Análisis | Por Alhelí González Cáceres1


En los últimos meses, el discurso del Ministerio de Economía y Finanzas encabezado por Carlos Fernández Valdovinos ha insistido en la necesidad de preservar la “estabilidad macroeconómica” mediante la disciplina fiscal, austeridad y control en el gasto público. Sostuvo como parte de la narrativa oficial que Paraguay posee una economía “sólida, resiliente y estable”, con altas tasas de crecimiento2 y confianza de los mercados internacionales que se expresan en el doble grado de inversión.3

Sin embargo, desde esta misma institución se anunció que el país aplicará una “economía de guerra” en materia fiscal, justificando un ajuste en el gasto público por la caída en la recaudación tributaria y en los ingresos provenientes de las binacionales como consecuencia de la caída del dólar.  La metáfora bélica no es inocente. La idea de una “economía de guerra”4 para justificar mayores restricciones presupuestarias y recortes en el gasto social plantea una pregunta central: ¿contra quién se libra realmente esta guerra económica? 

Esta pregunta es bastante fácil de responder. La retórica bélica no describe una guerra externa, sino una disputa interna por la apropiación del excedente económico. La “guerra” se libra en torno a quién debe pagar los costos del ajuste fiscal y quién –o qué sectores– preservan sus privilegios en la estructura de acumulación paraguaya.

Una estabilidad macroeconómica de papel

Como decíamos, el discurso oficial sostiene que la estabilidad macroeconómica constituye una de las fortalezas del país: crecimiento sostenido, baja inflación, disciplina fiscal y confianza de los inversores. Narrativa que se vio fortalecida con el informe de la Situación Financiera del Estado a cierre del 2025 en donde, según datos oficiales, se reportó un déficit fiscal equivalente al 2% del PIB, presentado como “el mejor resultado desde 2019”5. Entonces cabe preguntarse qué salió mal, si apenas en enero del 2026 el Ministerio de Economía y Finanzas se vanagloriaba de una gestión que reflejaba “equilibrio y gestión sostenible de las finanzas públicas en un contexto de crecimiento moderado de los ingresos tributarios y la contención de gastos no prioritarios”. Resultó ser que esa convergencia fiscal y la reducción de gastos no prioritarios se sostenía en bicicletear la deuda con los proveedores del Estado y financiar el PGN con fuentes 20 y 30 (crédito público y recursos institucionales o, lo que es lo mismo, deuda y arancelamiento de servicios y bienes públicos). Así, con esta jugada se logran cuadrar las cuentas.

En este imaginario colectivo en el que los mecanismos de mercado funcionan con precisión de un reloj suizo, el ministro Fernández Valdovinos dice que no logra comprender por qué si “al país le va bien, al fisco no tanto”6. Entonces, corresponde explicarle al ministro dos cuestiones: la primera es que al país no le va bien, le va bien a la patria contratista, a los agroexportadores y a los especuladores; y, la segunda, que al fisco no le podría ir de otra manera dada la estructura tributaria que mantiene el país para beneficiar a aquellos sectores a los que sí les va bien.

Desde hace tiempo hemos advertido sobre la creciente fragilidad fiscal del Estado paraguayo, resultado de una estructura económica basada en el sector primario exportador y de una capacidad tributaria limitada. El modelo de acumulación basado en el agronegocio opera con una baja captura estatal de la renta agraria, producto de una estructura tributaria regresiva, exoneraciones y la ausencia de gravámenes significativos a las exportaciones agropecuarias. Mientras tanto, gran parte de los costos asociados a este patrón de acumulación –degradación ambiental, pérdida de suelos y desplazamiento de la producción de alimentos– son asumidos por el conjunto de la sociedad, lo que contribuye a una mayor dependencia de importaciones alimentarias, encareciendo cada vez más el acceso a alimentos de calidad.

A esta debilidad estructural de las finanzas públicas se suma una política monetaria orientada prioritariamente al control inflacionario que asume como único factor desencadenante de estos procesos a la emisión monetaria. El régimen de tasas de interés relativamente elevadas en moneda local, junto con instrumentos de deuda de corto plazo emitidos por el Banco Central y el Estado, crean incentivos para operaciones financieras de corto plazo y estrategias de arbitraje de tasas. En este contexto, la combinación de estabilidad macroeconómica, inflación contenida y diferenciales de tasas atrae a capitales especulativos hacia instrumentos en guaraníes –como está ocurriendo–, reforzando una dinámica de valorización financiera que convive con una economía real caracterizada por baja productividad, baja presión tributaria, limitada inversión pública y déficits persistentes en infraestructura pública. En otras palabras, estamos en presencia de un Estado estructuralmente subfinanciado, resultado de una estructura tributaria regresiva y de un modelo económico que favorece la acumulación privada de rentas en sectores altamente concentrados.

La centralidad del problema, como hemos dicho, se sitúa en que el Estado no disputa la renta generada por el agronegocio. Paraguay presenta una de las presiones tributarias más bajas de la región y un sistema impositivo que depende fuertemente de impuestos indirectos como el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que pasó de G. 7,1 billones en 2023 a G. 9,63 billones al cierre de 2025. Mientras, los impuestos directos pasaron de G. 2,5 billones a G. 3,58 billones en el mismo periodo. Huelga decir que los impuestos indirectos los pagamos todos, mientras se exonera a los grandes capitales.7

Esta configuración no es accidental. La política fiscal y el tamaño del gasto público reflejan relaciones de poder entre las clases sociales. En economías donde las élites poseen una fuerte capacidad de influencia política, el resultado suele ser un Estado con baja capacidad recaudatoria y un margen limitado para redistribuir ingresos, como es el caso paraguayo. Esto se traduce en una estructura fiscal que preserva la rentabilidad de los sectores exportadores y financieros-especulativos, mientras restringe la capacidad estatal para financiar bienes públicos fundamentales e incluso obviando su responsabilidad contributiva para garantizar las jubilaciones en el sector público como lo refleja la crisis financiera de la Caja Fiscal.

A esta dimensión estructural se suma una configuración macroeconómica que favorece procesos de valorización financiera. El régimen de metas de inflación y la política de tasas de interés relativamente altas en moneda local, junto con la emisión de instrumentos de deuda de corto plazo por parte del Estado y el Banco Central, incentivan el carry trade (bicicleta financiera). En este contexto, inversores financieros se benefician de diferenciales de tasas en guaraníes en un escenario de cierta estabilidad cambiaria relativa. Como han señalado autores como David Harvey (2005, 2010), este tipo de dinámicas forman parte de un proceso más amplio de financiarización, en el que la acumulación de capital se desplaza de manera creciente hacia la esfera financiera especulativa.

La consecuencia de esta doble estructura –baja tributación del capital productivo exportador y creciente financiarización– es que el modelo económico beneficia principalmente a dos fracciones del capital: los agroexportadores y los actores financieros que operan en mercados de deuda y liquidez en moneda local. Para el conjunto de la sociedad, en cambio, el resultado es muy distinto. La limitada capacidad recaudatoria del Estado restringe la inversión pública en áreas críticas como infraestructura, programas sociales, salud y educación. Lo que se observa en la crisis que afecta a los sectores de la sanidad pública y a la educación con déficits en infraestructura e insumos. Al mismo tiempo, la expansión del agronegocio reduce el espacio para la producción de alimentos destinados al mercado interno, incrementando la capacidad de importaciones y debilitando la soberanía alimentaria, lo que se traduce en el incremento en el precio de los alimentos.

Esta situación también cuestiona el argumento oficial según el cual la estabilidad macroeconómica constituye un “blindaje” que protege el financiamiento de sectores como salud, educación o los programas sociales. En realidad, ese blindaje resulta difícil de sostener en el contexto actual. Un Estado con baja capacidad de recaudación y sujeto a reglas fiscales tan restrictivas enfrenta concretamente márgenes presupuestarios extremadamente limitados para expandir o garantizar la ejecución de las asignaciones a los sectores descritos, o incluso para responder a crisis en la provisión de servicios públicos como es el caso del sector de la salud que atraviesa la escasez de medicamentos, infraestructura e insumos médicos, lo que ilustra con claridad esta contradicción entre el discurso de estabilidad macroeconómica y la realidad concreta, que afecta al conjunto de la población, especialmente a aquella en condiciones de mayor vulnerabilidad social y económica.

La llamada estabilidad macroeconómica puede interpretarse como una forma de estabilidad para los mercados, pero no necesariamente para la reproducción social. Como argumentaba James O’Connor (1973) en su análisis sobre la crisis fiscal del Estado, los gobiernos enfrentan una tensión permanente entre las demandas de acumulación de capital y las necesidades de legitimación social. Cuando el sistema fiscal limita severamente la capacidad del Estado para financiar bienes públicos, esta tensión se vuelve cada vez más difícil de gestionar. 

De modo análogo, la apelación recurrente a la disciplina fiscal como principio rector de la política económica suele presentarse como una condición técnica necesaria para preservar la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, esta noción está lejos de ser neutral o estrictamente técnica. En la práctica, la disciplina fiscal implica priorizar el equilibrio presupuestario por encima de otras funciones fundamentales del Estado, como la provisión de bienes públicos, la reducción de la desigualdad o la promoción del desarrollo productivo. 

Como señalaban autores como Kalecki (1943, 1971) y Stiglitz (2012, 2015), las decisiones sobre gasto público y déficit no son meramente técnicas, son decisiones políticas porque determinan la distribución del ingreso y el poder entre las clases sociales. En economías como la nuestra, la insistencia en la disciplina fiscal tiende a operar como un mecanismo que limita la capacidad redistributiva del Estado, a la vez que preserva las condiciones de acumulación de capital y actúa como un dispositivo institucional de austeridad –o mejor dicho ajuste– permanente. Dado que impone límites estrictos al déficit y al crecimiento del gasto público –independientemente de las necesidades sociales o de las condiciones económicas–, restringiendo la posibilidad de utilizar la política fiscal como instrumento para el desarrollo. 

En suma, la discusión sobre las finanzas públicas en Paraguay no puede centrarse únicamente en la disciplina fiscal o en el control del déficit, sino en una cuestión más fundamental: quién captura el excedente económico y cómo se distribuye en la sociedad. Mientras la estructura tributaria continúe favoreciendo la acumulación de sectores concentrados de la economía, y el Estado insista en mantener una capacidad recaudatoria limitada, la estabilidad macroeconómica difícilmente podrá traducirse en mejoras sustanciales para la sociedad. De ahí que el enemigo presente en esta “economía de guerra” es una vez más –y como lo ha sido desde hace al menos tres décadas– la clase trabajadora paraguaya, que seguirá pagando con mayor precariedad los costos de un equilibrio macroeconómico que solo resiste en el papel.


Referencias y notas

Harvey, D. (2005). A brief history of neoliberalism. Oxford University Press.
Harvey, D. (2010). The enigma of capital and crises of capitalism. Oxford University Press.
Kalecki, M. (1943). Political aspects of full employment. Political Quarterly, 14 (4), 322-331.
Kalecki, M. (1971). Selected essays on the dynamics of capitalist economy 1933-1970. Cambridge University Press.
Marini, R.M. (1973). Dialéctica de la Dependencia. Ediciones Era.
O’Connor, J. (1973). The fiscal crisis of the state. St. Martin’s Press.
Stiglitz, J.E. (2012). The price of inequality. W.W. Norton & Company.
Stiglitz, J.E. (2015). The great divide: Unequal societies and what we can do about them. W.W. Norton & Company.

  1. Economista por la Universidad de Pinar del Río, Cuba. Máster en Ciencias Sociales con mención en Desarrollo Social e Investigación por FLACSO Paraguay. Doctoranda en el Programa de Doctorado en Economía del Instituto de Industria de la Universidad Nacional de General Sarmiento, Buenos Aires, Argentina. Con formación en Análisis de la Economía Mundial por la Universidad Complutense de Madrid y en Economía Financiera Contemporánea por el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigadora Asociada a la World Association for Political Economy (WAPE) y al Centre for the Study of Social and Global Justice, UK. Integra los Grupos de Trabajo de CLACSO Crisis y Economía Mundial y Lex Mercatoria, Poder Corporativo y Derechos Humanos. Fue presidenta de la Sociedad de Economía Política del Paraguay en el periodo 2019-2023 y actualmente integra la Junta Directiva de la Sociedad de Economía Política y Pensamiento Crítico en América Latina (SEPLA). Miembro de la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe. Es militante del Partido Comunista Paraguayo, responsable política de la Secretaría Nacional de Ideología y Formación. ↩︎
  2. Ver en: https://www.radionacional.gov.py/2025/10/27/ministro-de-economia-paraguay-tendra-este-ano-el-mayor-crecimiento-economico-en-la-region/ ↩︎
  3. Ver en: https://www.mef.gov.py/es/institucional/sala-de-prensa/noticias/ministro-economia-destaca-impacto-social-estabilidad ↩︎
  4. Ver en: https://www.swissinfo.ch/spa/paraguay-aplicar%C3%A1-%22econom%C3%ADa-de-guerra%22-y-har%C3%A1-ajuste-de-gasto-p%C3%BAblico/91108653 ↩︎
  5. Ver en: https://www.mef.gov.py/es/institucional/sala-de-prensa/noticias/cierre-fiscal-2025-consolida-convergencia-deficit-baja-20-del ↩︎
  6. Ver en: https://www.swissinfo.ch/spa/paraguay-aplicar%C3%A1-%22econom%C3%ADa-de-guerra%22-y-har%C3%A1-ajuste-de-gasto-p%C3%BAblico/91108653 ↩︎
  7. Ver en: https://www.abc.com.py/economia/2025/05/20/aumenta-participacion-de-impuestos-directos-en-recaudacion-tributaria/ ↩︎