarios internacionales y sus socios locales. Que las mayorías trabajadoras podamos comprender que no es nuestro presidente tiene gran importancia, sobre todo para priorizar la unidad de millones de personas que seremos perjudicadas por la gestión de este gobierno si no logramos juntar fuerzas para defendernos.
El discurso del nuevo presidente merece editoriales semanales hasta que se acabe el año, para analizar la cantidad de mentiras maquilladas que leyó. Reflexionar sobre sus ideas de libertad, democracia, gratitud al Partido Colorado y a Horacio Cartes, sobre su liderazgo firme, sobre la participación cívica para la toma de decisiones, o los posicionamientos sobre la guerra Rusia vs OTAN/Ucrania, junto a otros muchos temas, tiene importancia a la hora de pensar en lo que queremos y necesitamos las mayorías que habitamos el Paraguay, y lo que nos propone el representante de una minoría saqueadora y mezquina.
Peña no habló sobre cómo garantizar el empleo de calidad. Habló de “500 mil empleos de calidad” en un país donde la mayoría que trabaja, tanto en empresas públicas como privadas, no tiene empleo de calidad, o sea, no tiene estabilidad laboral, seguridad social, capacitación, jubilación, pago justo de acuerdo a horas y días trabajados. Habló de gobernar para todos los habitantes, pero solo se refirió a beneficios empresariales. Y esos beneficios ya existen en gran cantidad en nuestro país. Sin embargo, la explotación, la humillación y la exclusión laboral, así como la expulsión campesina sin oportunidades laborales, siguen siendo las principales propuestas desde el Estado, para las mayorías trabajadoras.
En todas las propuestas relacionadas a empleo de calidad, educación, salud, inclusión, oportunidades, Peña mintió, miente. Así como mintió y miente sobre su liderazgo y su firmeza.
De 89 nombramientos que hizo el presidente para ministerios y diversas instituciones públicas, al menos 30 son subordinados de Horacio Cartes, reciclados de la época de su presidencia y de sus empresas. En general sabemos quién es Cartes, pero siempre es importante recordar que es un multimillonario corrupto, mafioso y mezquino. Mezquino porque ser multimillonario en un país tan desigual, con tanta niñez sin derechos, desnutrida, sin oportunidades, ya es grave. Por lo menos muestra un grado de inconsciencia, crueldad y falta de empatía. Pero además, hacer política siendo el principal líder del Partido político que es el más grande del país a costa del saqueo, la prebenda y la corrupción, ya es terrorismo. Se llena de privilegios a costa del sacrificio de las mayorías. Usa el Estado para seguir llenando sus bolsillos de dinero y además miente a las mayorías trabajadoras prometiendo bienestar. De terror.
Indudablemente Peña no es el presidente de las mayorías trabajadoras. No es nuestro presidente y como representante de las minorías explotadoras, saqueadoras, corruptas y mafiosas, realizará políticas públicas para su entorno y buscará dividirnos con migajas para algunos sectores del pueblo trabajador. A cambio de esas migajas nos quitará dignidad, honestidad y consciencia.
La intención de reformar el Estado y crear la Superintendencia de Jubilaciones y Pensiones, es otra muestra de los intereses que defiende. La Superintendencia manejará los fondos de los trabajadores sin que los aportantes tengan la principal decisión. Y como ya tenemos experiencia en este tipo de maniobras, los fondos de los trabajadores servirán para financiar a las patronales. De hecho, el Estado paraguayo es sostenido por las mayorías trabajadoras para funcionar en nuestra contra y al servicio de las minorías explotadoras.
En cuanto a las necesidades de reformar el estado, el gobierno nuevo anunció en medios sus intenciones de fusionar ministerios haciendo desaparecer otros, sin siquiera presentar una propuesta general y organizada en jornadas de debate en todo el país, lo cual demuestra, además de otra mentira en su discurso de asunción en lo que respecta a participación ciudadana, su autoritarismo y su falta de seriedad.
La socióloga uruguaya Teresita de Barbieri, entiende que lo público se puede definir “como el espacio de conocimiento y reflexión de la sociedad sobre sí misma y de las propuestas y acciones colectivas que tienden a mantener o alterar el estado de cosas vigente en la sociedad, o en sectores particulares de la misma. Se trata de un ámbito heterogéneo, donde es posible distinguir niveles diferentes”.
Dicho de otra manera, el debate público por excelencia, el que nos obliga a involucrarnos a todos los habitantes del país, es el debate sobre el Estado, porque es la principal estructura que incide en nuestras vidas. En todo, desde la educación y la salud, el ordenamiento de Departamentos, ciudades y barrios, en la generación y el respeto a las leyes, el transporte, los deportes, las artes, las ciencias, en todo. Y nada más y nada menos que para reformar lo que nos importa a toda la población, el nuevo gobierno da la espalda. Es gravísimo.
Entonces, Peña, como títere de Cartes y de los intereses de grandes capitales extranjeros y locales, seguirá la senda de la corrupción, la exclusión social y el saqueo. Defender nuestros derechos nos obliga a una gran unidad de trabajadoras y trabajadores, tanto en la ciudad como en el campo. Las organizaciones que marchamos juntas en el “Otro 15 de agosto” podemos ser una base para trabajar la unidad de acción que enfrente todo el atropello que el continuismo cartista-stronista está planificando. Así como la unidad sindical y social pare enfrentar proyectos de saqueo como la reforma estatal y la superintendencia de jubilaciones y pensiones es fundamental.
El momento que vivimos convoca a la imaginación, a la honestidad y la coherencia, a la valentía y la unidad de todas las personas que no son millonarias y que son la gran mayoría. Generar identidad de clase y de principios es el desafío para defender, recuperar y conquistar derechos.

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